13.01.2017

Treinta años sin Tarkovsky, un maestro en filmar el desasosiego humano

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Un fotograma de la película ‘La infancia de Iván’ de Andrei Tarkovsky.

Se han cumplido recientemente 30 años de la desaparición del soviético que abrió muchas puertas cinematográficas, Andrei Tarkovsky. Hoy queremos homenajearle trayendo a este ‘Viernes de Cine’ su primer largo, ‘La infancia de Iván’. El cine le debe mucho a esta obra en lo formal y en lo estético, en el discurso y en el espíritu, y los espectadores le debemos el poder de horadar las mentes para recordar lo que a menudo los poderosos y sus ‘juegos’ de ambición nos quieren hacer olvidar.

Que la infancia no provoca guerras es algo conocido; que la guerra no es cosa de niños, también. Pero que hay niños en las guerras e infancias atravesadas por los conflictos no puede negarse, por más que los juegos adultos y la historia pretendan, con premeditación o sin ella, pasarlo por alto.

Hace unos días (el 29 de diciembre) se cumplieron 30 años de la desaparición de alguien que con su primera película sentó las bases firmes de una carrera cinematográfica basada en la conciencia y la belleza, en la experimentación y el pensamiento, en la realidad y en el sueño, de incluso los discursos más incómodos y las pesadillas más desasosegantes a las que puede enfrentarse la existencia. Su obra, estudiada y escudriñada por cientos de cinéfilos de pro e historiadores cinematográficos, no deja el mínimo resquicio para pasar desapercibida.

Este hombre no es otro que el cineasta soviético Andrei Tarkovsky, y esa primera obra a la que quiero referirme, la hermosa, apabullante y dolorosa La infancia de Iván (Ivanovo detstvo) (1962), una descripción devastadora, poética e impresionante de la guerra, a través de la dolorosa peripecia de Iván (Nikolai Burlyayev), el niño de 12 años que, decidido a vengar la muerte de su madre y hermana a manos de los nazis, se une como explorador a un regimiento ruso, donde se convierte en indispensable gracias a la habilidad que su pequeño cuerpecito tiene para pasar inadvertido a través de las líneas enemigas.

Dos fotogramas de la película ‘La infancia de Iván’

Historia de muerte y vida, de deseo y camaradería, de amores y miedos, en un momento brutal y sangriento de la Segunda Guerra Mundial, en el frente oriental soviético durante los últimos meses de la desgarradora contienda. Una historia bélica que carece de escenas de batalla y en la que, sin embargo, todo lo que experimentamos, dentro y fuera de la pantalla, son las consecuencias de la guerra.

El olvido de la infancia suele estar patente en la sesgada memoria y la extraña naturaleza de la madurez, a no ser que en su argumento se nos narre la categoría especial de héroes o mártires ensalzados en leyendas e historiografías más o menos bondadosas, más o menos coloreadas de alabanzas, o en las que su imagen nos traslade a través de un discurso generalmente presumido por ideales, bien morales o bien políticos.

Sin embargo, Tarkovsky, en La infancia de Iván, comenzando con una de las escenas de apertura de sueños más grande y hermosas de la Historia del cine, nos adentra sin concesión en la realidad de “los nadie”, la del niño obligado a vivir y sufrir las consecuencias de aquellos adultos que le han tocado en suerte como mandatarios y la de los hombres y mujeres que, aun sin comprender, se ven inmersos en una locura, la de la supervivencia en los conflictos generados por otros.

Partiendo el relato a hachazos como puertas que se abren y se cierran violentamente, ofrece un viaje poético a través de los fragmentos y sombras de la infancia y la esperada juventud devastadas por la guerra y salpicadas por el único camino de distensión o alejamiento de tan cruel realidad, el amor y los sueños.

Todo lo que envuelve esta película está dirigido a las sensaciones, la planificación milimetrada, o el juego magistral y casi cegador entre la luz y la oscuridad, o el de paisaje y naturaleza, tan preciso y tan sobrenatural a la vez, que muchos momentos parece pasearse sobre la superficie de un planeta alienígena, para descubrir de nuevo, a partir de alambradas, espejos, armas, objetos y espacios destruidos -tan humanos como insoportables- esta cara del planeta nuestro.

Secuenciada en su mayor parte a través de la entrada y salida de los personajes bajo el movimiento de una cámara que construye el espacio sobre la emoción y viceversa, proyecta una historia de guerra y venganza inconsolable. Asfixiante, capaz de cerrar gargantas y, sin embargo, abrir los ojos ante el aplastante y abrumador escenario. Tarkovsky puede mostrar como nadie la belleza formal dentro del infierno.

Porque La infancia de Iván no pretende olvidar que -más allá de la humana emoción de tristeza o rabia por las catástrofes que sesgan la vida y el futuro de los niños- los sentimientos, las necesidades, los pensamientos y las aspiraciones también se encuentran en las mentes de los cuerpos pequeños e indefensos de los menores. Y es ahí donde los conflictos armados pierden cualquier sentido de justificación, cualquiera.

Poderoso y extraordinario el primer trabajo de Tarkovsky, premiadísimo y olvidado, siendo sin embargo su mejor obra -siempre a mi parecer- aunque quizás por ello engullido por los que le siguieron, nada desechables, como Solaris o Sacrificio.

El cine le debe mucho a esta obra en lo formal y en lo estético, en el discurso y en el espíritu, y los espectadores, una vez más, como en las grandes obras, en el poder de horadar las mentes, para recordar lo que se nos hace olvidar.

Ojalá fueran tan solo un sueño historias como las de Iván, el huérfano de batalla, pero también las de los hombres que lo usan, con benevolencia o sin ella. Ojalá que la violencia solo fuese una pesadilla.

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Sobre el autor

Antonio Bazaga

Toño Bazaga. Más de 20 años dedicados al mundo del cine, habiendo tocado casi todos los palos: producción, desarrollo, escritura, financiación… Convencido de que el futuro del cine está aún por llegar. Apasionado de la literatura y la historia, creo que el celuloide es el mejor invento para contar lo que pasa, lo que pasó y lo que puede pasar. En fin, parte indispensable de nuestra vida.

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7 comentarios

  • El 13.01.2017 , Elvira ha comentado:

    ¡Como me gustas Bazaga!!!

  • El 13.01.2017 , Alex Mene ha comentado:

    Un cineasta muy interesante. Un gran artículo. Y ojalá que la violencia sólo fuese una pesadilla.

  • El 13.01.2017 , Olga ha comentado:

    Precioso artículo. Me ha puesto los pelos de punta. Antonio, sabes cómo llevarnos a lo más profundo de las películas. Gracias.

  • El 13.01.2017 , Cristina ha comentado:

    Me ha gustado mucho lo que he leido. Gracias.

  • El 15.01.2017 , José ha comentado:

    Grandísimo film, bellísima fotografía , tengo que volver a verla, cómo se echa de menos ciclos así en tv. Es una pena que la cultura y el arte estén en horas bajas en los medios, gracias por sus artículos.

  • El 31.01.2017 , Liubov ha comentado:

    Gracias por su interés en el cine de Rusia, el gran director de cine ruso Tarkovsky!

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