27.10.2018

Beckmann, el pintor que documentó lo más terrible del siglo XX

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Max Beckmann Sociedad, París, 1931.(Gesellschft Paris). Solomon R. Guggenheim Museum, Nueva York.

Max Beckmann. Sociedad, París, 1931.(Gesellschft Paris). Solomon R. Guggenheim Museum, Nueva York.

Impresiona contemplar el cuadro Hombre cayendo (1950), una figura precipitándose al vacío desde un edificio en llamas medio siglo antes del 11 de septiembre en Nueva York. Un óleo duro, hecho a paletadas enérgicas de un pintor que Hitler declaró degenerado. Es ésta una de las 50 obras que forman la exposición de Max Beckmann, ‘Figuras del exilio’, en el Museo Thyssen-Bornemisza, una oportunidad única para descubrir a un artista poco conocido en España –sólo hubo una exposición sobre él en la Fundación Juan March hace 20 años–, pero uno de los grandes en la pintura moderna, un Picasso alemán, como lo bautizaron en París.

Hay tres vidas en la pintura de Max Beckmann (Leipzig, 1884 / Nueva York, 1950). La primera terminó con la Primera Guerra Mundial, la segunda con la llegada de Hitler al poder en 1933 y la tercera con el exilio. La exposición en el Thyssen se centra en las dos últimas etapas, las que se llenan de alegorías y metáforas como herramientas del conocimiento: “Busco, partiendo del presente, el puente que lleva de lo visible a lo invisible”. Eso que “llamamos realidad” eran seres grotescos en circos, en palcos de ópera o en carnavales. Figuras rotundas, caras serias o con media sonrisa que les hiela el gesto. Colores planos, volúmenes amenazantes. Una representación de la vida nada complaciente, germana hasta el tuétano.

La Primera Guerra Mundial marcó profundamente a Beckmann. Esa guerra, según el profesor Paul Fussell, invirtió el concepto de progreso, hizo la idea de Dios insostenible para muchos y provocó que la ironía –una forma de distanciamiento de las emociones– “se instalase para siempre en el espíritu moderno”. Lo que el artista vio en aquellos meses de 1914 como enfermero impregnó su obra de un realismo implacable. Cuando una crisis nerviosa le apartó del Frente, regresó a Frankfurt y se puso a pintar un cuadro enorme, Resurrección, que nunca acabó. De esa época son sus litografías, negras, a la manera de los Desastres de Goya, uno de los pintores a los que siempre admiró junto a Cézanne y Picasso.

Max Beckmann Hombre cayendo, 1950 (Abstürzender). National Gallery of Art, Washington D. C. Donación de Mrs. Max Beckmann.

Max Beckmann. Hombre cayendo, 1950. (Abstürzender). National Gallery of Art, Washington D. C. Donación de Mrs. Max Beckmann.

Max Beckmann. Autorretrato con corneta, 1938. (Selbstbildnis mit Trompete). Neue Galerie, Nueva York, y colección privada.

Max Beckmann. Autorretrato con corneta, 1938. (Selbstbildnis mit Trompete). Neue Galerie, Nueva York, y colección privada.

Nunca se dejó afiliar a ningún movimiento. Hijo del Romanticismo alemán, de la cultura alemana posterior a la Ilustración, su visión de la realidad hizo que muchos le etiquetaran como representante de la Nueva Objetividad. Para Tomás Llorens, comisario de la exposición, “Beckmann es un pintor de historia, el más directo del siglo XX, el que testimonia los sucesos más terribles”. La Objetividad fue su diosa: “Creo que amo tanto la pintura porque me obliga a ser objetivo. No hay nada que odie tanto como el sentimentalismo”. Su rostro de rasgos duros, con profundas entradas en el cabello, aparece siempre en su obra cual actor invitado. Lo hace a las claras, como en sus autorretratos con copa de champán, con pañuelo rojo, como payaso, o en otras, escondido cual voyeur ajeno a la escena, siempre vigilante.

El 30 de enero de 1933, Hitler es nombrado canciller de Alemania. Goebbels coge el timón de la propaganda y emprende su cruzada contra los artistas alemanes con “influencia disgregadora en la vida del pueblo”. Beckmann pierde la plaza de profesor, sus obras son descolgadas de los museos nacionales; en 1937 es uno de los pintores denigrados en la exposicion, organizada por los nazis, de Arte Degenerado y él que no era “ni judío ni socialdemocrata”, como dijo de sí mismo el pintor Ernst Ludwig Kirchner, emprendió el camino del exilio hacia Holanda primero, Estados Unidos después. Jamás volvería a pisar suelo alemán.

Profesor de arte en la República de Weimar (1918-1933), el periodo donde la cultura buscó nuevos caminos de experimentación como el expresionismo, los años en los que brillaban la Escuela de Frankfurt, con los filósofos Adorno y Marcuse, la Bauhaus o el cine alemán con El Gabinete del doctor Caligari; Thomas Mann publicaba La Montaña Mágica, Bertolt Brecht triunfaba en Berlín y la ópera Lulú, del vienés Alban Berg se representaba en Alemania. En esa época vitalista, fructífera, Beckmann lleva al lienzo Carnaval con arlequín y payaso a la manera quizás de Picasso, y numerosos retratos. “Pinto la vida”, diría. Además de La Barca, una obra de naufragios con alusiones a su anterior Hundimiento del Titanic de 1912 y a La nave de los locos de su admirado El Bosco.

Max Beckmann Camarotes, 1948 (Cabins) Óleo sobre lienzo. 139,5 x 190 cm Kunstsammlung Nordrhein-Westfalen, Düsseldorf

Max Beckmann. Camarotes, 1948. Kunstsammlung Nordrhein-Westfalen, Düsseldorf.

Max Beckmann El hijo pródigo, 1949 (Der Verlorene Sohn) (The Prodigal Son) Óleo sobre lienzo. 100 x 120 cm Sprengel Museum, Hannover

Max Beckmann. El hijo pródigo, 1949. Sprengel Museum, Hannover

Culto, lector de Schopenhauer, admirador de Mozart y Bach, su “visualidad” tiene trascendencia. Dice Tomás Llorens que emplea sus figuras como retórica para acceder a una realidad esquiva. En sus obras distingue cuatro metáforas: La máscara, como representación de la pérdida que supone el exilio (Autorretrato con corneta, 1938, y el tríptico Carnaval, 1943). La metrópolis, o la fascinación por la gran ciudad: “la más grande orquesta de la humanidad sobre la superficie de la Tierra”, la Babilonia que vibra con la electricidad (Plaza, Ciudad y Noche en la ciudad, todas de 1950). La muerte, como figura del exilio (Nacimiento, 1937; Muerte, 1938). Y el mar, ese no lugar, uno de los constantes motivos en la obra de Beckmann, representado por el tríptico de Los Argonautas, el cuadro que finalizó el mismo día en que cayó fulminado por un ataque al corazón en la esquina de la calle 61 y Central Park West. Dicen que acudía a ver la exposición del Metropolitan Museum en la que se mostraba su último retrato, Autorretrato con chaqueta azul (1950).

‘Beckmann, Figuras del exilio’, en el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza hasta el 27 de enero de 2019.

El 3 de noviembre tiene lugar un ciclo de cine de acceso gratuito en el que se proyectarán las películas ‘El ángel azul’, de Sternberg, y el documental ‘Max Beckmann Departure’.

El 22 y el 23 de noviembre se celebra un simposio internacional en torno a la figura de Max Beckmann.

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Sobre el autor

Julia Luzán
Julia Luzán Periodista. Observadora de la realidad. En el diario El País durante 27 años. Antes, corredora de fondo en periódicos y revistas. Me gusta el arte, devorar libros y contar como son las cosas y adivinar que hay detrás de ellas. Puedes seguirme en Twitter @jluzan

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Un comentario

  • El 27.10.2018 , c ha comentado:

    segun el gran director de teatro Stanislavski, que creé escuela ,
    arte es todo aquelo en lo que no añadimos por vanidad ni quitamos nada por timidez
    asi el arte se democratiza y cotidianiza…
    ademas que la gente lo reconoce porque destila belleza…
    pero un trullo no es arte por que es algo fisilogico creado “automaticamente”· por el cuerpo,
    el arte es lo que se hace , o lo que lo refleja
    es plasmar el Cº del corazon
    yo cuando voy a una expo, no analizo las obras,
    simplemente o me gusta o no, te llega o no…y no es ni mejor ni peor,

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