25.02.2018

Artistas que pasan por el ‘arco’ y otros que pasan de trabajar gratis

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Una de las obras expuestas en la feria ARCO de Madrid. Foto: Liliana Peligro.

Una de las obras expuestas en la feria ARCO de Madrid. Foto: Liliana Peligro.

En una nueva entrega de su arriesgada sección, el autor visita la gran feria madrileña del mercado del arte, ARCO, rodeada de polémica más que nunca este año por la censura a una obra de Santiago Sierra. Y descubre a esos artistas que deciden pasar por el ‘arco’ y a esos otros que llevan la protesta al corazón de la feria: mientras se pagan decenas de miles de euros por un ‘stand’, un estudio revela que sólo el 15% de los artistas en España pueden vivir de su arte (un porcentaje, por cierto, similar al de los actores).

Cuando niño, bajo la luz titilante de la vela, leía libros de arte y pensaba que el mundo del arte estaba poblado por bohemios paupérrimos en buhardillas parisinas, cínicos situacionistas errantes, ácratas dadaístas, surrealistas revolucionarios o imaginativos fluxus dispuestos a romper nuestros cráneos, esas cosas, qué sé yo. El arte, decía en aquellos libros, era radical, antisistema, siempre dispuesto a epatar al burgués e incluso a superarse a sí mismo. Luego tenemos ARCO.

El mundo del arte me sigue resultando inaprensible y platónico, sin embargo, años después, ya crecidito, descubrí que el mercado del arte es otra cosa y en vez de por asilvestrados creadores estaba poblado por señoras y señores burgueses con galerías, dineros y gafas de colores, siempre encantados de ser epatados por los arriesgados artistas: transgrédame usted aquí, por favor. ¿Cómo transgredir cuando te ruegan que transgredas?

En todos los mercados importan más los que compran y venden que los que producen, el mercado del arte no es una excepción: los protagonistas, aunque no sean los más visibles, son los galeristas y los coleccionistas; los artistas, que son los que producen, son necesarios pero ojalá no lo fueran. Si el mercado del arte fuera un circo, los artistas serían los feroces leones que pasan a través del aro de fuego para alborozo del público. Algunos tigres son más feroces de lo normal y muerden el aro, como Santiago Sierra, pero vuelven domesticados a sus jaulas. Luego están los elfos que van por el bosque a su bola, como Isidoro Valcárcel Medina. Que no se pongan tristes los artistas: como el planeta Tierra es un gran Mercado en todas sus manifestaciones, a todos nos pasa lo mismo, y vamos por ahí compitiendo por atención, dinero y amor. Todos somos artistas de lo nuestro.

Fui a ARCO a ver si quedaba alguna obra y no las habían censurado todas y me encontré que los periodistas televisivos hacían guardia frente a Helga de Alvear por si al final volvían a colgar la obra de los presos políticos de Sierra, que no estaba claro al final qué pasaba con aquello (eso sí, ya se habían comercializado unas revistillas a 10 euros para difundir la obra en formato editorial). Lo de los escándalos de ARCO es siempre igual. Me recuerda a aquel microrrelato de Kafka en el que unos leopardos siempre arruinan con su aparición una ceremonia que realizan unos monjes, porque se beben las “copas sagradas” una y otra vez. Finalmente, los monjes deciden incluir a los leopardos en el rito, vaciando las copas sagradas, y así acabar para siempre con el problema leopardil.

En ARCO hay escándalos cada año, y la cosa ya es una liturgia de sobras conocida: Franco en un frigorífico, vasos de agua que valen dinerales, ahora presos políticos pixelados. Este año dijo ARCO que retiraba la obra para no nublar el resto de la feria con el show; al final, ocurrió como siempre lo contrario. Indignación por un lado y otro y el de más allá, comidilla en las redes, ríos de tinta impresa, tertulianos iletrados, público general cada vez más perplejo, “eso lo hace hasta mi hijo de tres años”, y el Espectáculo en su máximo esplendor.

Stand de una de las galerías de ARCO. No sabemos si la mujer que se hace un selfie es o no una obra a la venta. Foto: Liliana Peligro.

Stand de una de las galerías de ARCO. No sabemos si la mujer que se hace un selfie es o no una obra a la venta. Foto: Liliana Peligro.

En medio de todo esto, bien regado de copas de cava y glamur y gente con uniforme de galerista y con foulard, encontré una iniciativa que, precisamente, pretende dignificar al creador en todo este entuerto. Eran gentes que en su humilde espacio, allá al fondo, donde no se conoce el color del dinero, lucían unas camisetas que rezaban: No por amor al arte. Era la gente de la PAC (Plataforma de Arte Contemporáneo) que ha lanzado la campaña #Noporamoralarte en colaboración con la galería Swinton & Grant, para denunciar la situación de tantos artistas que trabajan por amor al arte en todos los sentidos, es decir, también sin cobrar un duro. Según los datos que aportan, procedentes de un estudio de la Universidad de Antonio de Nebrija, el 50% de los artistas dice cobrar menos que el Salario Mínimo Interprofesional y menos del 15% puede vivir del arte. Además, solo el 32% dice mantener relaciones estables con galerías y únicamente el 3% considera que esta es satisfactoria y su única fuente de ingresos. Vamos, que el arte no da de comer más allá del canapé coyuntural.

A ARCO lo han llamado “supermercado del arte contemporáneo”, aunque más que a un supermercado, con su aspecto desangelado, sus techos altos, su carácter notablemente provisional y su tristeza estructural, recuerda más a un Ikea o a un Leroy Merlin, a ver si ponen carritos de la compra. Lo que sí hay son detectores de rayos X a la salida, que cada año me sorprenden, no te vayas a llevar un cacho de la obra sonora de Eugenio Ampudia debajo de la gabardina. Lo que tendrían que inventar son detectores de arte similares a los detectores de metales. No solo para evitar el hurto, sino para saber de una maldita vez lo que es arte y lo que no.

Obra expuesta en ARCO 2018 en Madrid. Foto: Liliana Peligro.

Obra expuesta en ARCO 2018 en Madrid. Foto: Liliana Peligro.

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Sobre el autor

Sergio C. Fanjul
Sergio C. Fanjul a.k.a. Txe Peligro (Oviedo, 1980) es periodista y poeta. Licenciado en Astrofísica por la Universidad Complutense de Madrid y Máster en Periodismo por El País/UAM. Actualmente trabaja como periodista, escribiendo sobre cultura y ciencia en el diario El País y sus suplementos, además de en otras publicaciones con PlayGround, Vice, BuenSalvaje o Atlántica XXII. Es autor de los poemarios Otros Demonios (KRK ediciones, Premio Asturias Joven de Poesía), Inventario de Invertebrados (Premio Pablo García Baena) y La Crisis. Econopoemas (Ya lo dijo Casimiro Parker). También del libro de relatos Genio de Extrarradio (La Hoja del Monte). Además redacta libros de no-ficción por encargo para varias editoriales. Desde 2004 mantiene el blog PlanetaImaginario.

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3 comentarios

  • El 25.02.2018 , Raul DOC ha comentado:

    Artículo lleno de clichés que denotan una falta de información bochornosa del mundo del arte, del coleccionismo y del propio evento. POR FAVOR, INFÓRMENSE Y PIDAN A LOS ESPECILISTAS QUE ESCRIBAN SOBRE ARTE.

  • El 26.02.2018 , Pilar ha comentado:

    ¡tanta razón, compañero!

  • El 26.02.2018 , Irene ha comentado:

    Todo empieza por interesarse por la autoría de la obra de la que se han tomado imágenes para un trabajo propio y visibilizar su identidad.
    Peor que no se les reconozca es aún que se les usurpe la existencia. Las obras no flotan en el aire. Precisan respeto.

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