Cinco razones (de Joan Matabosch) para no perderse Bomarzo
22.04.2017

Cinco razones por las que no debes perderte Bomarzo

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El tenor John Daszak y la mezzosoprano Milijana Nikolic en la ópera Bomarzo de Alberto Ginastera. Foto: Javier del Real.

El tenor John Daszak y la mezzosoprano Milijana Nikolic en la ópera ‘Bomarzo’ de Alberto Ginastera. Foto: Javier del Real.

El Teatro Real afronta el próximo lunes 24 uno de sus estrenos más arriesgados y sonados de la temporada. Se trata de la ópera ‘Bomarzo’, de Alberto Ginastera, con libreto del escritor Manuel Mujica Láinez, autor de la novela homónima, que -dada su dificultad- lleva sin representarse más de 40 años en Europa y que a finales de los sesenta fue prohibida por la dictadura argentina, que la tachó de inmoral y subversiva. El director artístico del teatro, Joan Matabosch, escribe para los lectores de ‘El Asombrario’ las cinco razones que hacen de este estreno un acontecimiento musical y teatral de tal magnitud que el coliseo madrileño quiere convertir en un “éxito monumental”.

POR JOAN MATABOSCH

1- Porque es una de las mejores óperas del patrimonio musical latinoamericano.

Alberto Ginastera es uno de los mejores compositores latinoamericanos. Nacido en Argentina, asimila todas las técnicas modernas, recreadas de manera muy personal en la textura vocal y en la instrumentación. ‘Bomarzo’ emplea una batería asombrosa de más de 70 instrumentos de percusión a través de los que el compositor describe el ambiente violento y tumultuoso que rodea la existencia de Pier Francesco Orsini, duque de Bomarzo. La estructura de la obra reposa sobre géneros tradicionales (villanelle, musette, madrigal, arietta, etc…) integrados en una escritura serial. Es un compositor muy audaz en la utilización de los recursos tímbricos y en la incorporación de las aportaciones de la vanguardia musical de su época, pero absolutamente clásico en sus estructuras. Esta es posiblemente una de las razones de que haya sido un compositor de tanto éxito y tan bien aceptado por el público, incluso en una época como la suya, en la que pocos de sus colegas han podido decir lo mismo.

2- Porque es una de las mejores adaptaciones de un texto literario.

El propio Manuel Mujica Láinez convirtió su novela Bomarzo en libreto de ópera tomando algunas decisiones cruciales como invertir la estructura narrativa de la obra literaria. La ópera comienza con la agonía del duque de Bomarzo ante la Boca del Infierno de su jardín, envenenado por la pócima mágica con la que quería lograr la inmortalidad. En su agonía, rememora su vida de angustia, de complejos y de crímenes reflejada en los monstruos de ese jardín, en quince episodios enlazados por interludios. El camino del poder ha sido, para Pier Francesco, una sucesión de crímenes, inevitables para satisfacer su ambición dado que se hallaba apartado de la línea sucesoria. Contra su padre, cuya muerte cree propiciar mediante la magia de su astrólogo Silvio de Nardi. Contra su esposa Julia Farnese, a la que logra hacer caer en manos de su hermano menor tras reconocer que “unirme a ella, fue para mí un lujo; enfrentarla, fue una tortura; perderla, una desesperación; poseerla, un agobio. Lo que en ella amé fue su categoría de augusto símbolo”. Y, sobre todo, contra su hermano mayor Girolamo, “atlético, hermoso, musculoso, petulante, obtuso, procaz y despótico”, el heredero, cuya belleza turbadora contrasta con su físico repugnante. Las humillaciones de Girolamo contra Pier Francesco, vistiéndolo de duquesa para reírse de su joroba, torturándolo física y moralmente, se las cobrará caras cuando se niegue a prestarle auxilio al sufrir un accidente y agonice ante sus ojos pasivos y también ante los de su abuela cómplice.

3- Porque la obra alude al alucinante bosque de los monstruos de Bomarzo.

El deforme duque renacentista de Bomarzo construye el Sacro Bosco con las “piedras gibosas” de su jardín etrusco, tarea creadora que le brinda, más que la magia y la astrología, más que la religión y la gloria militar, un verdadero acceso a la inmortalidad que llegará hasta Dalí. Ese Orsini de Mujica Láinez y Ginastera es un artista romántico: “Puesto que soy un monstruo me he rodeado de monstruos fraternos que encarnan los episodios de mi vida doliente”.

4- Porque es la ópera que prohibió Juan Carlos Onganía, el general que había dado un golpe de Estado en Argentina.

Bomarzo se estrenó en Washington en 1967. A los pocos meses se tenía que haber estrenado en el Teatro Colón de Buenos Aires, pero la junta militar que acababa de dar un golpe de Estado anunció una agresiva campaña de “moralización” de la vida pública argentina que iba a convertir la ópera de Ginastera en el símbolo de la corrupción moral y estética de la modernidad. Para el nuevo orden moral, parece que resultaba intolerable ese Pier Francesco obligado a disfrazarse de mujer y simbólicamente violado por sus hermanos; ese esqueleto danzante con el que lo encierran, que es la “máxima representación de sus antepasados” y que le muestra el mismo desprecio que su padre y sus hermanos; esa humillante escena de impotencia con una prostituta; esa identificación con la estatua de un minotauro ante el que exclama “hermano mío, como yo desfigurado, como yo bello y horrible”; y esa proyección de su atormentada vida afectiva en los monstruos de piedra que manda esculpir en su jardín.

5- Porque se va a estrenar una nueva producción de la ópera, dirigida escénicamente por Pierre Audi y musicalmente por David Afkham.

La nueva producción de Bomarzo del Teatro Real supone su estreno en España y el regreso de la ópera a los escenarios europeos tras 40 años. El director de escena es el prestigioso Pierre Audi, y la dirección musical correrá a cargo de David Afkham, director principal del Coro y Orquesta Nacionales de España, que estará al frente del reparto y el Coro y Orquesta Titulares del Teatro Real.

Más información en la web del Teatro Real.

Bomarzo cuenta con dirección musical de David Afkham; dirección de escena de Pierre Audi y escenografía e iluminación de Urs Schönebaum. Foto: Javier del Real.

‘Bomarzo’ cuenta con dirección musical de David Afkham; dirección de escena de Pierre Audi y escenografía e iluminación de Urs Schönebaum. Foto: Javier del Real.

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