21.02.2016

Campos gravitatorios en torno a un escritorio circular

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Obra de

Obra de Teresa Solar y Guillermo Mora en La Panera (Lleida).

Tomar un tren desde Madrid con el exclusivo propósito de visitar la exposición que plantean –a cuatro manos– los artistas Teresa Solar y Guillermo Mora en La Panera (Lleida) tiene un cierto efecto de extrañamiento.

Por CARLOS COPERTONE

Desplazarse para contemplar supone, sin duda, adquirir una perspectiva distinta a la habitual visión de la realidad y nos sitúa en un contexto diverso al acostumbrado (aunque sólo sea por ahondar en lo periférico en un país que ya de por sí resulta periférico en el mundo del arte contemporáneo).

Pero existen más acepciones del término extrañamiento que forman parte de la ecuación que estos días se resuelve en La Panera. Este resulta ser también el nombre que se daba a la pena consistente en la expulsión del territorio nacional de quien ha sido condenado por un tribunal de justicia. El desplazamiento y lo normativo confluyen y remiten a una de las referencias directas que han tomado ambos creadores para construir su particular objeto de mobiliario: Roscoe Pound, jurista y teórico estadounidense, uno de los padres de la sociología jurídica, quien resultaba ser, además, un extraordinario erudito con una capacidad y curiosidad enciclopédica. Pound se hizo construir un escritorio circular en el que giraba, daba vueltas, avanzaba y retrocedía para consultar los variados libros y documentos que disponía a lo largo de toda la superficie y para acceder a los cajones del escritorio.

No resulta extraño que en ese movimiento circular con las fuerzas centrífugas y centrípetas que genera, el trabajo de Solar y de Mora haya sufrido una suerte de fusión nuclear liberadora de una enorme cantidad de energía. Probablemente aquí radique una de las claves –y de los grandes aciertos– de la propuesta de La Panera: el propósito experimental de unir a dos artistas que emplean lenguajes y procesos creativos muy diferentes, no con la intención de generar un diálogo entre ambos, sino con la de alumbrar una voz distinta y diferenciada donde la presencia de cada uno se intuye como una referencia más a sumar a otras. Asistimos, pues, a un nuevo extrañamiento: el de los propios artistas que han huido del obvio y previsible ejercicio de autoafirmación, replanteando un concepto tan manido como el del trabajo colaborativo.

El eje gravitatorio de toda la instalación, el escritorio circular, viene a actuar como un auténtico agujero negro formado por una ingente cantidad de informaciones, procesos, materia, estímulos, proyectos, consensos, negociaciones, orden y caos. Una suerte de inabarcable base de datos omnicomprensiva de todo el saber que incluye una breve y fragmentaria referencia sonora a Roscoe Pound y que igualmente se transmuta en un faro que pretende controlar todo el espacio circundante.

Las tensiones centrífugas y centrípetas que genera ese círculo de conocimiento muestra ámbitos periféricos que actúan como un auténtico campo gravitatorio en torno al escritorio. Lo desechado y fallido de los procesos creativos en forma de piezas de cerámica rotas; los vapuleos de la gravedad que ponen patas arriba la mesa de un comedor generando nuevos desperdicios tras un banquete; un desierto azul que actúa como un artificial paisaje metafísico, o un muro construido en barro que ejerce como parapeto frente al poder gravitatorio del escritorio pero del que, aún fresco, resulta imposible despegarse. La instalación se completa con un nuevo agujero negro como punto de fuga que redunda en las tensiones que se generan en torno al escritorio circular.

Todo un universo que se contrae y que se expande en un movimiento circular infinito y del que únicamente parecen librarse las inconmesurables columnas medievales de La Panera en un último ejercicio de extrañamiento contemplativo.

‘El escritorio circular’. Guillermo Mora y Teresa Solar. Del 13 de febrero al 22 de mayo de 2016. Centre d´Art La Panera (Lleida).

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