17.10.2019

“La crisis climática traerá más líderes populistas como Trump y Bolsonaro”

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El periodista estadounidense David Wallace-Wells, autor del libro ‘El planeta inhóspito’. Foto: R. M. Tristán.

Algunos podrían decir que David Wallace-Wells es un catastrofista, o un pesimista. Cuando se lee su obra El Planeta Inhóspito (Ed. Debate), sin embargo, lo que queda claro es que muchos miles de científicos recabando datos desde hace décadas en toda la Tierra no pueden estar equivocados y que este periodista de la New York Magazine ha sabido reunir muchos de estos trabajos para hacer un retrato crudo, pero real, del mundo que estamos creando. ‘El Asombrario’ ha hablado con él. Y alerta no solo del calentamiento global. Cree que la crisis climática traerá más peligrosos líderes populistas y ultranacionalistas al estilo de Trump y Bolsonaro.

Wallace-Wells, que confiesa que nunca antes se sintió ecologista, se acercó al peliagudo tema del cambio climático a raíz de un reportaje, hace unos años. Y decidió no ser complaciente y contar las cosas como son. Comenzando por lo que llama “elementos del caos” (muerte por calor, incendios, hambrunas, violencia, plagas, etcétera) y acabando por la “ética del fin de los tiempos”. Recibe a El Asombrario a su paso por Madrid, pocos días después de las grandes movilizaciones por el clima, que sacaron a las calles del mundo a más de 7 millones de personas.

Tras escribir este libro, ¿sigues sin sentirte ecologista?

Cualquiera que mire a los ojos de la crisis climática cambia la perspectiva. En realidad, me siento un chovinista humano porque me interesa sobre todo el bienestar de mi especie, pero ahora conozco lo suficiente de la interacción del mundo natural y el humano y puedo decir que sin el primero no sobreviviremos. Y sigo siendo periodista, aunque cada vez me veo más activista.

En septiembre ha habido grandes movilizaciones por el clima. No se hablaba tanto de ello desde el documental de Al Gore de 2006. ¿Qué ha pasado en estos años?

Entre un momento y otro hubo una recesión económica que fue un bofetón al cambio climático porque la gente dio prioridad a otras cosas. Además, en 2006 era futuro y ahora es presente: en los dos últimos veranos en el hemisferio norte, cada semana ha habido un evento climático. Ha cambiado también la tecnología: ahora tenemos energías renovables que son más baratas que las energías sucias. Y, por último, la intensidad de la preocupación de la gente va a más y no hablo de que haya más público preocupado, sino de que son más los que ven la urgencia. Aún son pocos, pero más que hace 30 años. Por último, surgió Greta Thunberg. Una movilización a gran escala como la última era impensable hace poco. La cuestión es que nos quedamos sin tiempo y las emisiones siguen aumentando y será imposible no alcanzar los 2ºC , que causarán mucho sufrimiento en todo el mundo.

Si vamos progresando, ¿cómo se explica la aparición de líderes como Trump o Bolsonaro en países donde convencen a sus votantes?

Ambos son villanos del clima. Cometen delitos contra el futuro de la humanidad. Y es un nuevo tipo de respuesta porque no son negacionistas sino que actúan por intereses nacionales, presiones que se van a intensificar. No me extrañaría ver más líderes como ellos en el futuro que subrayen su responsabilidad con sus ciudadanos y olviden al resto del mundo. Pero la geopolítica del clima es muy problemática, porque no se puede proteger del calentamiento a unos ciudadanos y un territorio. Es global. Y me preocupa que haya países que se dan de baja de instituciones internacionales, tener un universo en el que será más difícil coordinar las acciones sobre el clima que hace 10 años. No olvidemos que Trump no ganó por votos y que Bolsonaro lo hizo por los problemas de Lula, pero da miedo el aumento de la xenofobia porque, incluso entre mis amigos progresistas, veo que cuesta reconocer el sufrimiento en otros países.

Ante esta situación, ¿qué papel debemos tener los comunicadores?

Es complicado. Creo que no hay una fórmula para contar esta historia porque distintas personas responden a diferentes historias. Lo cierto es que durante mucho tiempo, periodistas, científicos y defensores ambientales no fueron

sinceros con lo que sabían que nos iba a tocar y la ciudadanía no era consciente de la emergencia que se cernía sobre nosotros. En el último año esto ha cambiado, a raíz del informe del IPCC, mucho más alarmista; ese fue el inicio del nuevo capítulo de la política del clima que ha producido más movimientos y debates sobre los límites a las emisiones en Reino Unido o el norte de Europa. Y no digo que la retórica alarmista sea mejor, pero sí creo que durante mucho tiempo no se ha hablado sinceramente de lo mal que íbamos a estar.

Hay quien defiende que ese alarmismo genera un miedo paralizante. ¿No es un riesgo?

Es que la ciencia es alarmante y el periodista debe ser transparente al comunicarla. Sería paternalista masticar lo que sabemos para la audiencia. Muchas encuestas reflejan que el público quiere más repuestas que nuestros líderes, que muchos confían más en los científicos que en esos líderes. Cuando viajo, veo gente autocomplaciente y personas que se hunden al ver lo que se avecina y podrían tirar la toalla, pero tenemos que despertar al mundo para que se implique y exija nuevas políticas. Y creo que el miedo es importante porque es mi historia. Yo era autocomplaciente y me comprometí porque me dio miedo conocer el futuro. También miré atrás y vi que en el pasado hubo progresos en casos de alarma. Estados Unidos participó en la II Guerra Mundial para evitar un final catastrófico, por temor. Ahora, tras 30 años sin progresos, el IPCC lanzó una alerta y estamos ante un paisaje distinto. Greta nos dice que la casa ya está ardiendo. Y creo que esto es exagerado, pero lo cierto es que ahora más personas se comprometen de forma más intensa para exigir a los líderes cambios que, aunque parezcan inimaginables, no lo son.

¿Crees que los líderes se toman en serio estas demandas de cambios tan intensos en el sistema global?

Creo que, hasta la fecha, la respuesta de las naciones es inadecuada. Nos encontramos en crisis por la indiferencia de los líderes políticos, económicos, culturales… Nos han defraudado. Igual son precisos unos años para cambiar las cosas. En mi país, gracias a las movilizaciones se debate el tema, en Reino Unido se ha declarado la urgencia de reducir la emisiones, en la UE se dedica dinero al medioambiente… Es verdad que muchos son compromisos vacíos y que en el pasado no se cumplieron, pero son signos de progreso respecto a hace sólo dos años. Las protestas son valiosas. Hace unos años alguien que quisiera reorientar su vida no sabía cómo hacerlo. Ahora sí, pueden sumarse al movimiento.

¿Por dónde empezar para que el planeta sea habitable dentro de un siglo?

Hay que eliminar el carbono lo más rápido que podamos. Eso es lo más complejo. Y las energías renovables son la mejor opción para que inviertan los Estados. El FMI estima que en todo el mundo financiamos los combustibles fósiles con 5.200 millones de euros y hay expertos que estiman que con un 12% de esa financiación hacia las renovables en poco tiempo se renovaría el sistema energético. Hoy no tenemos la capacidad renovable para cubrir la demanda energética global, pero si empezamos a desplegarla sería posible sustituir fuentes contaminantes. También necesitaríamos la nuclear para reducir parte de la carga, pero la eólica y la solar son los caminos a transitar. Pero no se trata solo de la electricidad, sino de renovar sectores como las infraestructuras, transportes, agricultura… Es un reto avasallador porque se trata de llegar a cero emisiones. Aunque sólo produzcamos un 10% de las emisiones actuales, el planeta se calentará y llegará a los 4º o 5º C. Por ello es precisa una solución sistémica y global, o muchas soluciones. Sin embargo, me temo que serán inadecuadas y no tendremos tiempo para desplegarlas.

¿Qué opinas del Acuerdo de París?

Me gustaría tener fe en este tipo de instrumentos, pero ni un país ha respetado lo acordado y han pasado tres años. En diciembre van a reunirse en Chile y, como no han hecho nada, no sé cómo van a evaluar los compromisos del futuro. Ahora no veo un camino para que las acciones de todos los países se coordinen de forma eficaz. Un Trump o un Bolsonaro nos dicen que en un mundo dañado por el cambio climático surgirán líderes que se saldrán de la perspectiva humanitaria universal y abrazarán un cálculo nacionalista, poniendo en peligro el control del calentamiento y obviando el sufrimiento humano. Es de necios pensar que vamos a vivir como hoy. Yo ya consideraría un éxito si llegamos a los 2ºC de aumento.

¿Y qué futuro ves a la especie humana en un planeta inhóspito?

Creo que el escenario de una extinción masiva de la Humanidad requiere muchos siglos y una total indiferencia al sufrimiento de todas las especies. Pero lo cierto es que en muchos lugares de la Tierra se viven ya situaciones inaceptables que vemos desde Occidente como normales. Un estudio explica que medio grado más mataría a 153 millones de personas. Y nadie quiere un mundo con 25 holocaustos, pero ahora cada año nueve millones de personas mueren por la contaminación del aire y el dato no está en boca de los políticos. Desde una visión más global, los seres humanos son adaptables, lo es nuestra civilización, pero eso tiene que ver con el crecimiento tecnológico y económico, un progreso que ha sido potenciado por combustibles fósiles. ¿Habrá progreso sin ellos? Sí, aunque no un 4% al año. Hay estudios que dicen que el mundo tendrá un PIB 30 veces menor sin combustibles fósiles. Cuesta imaginar cómo responderemos a esta crisis. Creo que la civilización sobrevivirá y tendremos tanta población como hoy, pero con otra forma de vida. Y el siglo XXI será recordado como el siglo del clima en el que todas las formas de vida se vieron afectadas por ese clima.

  COMPROMETIDA CON EL MEDIO AMBIENTE, HACE SOSTENIBLE ‘EL ASOMBRARIO’.

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Sobre el autor


Periodista. Ciudadana sin fronteras. En el diario El Mundo durante 22 años. La ciencia y el conocimiento de la Tierra y sus gentes, mis pasiones. Viajera incansable. Puedes seguirme en Twitter en @RosaTristán

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