03.10.2018

Los aforismos de Pedro Letai: “La genética es una estafa piramidal”

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El escritor Pedro Letai.

El escritor Pedro Letai.

Pedro Letai da un giro íntimo a los aforismos en la edad de las redes sociales. El poeta y escritor publica ‘Las cosas que no pueden ser’, un libro ilustrado por Lidia Toga y editado por La Huerta Grande. “¿Para qué queremos a Dios si tenemos ibuprofeno, que perdona igual pero no juzga?”. “Olía a ginebra y a posibilidades”. “Todos sois muy hombres hasta que os ataca un pato”. “Cuantos más suicidas hay menos suicidas quedan”. “Reparto excusas con la pericia de un mago que lanza dagas a una doncella giratoria”. Llenos de ironía, humor, autoparodia y una ocurrente sensibilidad, Letai retoma el eterno género de los aforismos y lo coloca en el pedestal contemporáneo que le corresponde: el de la introspección. Publicamos aquí el prólogo al libro firmado por el periodista y escritor Andrés Rubio.

POR ANDRÉS RUBIO

Podría considerarse que Hipócrates inauguró el género aforístico en Occidente —«Corta es la vida, el camino largo, la ocasión fugaz, falaces las experiencias, el juicio difícil». Un género que viene desde la Antigua Grecia, y anteriormente desde Egipto, China o India, hasta llegar a las Galletas de la Fortuna y la sección Citas Citables de la revista Reader’s Digest, desembocando en Marge Simpson, la madre en la serie de dibujos animados Los Simpson, y su maravilloso sentido de la vida: “Vamos a olvidar todo eso con un gran bol de helado de fresa”.

La tradición de los aforismos renace ahora con Internet, las redes sociales y el alumbramiento de la era del postexto (la nueva narrativa del mundo digital). Tradición convertida en una suerte de nuevo paradigma desde el momento en que una herramienta como WordPress, en su plugin para seo (la optimización de la búsqueda), aconseja que se hagan frases sencillas de no más de 20 palabras; y lo mismo con los 280 caracteres de Twitter o con esos vídeos en los que no hay narración sino palabra escrita sobre imágenes.

Bienvenidos entonces a una nueva era de aforismos, esas píldoras para estimular el entusiasmo, la agudeza, la toma de conciencia, la risa, la sonrisa, el llanto. Para encumbrarnos y deslumbrarnos, colocando a veces nuestro pie al borde del abismo y, en el último segundo, echarnos hacia atrás sin caer. O cayendo (“Un método infalible para calmar a un tigre es dejar que te devore”, Konrad Adenauer).

En Las cosas que no pueden ser, el poeta y novelista Pedro Letai reúne una colección de aforismos, poemas y textos breves que forman un todo fascinante de cosas sueltas escritas con un estilo conciso, elegante, entretenido y humorístico. El cuerpo principal del libro lo componen los aforismos, que también podemos denominar citas o impresiones para evitar la asociación de esa palabra, como muchas veces ocurre, con lo pesadamente instructivo, lo moral, lo solemne, lo pomposo y aleccionador. Mejor que los aforismos nos retrotraigan a un apurado perfecto, a un sándwich de pepino, a una bengala subacuática, al trago de un Martini seco.

James Lough, compilador de aforismos en el libro reciente Short Flights (Vuelos cortos), los divide entre los instructivos, los más irritantes, y los de la interioridad. Contra los primeros ya había cargado el poeta W. H. Auden, compilador él mismo, junto a Louis Kronenberger, de un libro de aforismos en 1962 con más de 3.000 citas: “El aforista no argumenta o explica, asevera; y queda implícita en su aseveración la convicción de que es más sabio e inteligente que sus lectores”. Sobre los segundos, cuya brisa llega del interior, a todas luces preferibles, James Lough escribe: “Un aforismo introspectivo es algo anárquico, una bomba explotando en una casa vacía que destroza las ventanas, que arranca las puertas de sus goznes”.

La miscelánea de Pedro Letai encaja felizmente aquí, en este ámbito introspectivo. Sin mayor vehemencia, como quien compone con sencillez un cuaderno de notas. Siendo las ventanas y puertas que saltan de las bisagras, en su caso, tranquilas reflexiones liberadoras. ¿De qué tratan sus aforismos, poemas y meditaciones? De cómo le ven los demás. Del amor y de las mujeres, dos temas bastante presentes en lo que escribe. De la comunicación digital, que le genera un poco de ansiedad. De cómo ser inconformista sin que le asalte a uno la infelicidad. De cómo superar la inseguridad y desprenderse de los manuales externos de comportamiento sobreponiendo a ellos uno personal, propio, con la visión, la ironía, la ligereza y esa actitud moderna de un Scott Fitzgerald, y la limpieza de adjetivos de un Carver. De cómo echar la vista atrás y recuperar la conciencia sosegada de los días de la infancia. De cómo librarse de ese gran método de control que es la pesada mochila de la culpa. Y de su paseo por la ciudad redescubriendo fragmentos y mirando, de cuando en cuando, por el espejo retrovisor para entrelazar los detalles de lo que pasó con los hallazgos de aquello que anuncia el porvenir.

Todo sirviéndose para apuntar las ideas no del teléfono móvil, sino de algo tan prosaico como la libreta, una Moleskine en cuyas páginas va buscando el tono, “lo único que se puede trabajar, a base de leer, leer y leer”, dice Pedro Letai. Y luego escribir “como si jugaras a los dardos y tuvieras que dar en el centro de la diana con precisión máxima”.

En El libro de Oxford de los aforismos, de 1983, su compilador, John Gross, escribe que un aforismo “es un dicho sustancial que contiene una verdad de significación general”, y que para que alcance su completa efectividad “depende de la maestría verbal y de una sutil o concentrada perfección del fraseo que puede por su intensidad aproximarse algunas veces a la poesía”. Por su parte, James Geary lo resume bien en el título de su libro El mundo en una frase, una breve historia de los aforismos, donde los compara con un afrodisiaco y formula cinco leyes sobre ellos: breve, personal, definitivo, filosófico y que tenga un giro.

Geary propone además hasta ocho tipos distintos de aforismos, que citamos con algún ejemplo sacado de este libro de Pedro Letai:

Los del quiasmo, figura retórica basada en la repetición: “Las margaritas siempre dicen no, digan lo que digan las margaritas”.

Los de la definición, pues ese es el significado en griego de la palabra aforismo: “Madurar: tomar las riendas del fracaso”.

Los de la broma, paródicos, breves, subversivos y agudos: “Podría ser peor, podríamos estar fregando vasos de tubo de resaca”.

Los de la metáfora, poéticos: “Las ojeras son como el cine mudo”.

Los de la moral, instructivos: “Creemos en la libertad de expresión, pero no en la libertad después de la expresión”.

Los de la paradoja, contradictorios, ilógicos o absurdos: “Si no suena el teléfono, soy yo”.

Los de la observación, que pareciendo declarativos tienen profundidades ocultas: “Si ves la película Titanic al revés trata de un montón de zombies que salen del mar, toman un barco y se van a Inglaterra a jugar al póker”.

Y los del pensamiento o pensée, muy queridos en la cultura francesa: “Tan libre no serás si te importa lo que piense de ti gente que no te importa”.

En general, la composición del aforismo no se distancia mucho de ciertas premisas que hay que tener en cuenta para lograr una buena frase cómica, tal y como nos enseña Melvin Helitzer en su libro Comedy Writing Secrets (Secretos de escritura de la comedia): pap (preparación, anticipación y punch line, es decir, la frase clave); yuxtaposición de dos o más elementos ilógicos; interpretaciones inesperadas de un cliché; juegos y asociaciones de palabras; paradojas entre el realismo y las perspectivas exageradas; construcción de la emoción; todo lo relacionado con la hostilidad, la ambivalencia, la incongruencia, los prejuicios, la inseguridad y el complejo de superioridad.

De Montaigne a La Rochefoucauld, de Erasmo a Chamfort, de Mark Twain a Emily Dickinson, de Nietzsche a Georg Christoph Lichtenberg, de Dorothy Parker a Mae West, de Oscar Wilde a Stanislaw Jerzy Lec, de Cioran a Simone Weil, de Baltasar Gracián a Ramón Gómez de la Serna, los autores clásicos de aforismos han logrado a lo largo del tiempo plantear retos y abrir posibilidades al pensamiento gracias a la naturaleza secular, paródica y festiva de este género. Como escribió Ryan Ruby, “los libros de aforismos son también terapéuticos, colecciones de sabiduría práctica a través de las cuales podemos librarnos de sufrimientos innecesarios y alcanzar lo que Sócrates, contemporáneo de Hipócrates, llamó eudaimonia, la buena vida”.

En el caso de Pedro Letai, este libro, Las cosas que no pueden ser, enlaza de manera brillante con muchos escritores españoles que se han servido del aforismo como vehículo apasionado de expresión. En la línea, por citar solo a dos de ellos, de Jorge Wagensberg y Rafael Argullol. Para Pedro Letai, “un escritor debe editar la realidad”. Y a ese empeño dedica estas páginas, ilustradas con los trazos certeramente emocionales y distorsionadores de Lidia Toga, con una premisa que no admite excepciones: “Escribir muy claro, con sencillez, hasta formar una capa de niebla, con misterio”.

‘Las cosas que no pueden ser’. Textos de Pedro Letai con ilustraciones de Lidia Toga. Editorial La Huerta Grande. 229 páginas. 25 euros.

PD:

Terminamos con siete aforismos más de ‘Las cosas que no pueden ser’, que a los editores de El Asombrario nos han gustado especialmente:

“La genética es una estafa piramidal”.

“Quisieron ser libres, pero se quedaron en independientes”.

“Lo que más calor da es la gente”.

“Los días iguales son los más bonitos”.

“Resumir es un talento escaso”.

“Pasamos la página, pero dejamos doblada la esquinita”.

“¿Tú me echarás de menos en septiembre?”.

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