05.09.2019

Cuatro entretenidos libros para acercarnos a las matemáticas, la física y la antropología

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Un astronauta dándose un paseo espacial con sus libros a cuestas. Foto: Pixabay.

Los libros relacionados con temas científicos son generalmente de largo recorrido, pero esto no significa que no sean amenos a la hora de leerlos. Además, los distintos puntos de vista siempre dan que pensar. Los que reseñamos en este artículo cumplen este requisito, además de abordar el conocimiento desde distintas perspectivas. El primero de ellos es pura ficción hecha por un científico, los tres siguientes abordan temas sugerentes como son la comida, las matemáticas y las creencias.

La relatividad del tiempo

Los sueños de Einstein. Alan Lightman (Libros del Asteroide).

“Sobre un lejano soportal, el reloj de la torre suena seis veces y a continuación se detiene. Hay un joven desplomado sobre su escritorio. Ha llegado a la oficina al amanecer, tras otra noche de inquietud. Lleva el pelo despeinado y unos pantalones demasiado grandes. Tiene en la mano veinte páginas arrugadas: la nueva teoría del tiempo que enviará hoy por correo a una revista alemana de física”.

Así comienza Los sueños de Einstein, de Alan Lightman, publicado en 1993, y por fin ahora en español por Libros del Asteroide con traducción de Andrés Barba. Alan Lightman fue profesor de astronomía y física en la universidad de Harvard y en el MIT. Es autor de seis novelas, entre las que destacan estos sueños con el que fue finalista del National Book Award.

14 de abril de 1905

“Imagina que el tiempo es un círculo que se pliega sobre sí mismo. El mundo se repite de forma precisa e infinita. La mayoría de la gente no sabe que vivirá sus vidas de nuevo. Los comerciantes no saben que realizarán una y otra vez el mismo trato. Los políticos no saben que arengarán desde el mismo atril infinitas veces en los ciclos del tiempo”.

Treinta y siete historias sobre el tiempo a modo de sueños tienen lugar en Berna, Suiza, entre el 14 de abril de 1905 y el 28 de junio del mismo año, periodo en que Albert Einstein vivió en esta ciudad y trabajó para la oficina suiza de patentes. Allí, el 29 de junio de 1905, Einstein concluyó la teoría de la relatividad, donde su formulación del tiempo-espacio cambaría toda nuestra percepción de las leyes físicas.

16 de abril 1905

“En este mundo, el tiempo es como una corriente de agua, desplazada alguna que otra vez por un pequeño escombro, por una brisa pasajera. De vez en cuando, alguna alteración cósmica desvía un riachuelo de tiempo de la corriente principal, para conectarlo corriente arriba. Cuando esto sucede, pájaros, suelo y personas capturadas en el riachuelo afluente de pronto son transportadas al pasado”.

22 de mayo de 1905

“Es un mundo de planes cambiados, de oportunidades repentinas, de visiones inesperadas. En este mundo, el tiempo no transcurre parejo sino a intervalos y, en consecuencia, las personas tienen vislumbres intermitentes del futuro”.

En esta bella ficción, cada noche se sueña con una nueva posibilidad y con una nueva percepción del tiempo que condiciona los acontecimientos. Sueños con mundos en los que el tiempo se rige de maneras diferentes. En uno, el tiempo se congela en el momento en el que somos más felices; en otro, el tiempo transcurre hacia atrás o bien avanza más rápido en un barrio que en otro. Los breves relatos que forman este libro abordan de forma poética cómo una u otra concepción del tiempo condicionaría de manera radical la actuación de los humanos: qué sucedería si conociéramos el fin del mundo, si no tuviéramos recuerdos o si no tuviéramos futuro.

La belleza no es un criterio científico

Perdidos en las matemáticas. Cuando la belleza confunde a los físicos. Sabine Hossenfelder (Ariel).

Teorías hermosas y elegantes, pero que no llevan a ningún sitio. La física teórica vive del pasado y las nuevas ideas, comprobables, para salir de los cuellos de botella a los que se enfrenta la física para completar algunos sucesos brillan por su ausencia. Con estas afirmaciones, la polémica está servida. Los físicos deben repensar su forma de realizar postulados, esto es lo que piensa Sabine Hossenfelder. “No hemos visto un gran avance en los fundamentos de la física en las últimas cuatro décadas. La creencia en la belleza se ha vuelto tan dogmática que entra en conflicto con la objetividad científica: la observación no ha podido confirmar teorías como la supersimetría o la gran unificación, desarrolladas por físicos basados en criterios estéticos; peor aún, estas teorías ‘demasiado buenas para no ser ciertas’ son en realidad imposibles de probar y han dejado el campo en un callejón sin salida. Para escapar, los físicos deben repensar sus métodos. Solo abrazando la realidad tal como es, la ciencia puede descubrir la verdad”, afirma esta investigadora en el Instituto de Estudios Avanzados de Frankfurt y autora del popular blog sobre física Backreaction. Colaboradora en medios como New Scientist y Scientific American, en la última década su campo de estudio se ha centrado en la gravedad cuántica.

La lectura del libro seguro que dará que pensar a los lectores. Imagino que no todos los físicos comparten sus opiniones, ya que el estancamiento no es tal. La investigación científica es compleja, con muchos matices y aristas. Pero está bien vapulear de vez en cuando al pensamiento. Se esté de acuerdo o no con lo vertido en el libro, este nos pone en contacto con el pensamiento e ideas de algunos científicos, con los que podemos confrontar opiniones.

Ciencia, creencias, religiones

El sueño de Sancho. Manuel Lozano Leyva (Debate).

“Sancho, pues vos queréis que se os crea lo que habéis visto en el cielo, yo quiero que vos me creáis a mí lo que vi. en la cueva de Montesinos; y no os digo más”.

Manuel Lozano Leyva recurre a este pacto de fe entre don Quijote y Sancho Panza para dar comienzo a un análisis de la evolución en paralelo de los dos productos más sorprendentes, según el autor, del cerebro humano: la ciencia y las creencias.

De una historia irreverente del conflicto entre la ciencia y las creencias subtitula su libro Lozano Leyva, catedrático de Física Atómica, molecular y nuclear. Esta no es su primera incursión en el ensayo, pero si hay un asunto peliagudo todavía a pesar del conocimiento adquirido es analizar el posible conflicto o no entre ciencia y creencias, entre racionalidad y fe.

Como lozano Leyva dice, su propósito, sin ánimo academicista, consiste en mostrar el origen y el desarrollo de las respuestas que la humanidad ha ido dando a las preguntas que más le interesaban y cómo la ciencia ha respondido a muchas de ellas (la inmensa mayoría) y ha hecho innecesarias casi todas las respuestas anteriores.

Al ser un libro de divulgación histórica sobre la evolución de la técnica, de las creencias (no solo las míticas y religiosas) y de la ciencia, en sus páginas se analizan las grandes religiones: el budismo, el confucianismo, el islamismo, el cristianismo, que, aunque tienen bastante en común, también presentan muchas diferencias.

Como el libro está cuajado de opiniones personales, Lozano hace esta definición de sí mismo: “Sí, soy ateo, pero con matices respecto a los autores más representativos. El primero es que no suelo caer en lo mismo que ellos: en una furia desatada (en muchos casos justificada) y casi ciega basada en consideraciones más bien antiguas de las religiones, al menos de aquellas que han superado la Edad Media. El segundo matiz es que, por fortuna, y a pesar de haberme criado en una ciudad muy santa, muy mariana (de la Virgen María), y en tiempos de catolicismo fascista (hablo de Sevilla), milagrosamente (ya hablaremos de milagros), no he tenido ninguna mala experiencia que me haya azuzado resentimiento alguno”. Con esta declaración del autor, el lector puede tener una idea de la filosofía que cruza este sueño de Sancho.

El libro trata de dar un panorama de lo que piensan unos y otros desde sus respectivas perspectivas, así teólogos y científicos, creyentes y escépticos se suceden con un hilo histórico en el que se analiza las distintas épocas del pensamiento de la Humanidad y su evolución.

El autor opina que si vemos “lo que ocurrió con el conflicto: la biología hirió de muerte a las creencias cristianas en el siglo XIX; la teoría de la relati­vidad y la mecánica cuántica certificaron su finiquito en el siglo XX; y en el XXI puede que estemos asistiendo a un nuevo deísmo infini­tamente más humano, profundo y alegre que todo el misticismo y la trascendencia anteriores. Sin embargo, esto es solo desde el punto de vista teológico o, si se quiere, filosófico, porque, desde los otros tres no se vislumbra la derrota con tanta claridad. De hecho, si desde la polí­tica no logramos defendernos de los ataques de las religiones, aún podemos sucumbir a ellas y todo el avance intelectual conseguido puede venirse abajo”.

Los lectores tienen material para generar sus propias opiniones.

Los humanos somos los simios cocineros

En llamas. Cómo la cocina nos hizo humanos. Richard Wrangham (Capitán Swing).

Para los amantes de la evolución humana, este libro puede ser delicioso como una buena comida. Y de comida es de lo que trata, también del fuego para que comience a ser cocinada. “La cocina incrementó el valor de nuestra comida. Transformó nuestro cuerpo, nuestro cerebro, nuestro empleo del tiempo y nuestra vida social”. Todo ello es lo que recoge este libro de Richard Wrangham. Para este profesor de Antropología biológica de Harvard, “los humanos somos los simios cocineros; las criaturas de la llama”. Estas afirmaciones harán sonreír a los actuales cocineros, pero más aún la afirmación de que los cocineros, en sentido amplio, claro, son los responsables de nuestra humanidad.

Los crudívoros también tienen su capítulo. El hombre no vive de lo que come, sino de lo que digiere. Según el autor, ninguna cultura se basa en alimentos crudos, “incluso los vegetarianos se alimentan mejor a base de dietas cocinadas. Somos más cocineros que carnívoros”. Y todo ello, porque nos aporta más energía.

La unión de la gastronomía y la evolución recorren todas las páginas documentadas del libro; no en vano Wrangham es un gran primatólogo que ha estudiado a otras especies y sus evoluciones, y, cómo no, la nuestra y sus oportunidades de evolución.

“Cuando Jean Anthel Brillat-Savarin escribió eso de: dime lo que comes y te diré quién eres, no podía imaginar cuánta razón tenía. Incluso hoy en día nadie sabe cuán profundamente se ha grabado en nuestro ADN los efectos de la cocina y del control del fuego”, cuenta el autor.

La inteligencia como especie y nuestro cerebro creciendo para posibilitarla no podían faltar como análisis en el libro. “La cocina supuso un gran descubrimiento, ya que contribuyó a hacer nuestro cerebro excepcionalmente grande, dotando al insulso cuerpo humano de una mente brillante”. El recorrido del libro arroja una nueva luz sobre cómo llegamos a ser la especie social, inteligente y sexual que somos hoy. Una manera de aproximarnos a nuestros antepasados, y también a nuestra evolución.

¿Cuándo empezó la cocina? Es una de las grandes preguntas del libro, pero no voy a hacer spoiler ya que me lo reservo para el giro que da el libro en el último capítulo al tratar la dieta actual y la obesidad. En él se hace un llamamiento a consumir “alimentos reales” y no solo un número de nutrientes, provenientes de la comida procesada. “El problema de la dieta era en su momento cómo conseguir suficientes alimentos cocinados, como lo sigue siendo para millones de personas en el mundo entero. Pero para aquellos de nosotros que tenemos la fortuna de vivir en la abundancia, el desafío ha cambiado. Hemos de hallar formas de hacer más sana nuestra antigua dependencia de la comida cocinada”.

Antropología y comida, ¿alguien puede pedir más?

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Sobre el autor

Pura C. Roy
Periodista y gestora cultural. Estoy a favor de un conocimiento transversal, por eso me apasiona tanto la ciencia y el medio ambiente como la poesía, la literatura y el teatro. Puedes seguirme en Twitter: @cuencapura

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