Inicio » Javier Sagarna: “Escribir es elegirnos a nosotros frente al ruido, las prisas y la furia”

Javier Sagarna: “Escribir es elegirnos a nosotros frente al ruido, las prisas y la furia”

Por Javier Morales, el 13 de Abril de 2017, en entrevistas

Menéalo
El director de la Escuela de Escritores, Javier Sagarna. Foto: Isabel Wagemann.

El director de la Escuela de Escritores, Javier Sagarna. Foto: Isabel Wagemann.

“Enseñar, abrir a otros las puertas de esa otra vida que yo descubrí en la escritura, supongo que es mi manera de hacer la revolución”, nos cuenta en esta entrevista Javier Sagarna, director de la Escuela de Escritores y el profesor de abril en este blog. “Lejos de la gente que nació con un bolígrafo en la mano y escribió casi desde la cuna, yo empecé a escribir con 27 años. Y fue una decisión casi desesperada”, asegura. Os recordamos que sigue abierto el plazo para presentar vuestros textos al Concurso Escuela de Escritores / El Asombrario.

¿Cuándo y por qué empezaste a escribir?

Es una larga historia. Lejos de la gente que nació con un bolígrafo en la mano y escribió casi desde la cuna, yo empecé a escribir con 27 años. Y fue una decisión casi desesperada. Había estudiado ciencias, tenía un trabajo como microbiólogo en una empresa farmacéutica, y la sensación de haber equivocado del todo mi camino. Así que me dije que, dado que el trabajo no podía dejarlo, al menos sí que podía aprovechar en algo creativo el tiempo libre que me dejaba por las tardes. Y a ello me puse. Después de descartar con buen criterio la música, la pintura y otras artes, me acordé de mis muchas lecturas y de alguna redacción más efectista que buena que me valió cierto vago prestigio de buen escritor en el bachillerato y se me ocurrió probar a escribir. Empecé a hacerlo primero solo, en casa, con una máquina de escribir que por entonces parecía moderna, luego encontré el taller de escritura de Enrique Páez y, con él, una nueva vida. No fue nada inmediato, aún estuve cerca de 13 años trabajando en la industria farmacéutica. Pero aquel primer taller me abrió las puertas de la escritura y, años después, las de la enseñanza, por lo que puedo decir sin temor a exagerar que, al menos a mí, escribir me salvó la vida.

¿Por qué enseñar a hacerlo?

En primer lugar, porque se puede, porque hay todo un oficio que enseñar y todo un mundo de talentos que un buen profesor puede ayudar a desarrollar. En segundo lugar, porque soy un profesor, seguramente no hay nada que haga mejor y nada que me llene más. En tercer lugar, porque creo que la literatura y el conocimiento, la individualización sensible, la imaginación, las ideas propias, el diálogo que nuestro método de enseñanza fomenta y propone, la alegría y la creación, son la alternativa al desastre del presente y a la oscuridad del futuro que nos garantiza la sociedad absurda y malvada en la que vivimos. Enseñar, abrir a otros las puertas de esa otra vida que yo descubrí en la escritura, supongo que es mi manera de hacer la revolución.

¿Hay algún escritor a quien consideres tu maestro? ¿Fuiste alumno de algún taller de escritura?

Tengo tres maestros principales y muchos otros de los que he aprendido muchísimo. Sin Enrique Páez, Alfonso Fernández Burgos y Ángel Zapata yo no sería lo que soy, ni como escritor, ni como profesor, ni como persona. Luego, gracias sobre todo a los viajes y a los contactos internacionales que Escuela de Escritores ha ido estableciendo en Europa y América, he tenido la oportunidad de aprender de maestros como Risto Ahti, Alessandro Baricco, Alain André, o, en una noche mágica de Praga que no olvidaré, Christian Ide Hintze.

Y sí, he sido alumno de cursos y talleres de escritura durante muchos años, he crecido en ellos. Y aún sigo siéndolo, siempre que puedo procuro aprovechar para meterme como alumno de alguno de los magníficos profesores y escritores que pasan y enseñan en la Escuela de Escritores.

Uno puede ser un buen escritor, pero un mal profesor. Los hay que son malos en ambas cosas, como escritores y profesores. ¿Qué cualidades se necesita para enseñar a escribir?

Por supuesto, la escritura y la enseñanza son dos cosas distintas. Uno puede ser un gran escritor y no tener el deseo o la habilidad para transmitirlo. De igual manera, uno puede tener un talento mediocre para la escritura y, sin embargo, ser un gran profesor. Como dices, también los hay que son malos en ambas cosas, pero también (y estos son mis favoritos) los que hacen ambas cosas bien.

Para enseñar a escribir se necesita conocimiento del hecho narrativo, pero también intuición, sensibilidad artística y mucha, mucha empatía y respeto por los deseos y la poética personal de cada alumno. Al profesor tiene que gustarle enseñar, ver crecer a sus alumnos, debe desear no solo que sus alumnos escriban bien, sino que, a poder ser, le superen y acaben siendo mejores escritores de lo que él será jamás. A pesar de lo mucho que se aprende y recibe dando clases, la labor del profesor es dar, guiar, alimentar y hacer crecer, forjar artistas, escritores, y tiene que disfrutar con ello.

¿Qué les exiges a los alumnos que van a tus clases?

Exigir es una palabra excesiva. Más que exigirles, espero de ellos ganas de escribir y de aprender, participación, diálogo, que pongan su parte para entre todos crear un entorno de aprendizaje y crecimiento común.

¿Alguna vez te has equivocado en cuanto a las expectativas que tienes sobre un alumno, para mejor o peor?

Mil veces, por eso he aprendido a dar muy poca importancia a esas expectativas. Trabajo con los alumnos en tiempo presente, aquí y ahora, con lo que son y lo que, espero, pueden aprender aquí y ahora. A donde llega cada cual lo va diciendo el tiempo y, sobre todo, la fuerza del deseo de cada alumno.

¿Qué te aporta la enseñanza de la escritura y qué te disgusta de ella?

Ya he dicho antes que yo soy, sobre todo, un profesor. Un profesor que escribe (espero que bien), un profesor que dirige una Escuela de Escritores (aquí estoy algo más seguro de estar haciéndolo bien), pero sobre todo un profesor. Así que la enseñanza de la escritura me da plenitud, alegría, conocimiento, realización y encima me pagan por ello, ¿se puede pedir más?

No creo que haya nada que me disguste de la enseñanza de la escritura, en serio, me disgustaría hacerlo mal, ser uno de esos profesores que matan los sueños y la creatividad de la gente, de los que adocenan y hacen pequeños clones que escriben como a ellos les gusta, pero estoy atento cada día y en cada una de mis clases para que eso no suceda.

¿Para qué sirve la escritura?

Escribir es individualizarse, parar el bombardeo de información y las prisas de cada día, apagar el televisor y las redes sociales y sumergirnos en lo que somos, en lo que sentimos y pensamos, hasta encontrar esas historias que son las nuestras, esas que nadie más que nosotros puede contar. Escribir es elegir la soledad, el sosiego, la imaginación, es elegirnos a nosotros frente al ruido y la furia y darnos la oportunidad de crear, de reconocernos y de ser. ¿Es útil? Yo diría que, en el mundo de hoy pocas cosas nos hacen más falta.

A la hora de escribir, ¿cuál es tu método de trabajo? ¿Cuáles son tus rutinas y tus manías?

Crecí siendo el mayor de seis hermanos, así que tengo pocas manías a la hora de elegir espacios o condiciones de trabajo. Si me pongo, puedo escribir en cualquier parte, en un aeropuerto o en la playa, acunado por el traqueteo de un tren o entre el “¡dos cañas para la siete!” de cualquier bar. Sin embargo, cuando puedo mi rutina es levantarme pronto y escribir un par de horas, a veces tres. Después ya estoy listo para lo que venga.

Un libro que odies por encima de todos.

Hay libros muy malos, pero no he llegado a odiarlos, me ha bastado con dejar de leerlos y olvidarlos. ¡Pobres libros malos!, a veces incluso me han enseñado cosas muy interesantes de cómo no hay que escribir que me han sido muy útiles como escritor y como profesor. También hay libros malvados, generadores de odio, pero a los que hay que odiar ahí es a sus autores y a sus propagadores. De nuevo basta con no leerlos.

Cuando odiamos hace falta más, algo personal, y desde ahí sí que hay un libro que odio, de manera terriblemente injusta, pero por cuestiones personales y es El cantar de Mío Cid. Fueron muchos los años en que mis maestros del colegio redujeron la literatura a este triste cantar, casi consiguen convencerme de que leer es aburrido.

Otro que ames por encima de todos.

¡Son tantos! Pero mira, para que no digas que me escapo en una enumeración interminable, ahora mismo y a esta hora Crónicas marcianas, de Ray Bradbury.

¿Qué proyecto literario tienes entre manos?

Tras mi última publicación, Nuevas aventuras de Olsson y Laplace, me he embarcado en un proyecto que hace tiempo que tenía ganas de acometer. Se trata de una novela de ciencia-ficción que incluso apunta que podría llegar a convertirse en trilogía. Veremos. De momento, estoy disfrutando de echarle horas, al fin, a uno de mis géneros favoritos.

¿Qué le dirías al lector de esta entrevista que quiera convertirse en escritor?

Que no crea a quien le diga que sus sueños son imposibles. Que escriba, que se enamore de escribir. Que lea, que se enamore de leer, de leer literatura. Y que sepa que hay un camino, una escuela donde, si le apetece acercarse, podemos guiarle a través del arte y el oficio de la escritura.

Concurso Escuela de Escritores/El Asombrario

Tal y como explicó en su clase de la semana pasada, Javier Sagarna os propone que contéis una gran mentira. El día que le prestasteis dos libras para un taxi a la reina de Inglaterra, cuando ganasteis a Fernando Alonso en una carrera, la noche que tuvisteis que llamar a un guardia para sacaros de encima a Penélope Cruz, la fiesta en la que Brad Pitt bailó desnudo para vosotras, ese secreto oscuro que compartís con Mariano Rajoy, esos superpoderes que tenéis y usáis a escondidas. Cualquier cosa vale. Se trata de escribir un relato en primera persona en el que el personaje sea alguien que pudierais perfectamente ser vosotros o alguien de vuestro círculo cercano. No hagáis trampa, nada de sueños, ni de que al final solo fuera un contable parecido a Rajoy o algo así. A ver si conseguís que nos lo creamos.

Envía el texto, de no más de 500 palabras, antes del 24 de abril.

Para enviarlo, pincha aquí.

Todos los cursos de la Escuela de Escritores.

Menéalo

Comentarios

No hay comentarios

Deja tu comentario