03.06.2014

Los guapos ya no son tontos

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© Daquella manera

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El autor analiza con mucho humor esa ‘verdad popular’ que nos inventamos los chicos del montón para sobrevivir y que consistía en pensar sistemáticamente que los guapos siempre eran los más tontos. Parece que todo está cambiando en la política, la sociedad y el mundo, incluida esta máxima.

***

Fue tenerlo delante, escuchar su conversación, y darme cuenta. La regeneración no pasa únicamente por la Casa Real o la política; nuestros prejuicios también necesitan un cambio, un relevo. Especialmente esos convencionalismos que nos han ayudado, durante años, a sobrevivir. No quiero decir que debamos renunciar a ellos, negarlos tres veces, como si nunca hubiesen existido. Eso sería ingratitud ya que han jugado un papel muy importante en la historia de nuestra autoestima. Lo que propongo es que, si no somos capaces de sobreponernos a ellos, al menos deberíamos aceptar que ha llegado el momento de cambiarlos. Sí, queridas lectoras y queridos lectores, asumámoslo: los guapos ya no son tontos.

Los que hemos sido clasificados en ese cajón de sastre que popularmente se conoce como ‘el montón’, los que llevamos una vida aceptando que nunca estaremos expuestos en el escaparate y que, por el contrario, habitamos en el revoltijo de prendas esperando ser encontrados, invertimos mucho más tiempo y esfuerzo en marcar nuestra peculiaridad, el rasgo que nos hace únicos y diferentes, que el que ya parte con la belleza de fábrica. Y no me vengan ahora con que la belleza está en el interior –nunca he sentido atracción sexual por un bazo o un hígado-, con que el guapo (o la guapa) oficial “no es su tipo” y todas esas excusas que durante años hemos empleado para afianzar nuestra personalidad. La belleza física es un valor en sí mismo y podemos escribir cuatrocientos ensayos hablando de la normativización de la belleza que pocas cosas van a cambiar. ¿O de verdad creen ustedes que Rubén Cortada es el mejor actor español de los últimos años, el gran descubrimiento de la interpretación española? ¡Mierda! ¿Ven? Me dejo llevar y me brota el prejuicio. Me voy a obsequiar con diez minutos de tertulianos televisivos opinando sobre la abdicación del Rey. Ese será mi castigo.

(…)

Ya estoy aquí de nuevo. Solo comentar que hay gente que está muy equivocada. He escuchado a personas defender la República como si ese sistema político fuese sinónimo de progresismo. La verdad, entre tener a Rajoy como presidente de la República o a Felipe VI como Rey de España, casi me quedo con lo segundo. Y no me suelten eso de que al presidente de la República lo elegimos cada cuatro años. No en un país en el que el 54,16% de las personas no va a votar. Eso nos deslegitima como ciudadanos. Pero yo no quería hablar de eso. Vuelvo a la belleza.

Los del montón, incluso los de la parte de abajo del montón, tenemos que buscar nuevos argumentos para sobrevivir a la tiranía de la belleza física y corporal. Antes nos bastaba con dejar caer el nombre de Martin Amis en una conversación para marcar nuestro terreno frente a aquellos que hablaban de proteínas y tonificación. Era como si pretendiésemos demostrar que el tiempo que ellos invertían en fortalecer los abdominales nosotros lo empleábamos en leernos todo lo que caía en nuestras manos y tragarnos todas las sesiones de cine nórdico que organizaba la Filmoteca. Error. Grandioso error. Y aun así, seguíamos entrando en los locales convencidos de que todos los chulazos de cuerpos espectaculares, que conversaban en círculos inexpugnables, eran tontos. De esa manera podíamos regresar a casa tranquilos después de que ni una sola mirada, ni un solo caballero, se hubiera percatado de nuestra presencia. Éramos ‘hombres celofán’ pero habíamos leído a Sartre. Esos tiempos, queridos y queridas, han muerto. O mejor escrito, nunca existieron pero, a estas alturas, no nos queda más remedio que reconocerlo. Ni la estupidez es patrimonio de los cuerpos esculturales ni la erudición característica del poco atractivo.

Lo he sentido. Tenía los ojos más luminosos que había visto nunca, una sonrisa vivaz, un cuerpo trabajado concienzudamente en el gimnasio y una simpatía arrolladora. Era neurocirujano y estuvimos durante una hora hablando de cómo las crisis económicas habían alimentado, históricamente, la efervescencia del fascismo. Bromeamos mezclando en nuestras ironías a Wilde con Raquel Mosquera. Me recomendó una novela de Peter Cameron y charlaba, con la misma naturalidad, de Eurovisión que del Primavera Sound, de política que de cine, de teatro y de derechos civiles. “¡Competencia desleal!”, pensé. Y ahora, ¿qué demonios hago? ¿Me apunto a un gym antes de entrar en autocombustión y quedar reducido a cenizas?

Cuando uno se acostumbra al pretexto, es difícil afrontar la realidad. Por eso pensé que cuando la excepción se convierte en norma, lo especial deja de tener encanto. Y como en el colectivo gay -¿sucede igual en el mundo heterosexual?- el culto al cuerpo es veneración, la buena anatomía ha dejado de ser una particularidad para convertirse en un patrón estético. No basta con tener un buen brazo, un buen culo, una buena pierna; así hay miles. Ahora la diferencia la marca ese brazo, ese culo, esa pierna, en un hombre simpático y dotado de una seductora cultura. La belleza es otra cosa. Eso es genética y ahí los bendecidos siempre estarán en el vértice de la pirámide. Aunque en una charla digan cosas tipo “renace de sus cenizas como el gato Félix”. Eso, en un guapo, resulta hasta enternecedor.

Pero la clave es… entonces, ¿qué hacemos los del montón? ¿Cómo nos hacemos visibles ante este nuevo modelo de hombre? Desde luego, España dividida entre monarquía y república y yo aquí con este trascendental debate. Vaya cuadro.

Puedes escuchar el último programa de Wisteria Lane dirigido por Paco Tomás en RNE

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Sobre el autor

Paco Tomás
Soy periodista, guionista y, en los tiempos que corren, funambulista. Escribo. Eso es lo que hago la mayor parte del día. También leo y, en ocasiones, releo. Escribo artículos de opinión, teatro, programas de televisión, guiones de cine inéditos y ahora también hago radio. Soy el de “Carta Blanca” en La 2, el de "Alaska y Segura" en La 1, el de “La Transversal” y “Wisteria Lane” en RNE, el del serial “Kurt & Courtney” en Radio 3 y el autor de "Los lugares pequeños", mi primera novela, editada por Punto en Boca.

Puedes seguir al autor en twitter @srpacotomas

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6 comentarios

  • El 04.06.2014 , Igor Arbizu ha comentado:

    Muy bien lo que dices, pero en el inciso sobre la monarquía caes en el topicazo de patio de colegio que no es donde está el verdadero debate.
    Un presidente puede ser nefasto pero no es elegido como en el Antiguo Régimen y sobre todo, el meollo del asunto es que estos dinosaurios que nos gobiernan (PPSOEaurios y amigos) entiendan que lo democrático es que se consulte a la ciudadanía qué forma de estado quiere y que dejen de considerarnos menores de edad a los que se nos tiene que dar todo decidido, pues por lo visto todavía no estamos preparados, como con Paca la culona.
    Se trata de referéndum y democracia, incluso si es para refrendar la monarquía otro medio siglo. Como tú dices, hay gente muy equivocada.

    • El 04.06.2014 , srpacotomas ha comentado:

      Estoy de acuerdo en prácticamente todos los argumentos que planteas pero creo Igor que pasas por alto el único dato que aporto y es, precisamente, el de la participación. Me hablas de referendum, de consultar a la ciudadanía,…es que la ciudadanía es la primera que traiciona ese argumento. La gente no participa. Estamos reclamando participación y cuando hay que participar, la gente pasa. 54,16% de gente que no votó. Y eso que es una vez cada cuatro años. ¿De verdad crees que si votásemos una vez al año la cosa cambiaría? Estoy a favor de referendum siempre, pero sería una nueva desilusión comprobar el número de personas que acuden a las urnas. Creo que la ciudadanía también necesita hacer un poco de autocrítica.

      • El 04.06.2014 , Frann ha comentado:

        Qué argumento más torticero el de la participación. En las europeas, sí, ha votado menos del 50%. Pero en las dos útimas generales el % fue superior al 70%. Eso se llama hacer trampas. Como lo de decir que habría que votar todos los anyos. Mira, pues si a la gente se le educara de otra manera y fuera más responsable, claro que votarían siempre que hace falta. Fíjate en Suiza. Y cómo les va a ellos, y a nosotros.

  • El 04.06.2014 , Nely García ha comentado:

    Los cánones de belleza los dictan en su mayor parte, los medios televisivos. El físico atrae en un primer momento, pero si durante una conversación se descubre el vacío interior, de una persona guapa/o, el encanto se esfuma. Monarquía, o República, pueden ser igual de acertadas, si la democracia se respeta, y el valor de una democracia consiste en escuchar al pueblo.

    • El 04.06.2014 , srpacotomas ha comentado:

      De acuerdo Nely. Y yo iría más allá. La democracia consiste en escuchar al pueblo y en que el pueblo participe. No basta con manifestarse y gritar consignas: hay que votar.

  • El 04.06.2014 , srpacotomas ha comentado:

    Hola Frann. Gracias por comentar. No hago trampas, simplemente manifiesto lo que me escandaliza un pueblo que pasa de votar, me parece una irresponsabilidad histórica. Y respecto a los tantos por ciento de las participaciones, claro, también podemos viajar en el tiempo hasta 1982, cuando votó el 80% del país. Usted sabe a qué me refiero. Hay que ser responsables: los políticos en el poder y nosotros, los ciudadanos, con nuestros derechos. Y el voto es un derecho que pasamos de ejercer y nos quedamos tan tranquilos. Y hasta orgullosos algunos. Hoy, después de la escasa participación en las europeas -con unos resultados que, por cierto, demuestran que votando se pueden cambiar las cosas- salir a la calle reclamando que nos dejen votar,…me parece que la ciudadanía en general debería hacer un poco de autocrítica. Y que conste que posiblemente esté más cerca de su pensamiento de lo que cree pero no me gusta pertenecer a un colectivo que se autoexime de su responsabilidad. Y…¿de verdad me está comparando Suiza y España? ¿De verdad?

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