14.10.2014

Bayle y Gascón, crónica novelada del asesinato de Irak

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Los periodistas

Los periodistas Joan Cañete Bayle (a la izquierda) y Eugenio García Gascón. Foto: Mikel Marín.

Son dos de los periodistas españoles que mejor conocen y descifran el complejo entramado político y social de Oriente Próximo. Eugenio García Gascón reside en Jerusalén desde hace más de 20 años y Joan Cañete Bayle ejerció allí de corresponsal durante seis y viaja con frecuencia a la zona. Ambos forman pareja literaria y presentan su segunda novela publicada, ‘Expediente Bagdad’ (Siruela), una trama policial ambientada en Bagdad durante los días de la caída del Irak de Sadam Husein. Mientras engancha por su trama policiaca, enriquece al lector con algunas de las claves que permiten comprender por qué hoy Irak es un país roto.

‘Expediente Bagdad’, una novela con el gancho de la investigación policial de una serie de crímenes en el contexto de un crimen mayor, el de la invasión de Irak que acabaría con el régimen de Sadam Husein. Tengo la sensación de que la trama policiaca es un señuelo, que el verdadero protagonista es el escenario.

Eugenio García Gascón: La primavera de 2003 fue un momento muy decisivo para lo que ocurriría en los años siguientes en Oriente Medio. Efectivamente, la trama policial está mezclada, creo que con bastante habilidad, con la situación política de Irak en el año de la invasión norteamericana, de la invasión aliada. Fue un año decisivo para Oriente Medio porque marcó el inicio de las intervenciones occidentales en la región.

Joan Cañete Bayle: Nuestra intención era también simbolizar en nuestro personaje protagonista cómo Occidente ha apartado y alineado a una generación de árabes que podría haber trabajado con vínculos entre un mundo y el otro. También explicar lo que supuso para Irak esa ocupación, cuyas consecuencias estamos viendo cada día en los informativos.

El policía Rashid al Said es quien lleva a cabo la investigación de los crímenes que configuran la trama policial del libro. Hombre culto, formado en Europa, estudioso obsesivo de Nietzsche y su relación con la tradición islámica, de una fe “casi religiosa” en la justicia, miembro del partido Baaz. Parece la encarnación del perfecto superhombre baazista.

Eugenio: Él tiene un background bastante político, es militante del partido. El partido Baaz es un partido laico que se fundó en Siria después de la Segunda Guerra Mundial y que intentaba imponer una sociedad laica. Nuestro protagonista, Rashid, es un hombre comprometido con el partido que ve desmoronarse todos sus sueños en unos pocos días.

Joan: El vínculo entre el movimiento nacionalista árabe y Occidente no era tan inusual. Los partidos como el Baaz y los movimientos nacionalistas árabes los impulsan las élites. Hay muchos médicos, como es el caso de la formación de nuestro protagonista, hay abogados, escritores, hay mucho profesional liberal que, en muchos casos, estudiaron y se formaron en las universidades de Occidente. Es un proceso que no sólo se dio en Oriente Próximo y que estaba muy vinculado a lo que fue en el siglo XIX y principios del XX el Imperio Británico. El mismo proceso lo podemos ver, por ejemplo, con las minorías de las élites de la India antes de la independencia.

Rashid al Said es fiel a los principios del partido Baaz, principios que, como comentáis, en esencia eran laicos. Una laicidad que progresivamente va traicionando el partido a partir de la Guerra del Golfo de 1991. “El Baaz había tratado de diluir la influencia de la religión en la sociedad, y lo había logrado, pero sólo temporalmente”, leo en el libro. En la línea de los debates filosóficos de al Said sobre el determinismo, ¿era la ideología laica del Baaz una idea contra natura de la sociedad iraquí? ¿Estaba destinada a fracasar en una sociedad inevitablemente religiosa?

Eugenio: Era una idea contra natura en el sentido de que fue impuesta por las élites dominantes y no siempre fue bien recibida por el pueblo, en el que siguieron latiendo sentimientos religiosos que chocaban frontalmente con la ideología del Baaz. Ese choque se resolvió dramáticamente justo en los días en los que transcurre la novela, en 2003. Poco antes, el régimen había hecho una especie de pacto con la religión, había suavizado su posición anti-religiosa. Con la trágica intervención norteamericana, la religión se impone como ideología dominante. Ya no es que la ideología laica pase a un segundo plano sino que casi, casi, desaparece.

Joan: Parece que en los países árabes la política sólo se puede mover en dos polos: por un lado, los dictadores que, con mayor o menor grado de represión, mantienen el control del país; por el otro, el islamismo político en sus respectivas graduaciones, desde los Hermanos Musulmanes hasta lo que es ahora el movimiento del Estado Islámico, opciones que suelen ganar las pocas veces en las que la gente ha podido votar. De todas maneras, esto es un poco como hacernos trampas al solitario. Si hablamos específicamente de Irak, sabemos ahora que el Baaz no lo logró después de años y años y años de intervenciones internacionales, de guerras, de bloqueos. Estados Unidos lleva en guerra con Irak, de una manera o de otra, desde el año 91, y eso si no contamos con que Estados Unidos fue parte de la guerra entre Irán e Irak de la década anterior con su incitación a Sadam Husein, su Irán-Contra, etcétera. ¿Cómo podemos analizar si el ideario laicista del Baaz funcionó o no cuando en realidad nunca tuvo una oportunidad de llevarse a cabo y de plasmarse sin injerencias externas? Es complicado.

De hecho, el personaje de Rashid dice: “La libertad que exigían quienes se oponían al régimen era una libertad limitada, supeditada en su mayor parte a la religión y, por tanto, inferior a la que ofrecía el Baaz”. Él mismo defiende una especie de despotismo ilustrado para los árabes. ¿Sólo una sociedad formada intelectualmente por un régimen despótico puede llegar a desembocar en una democracia que sea justa para todos sus ciudadanos en un contexto, como el iraquí, de rivalidad ritual?

Eugenio: El partido Baaz logró cosas muy positivas para Irak. Fue una dictadura pero muchas de sus ideas eran muy progresistas. Tengamos presente, por ejemplo, la situación de la mujer chií, que era envidiable durante el periodo de Sadam Husein. Las mujeres tenían una libertad, podían elegir entre una vida tradicional y conservadora o una vida moderna y progresista, y muchas se incorporaron a la vida laboral y social del país. Todo esto desapareció radicalmente a partir de la intervención americana. Desde entonces, la situación de la mujer ha empeorado muchísimo en Irak, hoy en día es realmente penosa. Ya no digamos la situación de las religiones minoritarias. Cuando los Estados Unidos invadieron Irak en 2003 había millón y medio de cristianos, hoy no se sabe cuántos son pero se estima que quedan entre 200.000 y 300.000 y su número sigue bajando. Se ha reducido de un millón y medio a 200.000 en una sola década. Este hecho también indica la tragedia que ha traído la intervención extranjera en este país y la pérdida de los principios baazistas de libertad de religión que fueron impuestos por el régimen y que han desaparecido completamente.

Joan: La democracia no es tan sólo ir a votar cada cierto número de años. La formación, la educación, del cuerpo electoral es clave. En los países árabes hay unos niveles de analfabetismo, de pobreza, extraordinarios, lo que hace que sea bastante complicado que podamos decir que se dan los mínimos democráticos como para ir a votar. Dicho lo cual, tampoco significa que sean en su conjunto sociedades absolutamente analfabetas. Cuando la sociedad palestina elige a Hamas, habrá un porcentaje de la gente que los vota que lo haga por una cuestión religiosa, pero hay un porcentaje muy importante que los vota por un razonamiento eminentemente político que hace que prefiera Hamas antes que Al Fatah a la hora de lidiar con la ocupación israelí. Eso como primera cuestión.

Segunda: es un lugar común establecido, porque es cierto que las sociedades árabes necesitan hacer su ilustración, su separación de la religión de la vida política. Nuestra ilustración, la separación de la vida política en las sociedades europeas, no fue un paseo por el campo, no fue un picnic incruento, corrieron litros y litros y litros de sangre durante décadas y décadas y décadas. La religión no desaparece de la vida con un apretón de manos, “adiós hasta luego, quedamos esta noche para tomar una copa”. ¡Costó muchísimo! Es más, cabría preguntarnos si en algunas sociedades europeas, y pienso, por ejemplo, en la influencia de la religión en Irlanda o en Polonia, se ha conseguido extirpar al cien por cien. Estoy pensando también en José María Aznar que, en las discusiones de la Constitución Europea, defendía junto a otros políticos que había que poner en el preámbulo el carácter cristiano de la cultura europea. Y eso sería incluso discutible, pero una de las etapas en este larguísimo proceso por el cual Europa abrazó esta ilustración y se quitó de encima el peso de la religión, fue el despotismo ilustrado, sobre todo en términos de educación y formación de la sociedad para sacarla de la iglesia y llevarla a la escuela. Respecto a los países árabes hay, primero, una diferencia importantísima: los países europeos siguieron una evolución propia. Los países árabes parten de un proceso de descolonización tremendo, con todas sus características, con todos sus fallos, etcétera. Ese punto de partida no hay que olvidarlo nunca.

Hablando de cuestiones religiosas, dice Rashid que Bush es “un ser ambicioso que se escondía tras la fachada de la religión”. Parece casi una paradoja: un fanático religioso occidental derrocando un régimen laico oriental.

Joan: ¡Es lo que era! Era un evangélico renacido, como él mismo se definía. De hecho, ya que estábamos hablando de religión, una sociedad donde la religión tiene un peso extraordinario, a pesar de que se declara en su Constitución como un Estado aconfesional, es la de Estados Unidos. En Estados Unidos, como vemos, un negro puede ser presidente, e igual Hillary Clinton nos demuestra que una mujer también puede serlo. Lo que te aseguro es que no puede ser nunca presidente de Estados Unidos un político que salga y diga: “Yo no creo en Dios”. Eso no va a suceder nunca. Hay un peso importantísimo de la religión y Bush era un buen ejemplo. El mesianismo de Bush para ir a Irak podía tener un componente religioso, sin lugar a dudas, pero hubo un mesianismo ideológico que tuvo un peso indudable, el de los neoconservadores.

Cubierta_ExpedienteBagdag.inddEugenio: Bush era un presidente muy religioso y está también dentro de una tradición occidental que es islamófoba. Una tradición que, por ejemplo, no ve un enemigo en el judaísmo pero sí ve un enemigo importante en el islam. En ese sentido creo que eso pudo explicar también, o ayuda a comprender, la reacción durante estos años de Estados Unidos contra el islam. Esta tradición anti-islámica está también presente en la cultura occidental europea y, por lo tanto, no creo que deba sorprendernos que, por ejemplo, en 2003, se interpretara de esta manera, fuera interpretada así por los medios de comunicación occidentales y haya dado como resultado que la islamofobia se haya proyectado en todo Occidente.

Rashid estudia en Edimburgo y regresa a Irak en un compromiso con el futuro de Irak que es un compromiso con los ideales del partido Baaz. ¿Qué queda del Irak con el que soñaba Rashid? Si es que ese Irak fue alguna vez algo más que un sueño.

Joan: Nada. Las cenizas, las ruinas, el recuerdo. Como estábamos hablando, uno de los pilares de la política del partido Baaz era sacar la religión del gobierno y ya estamos viendo lo que pasa ahora con el Estado Islámico, con los chiís… Otro de los pilares era la nacionalización de los recursos naturales, específicamente de los pozos de petróleo, que vuelven a estar ahora en manos de las grandes multinacionales. El tercer pilar, hacer de Irak una potencia regional. Irak está destruido. El cuarto, hacer un Estado fuerte. Ahora mismo Irak es la perfecta definición de un Estado fallido. No queda nada.

Eugenio: Todo lo que de positivo tenía el baazismo ha desaparecido literalmente del país. Irak ya no es un país donde la educación laica tenga algo que decir, ahora mismo la educación está basada en principios religiosos y eso marca a toda la sociedad iraquí actual. Y lo más grave de todo es que no se ve la posibilidad de dar un paso atrás en este aspecto sino que, al contrario, vamos a más y más religión en Irak.

Rashid es el encargado de investigar una serie de asesinatos de menores con discapacidad. Un encargo extemporáneo dado el momento y cuya puesta en práctica prioriza sobre cualquier otra circunstancia, sobre su propia supervivencia y la de su familia en plena toma de Bagdad por las tropas norteamericanas. Mientras el poder cae y sus superiores huyen, él mantiene un extremo sentido del deber y rectitud moral que parece ligar su suerte a la de ese Irak que está a punto de desaparecer. El mundo parece empezar y terminar para Rashid con el Irak baazista.

Joan: Empezar y terminar con Irak.

Con el Irak baazista.

Joan: Sí, lo que quiero decir es que su mundo empezaba y terminaba con Irak porque el proyecto del Baaz era un proyecto de país. Por lo tanto, cuando cae el Baaz cae Irak, cae Rashid. Esa es la relación que establecemos nosotros en la novela, al margen de las complejidades de la psique, de la psicología y de las contradicciones, que también las tiene, del personaje.

Eugenio: El proyecto de Rashid es un proyecto que está vinculado estrictamente al partido Baaz y el partido ya había sufrido un serio revés en la guerra de 1991, cuando Irak invadió Kuwait, y el país quedó aislado por la comunidad internacional con unos resultados trágicos, que a partir de 2003 fueron todavía más trágicos. Ese proyecto empieza a tambalearse en 1991, pasa una década tremenda y desaparece en los días en que transcurre la novela. Se desmorona por completo y desaparece de la escena iraquí de forma prácticamente definitiva.

“Misión Cumplida”, se podía leer en la pancarta colgada en el buque de guerra sobre el que el 1 de mayo de 2003 diera Bush el pretendido discurso de la victoria. “Misión Cumplida”, como cita para abrir la novela. ¿Qué hechos de hoy son consecuencia de la “Misión Cumplida” de la que hablaba Bush?

Joan: Para empezar, el Estado Islámico. Sin el vacío de poder, sin el desmoronamiento del Estado en Irak, el Estado Islámico, como mínimo, no existiría en Irak. Es más, muy probablemente tampoco existiría en Siria porque, sin el contagio de un país al otro, tal vez no estaría sucediendo lo que está sucediendo ahora, aunque eso forma parte más de la política ficción que de otra cosa. Pero, ¿el Estado Islámico en Irak? Clarísimo en ese sentido.

Eugenio: La pancarta de “Misión Cumplida” lo que hace es escenificar una victoria que nunca existió o que fue una victoria, si se puede hablar en estos términos, contra valores progresistas. El país dejó de existir como tal y se complicó. “Misión Cumplida” es una proclama que nos ayuda a comprender qué ha ocurrido después con Irak, donde la misión cumplida ha terminado con todos los valores progresistas que había hasta entonces y ha llevado al país a una situación de caos absoluto. Eso ha traído como consecuencia al Estado Islámico, aunque sea casi una anécdota dentro del caos general que reina en el país de norte a sur. El Estado Islámico está apoyado por decenas de miles de iraquíes que son miembros de la organización, pero la población árabe es inmensa, de millones, y el Estado Islámico es simplemente una anécdota que ilustra muy bien el caos que ha traído la intervención americana y la “Misión Cumplida” del presidente Bush.

Joan: La única misión que cumplió esa invasión fue derrotar a los Rashid, a los posibles mejores interlocutores que hubiera tenido Occidente si de verdad hubiera querido construir en lugar de apropiarse de Oriente Próximo.

De hecho, el propio Rashid confía en que con la llegada de los norteamericanos no se prescindirá del personal, del cuerpo administrativo que configura el Estado. En ese sentido, se equivocó radicalmente.

Joan: Ese era un pensamiento muy generalizado en Irak, no sólo antes de la caída del régimen sino también semanas e incluso meses después de la caída del régimen. Un pensamiento que eliminó de un plumazo Paul Bremer, responsable de las tropas de ocupación en Bagdad, que desmanteló, en una decisión crítica, literalmente histórica, el ejército y la policía iraquí. La ocupación se basó en un concepto radical y trágicamente equivocado, era lo que llamaban la desbaazificación del país, y eso tuvo unas consecuencias tremendas. En todo planteamiento ideológico, político, llega un momento en el que alguien tiene que firmar un papel, alguien lo tiene que poner en práctica. La firma a partir de la cual empezó todo fue la firma con la que Paul Bremer ordenó desmantelar el Ejército y la policía iraquí e inició lo que Donald Rumsfeld llamó el proceso de desbaazificación de Irak.

Eugenio: Digamos que ese proceso de desbaazificación lo que consiguió fue eliminar a todos los cuadros que hasta ese momento habían ordenado la vida en el país y de ahí que, al desparecer, al apartarlos de las zonas de poder y no tener nada con qué sustituirlos, el país se desmoronara automáticamente.

Joan: Hay que tener en cuenta que Irak era una dictadura. Para ser maestro tenías que tener el carnet del partido Baaz; para ser funcionario en el rango más inferior, para estar en la ventanilla, tenías que tener el carnet del partido Baaz; para dar clases en la universidad, tenías que tener el carnet del partido Baaz. Excluir a todo el mundo que tenía el carnet del partido Baaz, del Estado, equivalía excluir no sólo a los cargos y a la gente formada sino excluir a prácticamente a toda la comunidad suní, que fue la primera comunidad en la que se basó el islamismo para organizar la insurgencia contra la ocupación de Estados Unidos.

“En el hotel sufrían la arrogancia de los occidentales, muchos de los cuales se sentían superiores y exigían un tratamiento que en ocasiones humillaba a los empleados”. En el minucioso retrato de ambientes no falta el de la prensa internacional alojada en el Hotel Palestina. Se describe el tira y afloja de los periodistas con los trabajadores del Ministerio del Interior iraquí, pero también algo que, en cierto modo, va en consonancia con la actitud política e incluso social desde Occidente respecto a los países árabes: una sensación de superioridad, una arrogancia, que no se corresponde con el respeto y reconocimiento que les deberíamos, ya sólo por toda la cultura que nos han legado.

Eugenio: Tanto es así que la actitud arrogante del periodista americano al que te refieres refleja la actitud arrogante de la Administración americana. Hubo un momento en los años 90 en que se expulsó de los puestos clave a todos los funcionarios del Departamento de Estado que fueran realistas y pragmáticos, puestos que pasa a ocupar gente idealista, con un idealismo que yo juzgo negativo, que intenta imponer la democracia en Irak sin conseguirlo nunca, desconociendo la situación política, social y económica del país y con una arrogancia que reflejan después muchos periodistas que acuden a cubrir estos días aciagos de 2003 en los que se produce la invasión aliada de Irak.

Joan: En periodismo ocurre como en todos los aspectos de la vida, hay periodistas buenos y malos. Entre los periodistas que acudieron a cubrir la guerra de Irak, en todas sus largas etapas, había periodistas buenos y malos, periodistas que sabían dónde estaban y otros que no tenían ni idea. Por ejemplo, hubo un caso de un famoso periodista de la cadena FOX que se filmó a sí mismo en un avión de las tropas americanas con una pistola pidiendo que, por favor, lo lanzaran en paracaídas porque él quería empezar a matar iraquíes en ese mismo momento. Luego había gente extraordinaria. La prensa española tuvo la suerte de tener a extraordinarios periodistas allí durante los días de la guerra. Tomás Alcoverro, Ángeles Espinosa, Antonio Baquero, Jon Sistiaga…, gente realmente muy buena. Pero los periodistas malos, los que no saben dónde están cuando hablamos de Oriente Próximo, reproducen los clichés que ya sabemos contra lo musulmán, respecto a lo árabe. Sentimientos de superioridad de la civilización occidental, un racismo a veces, incluso, implícito. En los hoteles donde confluye toda la prensa, y más en conflictos masivos como fue el de Bagdad, donde había muchísimos periodistas de muchas partes del mundo, eso acaba saliendo de una manera o de otra.

El retrato de ambientes, de calles, de barrios, de ese escenario llamado Irak, Bagdad, ¿está basado en la propia experiencia sobre el terreno? ¿Lo reconocería un bagdadí?

Eugenio: El compañero Joan estuvo esos días en Bagdad. Hemos sido muy cuidadosos con la explicación que se da en la novela de esos días y con la geografía de Bagdad. Todo lo que aparece es real, tanto los nombres de los barrios, como la situación que se vivió en el país esos días. Creo que ese aspecto de la novela, como otros, es bastante realista.

Joan: Yo llegué a Bagdad dos días después de cuando termina la novela y la descripción de ambientes, lugares, etcétera, se basa en mi trabajo periodístico allí, que duró varios meses en varios viajes. También nos han servido de mucha ayuda libros como The fall of Baghdad, de Jon Lee Anderson, o las memorias que escribió Jon Sistiaga, que nos han permitido rememorar esos días allí donde nosotros no tuvimos una percepción directa de lo que ocurría. Hemos intentado ser lo más fieles posibles tanto a cómo era el lugar como sobre a lo que sucedió. Cuando citamos un discurso de Sadam en un día en una hora, ese discurso sucedió y las palabras que dijo fueron esas.

Novela a cuatro manos. ¿Cómo os habéis coordinado? ¿Cómo se distribuyen funciones? ¿Cómo se logra una unidad de estilo?

Eugenio: Esta es nuestra tercera novela. En cada una de ellas hemos trabajado de manera distinta. Desde fuera puede parecer una tarea muy compleja, pero la experiencia ha sido muy positiva. Estoy muy satisfecho. Es cierto que eso te obliga a hacer ciertas renuncias personales, porque no eres tú solo el que escribe la novela, pero son renuncias que se ven compensadas satisfactoriamente con otro punto de vista que siempre aporta cosas que tú no ves o que ves de otra manera y que ayudan a enriquecer la obra. Es una experiencia cuyo resultado es siempre más positivo que el de una novela escrita por una sola persona.

Joan: Se hace con mucha paciencia, con mucho cuidado, con mucho respeto y con mucho sentido de la crítica constructiva.

Habláis de tres novelas, a mí me constan dos publicadas: ‘Doce Olas’, bajo seudónimo de Andrés Jal, y ‘Expediente Bagdad’. ¿Hay una tercera sin publicar?

Joan: Hay una entre medio no publicada.

¿En qué entorno está situada? ¿Qué cuenta?

Joan: Es una continuación de Doce Olas en un entorno literario y de religión cristiana.

Yo llegué a ‘Doce Olas’ pasados unos años de su publicación. En ella se ofrecía un premio de 3.000 € a quien desvelara un misterio oculto en la misma. ¿Hubo ganador?

Eugenio: Hasta ahora no. Es una especie de enigma bastante complicado de resolver, requiere no sólo algún conocimiento sino también mucha intuición. Afortunadamente para nuestro bolsillo todavía no ha habido quien lo haya descubierto.

Joan: De hecho, tantos años después, yo no sería capaz de descubrirlo. [Risas]

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Sobre el autor

Carlos Pérez Cruz
Carlos Pérez Cruz, músico y periodista. Desde 2001 dirige el programa ‘Club de Jazz’, dedicado al jazz y músicas improvisadas. Colabora con el programa ‘Carne Cruda’ de Javier Gallego (antes en RNE3 y la Cadena SER), donde dirige la sección 'Bienvenidos al club'; con Radio Vitoria (EiTB) y la revista ‘Cuadernos de Jazz’. Desde 2012 mantiene el blog/podcast ‘Todos los caminos están cerrados’, dedicado a los Territorios Ocupados de Palestina.

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