27.02.2020

Cinco bosques de cine para perderte en ellos

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El actor Errol Flynn como Robín de los bosques.

Hoy, en esta sección dedicada a los árboles y los bosques, os proponemos un viaje de cine: Cinco películas en las que estos paisajes son protagonistas. Con Robin Hood y Bambi. Con ‘El bosque animado’, ‘Deliverance’ y el documental ‘Wildmed’. Cinco películas inolvidables, de las que nunca caducan.

Hay espacios que suponen por sí solos una historia, un sentimiento, una sensación. Espacios que tienen la profundidad de un intenso suspiro, la belleza sosegada del instante y la magia turbulenta de lo sorprendente. La proximidad de la costumbre y la distancia de lo desconocido, lo inabarcable. Estos espacios se encuentran siempre en la naturaleza y uno de ellos es el bosque.

Los bosques, esos jardines tan cercanos de día, esas selvas infinitas al anochecer. El lugar donde la paz, el recreo o el amor se refunden en miedo o desasosiego, en espacios de tiempo tan cortos como invisibles. Una luz diferente, unas gotas de lluvia, un aire soplando más veloz de lo esperado o una presencia desconocida, no deseada, pueden mudar sin remedio su apariencia, su envoltura, su atmósfera. ¿Puede encontrarse un decorado más permeable y generoso para contar historias? No muchos. Esto lo saben muy bien los cineastas, que no han dejado escapar la ocasión de narrar sus fábulas, sus cuentos, su anhelos, sus miedos o sus quimeras valiéndose de tal escenario. Este artículo quiere ser un homenaje al lugar que seguramente ha poblado muchos de sus sueños, de sus vivencias o de sus desvelos lúcidos o imaginados. Por eso os llevamos hoy de la mano de FSC por un pequeño recorrido fílmico a través de dicho escenario natural tantas veces protagonista, mudo o ensordecedor.

El bosque de Robin Hood

Empecemos por el bosque amigo, el que cobija, oculta, camufla y refugia. El amigo.
Sin ninguna sombra de duda, ese es el bosque de Robin de Locksley, del grandullón y simpático Little John, del no muy convencional fraile Tuck o hasta de la encantadora lady Marian, personajes salidos de la aventurera y maravillosa mente de sir Walter Scott. El bosque de Sherwood. Puede que no exista un bosque tan conocido como el de Sherwood, al menos cinematográficamente hablando, y entre tantas y tantas versiones de celuloide, destacaría sin dudarlo la producida en 1938 por la Warner Bros, Robin de los bosques (The Adventures of Robin Hood), dirigida por Michael Curtiz y William Keighley (aunque sólo el primero saliese en los créditos) e interpretada por estrellas del calibre de Errol Flynn, Olivia de Havilland, Basil Rathbone y Claude Rains.

Errol Flynn supo hacer suyo el personaje de tal forma que los que aún recordamos la película no podemos pensar en otro Robin Hood que no sea él. Héroe campechano y caballero a la vez, espadachín enérgico y honorable, seductor y valeroso, expulsado de su patria -sus tierras y su palacio- y refugiado en un amable bosque que le dará cobijo, le esconderá y le reconfortará en su lucha contra los desalmados aristócratas ociosos que le robaron a él y a tantos como pudieron y que ejerce de bandolero normando, cual Curro Jiménez robando a los ricos para repartirlo entre los pobres.
Delicioso y grandioso espectáculo, marca de la casa, en impresionante tecnicolor. Un gozo.

La fábula de Bambi

Pasemos al bosque como hogar natural. El bosque-hogar armonioso y feliz de tantos seres que es destrozado por la mano impúdica del único ser con consciencia y sin conciencia, el ser humano. Ninguna película mejor para profundizar en ello como la adaptación de la hermosa y a la vez pavorosa novela de 1923 del crítico y literato austriaco Felix Salten Bambi, a life in the Woods, producida por la fábrica Disney en Bambi, 1942, dirigida mayoritariamente al público infantil y por la cual gran parte de la pequeña concurrencia aprendió a conocer el miedo -no sé si el sorprendente Walt lo hizo a propósito- de mano del príncipe del bosque, un hermoso cervatillo, de su amorosa y sacrificada madre y de sus amigos Tambor y Flor, un simpático conejillo blanco y una tímida y adorable aunque olorosa mofeta.

Una historia hermosamente dibujada y dolorosamente cruel, una fábula sobre la deshumanización del poder contra el diferente y desvalido. De la destrucción gratuita de la belleza, de la pérdida de la inocencia.

Un bosque fantástico y animado

Pero vamos a reconciliarnos con nosotros mismos y experimentemos una historia de bosque fantástico, la de un bosque sonriente, extraño bosque, sí, pero tan encantador y ameno como los personajes que pululan por él. De tal modo podríamos calificar al bosque que el recientemente desaparecido director español José Luis Cuerda concibió con la adaptación personalísima de la obra del gran lirista y literato gallego Wenceslao Fernández Flórez publicada en 1943 con el título de El bosque animado, mismo título con el que Cuerda llevó la narración a las pantallas en 1987 con guión de Rafael Azcona. Una ilusionista narración sobre las almas que se ocultan habitando tan mágico bosque, entre las que encontraremos desde un bandido a un pocero, de una niña que trabaja a un chico que no quiere trabajar, desde una muchacha emigrando a un fantasma que busca desesperadamente compañía. Todo ello bajo la socarronería irónica del director y el guionista, y contando con un plantel de actores espléndidos como Alfredo Landa, Tito Valverde, Miguel Rellán, Fernando Rey, Manuel Alexandre, Encarna Paso, Amparo Baró, Alicia Hermida, María Isbert, Luis Ciges o Paca Gabaldón. Cinco Goyas, incluido el de mejor película, bien valen perderse en tan animado arbolado.

El terror del hombre contra el hombre

Después de tan enorme fantasía patria, del regocijo del espíritu y la mente que nos deja la obra de Cuerda, no podemos olvidar otro sentimiento muy común en el cine y muchas veces buscado como espectadores: el terror. El terror, que ha sido tantas veces retratado dentro y alrededor de nuestro protagonista de hoy, el bosque. Monstruos, espíritus, animales más o menos reales han hecho tiritar y gritar de miedo a muchos espectadores, pero quiero que experimenten un terror aún más intenso, un terror sin oscuridad, a plena luz del día, un miedo que no provocan seres fantásticos, ni espíritus malvados, ni mediadores diabólicos, el terror del hombre contra el hombre. Para ello nada mejor que la película de John Boorman de 1972 Deliverance, una cinta con más de 47 años que mantiene intacta la capacidad de hacer sobrecoger de terror.

Basada en la novela de James Dickey y adaptada por el propio escritor, la historia sigue a cuatro amigos (Burt Reynolds, Jon Voight, Ned Beatty y Ronny Cox) que deciden pasar un fin de semana en los Montes Apalaches, lejos de sus familias y de los problemas cotidianos del trabajo. Juntos, animados por un viaje hacia la naturaleza que se convertirá en un terrorífico enfrentamiento entre los confiados protagonistas y algunos lugareños endogámicos que habitan el bosque y el río de su deseada aventura. Una trama sobre el hombre contra el hombre, sobre el hombre contra la naturaleza, sobre la ciudad contra el campo, sobre lo salvaje contra lo civilizado. Alimentada por temores primarios masculinos, Deliverance es esa aventura sombría y a la vez inconcebible, pero asombrosamente posible, tanto que la transfigura de una película de aventuras en una película, sin duda, terrorífica. Muchos espectadores, tras verla, se lo pensarían dos veces antes de adentrarse en el bosque sin cierta seguridad. Deliverance fue un gran éxito en su estreno y una honorable ganadora de tres Oscar de la academia.

El último bosque mediterráneo

Por último, saboreemos el género del documental cinematográfico. A veces infravalorados y, sin embargo, interesantes y extraordinarios, los documentales nacionales alcanzan enormes niveles de producción y premios en todo el mundo. Existen muchos trabajos españoles para gran pantalla referidos al bosque, pero yo os voy a recomendar aquí uno que me resultó extraordinario, tanto en factura como en interés, ganador del Gran Premio en el Film Festival de San Petersburgo, entre otros muchos galardones nacionales e internacionales. Se trata del largometraje documental WildMed, el último bosque mediterráneo , dirigido en 2014 por Arturo Menor, un lugar en el sur de la península ibérica considerado el mayor bosque mediterráneo del mundo y donde la fauna y la flora perviven a pesar de las amenazas que lo acosan. Un lugar donde la vida, la supervivencia y la muerte se dan la mano, donde especies ya desaparecidas en entornos no muy lejanos conviven aún y donde la extraordinaria belleza nos es por desgracia tan desconocida como para dejarla morir. Buscadlo, que, como dicen por allí abajo, “os quitará el sentido”.

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Sobre el autor

Antonio Bazaga
Toño Bazaga. Más de 20 años dedicados al mundo del cine, habiendo tocado casi todos los palos: producción, desarrollo, escritura, financiación… Convencido de que el futuro del cine está aún por llegar. Apasionado de la literatura y la historia, creo que el celuloide es el mejor invento para contar lo que pasa, lo que pasó y lo que puede pasar. En fin, parte indispensable de nuestra vida.

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