Inicio » “La fealdad del mundo hay que combatirla con más belleza”

“La fealdad del mundo hay que combatirla con más belleza”

Por El Asombrario & Co., el 20 de Enero de 2017, en entrevistas Sin categoría

Menéalo

La escritora Elena Izarbo.

De la mano del profesor del mes, Pedro Bosqued, su alumna Elena Ibarzo asume el ‘riesgo’ de autoentrevistarse para el blog de la Escuela de Escritores. Esto es lo que nos ha contado de la escritura, la inspiración y la belleza: “La sociedad ha ido modelando y distorsionando el concepto de belleza a su antojo e interesadamente. Es un concepto cercenado, estandarizado. Yo veo belleza en todas partes y deberían educarnos en esa creencia, para disfrutar de la diferenciación y la singularidad. Lo genuino y bello es invisible a los ojos. La ceguera actual es una pandemia”.

Elena Ibarzo, 39 años. Autónoma y administrativa. Propensa al despiste y a la ensoñación. Miope desde los siete años, aprendió a ver con el resto de los sentidos mientras los demás niños daban volteretas y jugaban al marro. Madre de un zagal que cunde por dos y que siente su casa contaminada de adultos. Doctorada en el arte de estirar el tiempo y conciliar vida familiar y laboral con sus múltiples pasiones. Aprende libros. No ha terminado ninguno, aún.

Decidiste escribir.

Para aligerar el peso y porque leer largo y variado cada día te invita a escribir. También para agradecer y corresponder, pues siento una gratitud y un respeto inmenso hacia todo el que me conmueve, me permite habitar otros mundos, ampliar la mirada que tengo de las cosas o me hace feliz.

Otros lenguajes.

En la variedad está la riqueza. Puedes decir más con menos o ser muy abigarrado. Empecé a ser consciente de ello al tiempo que aflojaba el empeño por ser autodidacta. La ignorancia puede ser muy atrevida y también muy barroca. El aprendizaje se vuelve torpe y lento. En el primer curso de pintura al que asistí, hace seis años, en la ciudad donde vivo (no la que habito, esa no tiene nombre, coordenadas geográficas ni la sacude el cierzo), aprendí que lo sutil y lo bello está arraigado en las cosas comunes y sencillas, sin artificios. Después tropecé con el Nemo literario y otros de carne y hueso, y docentes como Pedro Bosqued, que me están mostrando que hay diferentes formas de expresión, que permiten al lector/espectador que juegue e intérprete a su antojo. La sugestión, una veladura, la omisión y los silencios pueden ser muy atractivos.

Esa ciudad que habitas es Supino.

Supino es el comienzo de uno de mis ejercicios en la Escuela de Escritores. Una invitación a pensar y detener el reloj. Toda persona precisa de un espacio al que acudir a soñar de espaldas, con los ojos cerrados o abiertos. Ese lugar puede ser real o imaginario. Supino es esa habitación propia, con paredes o en medio de un olivar, ese nido cobijo, casi uterino en el que replegarse para encontrarte contigo mismo y ordenar emociones y sensaciones o simplemente dejarte llevar. Tú también eres Supino.

Primero fue la pintura y después la escritura.

Dibujo desde que me crecieron los incisivos de arriba y escribo (con algo de sentido) desde que despuntaron las muelas del juicio. En mi caso, expresarme nace de una necesidad. No importa el registro. Son disciplinas íntimamente relacionadas pero en distintos soportes, ambas son maleables y te permiten explorar. El proceso creativo es muy parecido. Partes de una idea, imagen o impulso inicial, y te dejas llevar. Estableces un racimo asociativo; saltas de una palabra a otra, de ahí a la emoción que te produce o a un recuerdo, de un campo semántico a otro visual o sensitivo. Y a lo que te das cuenta, las uvas han desaparecido, te encuentras otra vez sólo y te has bebido todo el vino. Embriagado con tu propio jugo.

Jugar embriaga.

Siempre. Y si alteras la lógica y las reglas del juego de vez en cuando, mejor. Mayor la borrachera. Puedes dibujar a un hombre en zapatillas de estar por casa, calzones y camiseta interior que arrastra por la calle un rizoma y trasladar la imagen a palabras. Era tal su soledad que arrastraba un enorme rizoma, era tal su soledad que rasgaba la tierra fértil. Eso trastoca, porque lo que tú esperas es que arrastre un Yorkshire Terrier con un lacito rosa en la cabeza.

Tanta belleza hay en el mundo.

Y también fealdad. Pero ésta se combate con más belleza. La sociedad ha ido modelando y distorsionando el concepto de belleza a su antojo e interesadamente. Es un concepto cercenado, estandarizado. Yo veo belleza en todas partes y deberían educarnos en esa creencia, enseñarnos a mirar desde la intuición y la sensibilidad para respetar, fomentar la empatía, para disfrutar de la diferenciación y la singularidad. Lo genuino y bello es invisible a los ojos. La ceguera actual es una pandemia.

Lo más sorpresivo del curso.

Que la mirada y la aptitud cambian, ya nada es igual. Es una oportunidad única e irrepetible para aprender. Pierdes el miedo, te vas desprendiendo de la mirada y la aprobación del lector. Descubres que atreverse te hace más libre. Libre para disfrutar del proceso sin pensar en el resultado.

A destacar.

De Pedro, el entusiasmo y el respeto que nos profesa. De los compañeros, la calidez y la humildad. Se establecen fuertes vínculos emocionales y personales. Nos desnudamos todos los lunes, aunque sólo nos quitamos el abrigo. Corregimos los ejercicios con atención, emitiendo críticas constructivas desde el cariño, conscientes de nuestras limitaciones y errores.

En cuanto a la metodología.

Es brutal al igual que el temario. Las propuestas y ejercicios son divertidísimos y muy prácticos. Sin quererlo se interiorizan todas las pautas, herramientas y consejos. Y lo mejor es que la obligación y la constancia ceden paso a la necesidad de seguir escribiendo por puro placer.

Buscas la inspiración.

En lo particular. La calle, las personas, los objetos, la naturaleza y su interacción, son fuentes inagotables. Ayer, como ejemplo, en la estación, reparé en un señor cuyos zapatos parecían más cómodos que su vida. Y no tuve que mirarle a los ojos.

Tu última osadía.

Esta autoentrevista.

Le pedirías al arte en general.

Que persista y sea fiel a su finalidad. El artista debe mantener el compromiso de cultivar, provocar y generar preguntas y respuestas a nuestras dudas. Aquel que crea, tiene que ser capaz de agitarte, conducirte del rechazo al sobrecogimiento, de la alegría a la náusea y del pedestal a la miseria. Enseñarnos a ser caleidoscópicos y empáticos para construir un mundo menos plástico e igualitario.

Te despedirías diciendo.

No extremen la precaución, asómense ante la curiosidad y salten.

***

Concurso Escuela de Escritores / El Asombrario

Según las bases de la entrada de la semana, participa en nuestro concurso. Un barracón de un campo de concentración. Algo que no se ha destruido para no ser olvidado. Pero la acción ya ha pasado, y la conocemos. Con el uso del pretérito indefinido, contar una breve historia, una narración libre cualquiera, de 500 palabras aproximadamente. El ganador podrá cursar un mes gratis en cualquiera de los cursos de la Escuela de Escritores y su relato se publicará en estas páginas con el correspondiente comentario de Pedro Bosqued. El plazo acaba el 23 de enero.

Para enviar el texto pincha aquí.

Cursos de la Escuela de Escritores.

Pedro Bosqued impartirá clases en la Programación de enero en Escuela de Escritores en Zaragoza que puedes consultar aquí.

Menéalo
Palabras relacionadas:

Comentarios

Hay 3 comentarios

  • 20.01.2017
    Mila dice:

    Ánimo Elena
    Una autoentrevista donde te muestras tal y como eres. (Por si alguien no te conoce)
    Sigue así

  • 20.01.2017
    Inma. dice:

    Es muy bella la entrevista, lo que cuentas, y lo bello, como dices, se siente, emociona no conoce de cánones estéticos, es invisible a los ojos.
    Gracias por tus palabras, deliciosamente usadas, que ayudan a transformar la ceguera en claridad, para estar atentos y no perdernos ni un momento de belleza.
    Deseando leer todo lo que escribas porque yo al leerte siento la belleza.
    Querida Elena Enhorabuena.

  • 21.01.2017
    consuelo trasobares serrano dice:

    Me gustaría estar en tu lugar y en tu tiempo para que también yo fuera capaz de dar a mis ideas, a mis palabras y a mi obra, la sensibilidad y la autenticidad que tú expresas. Te quiero.

Deja tu comentario