18.11.2016

Una Estación Lunar para que los niños con cáncer se conviertan en astronautas

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La Estación Lunar instalada en el Gregorio Marañón de Madrid.

Solo a los adultos viajar al espacio nos resulta caro e impensable. A un niño le basta con creérselo. Le basta con desearlo, imaginarlo y proyectarlo. Un niño o una niña que se lo cree lo vive con la misma intensidad de Neil Armstrong al pisar por primera vez la Luna. Pero no todos los niños lo tienen tan fácil; a algunos la vida les juega una mala pasada llamada cáncer. Para ayudarles a convertirse en ilusionados astronautas, para recuperar su ilusión y sonrisa, el hospital Gregorio Marañón de Madrid y la Fundación Juegaterapia han transformado dos habitaciones en una Estación Lunar.

Esa mala broma llamada cáncer es la que les obliga durante una temporada de sus vidas a dejar de ser niños para convertirse en héroes que luchan contra la enfermedad. Durante este período, los niños y las niñas entran en una lucha diaria, donde aparecen duros sentimientos negativos. Pierden la sonrisa, sufren un fuerte impacto emocional con un batiburrillo de sentimientos negativos difíciles de gestionar y tienen que dejar durante algún tiempo a sus amigos y su vida cotidiana. Para contrarrestar estos efectos, la Fundación Juegaterapia, que desde hace años viene ayudando a los niños enfermos de cáncer a través del juego, ha instalado una pequeña sucursal de la NASA en la planta de Oncología Pediátrica del Hospital Materno Infantil del Gregorio Marañón en Madrid. Con un objetivo muy claro: que los niños y las niñas enfermos de cáncer vivan una experiencia distinta, apasionante, divertida y única, mientras pasen por las habitaciones de aislamiento. Hasta ahora eran espacios aburridos, donde se primaba la atención sanitaria olvidando tal vez la faceta más infantil del niño, jugar con su fantasía.

Dos de los elementos principales que desaparecen cuando un niño es hospitalizado son los momentos de juego y ocio. Verse privado de estos dos elementos ocasionarán aburrimiento y la pérdida de lo más importante en la vida de un niño, la sonrisa. Gracias a este proyecto, los niños tendrán la oportunidad de visitar una Estación Lunar. Juegaterapia lanza un nuevo plan de intervención en los hospitales que incorpora, por primera vez, funciones domóticas y avances tecnológicos, aplicados por primera vez en un centro de salud en España. Tecnología que permite la simulación de distintas experiencias como un viaje por el espacio a otro planeta, la recreación de un amanecer o que el niño desde la cama de su habitación contemple el firmamento. ¿Acaso hay una experiencia más maravillosa para un niño o una niña que convertirse en astronauta?

Así, dos habitaciones de la planta de Oncología Pediátrica, donde ingresan niños con tratamientos de larga duración y necesidades especiales de aislamiento, se han convertido en las Estaciones Lunares del Hospital Gregorio Marañón. Con una decoración futurista que simula una nave espacial y que busca romper con la monotonía típica de un hospital. El proyecto también contempla la decoración del resto de la planta con motivos espaciales y constelaciones con las que los niños y niñas pueden interaccionar y casi, casi olvidarse por unos momentos de que están en un hospital y poder desconectar de la rutina habitual de la enfermedad.

Y la excusa de todo este lío no es otra que mejorar la vida de los niños enfermos de cáncer en periodos de aislamiento, contrarrestar en la medida de lo posible el fuerte impacto emocional que viven los pequeños con la enfermedad. Eliminar los miedos ante lo desconocido, permitirles que se vayan muy, muy lejos del sitio donde están hospitalizados, sentirse acompañados, poder ganar autonomía, llegar a controlar su tiempo (conseguir que estén menos aburridos), recuperar un poco de intimidad y, sobre todo, permitirles que sigan siendo niños y niñas. Gracias al juego y a la fantasía desarrollarán sentimientos positivos para minimizar las emociones negativas que implica el proceso de la enfermedad. Porque no perdamos nunca de vista que son niños y que, como niños que son, están pasando por duros procesos difíciles de comprender y muy difíciles de vivir. Los niños hospitalizados atraviesan muchos estados emocionales, la mayoría muy negativos: miedo, nervios, dudas, aburrimiento, enfado, y hay que intentar conseguir darles la vuelta. Conseguir al menos que no pierdan la sonrisa.

Esta Estación Lunar cambia por completo el concepto que tenemos de un hospital. Las puertas se transforman en la entrada de acceso a un nuevo mundo que anticipa la fantasía que van a vivir y permiten al niño entrar con curiosidad en lugar de con miedo. El control de enfermería pasa a llamarse el “Control de la Tripulación”. Y como parte importante del momento de ingreso en la estación, se puede equipar al tripulante con un “pijama espacial”. Los niños con un sencillo panel inalámbrico van a tener el control de la estación y van a poder realizar aquellos cambios de iluminación o sonido que consideren necesarios. Que para eso son astronautas y los jefes de la Estación Lunar. Pequeños cambios que ayudan al niño y a la niña a afrontar con mayor tranquilidad los duros e invasivos momentos de los tratamientos y las pruebas médicas.

Los encargados de diseñar y llevar a cabo la Estación Lunar ha sido la empresa PlayOffice, que de forma desinteresada ha transformado dos habitaciones de un hospital en un lugar maravilloso donde ver las estrellas, el universo y escuchar historias maravillosas. Estar temporalmente aislados no tiene que significar alejarse del mundo o tener que dejar de vivir cosas maravillosas simplemente por estar enfermos. Y es que con alegría, ilusión y fantasía los duros momentos pueden pasar mejor. Ya nos lo cantaba Mary Poppins, que con un poco de azúcar todo puede mejorar un pelín.

Este emocionante vídeo explica muy bien lo que es la Estación Lunar del Gregorio Marañón:

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Sobre el autor

Javier Pizarro

Maestro de Educación Infantil, desde hace más de 15 años en la escuela pública. Acompaño a los niños/as así como a sus familias en el proceso de aprender. Apasionado por la literatura infantil y juvenil, que vista desde un punto desde la aproximación adulta, resulta llena de ironía, sentido común y nos ayuda a reflexionar sobre la educación, la vida y nuestras fantasías.

Decía José Saramago en su cuento para niños La flor más grande del mundo:
“¿Y si las historias para niños fueran
de lectura obligatoria para los adultos?
¿Seríamos realmente capaces de aprender
lo que, desde hace tanto tiempo, venimos enseñando?”

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