11.07.2019

¿De verdad necesitas cambiar de televisor? Que no te ciegue la pantalla

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Un cementerio de televisores.

A la fiebre de la pantalla plana le siguió la de la alta resolución, y a esta la de la pantalla gigante. ¿Consecuencias? Cada año se ponen a la venta, solo en España, más de un millón de televisores y en todo el mundo se vendieron 230 millones en 2018. Suponiendo que solo la mitad de los que se compran conlleven el desecho del antiguo, tenemos casi dos millones de toneladas de residuos de estos aparatos circulando anualmente. ¿El problema? En Europa, donde más avanzados se supone que estamos, cerca de una cuarta parte no se trata de forma adecuada, lo que acarrea un grave impacto ambiental, por los materiales y sustancias tóxicas que contienen estas pantallas, y una distorsión en el ritmo de reparación y recuperación.

Cada vez que dejamos de utilizar un televisor, por viejo, estropeado o simplemente por moda, hay que tener en cuenta que de media hay que tratar 10 kilos de residuos de aparatos eléctricos y electrónicos si es uno de pantalla plana, y más de 20 kilos si es uno antiguo de pantalla curva y tubo. En el interior de cada uno de ellos va una carga de componentes muy valiosos pensando en su aprovechamiento y recuperación, pero también muy contaminantes. Los aparatos más antiguos llevan tubos de rayos catódicos y pantallas de vidrio recubiertas de fósforo y plomo; y las pantallas planas tipo LCD (de cristal líquido) en sus orígenes utilizaban lámparas de mercurio. Y no olvidemos que, en general, a este cóctel se suma el cobre, el aluminio, el cadmio y plásticos diversos, entre otros.

Desde RAEE Andalucía, entidad que se dedica a concienciar y divulgar el fomento de la correcta gestión del RAEE (residuos de aparatos eléctricos y electrónicos) en Andalucía, advierten: “Solo el fósforo y el plomo que contiene un televisor pueden contaminar 80.000 litros de agua”. Por todo ello, la opción primera es sopesar si realmente vemos necesario cambiar de televisor. No sería la primera vez (ni la segunda, ni la tercera…) que en nuestro entorno más cercano oímos que se cambia este electrodoméstico no porque este viejo e inservible, sino porque se busca una alta resolución de imagen o una pantalla más grande. Posiblemente, el televisor, junto al móvil, sea uno de los aparatos de uso cotidiano ante el que no se suele esperar que se agote su vida útil. Vamos, que a veces ni tan siquiera hace falta que aparezca la obsolescencia programada para cambiar de tele.

La obsolescencia simbólica

Las grandes marcas lo saben y ponen en marcha la obsolescencia simbólica, la que activa el márquetin. Suelen aprovechar principalmente los grandes eventos deportivos (por encima de todo, Juegos Olímpicos y Mundiales y Europeos de fútbol) para volcarse en dar publicidad a sus nuevo modelos y alentar el consumismo. No puedo dejar de recordar que, allá por 1982, el primer cambio de televisión en mi casa vino de la mano del Mundial de fútbol que ese año se jugaba en España. En aquel momento fue cambiar el blanco y negro por el color.

El registro de aparatos eléctricos y electrónicos del Ministerio de Industria, Comercio y Turismo (Mincotur) ofrece cifras de televisores y pantallas planas LED y no LED domésticos “fabricados y puestos en el mercado por la misma empresa” en 2018: 1.146.000 unidades (13 millones de kilos); y 38.000 (382.000 kilos) adquiridos en otros países de la Unión Europea. A estas cantidades, el Mincotur suma casi dos millones de aparatos importados (18 millones de kilos). Puestos en contacto con el ministerio, no aclaran cuántos realmente se vendieron de este volumen.

En cualquier caso, la venta conlleva el desecho de miles de toneladas de residuos anuales que han de gestionarse adecuadamente. No hay que pensar solo en los aparatos domésticos, sino también en los miles que se mueven en hospitales, hoteles, apartamentos, establecimientos de restauración, residencias… Solo dos SCRAP, Ecotic y Ecolec, en 2018 sumaron 19.843 y 1.739 toneladas, respectivamente, de residuos gestionados en España procedentes de monitores y pantallas de todo tipo, no solo televisores.

Otras opciones a la sustitución

El primer paso para evitar generar este volumen de RAEE queda claro: sustraernos a tendencias comerciales y mareas publicitarias y seguir con el televisor que funciona aún. El segundo va en la dirección de la reutilización. Si aún está en perfectas condiciones es factible destinarlo a otra habitación, a una segunda residencia si se tiene, a un familiar, amistad o persona conocida que lo necesite o a las redes de entidades y empresas de economía social y solidaria.

En el caso de que tenga cualquier defecto o avería, el canal adecuado es el de la reparación; y si no hay manera de recuperarlo, el destino es la misma tienda (física o digital) donde adquirimos el nuevo, que está obligada a recogerlo y hacer un tratamiento adecuado del mismo, incluida su posible reutilización. Solo para las personas ampliamente familiarizadas con las piezas, conexiones y materiales que contiene un televisor y con la seguridad en su manipulación y tratamiento, queda la opción de darle una segunda vida en forma de monitor de apoyo para el ordenador, soporte de fotografías y vídeos o, si se trata de los más antiguos, dejarlo como mueble bar o estantería retro.

Los puntos limpios y la ‘canibalización’

Otro destino son los puntos limpios, aunque siguen sin ofrecer una fiabilidad plena. De entrada, ningún televisor debe tirarse sin más al contenedor destinado a los RAEE. Primero, por las sustancias altamente tóxicas que contiene y que se liberan al aire; segundo, porque de esta manera se impide una posible recuperación del aparato al completo o de algunos de sus componentes, al sufrir cualquier golpe o directamente rotura. Los puntos limpios deben almacenar los RAEE tal cual entran e impedir que terceras personas accedan a ellos y los traten de manera incontrolada.

Luis Palomino, secretario general de la Asociación de Empresas Gestoras de Residuos y Recursos Especiales (Asegre), recuerda: “Los gestores españoles de estos residuos nos dicen que hay una diferencia sustancial entre los monitores y televisores que les llegan de los puntos limpios y de los distribuidores: mientras en el segundo caso entre un 20% y un 30% llegan en malas condiciones, fruto principalmente de lo que llamamos la canibalización (extracción previa de componentes) de RAEE, en el caso de los puntos limpios se llega al 70% y hasta el 80%”.

Palomino echa mano también de una encuesta realizada por la Universidad de las Naciones Unidas en 2018 para la Asociación Europea de Recicladores de Residuos Electrónicos para enfatizar estos datos: “El 22% de los televisores y monitores que se desechan en la Unión Europea no se reciclan en condiciones, debido a su canibalización”. Y advierte el secretario general de Asegre: “El porcentaje total de este tipo de aparatos no adecuadamente tratados es aún mayor, pero difícilmente cuantificable, si le añadimos los robos de residuos, exportaciones ilegales y tratamientos en plantas no autorizadas”.

El estudio apostilla que, 16 años después de implementarse normativas al efecto, solo el 35% de los RAEE se documenta como recogidos y tratados, lo que supone una pérdida de 170 millones de euros anuales para la industria que invierte en su recuperación y un notable trastorno para el medioambiente.

 ECOLEC se suma a ‘El Asombrario’ #SúmateAlReciclajeResponsable

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Sobre el autor

Javier Rico
Desde 1989 escribo solo, y a mucha honra, sobre medio ambiente y conservación de la biodiversidad. Son casi 8.000 artículos y reportajes en sesenta medios contribuyendo a difundir la necesidad de cuidar nuestro planeta, el único que tenemos y que tanto maltratamos

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3 comentarios

  • El 11.07.2019 , cambo ha comentado:

    ls nuevos d led son camaras a la vez cn ls qe nos espian
    pero la pantalla hace menos daño
    aunque para ls priones d ela pantalla yo uso gafas estenopeicas o d lente amarillo y comer pipas es bueno para ls ojos por el magnesio
    tbn naranjas

  • El 12.07.2019 , Miguel Román Ortiz ha comentado:

    No me incluyo en este artículo, en casa tememos dos televisores de los de toda la vida, que ni siquiera suprean las 24 pulgadas de pantalla, de tipo caja y que cada una pesa más de 25 kilos, llevamos 20 años con una y 15 con otra, tenemos que lamentar que de nuestra televisión más antigua solo se ha roto el botón de encendido, pero por conservar conservaba hasta la etiqueta de Carrefour, amarilla, pero en perfectas condiciones, por no hablar de un monitor del mismo tipo, de unas 10″ de pantalla (de nuevo, 4:3) que teníamos junto a una torre con windows 98 y otra con Win XP, además de un equipo de música Sony de los 80. Lo dicho, no me inluyo ni mucho menos en este artículo.

  • El 13.07.2019 , Tuxi04 ha comentado:

    Yo tampoco me incluyo. Sigo usado un monitor de 4:3 que tiene 15 años como pantalla secundaria de mi PC, con un equipo de sonido que tiene unos 12 años, sigo usando una Wii para ver videos en mi tele que no es Smart TV y que tiene 7 años. Tan solo tiene una pequeña línea roja que no molesta, y hasta que no se rompa del todo no la cambiaré. Total, para España no hace falta una TV 4K para disfrutar del contenido en la televisión.

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