Deseos caníbales

Caníbales

Un fotograma de la película 'Caníbal'.

Un fotograma de la película ‘Caníbal’.

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Un fotograma de la película 'Caníbal'.

Un fotograma de la película ‘Caníbal’.

Un buen puchero, aunque un poco fuerte. La autora de la entrega número 8 de nuestros ‘Relatos de Agosto’ –como el resto, participante del Taller de Escritura de Clara Obligado– nos ha preparado un menú de deseos caníbales.

Por MERCEDES GOIRIA 

Puchero

Hasta que empezó a cocerse y su ánimo fue decayendo, el explorador se sintió reconfortado con los saludos, guiños, sonrisas, ramilletes de aromáticas y otros gestos amables de los caníbales que bailaban a su alrededor.

 

Casquería

En la acogedora penumbra de la taberna, los dos comensales celebraban la excelencia del plato. Uno dijo que era una lástima que la frecuencia de las comidas se espaciara cada vez más por la escasez de materia prima. El otro sugirió que cabía contemplar más posibilidades, quizás el hígado era lo más exquisito, pero había otros órganos. Los dos jueces concluyeron que no estaría mal dictar más condenas de horca, con pruebas o sin ellas.

 

Carne

Recién bañada y sin más adorno que un ramito de albahaca en el pelo, la mujer espera la visita del rey. Alfombra de seda, jarrones con flores blancas, candelabros encendidos. Se reclina sobre el canapé y contempla su figura desbordante en el espejo. Qué pícara su majestad, sonríe mientras menea los cuartos traseros y se recorre el cuerpo con las manos rollizas.

Aparece el rey con un acompañante. Los dos la observan y ella, entornados los ojos, se despereza con lascivia.

–La parte de arriba para chuletas, la de abajo mejor para el horno –susurra el cocinero al oído del monarca.

El rey se acerca y la acaricia:

–Deliciosa.

 

Postre

Anochecía cuando salimos al balcón a contemplar ese universo de terrazas en declive. Sentimos frío y entramos a cenar. Yo llevaba el pelo suelto, el vestido azul y el collar de fresitas de coral que él me compró en Amalfi. La pasta estaba deliciosa. Ahora tengo hambre de ti, dijo él, y acercó su copa de champán. Brindamos. Él me tomó una mano y empezó a besar cada rincón de mis dedos morosamente, despaciosamente, viciosamente. Y cuando llegó al meñique se lo comió.

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Comentarios

  • Malen Albero

    Por Malen Albero, el 15 agosto 2018

    Inteligente, inquietante y muy divertido. Es una delicia para los ojos. Espero con ilusion los siguientes trabajos d la autora

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