15.04.2015

David Villanueva, 13 años de inconformismo literario en Demipage

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El editor y propietario de Demipage, David Villanueva.

Demipage cumple 13 años y, a lo largo de este tiempo, ha conseguido convertirse en una pequeña editorial de referencia para todo aquel que busca libros y autores que, en diálogo continuo con el presente, escapan de lo común, de los dogmas del mercado y de la academia. Hablamos con David Villanueva, su editor; alguien que, ahora en el mundo de los libros y antes en el de la música, escapa de los convencionalismos, busca la independencia en los márgenes, posicionándose siempre de manera crítica y tratando de abrir cultural y literariamente nuevos caminos.

David Villanueva define Demipage como una editorial en consonancia con la actualidad que le corresponde y define el trabajo de editor como un compromiso ético con el presente y con la cultura, un compromiso que defiende, además, desde las páginas de la revista gratuita El Buen Salvaje, en su versión española, que él mismo dirige, y cuyo blog puede seguirse en El Asombrario.

Este año Demipage cumple 13 años, un largo recorrido ya.

Demipage comienza a ser una editorial longeva que comenzó editando en tiempos en los cuales todavía no se entendía, al menos como hoy se entiende, lo que era una editorial pequeña independiente. Cuando nacimos, hace ya 13 años, nos adelantamos en cierta manera a la oleada de pequeñas editoriales que, poco tiempo después, se crearon y que hoy configuran el panorama editorial, teniendo una visibilidad que nosotros, en un primer momento, no tuvimos. Nuestra visibilidad llegó con el tiempo y con la publicación de determinados títulos que nos permitieron estar en los escaparates.

A partir de vuestras publicaciones, ¿cómo definirías Demipage?

Demipage es una editorial muy vanguardista que siempre ha apostado por la literatura contemporánea y por los ilustradores contemporáneos. Sí es verdad que nos hemos apoyado en los clásicos contemporáneos, pero casi siempre para dar un enfoque diferente de su obra. Por ello, me gusta definir Demipage como una editorial con la actualidad que le corresponde y preocupada por la literatura contemporánea, ya sea europea, española o latinoamericana.

Vuestro nombre, así como la colección de literatura francesa y los numerosos autores franceses, ya sean clásicos contemporáneos como jóvenes autores, que desde el primer momento han configurado vuestro catálogo, confirman la filiación de Demipage a la tradición francesa. ¿Por qué este particular interés?

Esta filiación se debe a mi deje cultural. La tradición y, en concreto, la tradición literaria francesa, es mi cultura, es la cultura a través de la que me he formado y, por ello, por conocerla de cerca, en el momento de empezar a publicar, me resultaba más fácil empezar por la literatura francesa antes que por otras literaturas. Además, Francia es un país que desde el primer momento me adoptó muy bien y me parece que es un país a seguir en cuanto al modelo editorial, al modelo de las librerías y, más en general, en cuanto a su planteamiento cultural. Es un país que siempre me ha dado mucha envidia, sobre todo por el despliegue cultural que ellos proponen y a la vez exportan; siempre he mirado a Francia con ojos de envidia puesto que me hubiera gustado que en España se viviera un contexto cultural similar.

Habéis publicado grandes clásicos contemporáneos de la literatura francesa, como Jean Cocteau, Marguerite Duras y Marcel Schwob. ¿Autores con lectores seguros?

Aquí hay un público lector francófono mayor, es decir, un público en torno a los 50 años o mayor, puesto que aquí, años atrás, la literatura francesa tenía una presencia muy importante, entre otras cosas porque la lengua extranjera por excelencia de hace más de 50 años era el francés. Esta situación cambió bastante cuando llegó la moda anglosajona: la literatura de habla inglesa, así como el propio idioma inglés, terminaron imponiéndose y eclipsaron parte de esa tradición literaria francesa que tanta presencia había tenido. Porque existe un público que proviene de esa tradición francófona a la que, como te he dicho, yo también me inscribo, la publicación de un clásico contemporáneo siempre tiene más llegada respecto a la llegada que pueda tener un autor actual. Asimismo, de un clásico contemporáneo la prensa se hace eco en seguida, en concreto si hablamos, no sólo de un autor conocido y reconocido, sino de un título correcto, de una reedición con garantías, es decir con una nueva y más cuidada traducción, o de una reedición acompañada de un valor añadido, por ejemplo, la ilustración. En estos casos y dentro de su orden, la obra suele funcionar. Autores como Cocteau o Duras funcionan siempre.

Cuando publicáis autores actuales franceses, como Jérôme Ferrari, premio Gouncourt 2012, ¿resulta más difícil llegar al público lector?

Por lo general sí, aunque también es cierto que cuando traes un autor nuevo francés, si viene apoyado por un premio, como puede ser el Gouncourt, puedes tener una buena recepción por parte de los lectores, ya que, por lo general, los lectores, pero también la prensa, se apoyan mucho en este tipo de insignias, los premios dan confianza de calidad. Por lo contrario, como editor te la juegas completamente cuando traes autores que son singulares, que todavía no han tenido una fama internacional o que no están respaldados por los premios.

No son pocos los editores que comentan que esta dificultad también se tiene al publicar nuevos autores españoles. Tú has publicado autores jóvenes como Ángela Medina y Eduardo Laporte, ¿has notado que nos cuesta particularmente asumir nuevas voces literarias?

Sí, por lo general cuesta bastante y, tanto en el caso de Ángela Medina como el de Eduardo Laporte, son autores muy jóvenes y evidentemente la dificultad está ahí, pero creo también que es una cuestión de tiempo; los autores deben asentarse y encontrar sus lectores y para ello es necesario que transcurra algo de tiempo. No hay que olvidar, además, que ahora resulta algo más fácil introducir en el campo literario nuevas voces respecto a cuando empezamos con Demipage, pues por entonces no había redes sociales ni tampoco determinadas plataformas de visualización, que son muy útiles para que el autor se dé a conocer. Y, como te decía en relación a Medina y Laporte, creo que es cuestión de tiempo, de ir creciendo y encontrando cada uno sus lectores: ahora publicamos la última novela de Juan García Armendáriz, un autor de 50 años que ya ha publicado cuatro o cinco libros con nosotros. Con el paso del tiempo, hemos visto no sólo la evolución del escritor, sino como se va asentando a medida también de que la editorial ha ido creciendo y, por tanto, hemos visto cómo ha ido encontrando lectores. Una editorial va adquiriendo lectores y bagaje con el tiempo, de la misma manera que el autor va encontrando sus lectores y se va asentando.

Cuando entrevisté, también para ‘El Asombrario’, a Donatella Iannuzzi, de Gallo Nero, y a Diego Moreno, de Nórdica, los dos comentaron la importancia de crear una propia marca editorial, conseguir que el lector se fíe del criterio editorial y, por tanto, que sus libros se conviertan en sinónimo de calidad.

Efectivamente, este es el gran quid de la cuestión: más que dejarse llevar por tener más visibilidad, por estar en todos los escaparates o por vender muchos libros, de lo que se trata es de tener un catálogo lo más afinado posible, porque es a partir del catálogo que te creas tu nicho, tus seguidores.

Una de la maneras de configurar este nicho, ¿es publicar, como habéis hecho con Armendáriz, un mismo autor varias veces y trazar así un recorrido conjunto, editorial y autor?

Yo entiendo que el escritor tiene que ir creciendo a medida que crece la editorial, se trata de llevar a cabo un trabajo conjunto y, efectivamente, con Juan García Armendáriz esto ha sido y es posible. Sin embargo, no nos engañemos, no siempre es posible trazar este recorrido conjunto: a las pequeñas editoriales, con frecuencia, nos pasa que descubrimos un autor con gran potencial que, con el tiempo, termina en manos de las editoriales potentes, de los grandes grupos, que se lo llevan. Esto forma parte del juego, no hay que hacerse mala sangre por ello.

Me gustaría preguntarte por Félix Francisco Casanova, sin duda uno de los autores más especiales y literariamente más potentes de vuestro catálogo.

Fue un descubrimiento de cara al público, puesto que Félix Francisco Casanova era un autor de los años setenta que murió en extrañas circunstancias: en un primer momento, se construyó un mito a su alrededor, un mito que la prensa utilizó para darle espacio en las páginas de los periódicos durante un tiempo, pero luego fue olvidado. Casanova es una singularidad de la que nos orgullecemos: cuando decidimos publicarlo, se trataba de un autor completamente desaparecido que, de repente, al reaparecer en los estantes de la librería, casi como una completa novedad, fue reivindicado por los autores de su generación, que, sin embargo, durante años se habían olvidado de él.

Lo curioso es que los primeros en reivindicar a Casanova fueron los autores más jóvenes; de hecho, Luna Miguel prologa ,Yo hubiera o hubiese amado’.

Sí, exacto. Es un autor de los últimos años del franquismo; si bien en Canarias se podían encontrar círculos de mayor libertad respecto a la península, Casanova representaba una libertad y, en cierto modo, una transgresión por entonces inaudita y que, lógicamente, es reivindicada, ahora, 40 años después, por los más jóvenes. Casanova es una especie de Jim Morrison de la literatura española, un autor que nadie conocía y que, de repente, se convierte en un autor de culto. Para Demipage es una suerte tener a un autor como él en el catálogo, ojalá hubiera más Félix Francisco Casanova.

Imagino que publicar autores ya consagrados asegura y da tranquilidad a la editorial, y permite apostar por nuevas voces o por autores desconocidos para el público.

Hay que tratar siempre de rentabilizar y, sin duda, debes saber por dónde te mueves, pero también es cierto que hubo un momento, hace algunos años, en el que las pequeñas editoriales pecamos dejándonos llevar por la estructura del mercado tal y como está concebida: me refiero a esta ola de novedades constantes, a esta ola que empuja a presentar novedades constantemente y, por tanto, a publicar cuatro o cinco títulos al mes. Esta ola estuvo a punto de matarnos a todos, pues nos llevó a publicar a un ritmo que no era el nuestro y a convertirnos en víctimas de nuestro propio sistema de publicación.

¿Tuviste, por tanto, que cambiar el ritmo de publicaciones?

Sí, ahora esto ha cambiado, al menos en Demipage hemos cambiado radicalmente: publicamos entre 12 y 15 libros al año, libros de los que estamos completamente seguros; respetamos nuestro propio ritmo de publicación a la vez que respetamos los tiempos que el autor necesita. Creo que el catálogo se fortalece más por afinar con el autor y con el título que por la rentabilidad que se pueda obtener con un determinado título, puesto que es el afinar y el cuidar la elección lo que a la larga hará que tu catálogo esté más limpio y, sobre todo, hará que en tu catálogo sólo haya libros de los que te sientas orgulloso.

En el artículo de presentación de ‘El Buen Salvaje’, escribías: “La creencia en la cultura, en el espíritu, el odio a los profesores y a los sistemas“. ¿Esta reivindicación de una cultura heterodoxa, alejada de los cánones, sirve también para definir el proyecto Demipage?

Sí, por supuesto que sí. La verdad es que en la labor cultural que nos corresponde, si es que nos corresponde alguna, por supuesto que Demipage es heterodoxa, por supuesto que es subjetiva, es una editorial que no se propone ofrecer más de lo mismo: nuestra labor es la de ofrecer obras y autores que no están. Evidentemente, esta labor que nosotros consideramos ineludible nos enfrenta a muchos problemas, como puede ser el de las ventas y el de la no siempre respuesta por parte de los medios de comunicación y de los lectores; dicho esto, también creo que a largo plazo nuestro reconocimiento vendrá justamente por haber apostado, por haber propuesto cosas que nadie más proponía, independientemente del éxito inmediato que se pueda tener. Tratas de acertar en la elección de obras que publicas, tratas de ofrecer al lector géneros, estilos y temáticas que le interesen, pero tratas también de descubrirle nuevas cosas, abrirle caminos antes desconocidos huyendo, sin lugar a dudas, de dogmas o de la academia.

¿Podríamos, por tanto, hablar de una función ética del editor?

No nos cabe otra solución por nuestra propia supervivencia; creo firmemente que nuestra supervivencia pasa por tener un enfoque ético de la literatura y de lo que es y debe representar una editorial.

En este compromiso de abrir caminos nuevos y huir de dogmas academicistas, está vuestra apuesta por la novela gráfica, cuando todavía, a diferencia de hoy, era considerada un género menor proveniente de la cultura ‘underground’.

Yo, desde siempre, he sido un gran lector de cómic y mi biblioteca está muy bien alimentada de los cómics de los años setenta, ochenta y noventa; seguramente esto explica, al menos en parte, que Demipage apostara por la novela gráfica desde el primer momento. A nosotros siempre nos interesó trabajar este género narrativo y queríamos trabajarlo desde la mayor creatividad posible, aun sabiendo que, por lo menos cuando empezamos, la presencia de este género de libros era casi anecdótica. Con los años, puedo decir que la novela gráfica y la ilustración forman parte esencial y estructural de Demipage, la definen como editorial.

En los últimos años, la ilustración ha adquirido protagonismos, no sólo como género narrativo sino también, no sé si estarás de acuerdo, como una forma de revalorizar el libro a través de la belleza estética en un momento de crisis del papel.

En parte sí, pero no sería tan contundente, la ilustración siempre ha formado parte del mundo del libro, no creo que su protagonismo se deba solamente a la crisis del papel. Creo, además, que, si hablamos de ilustración, tenemos que discernir entre dos tipos de conceptos: por un lado, tenemos aquella ilustración que el mundo editorial ha asociado a la literatura clásica y que ha sido concebida como una forma de popularización de la literatura clásica; se trata de una idea que existe desde siempre y que editores como Diego Moreno (Nórdica) llevan a cabo muy bien. Y, por otro lado, está la novela gráfica, cuya proliferación ha supuesto que muchas editoriales, de tipo generalista, se hayan interesado por este género, publicando lo que es mainstream, trayendo del extranjero aquello que es un éxito seguro.

Una política de publicación de la que Demipage se aleja completamente.

Sí, Demipage no responde a esta política, pero esto no quiere decir que no respete y comprenda la política de publicación de estas editoriales generalistas. Me parece bien lo que hacen, aunque es cierto también que siempre he echado de menos una creación propia: reivindico Demipage en cuanto siempre que nos hemos ocupado de novela gráfica, hemos hecho libros de creación, nunca era compra de derechos del extranjero. Creímos desde el principio que había que jugarse el todo por el todo y que había que proponer libros de creación propia.

Dices que la ilustración no debe leerse sólo a partir de la crisis del papel, pero antes hablabas de la importancia de ofrecer un plus a los lectores. ¿No crees que la ilustración y el diseño más cuidado del libro responden en parte a la voluntad de ofrecer este plus?

Sí, hay que ofrecer un plus, pero la ilustración siempre ha existido y, sobre todo, un libro tiene que estar bien hecho, independientemente de si tiene ilustración o no. Para mí el objeto-libro es muy importante y, cuanto mejor esté concebido y más calidad tenga, más convencerá al lector que, seguramente, terminará por llevárselo. Un libro tiene que estar bien hecho, siempre; incluso en nuestra colección más básica, pensamos el libro como un objeto que debe estar bien hecho, puede ser un objeto humilde, pero tiene que tener algo de por sí, algo que envuelva al autor y al texto en el que tú como editor has creído.

Francia es reconocida por la sobriedad de sus ediciones, ¿allí el hábito de la lectura está tan arraigado que no es necesario seducir en exceso a los lectores?

Por supuesto, es una cuestión cultural: Francia, como decíamos antes, tiene un contexto cultural envidiable que nada tiene que ver con el que tenemos aquí. Publicar libros con cubiertas tipográficas, como hacemos en ocasiones nosotros, no es muy común en España, al contrario que en Francia o en Italia. En estos dos países se publica habitualmente con portadas tipográficas y los lectores no se sienten ofendidos, al contrario; pero también es cierto que las editoriales francesas e italianas hacen auténticas obras maestras dentro de la sobriedad que las define.

Tu trayectoria editorial es paralela a tu trayectoria musical: en ambos casos huiste de las grandes plataformas en busca de independencia. ¿El ‘hazlo tú mismo’ es la única manera de tener esa independencia que el mercado parece negar?

El problema es que ahora no hay posibilidad alguna de que alguien te financie tus proyectos tal y como tú quieres desarrollarlos. Esto hace que en el momento de editar por tu cuenta, ya sea literatura o música, debes pensar muy bien cuál será tu elección. Además, por lo general, si quieres desarrollar un proyecto con una determinada calidad y un gran cuidado en la elección, es muy difícil, pensando en el ámbito de la música, encontrar el respaldo de una discográfica que respete ese tiempo. A ello se suma que si tienes mucho éxito con un trabajo y caes simpático al público, se te impone la exigencia de estar constantemente escupiendo material y esto hace que las carreras sean muy cortas. Lo único por tanto que te permite mantener en la brecha, siendo honesto con lo que tú quieres hacer, es hacerlo tú mismo, con tus tiempos, a pesar de las problemáticas que esto conlleva; implica muchas más complicaciones, ante todo porque te obliga a ocuparte de aspectos que nada tienen que ver con la creación. Sin embargo, es así, esta es la situación.

Se trata de salir del mercado para luego volver a entrar en él y ocupar el lugar que se desea…

Sí, se trata de esto, y te digo más: a nosotros no nos queda otro remedio. Y cuando digo nosotros, no me refiero sólo al mundo de la literatura o la música, también los periódicos han tenido que hacer un recorrido similar. Pensemos por ejemplo en El Asombrario; es un ejemplo de cómo hay que ir haciendo las cosas: te posicionas al margen para luego volver a entrar en el meollo del asunto.

Este posicionarse en los márgenes lo reivindicabas en el artículo de presentación de ‘El Buen Salvaje’, donde abogabas por la contradicción cultural y la insolencia.

Yo no tengo tanto talento como Pasolini, que es uno de mis ejemplos preferidos, pero se trata de eso, de intentar imitar un poco a Pasolini: se trata de entender las cosas para luego romperlas y criticarlas, porque sólo con una comprensión previa, una comprensión profunda, es posible la crítica y la ruptura. Y la contradicción es inherente a este proceso y a todo; yo no entiendo la vida sin duda ni contradicción, pues son, al menos en mi opinión, dos de los principios claves de la reflexión.

Este espíritu de crítica y de anticonformismo lo representa Hubert Haddad, un autor del que habéis publicado tres obras: ‘Palestina’, ‘Viento de Primavera’ y ‘Opium Poppy’.

Es un autor muy interesante y debería conocerse más, sobre todo ante lo que ha sucedido últimamente en Francia, en concreto tras el atentado contra Charlie Hebdo. El mundo que representa es extremadamente singular; tener orígenes judeo-árabes le confiere una singularidad en relación a cómo abordar los problemas del mundo actual, los problemas en el mundo árabe y los problemas en Occidente. Me parece una voz interesantísima, es alguien con unas enormes capacidades intelectuales y creativas, implicado siempre en la búsqueda de la identidad.

Hubert Haddad parece representar el carácter de Demipage: diálogo con el presente desde una posición crítica, incómoda.

Sí, la literatura social, aunque es un concepto que no me gusta mucho, es la que para mí tiene el máximo interés en todos los aspectos.

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Sobre el autor

Anna María Iglesia
Anna Maria Iglesia quiso hacer periodismo, pero la literatura la atrapó. Se decidió por la filología, aunque pronto se dio cuenta que aquel estudio todavía tan historicista no era su camino, así que tras licenciarse en filología italiana se adentró en la teoría literaria y en la literatura comparada. Se volvió a licenciar, está vez en teoría de la literatura y literatura comparada y no contenta decidió proseguir con el master, la tesina hasta llegar al doctorado. Desde hace dos años y medios se pelea cada día con una tesis a medio hacer acerca del concepto de espacio público y de espacio privado como construcción narrativa. No soporta que le pregunten, "¿y cuándo la defiendes?". Al mismo tiempo, contrarresta la soledad de la doctoranda, colaborando con distintos medios, como Revista de Letras, Culturamas, El Cotidiano o el Núvol; en todos ellos alterna artículos culturales, desde reseñas de libros, reportajes sobre obras teatrales hasta reflexiones críticas vinculadas al ámbito de la literatura, del teatro o, en ocasiones, del cine, con entrevistas, su verdadera pasión. Y es que nada le agrada más que acrecentar su horizonte a través de largas conversaciones: escribir y hablar la definen. Twitter @AnnaMIglesia

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