24.04.2020

Cuarenta conclusiones positivas que podemos sacar de la cuarentena

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Fotografía tomada desde el confinamiento. Foto: Manuel Cuéllar (visita mi Instagram).

De acuerdo, está todo patas arriba y andamos descentrados, descolocados. Pero hagamos un ejercicio de ánimo entre todos, y de un poco de buen humor también. Coincidiendo con que hoy se cumple lo que es estrictamente la cuarentena, 40 días de confinamiento –o confitamiento, por eso de todos los bizcochos y tartas que estamos haciendo en casa– desde ‘El Asombrario’ os ofrecemos una lista de 40 cosas buenas que podemos sacar de esta pandemia con encierro. Podéis completarla en los comentarios. ¡Ah, y ‘agapimú’! (la solución en el punto 40).

 Vamos allá. (Aviso, que os conozco, algunos puntos son un ejercicio de deseo, de crucemos los dedos, más que de comprobación empírica de una realidad presente o de un futuro a corto plazo).

1) Tres palabras solo, pero fundamentales: aprender a relativizar.

2) El ejercicio de la paciencia y la lentitud. Cultivar los ‘despacios’.

3) Se ha dicho mucho, pero hay que repetirlo hasta que sea verdad: valoremos más lo sencillo, lo pequeño, el detalle. Un café, un paseo, una caña con pincho de tortilla con amigos, un gorrión, una siesta, un buen chiste, una buena canción.

4) Creo que nos ha quedado clara la importancia de contar con un sólido sistema público de salud, ¿no? Que es temerario andar recortando, ahorrando, en lo esencial. Y que ante gigantescas crisis como esta nos acordamos del Estado, que no es otra cosa que el ‘todos nosotros juntos’.

5) Creo que también nos ha quedado claro lo fundamental de la inversión en ciencia e investigación. Si alguien nos puede sacar de este embrollo, son los científicos a través de tratamientos médicos y, sobre todo, de una vacuna.

6) Repetirlo hasta que las palabras no quepan: valorar a nuestros mayores, aprender lo que necesitan nuestros padres, madres, abuelos y abuelas: nuestros cuidados y compañía.  Porque, además, los que más suerte tengamos acabaremos ahí. Todas las exclusiones son ridículas e injustas, pero la del joven con el anciano es aun más estúpida. Porque el blanco racista sabe que nunca va a ser negro, el hombre machista sabe que nunca va a ser mujer, pero el joven ¿no va a ser nunca mayor?

7) Replantearse las residencias de mayores.   Es muy sangrante. En torno a la mitad de las víctimas del coronavirus en Europa se han registrado en residencias de mayores; en zonas como las comunidades de Madrid y Castilla y León superan ese porcentaje hasta alcanzar el 60% y 70%. En vez de crear un enorme negocio para dárselo a amiguetes del poder o fondos internacionales de inversión, hemos de apostar más por residencias más pequeñas y humanas, más entroncadas en un ambiente social, que no sean meros aparcamientos de gente mayor, y más en el método de los cuidadores que atienden en la propia casa.

8) Recuperar el silencio, su valor, su calma. Sobre todo en las grandes ciudades. Desde luego, el método ha sido brutal. Pero ya que está aquí, aprovechemos a escuchar otras sintonías, como la de los pájaros, y a reivindicarlas siempre.

9) Este paréntesis en nuestra desquiciada vida de primer mundo va a aliviar la crisis climática temporalmente y va a dar pie a muchos estudios para replantearnos nuestro esquema de funcionamiento contaminante. Los negacionistas del cambio climático y su relación con la pérdida de biodiversidad no lo verán, pero esta pandemia es una señal de que algo está pasando; no es la enfermedad, es la fiebre, el síntoma, del mal.

10) Un respiro para la naturaleza, que debe de estar encantada, a su aire, durante este paréntesis en la mayor parte de las facetas de presión humana. Para regenerarse. Ahí están esos animales, desde corzos a jabalíes, que han conquistado las calles de las poblaciones. Un ensayo interesante para analizar después.

11) Tendremos que plantearnos organizar una sociedad con un consumo más responsable, cercano, saludable, menos viajes y transportes superfluos, una vida más sencilla y natural, no basada en consumir tanto, en despilfarrar tanto.

12) Con emergencias así –y otras llegarán- quizá aprendamos a reconectar con la naturaleza, respetarla, no acribillarla, a no meterle mano sin recato. Humildad frente a la soberbia humana. Respeto a la biodiversidad, al complicado equilibrio ecológico construido a lo largo de miles de millones de años. Nosotros –la Humanidad– somos unos recién llegados y nos jugamos el pellejo con la masiva extinción de especies, de cuya armonía depende nuestro hilo vital; desconocemos las dimensiones/consecuencias de alterarla.

13) Ahora hemos comprobado que eso de tener todos los talleres en China, desde los que fabrican pantalones a los que hacen mascarillas sanitarias, quizá no era tan buena idea ni tan ventajoso. Me da que Europa, y España también, van a relocalizar mucha de su producción industrial.

14) Para muchos esto significa el fin acelerado de la era de la globalización ultraliberal. ¡Viva el kilómetro cero! Vuelve al mercado de tu pueblo, a la pequeña tienda de tu barrio, al artesano de tu ciudad. Todo está indicando una vuelta a cierto proteccionismo de las economías locales/nacionales. Es que nos vendieron la globalización como algo muy colaborativo y equitativo, y en fin… las desigualdades en el mundo no han hecho sino crecer, el 1% de millonarios no ha hecho sino ser más millonario.

15) ¡Basta ya de esa patraña de que el mercado puro es sabio y lo regula todo! ¿Nos hemos dado cuenta ya de que el liberalismo de un capitalismo salvaje no sirve para protegernos, que solo da privilegios a los ya privilegiados?

16) Esta crisis servirá de filtro de los políticos que demuestran mayor responsabilidad y empatía con el bien común, que dan confianza y piensan en grande y no en su negociete. Estos saldrán reforzados.

17) Igual que a los políticos sólidos se les conoce en situaciones difíciles y un trance como este ayuda a separar el grano de la paja, también sirve de filtro para hacer limpieza de tanta paja en redes digitales que no aporta nada (¡vaya estrés Twitter!).

18) Aunque ahora sobreviven alimentados por la desesperación y la confusión, la pandemia se llevará por delante populismos de ultraderecha sin atisbo de ética, desde Trump a Bolsonaro y Vox. Porque la especie humana, para sobrevivir, necesita solidaridad.

19) De la misma manera que esto ayuda a hacer limpieza de líderes políticos tóxicos y de trolls en las redes, también ayudará a discernir lo que es periodismo de lo que no, de lo que es solo ruido, morbo y sensacionalismo, o directamente manipulación de datos, información falsa a sabiendas y malintencionada.

El día en que mi habitación se convirtió en una celda. Fotografía tomada durante la cuarentena. Foto: Manuel Cuéllar. (Visita mi Instagram)

20) De aquí el periodismo ambiental ha de salir reforzado, porque debemos frenar nuestro avasallamiento del planeta. En APIA (Asociación de Periodistas de Información Ambiental) llevamos 25 años escribiendo sobre otra manera de estar en el mundo.

21) Introduciremos sentido común y calidad (frente a la cantidad y desmesura) en el turismo y en nuestros viajes. El turismo masivo reflejaba otra espiral enloquecida de la globalización . No hace falta irse a la otra punta del planeta cada vez que tenemos un puente.

22) Reforzamiento del tejido vecinal. Ahora más que nunca valoramos la importancia de tener compañeros de casa, de comunidad, de barrios, frente al ultraliberalismo que lo estaba destrozando, por ejemplo con expansiones invasoras como las VUT (viviendas de uso turístico), que crecieron como hongos descontrolados malviviendo con comunidades de vecinos. También nos las vendieron como economía colaborativa, y en fin, entre otras cosas hicieron disparatado el mercado del alquiler permanente, hasta el punto de echar a mucha gente, vecinos de verdad, del centro de las ciudades.

23) Por fin vamos a entender que el deterioro de nuestro sistema respiratorio por exposición permanente a la contaminación urbana  en ciudades como Madrid (sobre todo por tráfico privado) nos hace muy frágiles para resistir frente a virus como este.

24) De esta aprenderemos a valorar más y más la escuela y a los profes, que no solo nos instruyen, no solo transmiten materias de conocimiento, sino que son maestros en etapas fundamentales de nuestro crecimiento.

25) Yo creo que habrá efecto bumerán tras este empacho virtual / digital, y apreciaremos más que nunca el directo, lo artesano, lo hecho con las manos, el pequeño comercio, lo que huele, lo que se toca.

26) Yo creo que habrá efecto bumerán tras este empacho virtual / digital, y apreciaremos más que nunca el contacto físico: desde el apretón de manos y el abrazo, al beso, la caricia y el polvo largo.

27) Qué rápido estamos aprendiendo a valorar muchos trabajos antes menospreciados: desde la gente del campo y la limpieza a camioneros, quienes nos atienden en los supermercados o nos recogen la basura.

28) Creo que el vaciamiento de la España vaciada se frenará, porque se abren puertas a otras maneras de vivir, otros empleos, otras casas, otras maneras en vez de la ciudad apretujada. Maneras más naturales y espaciosas.

29) Pasar tanto tiempo en casa es un reto y una prueba para la paciencia, pero siempre nos faltó tiempo para dedicárselo a aquellos con quienes convivimos, desde la pareja, a los perrines y gatos. ¡Y nuestros hijos e hijas! ¡Cuántas veces nos reclamaron estar más tiempo con nosotros! Ahora hemos podido dárselo y emprender mil aventuras y sensaciones caseras juntos. Vivir una enorme experiencia juntos. Aprovechemos.

30) Tanto tiempo en casa, muchos estamos aprendiendo a cocinar un poquito más, a hacer tartas y bizcochos, incluso tortilla de patata, y de paso a valorar lo que tanto (y tan bien) han hecho nuestras madres y abuelas.

31) Tanto tiempo en casa, aparte de darnos dimensión exacta de lo mal que se ha construido en este país, por efecto de la especulación, también nos ha permitido cuidar un poco de nuestros hogares –pintar una habitación, ordenar un trastero, restaurar una butaca-, tantas cosas atrasadas…

32) Y sin duda hemos aprendido a valorar el trabajo doméstico, desde el que hicieron tantísimas madres y abuelas, al desempeñado por esa señora ucraniana o ecuatoriana o marroquí o rumana que viene a casa a limpiar, lavar, planchar…

33) Muchos hemos podido recuperar el saludable hábito de la pausa, la tranquilidad, la siesta, dormir más (en España se duerme poco, y no es sano) (otros, por insomnio, ansiedades y trabajos en primera línea, no: un recordatorio, aplauso y abrazo para todos ellos). Por fin procrastinar es razonable, ya no está tan mal visto.

34) Qué mejor para estar más tiempo con nosotros, mirarnos por dentro, pensar en nosotros, querernos, cuidarnos. En una sociedad tan estresante, llena de citas en la agenda, apenas podíamos escucharnos, quedarnos con nosotros.

35) Aunque cuesta concentrarse porque la realidad nos desborda –ha superado cualquier trama de relato distópico–, muchos hemos aprovechado para leer ese libro al que llevábamos años queriéndole meter mano, ver esa película o serie pendientes, volver a escuchar aquel disco… ¡Por fin!

36) Hemos podido arriesgar y probar nuevos looks, los más atrevidos; total, como no nos va a ver casi nadie (ay, las videollamadas)… Por probar… Quitarse la barba, dejarla crecer, dejarnos bigote, raparnos, inventar flequillos, darnos mechas imposibles, no teñirnos…

37) Seguro que aprendemos la lección de la higiene y la limpieza a nivel individual y colectivo. Porque estábamos siendo muy guarros, sobre todo en ciudades como Madrid (y el Ayuntamiento ha pasado mucho, ha mirado para otro lado con el deplorable estado general del espacio público).

38) Una lección brutal para construir ciudades de otro modo: más saludables y sostenibles. Para re-inventarse. Si no es así, realmente estamos jugando con fuego… Y en ese reactivar la economía, deberíamos aprovechar la oportunidad, ahora realmente única, para construir una economía verde, circular, sostenible. Desde las ciudades, desde el poder local, se puede hacer mucho.

39) Por si nos quedaba alguna duda, hemos comprobado que hay muchas muy buenas personas –solidarias-, pero también algunas malas personas, de un veneno profundo y enquistado en sus carnes, casi sin grises ni matices.

40) Hemos descubierto una maravillosa creatividad de gente que desde casa nos ha hecho reír, bailar, cantar a través de las pantallas. Aquí os dejo cinco de mis favoritos de estos días:

El actor malagueño Miguel Ángel Martín en ‘Tú no mandas’.

La monologuista canaria Omayra Cazorla.

El ‘Agapimú’ de Ojete Calor y Ana Belén:

Los bailarines de la Ópera de París desde casa.

We´ll meet again’, por Drag Queens en Cuarentena.

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Sobre el autor

Rafa Ruiz
Periodista convencido de que las luces al final del túnel solo se ven desde una perspectiva progresista de la realidad, con un compromiso sólido con la cultura, el arte y el medio ambiente, temas a los que ha dedicado la mayor parte del tiempo de su vida profesional -10 años en 'El País' y 15 años en 'El País Semanal'-. Autor de los libros de cuentos infantiles 'Toletis' y 'Ninoninoni', codirector de la galería madrileña Mad is Mad -centrada en artistas emergentes- y uno de los socios fundadores de la Asociación de Periodistas de Información Ambiental (APIA).

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4 comentarios

  • El 24.04.2020 , Julia ha comentado:

    Al 100% contigo. Ojalá no lo olvidemos todo cuándo esto pase.

  • El 24.04.2020 , Tomás Loewy ha comentado:

    Excelente artículo, pero en un rápido recorrido he visto bien estigmatizar los ultra liberalismos y populismos de ultra derecha. Falta hacer lo mismo con los populismos del otro signo y regímenes dictatoriales. Creo que lo que caduca con el virus son las ideologías y el «poder» como tal. ¿ no le parece?. Gracias

  • El 24.04.2020 , Antonio ha comentado:

    Muy bonito el comentario, pero, en el momento que abran los bares, el 99% se habrá olvidado de la cuarentena.
    Y por cierto, los …….. que han controlado y controlan el cotarro, no dejarán hacer nada.

  • El 25.04.2020 , İsabel ha comentado:

    Totalmente de acuerdo con Tomás Loewy. Un saludo

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