22.12.2016

Un Papá Noel que regala cilantro, hierbabuena y albahaca

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Un puesto de Ecoquchu. Foto: Solo un instante.

Hay proyectos locales que arriesgan, emprenden y regeneran. Y en estos preparativos de Navidad, nos detenemos hoy en uno de ellos, que llega desde el Norte, desde Santander, y que sugiere regalos orgánicos para reverdecer nuestras vidas y nuestras ciudades. Filosofía ‘Slow’ a la que te invitamos desde ‘El Asombrario’ para construir unas fiestas distintas y sostenibles.

POR ALBERTO PEREIRAS

El taller de Papá Noel está en Santander. Y estos días trabaja a pleno rendimiento. No muy lejos de donde rompen las olas del Cantábrico, en un bajo repleto de cajas y lazos, está germinando su mágico proyecto: Ecoquchu, regalos orgánicos para reverdecer la ciudad, oxigenar nuestra vida y sembrar semillas rurales en corazones urbanitas. Semillas de esperanza. Por estresante que sea tu rutina o pequeño que sea tu hogar, siempre hay resquicio para la vida, desde un balcón al alféizar de la ventana. Esther y Manuel, bióloga y geólogo, se conocieron en un máster que floreció en empresa. Estos días cuentan con la ayuda de sus duendes, y ya sea al frente de la cadena de montaje como en mercados navideños (este año dieron el salto a Biocultura) todo lo hacen a mano, con amor a la naturaleza y la cultura: una inspiradora cita de Robert Louis Stevenson, el aventurero autor de La isla del tesoro, prologa sus regalos.

Estos reyes magos no regalan mirra, sino cilantro, hierbabuena, albahaca… Fabrican regalos que dejan huella. Regalos artesanos y con encanto frente al derroche artificial de estas fechas. Entre sus productos, que incluyen kits de cultivo de setas, hortalizas, hierbas aromáticas o especias (indias, afrodisíacas, para gin-tonic…), destacan las bombas de semillas, inspiradas en el método Nendo Dango de Fukuoka. Están elaboradas con diferentes sustratos para potenciar la germinación. En dos años de vida, Ecoquchu ha llamado la atención por la calidad y buen gusto de sus diseños. Y es que el arte y la agricultura van de la mano, como ya demostró la revolución de los articultores en Argentina o las guerrillas verdes en Estados Unidos.

El modelo empresarial de Ecoquchu se guía por principios de sostenibilidad ambiental y social, pues apela a lo local y responsable, con filosofía Slow, el movimiento que Carlo Petrini fundó en los años 80 como reacción a la apertura de un McDonalds en plena Piazza de Espagna romana, y que lentamente ha corrido como pólvora por toda Europa, convenciendo más que venciendo al recuperar el valor de los pequeños placeres y de lo autóctono en la era del fast food. Por eso, aunque Ecoquchu podría encargar el packaging a China, prefiere trabajar en canales cortos: las semillas y sustratos son ecológicos, sus mesas están fabricadas por un carpintero local y sus cajas, por la empresa social Manipulados Solidarios.

En navidad o fechas especiales triunfan sus kits de cultivo y cajitas de regalo, como detalle de boda o incluso para crear huertos en comedores escolares o de empresa. En vez de ir al súper a buscar las especias puedes ir a tu huerto, familiarizarte con su aroma y servirte al gusto. Es algo extendido en otros países y digno de inculcar aquí a la infancia, cebo del marketing navideño. Ante una celebración vendida al merchandising, más sintética y materialista que tradicional o religiosa, hecha con árboles de plástico y nieve de porexpán, esta revolución orgánica ilusiona regalando vida, magia natural y valores. Si al Belén le han crecido malas hierbas, arranquémoselas y hagamos de él un huerto.

Ecologistas en Acción ha denunciado repetidas veces el despilfarro y la contaminación de esta época, la contradicción consumista de un rito basado en valores solidarios y cuyo consumo energético dispara las emisiones de CO2 mientras su concentración en la atmósfera supera ya los registros históricos. Hace un mes, la consultora Deloitte preveía en su estudio sobre el consumo navideño un aumento del 4% respecto a 2015 en el gasto medio de los españoles, haciendo de España el segundo país que más gasta de la lista por encima de Alemania o Rusia. ¿Por qué no aprovechar la estación fría del año para hibernar y desconectar de todo lo que derrocha durante el año o se lucra de la ilusión infantil, haciendo de la navidad una época de valores reales, ahorro energético y consumo responsable?

En su web, Esther y Manuel cuentan su historia y curiosidades sobre el mundo del cultivo y las propiedades de sus hierbas. No son iconos del marketing navideño como Papá Noel o los Reyes Magos, pero encarnan el tipo de valores en los que creer por estas fechas. Porque existen y son de carne y hueso, como tantos proyectos locales que arriesgan, emprenden y regeneran.

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