Un cacho de la Antártida, bautizado ‘Cacho’ como un científico español

Un cacho de la Antártida, bautizado ‘Cacho’ como un científico español

El científico español Javier Cacho.

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El científico español Javier Cacho.

Una parte del continente blanco tendrá el nombre de Javier Cacho. Y como no podía ser de otra manera se siente feliz por ello. Hace unas semanas conoció que un islote de la Antártida llevará su nombre como reconocimiento por su contribución a su promoción, apoyo al Programa Antártico Búlgaro y su labor profesional en el campo de la química atmosférica.

Cacho Island es un islote rocoso de 750 metros de largo y 350 de ancho que forma parte del archipiélago de las Shetland del Sur, un grupo de islas de diferentes tamaños que se extienden a lo largo de casi 500 kilómetros en paralelo a la Península Antártica, el extremo más septentrional del continente blanco. Esto ha sucedido por la propuesta realizada a la Scientific Committee on Antartic Research por la comisión Búlgara para los topónimos antárticos.

Se trata de una isla separada por un estrecho pasaje de la península de Hall, uno de los accidentes geográficos de la costa este de Snow Island. Entre ambas, existe una ensenada protegida de los fuertes vientos y corrientes marinas de la zona que, por este motivo, fue muy frecuentada por los cazadores de focas, que la visitaron por primera vez a principios del siglo XIX.

Javier Cacho (Madrid, 1952) es físico, científico experto en ozono y química atmosférica y escritor. Fue miembro de la Primera Expedición Científica Española a la Antártida en 1986, a la que le han seguido otras campañas que le permitieron sus estudios sobre la capa de ozono y que recogió en su libro Antártida: el agujero de ozono.

En los últimos años ha publicado diversos libros relacionados con la historia de la exploración polar como Amundsen-Scott:Duelo en la Antártida, Shackleton, el indomable, o Nansen. Maestro de la exploración polar.

¿Cómo acogiste la noticia de que le dieran tu nombre a una isla de la Antártida?

Imagínate, con gran ilusión y como un honor, ya que llevo muchos años vinculado con la Antártida. He dedicado parte de mi vida como investigador a este continente.

Desde tu primera campaña antártica en 1986 hasta la última de 2019, ¿qué cambios has visto y a qué problemas se enfrenta este continente?

Con esta última he realizado siete campañas. La Antártida se enfrenta a los mismos problemas de siempre al ser un ecosistema frágil, muy sensible a la contaminación. Si bien todavía no se han producido grandes cambios, es cierto que en algunas zonas se nota cómo el cambio climático está sucediendo. La Antártida ha tenido siempre mucha variabilidad climática. El año pasado fue uno de los más calurosos. Nuestra base tuvo las temperaturas más altas del siglo. Pero mis compañeros me decían que en el anterior, la nieve llegaba hasta la playa. Debemos seguir cuidándola y la mejor manera de preservarla es cuidar todo el planeta.

Sobre todo, lo que ha cambiado mucho son las comunicaciones. Antes teníamos muchas limitaciones; ahora son mejores y las instalaciones también. Pero añoro la privacidad que existía antaño. Ahora hay mucha gente con móviles haciendo fotos, hablando todo el tiempo. Este exceso de comunicación me perturba. Uno debe estar donde está.

En esta última campaña fuiste con la expedición búlgara. ¿Supone alguna diferencia con la española?

No. Cada persona va a realizar allí un trabajo. Las bases te dan cobijo, alimentos. Se reúnen allí geólogos, biólogos, cada uno centrado en lo suyo. Unos estudian microorganismos, otros algas en el hielo, otros el clima. Yo he sido en esta última el más afortunado como observador, porque ha sido un viaje muy tranquilo. Disfruté con un grupo, con personas relacionadas con la cultura que iban invitados por los estadounidenses. A la Antártida se va de turismo o a investigar. Así que me agradó ver gente de la cultura. Los estadounidenses facilitan que vayan escultores, músicos, poetas que sienten la Antártida de otra manera y luego la plasman en sus trabajos creativos. La miran con ojos diferentes a la de los científicos.

¿Artistas españoles han ido?

No, porque España no tiene ese apartado. Pero creo que sería muy bueno, disfrutar de los distintos enfoques. España ha sido muy fundamentalista, ciencia y solo ciencia. Bueno, permiten ir a periodistas.

Como científico se te reconoce por tus estudios sobre la capa de ozono, que junto con otros investigadores han puesto en evidencia el peligro que supone el agujero de ozono para la vida.

Yo fui precisamente a la Antártida en los años 86-87 para estudiar la capa de ozono. Fue preocupante. A partir de entonces mi vida profesional se centró en su estudio.

Recientemente hubo noticias alarmantes sobre otra posible disminución en el Ártico. ¿Es así en la Antártida?

No, no es así, todo lo contrario. Este año pasado fue muy pequeño. Pero lo importante es que desde el año 2000 se está recuperando. No todos los procesos son lineales, pero la tendencia es a su recuperación y esto es clarísimo. Es una gran noticia.

Javier Cacho.

¿Y esto es así porque hicimos bien los deberes?

El agujero de ozono en la Antártida se conoció en 1985. Cuando los científicos identificaron la causa, los conocidos gases CFC (clorofluorocarbonos), el consenso fue unánime: había que reducirlos, no había otra solución. La prohibición entró en vigor en 1989. Esto es un ejemplo de que los problemas que causamos los podemos revertir. Pero hay que tomarlos en serio. El agujero de ozono de la Antártida fue el primer gran problema medioambiental global y supimos abordarlo y tomar medidas a nivel planetario; gracias a ellas la destrucción de ozono está disminuyendo y desaparecerá. Es el gran éxito medioambiental de nuestra época. La Antártida nos enseña que, si lo hicimos una vez, podemos hacerlo también con otros temas.

¿Este elemento reversible se puede dar con fenómenos como el calentamiento global?

Sí puede pasar. Pero este es parte de una lucha mayor. Hay muchas batallas, estamos consumiendo en cantidades tan ingentes que los recursos del planeta no dan para ello. Estamos esquilmado las pesquerías. Estamos destrozando los bosques, obligando a los agricultores al monocultivo, y si hay un problema con uno de ellos nos quedaremos sin comer al perder la biodiversidad de los cereales, pero está también la pérdida en peces, aves, animales, plantas… Además, estamos generando unos desajustes sociales que no sabemos si seremos capaces de pararlos. No podemos cambiar de vestidos porque tal o cual color no se lleve esta temporada. Todo este sistema no tiene sentido.

¿Crees que lo mismo que se tomó una posición global con el problema de la capa de ozono, puede haberla con el CO2 y otros gases contaminantes que favorecen el calentamiento global?

Tiene que haberla. Debemos tomar decisiones personales, además de presionar a los gobiernos. Podemos movernos por prohibiciones, pero también ser responsables de nuestros actos. Tenemos que ser capaces de modificar nuestros hábitos. Pero no creo en los milagros.

Hace unos años publicaste ‘Las aventuras de Piti en la Antártida’. ¿Querías con él concienciar a los más jóvenes?

Es un libro que escribí para mi hija, para explicarle qué es lo que hacíamos allí durante meses. Por qué nos separábamos de la familia. Ella entonces tenía 9 años. Se lo conté a través de un perro, un husky siberiano, que habla de la labor de los científicos con sentido del humor. Se ríe de nosotros porque nos pasábamos todo el día mirando por microscopios, pero también quería destacar con sus observaciones el espíritu antártico de solidaridad, cooperación, amistad, de fraternidad entre los países. Esto es para mí la Antártida. Todos hemos dejado atrás nuestros países. Es un sitio duro, pero se está rodeado de estos grandes valores. Si me pasa algo, seguro que vendrán a ayudarme.

Es el único lugar del planeta sin fronteras, donde toda la actividad está marcada por el respeto y la ayuda mutua. Hemos prohibido la explotación de sus recursos minerales y tratamos de reducir al mínimo nuestro impacto ambiental en el continente. Tenemos medidas de protección sobre sus mares y sus animales, pero deberíamos ahondar algo más en la protección de sus recursos pesqueros, llegando a prohibir su explotación.

¿Vas a volver?

Tengo que volver a ver mi isla. Bueno, no es mía, lleva mi nombre.

Cuando estuviste en la Antártida, ¿visitaste esa zona?

La zona sí, pero esa isla no. Había un mar por medio. Si hubiera podido aventurarme en el futuro la habría visitado. Pero la comisión de topónimos se reunió hace poco.

También has escrito sobre los grandes exploradores. ¿Con cuál te quedas?, ¿o te gustan todos?

Son como amigos y cada uno de ellos tiene sus particularidades. Todos han tenido el impulso de cumplir unos objetivos o realizar un sueño. Con esto de la pandemia reivindico a Shackleton, ya que tenía el espíritu “de esta salimos”. Somos capaces de ello. Él buscaba a compañeros, no por ser los más fuertes, sino por ser los más optimistas. Decía que quien es optimista puede con todas las adversidades, también apreciaba la paciencia. Y sí, hay que ser pacientes en momentos determinados.

Me gusta la profesionalidad de Amundsen, ser meticuloso, tenerlo todo pensado para cumplir una tarea. Me gusta el entusiasmo de Scott y los británicos. Pero de todos ellos admiro a Nansen, porque es científico. Mientras que los otros iban a cumplir un objetivo, un sueño, él quería hacer ciencia y también estuvo muy implicado con el mundo en el que vivió. Fue un gran deportista, un gran diplomático. Su labor humanitaria le llevó a trabajar para la Sociedad de Naciones intercambiando prisioneros de guerra y ayudando a los refugiados rusos, De hecho, se creó lo que se llamó pasaporte Nansen para ayudar a los expatriados y fue reconocido por 57 países.

¿Estás ahora inmerso en algún otro proyecto de escritura?

Ahora estoy en un proyecto sobre cocina antártica. Está ya en marcha. Yo haré la historia y otras personas aportarán otras perspectivas.

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