06.06.2017

¿A qué juegan los libros infantiles? ¿Son aptos para niños?

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Dos de los ponentes en el primer Curso Internacional de Filosofía, Literatura, Arte e Infancia.

Nace FLAI, primer curso internacional de Filosofía, Literatura, Arte e Infancia, en colaboración con la Fundación Santa María de Albarracín y las responsables del proyecto editorial Wonder Ponder. Una oportunidad única para explorar y reimaginar el concepto de infancia y la relación entre adultos y niños desde la filosofía, la literatura y el arte. Será en Albarracín (Teruel) los días 6, 7 y 8 de julio.

En 1965, en París, Simone de Beauvoir, Jean Paul Sartre y Jorge Semprún, entre otros, se sentaron a una mesa redonda que llevaba por título Que peut la littérature?, ¿Cuál es el poder de la literatura? En esta primera edición de FLAI quieren jugar con ese título para preguntarse sobre las intenciones, las posibilidades y los límites de la literatura infantil y juvenil desde la teoría y la práctica, desde la palabra y la imagen.

Porque, efectivamente, la literatura infantil y juvenil, si es de calidad, contiene grandes dosis de filosofía, literatura y sobre todo encierra mucho arte, trabajo y reflexión. FLAI nos plantea todo un reto en estos tiempos donde pensar parece estar sobrevalorado. Y todo esto tendrá lugar en La Fundación Santa María de Albarracín, una organización sin ánimo de lucro que pretende hacer de Albarracín un emblema cultural, en sintonía con la excepcionalidad patrimonial y paisajística de la localidad.

El curso está organizado por Raquel Martínez Uña, Daniela Martagón y Ellen Duthie, componentes las tres del proyecto editorial Wonder Ponder, que ha llevado a cientos de niños y niñas tres sorprendentes cajas con filosofía visual que hace pensar y cuestionarse las cosas desde la sencillez; tres aventureras a las que les surgió la estupenda oportunidad de imaginar un curso y han querido aprovecharla para crear un encuentro en el que se susciten conversaciones y certezas sobre nuestra relación como adultos con la infancia.

“Nos apetecía propiciar un espacio y un tiempo para pensar y replantearse el trabajo literario, artístico, filosófico y educativo dirigido desde los adultos hacia las niñas y los niños, y por lo tanto atrapado en una eterna (y rica) contradicción entre las intenciones, las posibilidades y los límites. Luego fuimos afinando. Hemos querido que FLAI sea interdisciplinar, buscando un diálogo más amplio, pues hay preguntas que interesan e implican a todos los que trabajan con o para la infancia desde las distintas áreas que abarcamos; que fuera internacional para dar cabida a voces con diferentes experiencias y recorridos; y lo imaginamos con una parte teórica y una práctica o exploratoria para que los asistentes puedan participar plenamente de la experiencia reflexiva”, nos explica Raquel Martínez Uña.

Durante estos tres días de julio, profesores y participantes indagarán en la pregunta elegida para esta primera convocatoria: ¿Qué quiere y qué puede la literatura infantil y juvenil? Y que a su vez se desgranará en cuatro preguntas nada fáciles de responder a primera vista: ¿Qué puede la literatura infantil políticamente comprometida? ¿A qué juegan los libros infantiles? ¿En qué piensan cuando leen? ¿Son aptos para niños?

Otro de los objetivos que se plantean desde la organización es hacer una llamada al sector masculino, atraer un alto porcentaje de hombres a un curso sobre infancia, para de este modo romper con la endogamia y los prejuicios machistas que genera todo aquello que tiene que ver en este país y en nuestra sociedad con la infancia, su formación y su atención. Un tema que socialmente se ha ligado a la mujer y donde los hombres creen que tienen poco que hacer y poco que aportar.

Desde El Asombrario hemos hablado con los cuatro ponentes para que nos expliquen mejor sus filosóficas intenciones en FLAI. A cada uno le hemos planteado una cuestión.

Adolfo Córdova es periodista, escritor, investigador y promotor de lectura radicado en la Ciudad de México. Colabora con la Biblioteca Vasconcelos, donde conforma el círculo de lectura Libros Prohibidos y en 2015 obtuvo el Premio Nacional de Cuento Infantil Juan de la Cabada del Instituto Nacional de Bellas Artes por su libro El dragón blanco y otros personajes olvidados, publicado por Fondo de Cultura Económica en 2016. ¿Dejamos los adultos que los niños elijan libremente sus libros? ¿Saben los adultos que los libros infantiles tocan temas a los que los adultos son incapaces a menudo de plantarles cara?

“Precisamente porque leer es un acto político, la elección libre de lecturas no suele ser espontánea y, claro, mucho menos innata al acto lector. No sólo porque la entrada formal al mundo de la lectoescritura requiere -evidentemente, pero vale recordarlo- un entrenamiento, que se prolonga en muchas etapas de la infancia y juventud, sino sobre todo por la tensión histórica entre lo que los adultos consideran que entenderán los niños y aquello que será “bueno” para ellos en los libros que leen. Esta tensión, sobre la que ha profundizado Teresa Colomer, pone en jaque la libertad de elección del lector, sí, y también la libertad de producción y circulación de los libros. Es cierto que uno intenta ejercitar esa libertad con el “paseo por la librería”, el “tour libre por la biblioteca”, diciéndole al niño que es “su turno de elegir”. Pero ¿de qué librería estamos hablando, con qué selección? ¿Qué sección, de qué acervo, en qué biblioteca? Pueden parecer preguntas con trampa, un cuento de nunca acabar: ¿qué fue primero: la libre elección del lector o la elección del que crea (autor), produce (editorial) y distribuye (escuela, librería, biblioteca) los libros? No es que haya una respuesta a esta pregunta mañosa e infinita, pero vale para pensar en la cantidad de filtros por los que pasa un libro para niños antes de llegar a sus destinatarios.  Entonces, más allá de que el mediador sea más o menos progre y fomente ejercicios de libertad -que igual deberían estar acompañados de un entrenamiento de lectura crítica-, no podemos obviar los aparatos ideológicos detrás de las familias, escuelas, editoriales y todos esas instituciones que no pocas veces censuran ciertos temas. Empezando por mí: que he insistido con aquello del “entrenamiento lector”. Lo hago porque veo que el mercado es voraz y seduce muy bien a las presas con cualquier panfleto. ¿Son presas estos “pobres niños indefensos”? Pues no, muchos de ellos no, los que tenemos cercanos seguro que menos: que lean lo que quieran y cuestionen y busquen libros “no aptos para niños”, que muy poco sabemos los adultos del rico mundo interno de los niños, de sus diálogos y entrecruzamientos con las lecturas, de cuánto les dicen a ellos cosas inesperadas por nosotros y cuánto acompañan sus emociones y dudas. Pero recuerdo mi visita hace unos días a una escuela en una zona muy marginada de la Ciudad de México. Ahí los lectores, muchos de ellos en pobreza extrema, son beneficiarios de programas de lectura del Estado. ¿Y cuál es la política del Estado, de este programa? Seguramente no muy espontánea”.

Clémentine Beauvais es profesora de educación en la universidad de York (Reino Unido), donde enseña literatura juvenil, escritura creativa, e imparte varios cursos sobre aspectos culturales, filosóficos y sociológicos de la educación. Clémentine es además autora de libros para niños y jóvenes. ¿Qué quieres remover bajo el titulo de tu ponencia, ‘Qué puede la literatura infantil políticamente comprometida’? ¿La literatura infantil también se puede comprometer? ¿Ya está comprometida?

Con LIJ comprometida quiero decir literatura que intenta cambiar un mundo imperfecto, que reflexiona sobre las condiciones de su propia creación, y que busca alertar al lector sobre los defectos del mundo. La LIJ no solo puede ser comprometida, sino que ha sido comprometida durante toda su historia. Por supuesto, no todos los libros infantiles han sido concebidos con una misión social, pero los que voy a presentar son políticamente comprometidos, socialmente conscientes, y desean hablar de los graves y grandes problemas de nuestros tiempos: las desigualdades sociales, el calentamiento global, la violencia machista, etc… Estos libros exigen de sus lectores una responsabilidad hacia la sociedad y el mundo. Son, como dice Sartre, “una exigencia y un regalo”: leerlos es un acto político. En la actualidad, la LIJ comprometida es una categoría muy variada, y un poco imprecisa. En mi presentación pensaremos en las múltiples maneras de categorizarla. No todos los libros comprometidos para niños son lo que podríamos llamar “buenos”; algunos son, incuestionablemente, de baja calidad, o demasiado explícitos en sus mensajes, o banales o simplemente aburridos. Pero hay también ejemplos extraordinarios: libros que toman riesgos ideológicos y estéticos, que desafían los límites del género de la LIJ al mismo tiempo que desafían los límites de nuestro imaginario social”.

Ellen Duthie es escritora, docente, bloguera y traductora especializada en literatura infantil y filosofía para niños. Nacida en España, pero de nacionalidad británica, es licenciada y máster en Filosofía por la Universidad de Edimburgo. Es la autora del concepto y los textos de Wonder Ponder. Los adultos solo leemos una vez los libros para mayores, pero los niños y las niñas los leen y releen, ¿qué queda en un niño cuando termina de leer un libro una y otra vez?

“A pesar de lo que algunos autores, editores y educadores parecen pensar, lo que queda en un niño cuando termina de leer un libro quizás tenga muy poco que ver con lo que se le echó al libro y menos aún que ver con la intención con la que se le echó (por seguir con la terminología de receptáculo que afecta a niños y a libros por igual). En mi ponencia en FLAI, me interesa abordar las divergencias entre la intención de los autores o editores y la atención de los lectores. Como dice Adolfo, sabemos poco “de cuánto les dicen a ellos [los libros] cosas inesperadas por nosotros”, pero aun así insistimos en mantener la fantasía de control y plantearnos seriamente las cosas que querríamos meterle a un libro para que tenga el resultado osmótico deseado en el niño. Me interesa en este sentido, entroncando con la conferencia de Clémentine, abordar el poder que se le asigna a la literatura como herramienta de transmisión de valores morales/políticos/sociales o valores fatales, que forjarían o pervertirían el carácter según el caso, frente a una visión de la literatura como posible trampolín para la reflexión filosófica -moral, política, lógica o metafísica-. En cuanto al hábito y gusto por la relectura constante que mencionas, creo que es muy interesante a la hora de analizar lo que quiere y lo que puede la literatura infantil y juvenil (la pregunta en torno a la cual gira todo el curso de FLAI). La lectura de libros muchas veces permite a los lectores asimilar la estructura de la ficción, intuir los cimientos de la construcción, gozar con el placer de conocerse algo al dedillo, y apropiárselo. Más allá de lo que queda en un niño cuando termina de leer un libro en concreto una y otra vez, es interesante ver lo que va construyendo un niño cuando lee muchos libros muchas veces cada uno”.

Javier Sáez Castán es escritor e ilustrador español de libros infantiles, juveniles y para adultos. Premio Nacional de Ilustración 2016. ¿Cuál es el objetivo de los libros infantiles? ¿Los autores, ilustradores, editores se lo toman en serio en estos tiempos de vorágine editorial? ¿No habría que rescatar a los clásicos y cribar mejor las novedades?

“Desde luego, no puedo hacerme cargo de qué pretende la ingente cantidad de libros infantiles publicados, ni siquiera estoy seguro de cuáles son las fronteras del género. A partir de aquí, todo lo que diga será provisional, como si adelantara un informe de un paisaje marciano a escasos metros de la aeronave. Oteo el horizonte y descubro que no existe. Una nube de polvo rojo me impide hacerme una idea del paisaje, pero aventuro dos posibilidades:

  1. a) Algunos libros infantiles se han escrito con la voluntad de ser “libros infantiles”.
  2. b) Otros no, simplemente han acabado por recibir esa denominación, tal vez contra la voluntad de sus autores.

De los libros infantiles escritos con esa vocación, se pueden dar dos supuestos:

  1. a) Algunos libros tratan de ejercer algún tipo de influencia sobre los niños. Se trata por tanto de libros políticos, ideológicos, educativos etc. En definitiva, libros “con una misión social”, como señala Clémentine. No entro aquí en los grados y los matices con los que se ejerce esa influencia ni en las ventajas o inconvenientes de pretender cambiar el mundo.
  2. b) Otros no, simplemente se entregan a los niños por razones diversas.

Entre los libros que se entregan a los niños por razones diversas y que no tienen como objetivo fundamental ejercer una influencia sobre los niños, distingo varios tipos:

  1. a) Libros que el autor escribe para conseguir un objetivo ajeno al libro (ganar dinero, influencia o posición social, ligar, etc).
  2. b) Libros que el autor escribe por razones intrínsecas al libro, porque quiere que ese libro exista, porque aspira a comprender mejor alguna cosa haciéndolo, porque cree que si fuera niño, le gustaría leerlo etc. En mi opinión, estos libros no requieren categorías establecidas sobre la infancia o si se dan, no son relevantes, no forman parte del objetivo. Intentaré hablar de esos libros cuando tenga la oportunidad.

La duda es si estos libros no corresponderán en realidad al punto 1b, pero ya dije que tengo polvo en los ojos y no veo bien; es más, releo los puntos que acabo de decir y veo que se mezclan y confunden con inquietante facilidad. Los canales marcianos son enemigos del cartógrafo aficionado: Houston, tenemos un problema, les pido ayuda.

En cuanto a los clásicos, perdonen el chiste, pero creo que son ellos quienes tendrían que rescatarnos a nosotros, o al menos a mí”.

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Sobre el autor

Javier Pizarro
Maestro de Educación Infantil, desde hace más de 15 años en la escuela pública. Acompaño a los niños/as así como a sus familias en el proceso de aprender. Apasionado por la literatura infantil y juvenil, que vista desde un punto desde la aproximación adulta, resulta llena de ironía, sentido común y nos ayuda a reflexionar sobre la educación, la vida y nuestras fantasías.
Decía José Saramago en su cuento para niños La flor más grande del mundo: “¿Y si las historias para niños fueran de lectura obligatoria para los adultos? ¿Seríamos realmente capaces de aprender lo que, desde hace tanto tiempo, venimos enseñando?”
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Un comentario

  • El 07.06.2017 , Gregorio García Calvo ha comentado:

    Sin desmerecer a los otros ponentes, un abrazo para Javier Sáez por sus respuestas. Con los ojos llenos de polvo parece ver mejor que muchos que gozan de una salud ocular exquisita. Voy a echarme tierra yo también entre los párpados a ver si soy capaz de contemplar el mundo con tal clarividencia. Espero luego atinar con las teclas para poder contároslo.

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