01.08.2018

Demagogia contra la inmigración: nuestros pobres, primero

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Foto: Diego Lara.

Foto: Diego Lara.

Los nuevos puntales de la derecha española, Casado y Rivera, se han apuntado en los últimos días a la corriente europea de populismo identitario para meter miedo frente al extranjero, el diferente, y defender “lo nuestro”, algo que no necesita de más argumentos para sacar rédito electoral. Miramos al mar y este verano nos devuelve dolor y demagogia, simplismo y pocas miras de futuro. Javier Alberdi reflexiona sobre las mentiras de este discurso xenófobo.

Cada vez resulta más habitual encontrar en redes sociales reivindicaciones en favor de los “mendigos españoles” por parte de usuarios cuyos historiales de mensajes distan mucho de una actitud compasiva. La explicación a esta incongruencia radica en que el énfasis de esta presunta indignación no se fundamenta en las carencias que padecen los marginados sino en su nacionalidad. “Nuestros pobres, primero”, precisan en un simulacro de solidaridad.

En la actualidad, asistimos a una reafirmación del discurso del nosotros – en oposición al ellos- y en consecuencia a la exaltación y defensa de su derivado, “lo nuestro”: nuestra nación, nuestra gente, nuestra cultura, nuestras calles, nuestros trabajos, nuestros recursos públicos y, alcanzando el máximo grado de cinismo, “nuestros pobres”, aquellos que por definición difícilmente encajan en el ámbito de lo colectivo en tanto que si lo son es, precisamente, por haber sido abandonados por una sociedad inmisericorde.

Estas manifestaciones no suponen más que otra muestra del creciente rechazo hacia la diversidad que desde hace tiempo espolean frentes populistas que tratan de achacar a los procesos migratorios la mayoría de los males que padecen nuestras sociedades. Los llamados partidos identitarios han alcanzado una gran relevancia en la mayoría de parlamentos europeos y su influencia resultó vital en el triunfo del Brexit.

El declive económico auspiciado por la Gran Recesión en 2008 y el consiguiente debilitamiento del Estado del Bienestar, así como la pérdida de legitimidad de los partidos políticos tradicionales, fue el caldo de cultivo para la expansión de estas corrientes nacionalistas de carácter excluyente.

La vieja fórmula del enemigo exterior se ha demostrado muy efectiva mediante una incesante campaña de prejuicios falsos que, gracias al influjo de las redes sociales, han adquirido, para muchos, grado de verdad. En síntesis son: La inmigración aumenta el paro y la precariedad laboral, priva a los autóctonos de recursos públicos e incide en una mayor criminalidad. Las versiones más radicales todavía suben un poco más, si cabe, el grado de paranoia: las corrientes migratorias son una “invasión camuflada”, producto de un complot “orquestado para destruir el paisaje religioso y cultural de Europa y alterar sus cimientos étnicos y cuyo objetivo último es la eliminación de los Estados nación”, según palabras del primer ministro Viktor Orban en el discurso del día de la independencia de Hungría, en 2016, y que se ha convertido en toda una referencia para el identitarismo europeo.

Aunque si hay un personaje icónico para este movimiento, ese no es otro que Donald Trump. El actual presidente de Estados Unidos ha azuzado la xenofobia con descalificaciones hacia mexicanos y musulmanes, mediante decisiones tan controvertidas como la construcción del muro en la frontera con México o la reciente polémica por la separación de miles de niños de sus padres tras haber entrado ilegalmente en el país. De nada ha servido que gran parte de la sociedad estadounidense se haya manifestado en contra de esas medidas por considerarlas contrarias a los valores de un nación que es producto de una inmigración continuada desde su fundación. O que el conjunto de restricciones ya implementadas no hayan tenido ningún impacto positivo en la disminución del desempleo y ni mucho menos en un descenso de la delincuencia, un factor que Trump –en arreglo a la doctrina esencialista- también ha pretendido vincular, injustificadamente, a los recién llegados.

Y es que los argumentos esgrimidos tanto por el presidente norteamericano como por otros políticos xenófobos europeos no se ajustan a la verdad. Los estudios académicos corroboran, casi sin excepción, una relación entre inmigración y prosperidad. Las grandes corrientes migratorias están directamente relacionadas con periodos de crecimiento económico y reducción del paro. Podríamos afirmar que no hay mejor barómetro para medir el vigor de una economía que el saldo de inmigración.

Los inmigrantes son mano de obra productiva, pero también ciudadanos que pagan impuestos, consumen y crean nuevos negocios, que reactivan, por tanto, la economía y que aportan un saldo positivo a las arcas del Estado. Trabajadores, además, que en su gran mayoría se emplean en sectores con carencia de mano de obra autóctona. La paradoja reside en que, dado el acusado envejecimiento de los Estados más desarrollados, en un futuro el objetivo no será poner barreras sino competir para atraer a esos trabajadores, como desde hace años hacen países como Alemania y Canadá, sin que eso haya afectado negativamente ni a sus índices de paro -que son residuales- ni a la fortaleza de sus economías.

La creencia en una preponderancia de la inmigración irregular es otro de los mitos no fundados que han calado en la sociedad. Aunque la crisis de los refugiados suscitada por las guerras de Siria, Irak y Afganistán o la conflictividad en el Sahel han propiciado grandes desplazamientos, no por ello deja de ser una circunstancia porcentualmente minoritaria respecto a las cifras de inmigración globales (en España 9 de cada 10 inmigrantes están legalizados). La mayor parte de refugiados no tiene capacidad para desplazarse y permanecen en los países limítrofes a los conflictos. El 85% de los refugiados viven en países en desarrollo y solo uno entre los diez con mayor número de acogidas escapa a esa condición: Alemania, que ocupa la sexta posición.

Ello no impide la percepción de muchos ciudadanos occidentales de estar asumiendo actualmente un coste inadmisible respecto a una problemática que consideran no va con ellos. Pero, más allá de la conciencia de cada uno y de la responsabilidad que tenga Occidente en la situación de estos países – que difícilmente estará exenta de toda culpa-, un refugiado no es un emigrante en busca de trabajo, sino una persona que huye de una muerte casi segura. El derecho de asilo no es, como muchos creen, una ayuda que se otorga como un favor, sino un derecho que asiste legalmente a un perseguido en situación de riesgo, en arreglo a la Convención de Ginebra de 1951, que suscribieron todos los países de la Unión Europea.

Aun así, a muchas personas, bajo el influjo de estos discursos identitarios, no parece importarles que una gran cantidad de seres humanos sean asesinados, torturados, violados, esclavizados, forzados a la explotación sexual o que se expongan a morir ahogados en un intento de huir de la tragedia que les expulsó de sus hogares y del horror que sufren en los sitios de paso donde las mafias se enriquecen con ellos; como tampoco les importa la falsedad del discurso economicista y criminal en torno a los emigrados y que también utilizan para la construcción de un miedo social cuyo fin último es estigmatizar al que es distinto. Y es que lo que subyace sustancialmente bajo estas soflamas es un miedo a la pérdida de la identidad cultural como resultado de una cohabitación de realidades diferentes.

Las formaciones euroescépticas apuntan a la inmigración como un aspecto más de una globalización que amenaza con diluir las identidades nacionales y por ello reclaman el blindaje de las fronteras para frenar esta escalada. Pero los movimientos migratorios son tan antiguos como la propia Humanidad; rara vez en la historia se han conseguido regular por la técnica del cerrojo y el fenómeno de la globalización no responde más que al aumento exponencial de las interacciones, derivado del avance de las tecnologías de la información. Aislarse hoy en día resulta sencillamente imposible.

Las identidades colectivas no son más que unos rasgos específicos (idiomáticos, culturales, religiosos…) delimitados por una esfera de sociabilización concreta estabilizada durante un periodo de tiempo. Pero esa tendencia choca de lleno con la organización del mundo moderno. La evolución vertiginosa de las comunicaciones, alrededor de todo el planeta, nos induce a pensar que en un futuro lejano se tenderá a una cierta uniformidad. Lo que cabe plantearse ahora es si nuestra identidad presente constituye una esencia que debemos priorizar y defender, por encima incluso de las vidas de otros seres humanos con los que no compartimos la misma.

Según el biólogo Mark Pagel, profesor y jefe del Grupo de Biología Evolutiva de la Universidad de Reading (Reino Unido), el motivo por el que los humanos evolucionaron más que el resto de las especies se debe a lo que se conoce como la adaptación cultural acumulada que proporcionó el uso del lenguaje. Gracias a esta “tecnología social” nuestra especie adquirió, hace 200.000 años, una nueva y poderosa capacidad: la cooperación. Si los hombres hemos evolucionado ha sido gracias a nuestra capacidad de comunicación, que nos permite transmitir ideas propias y adoptar ajenas. De no haberlo hecho hubiéramos corrido la misma suerte evolutiva que los neandertales. El lenguaje abrió esa esfera que nos permitió compartir conocimientos, resolver crisis, llegar a acuerdos, cerrar tratos y coordinarnos. La cooperación fue el salto evolutivo más grande hacia la civilización y constituye por tanto el factor diferencial del ser humano. Nuestra única y verdadera esencia. Pongámosla en práctica.

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Sobre el autor

Javier Alberdi
"Aunque casi toda su vida profesional se ha centrado en el ámbito de las tecnologías, no hace mucho decidió dar un giro y orientarse hacia aquello que verdaderamente le apasionaba: escribir y comunicar. Entusiasta de cualquier aspecto que tenga que ver con el pensamiento y la expresión artística, en la actualidad colabora con varios medios y trabaja en un proyecto editorial compartido, así como en una novela propia. Su Twitter: @javieralberdi Su blog: javieralberdiblog.com

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10 comentarios

  • El 01.08.2018 , Juan Díez Sánchez ha comentado:

    Lo puedes adornar como te venga bien, pero la inmigración será, bueno, es, uno de los principales problemas que tenemos en Europa, y lo sabes, lo que pasa que la guays sois así, barra libre pero entre todos , que sale mejor.
    Cuando esté lleno de tercer mundo, seremos tercer mundo, y luego a llorar.
    Para los que no lo entendéis ver en Youtube
    ” inmigración y bolas de chicle” . Y si no lo entendéis, es que no hay.

  • El 01.08.2018 , c ha comentado:

    Creo que lo importante de la inmigración es

    para y como se maneje no si se rescatan-entran o no,
    No es lo mismo usarlos para bajar salarios y derechos como Aznar-PP hizo
    que integrarles por que se puede y falta demografia y traen riqueza
    en base a comercio-cultura etc .

    y que las multinacionales causantes de éxodos a base
    de contaminación y esquilmar recursos
    con gobiernos locales cómplices que no dudan
    en montar guerras tribales-etc para echar a la gente,
    paguen lo que han hecho y sus consecuencias,
    por que ahora es darles otro rescate :
    ellos crean los exodos, se forran pero es la gente-UE quien paga por acoger-etc.
    No hay derecho que se forren pero luego ni siquiera paguen impuestos debidamente
    cuando lo mismo que hay un impuesto por contaminar, se debe imponer otro por
    por provocar exodos, que se destinen recursos a acoger etc a esa gente
    ademas de ayudas al desarrollo de esos paises.

    Otro debate polarizado al máximo ademas de
    manipulado con mentiras por parte de la derecha

  • El 01.08.2018 , c ha comentado:

    Los refugiados generan un impacto económico positivo en Europa : http://cadenaser.com/ser/2018/06/20/internacional/1529527225_878075.html

  • El 01.08.2018 , Pilar Gómez ha comentado:

    Muy buen artículo! Aunque echo en falta un par de aclaraciones de a qué se debió y porqué se perpetúa la crisis económica. Ya que estos partidos identitarios suelen ser, precisamente, los partidos que apoyan políticas neoliberales. Son este tipo de políticas las que realmente perjudican a “nuestros pobres” (y a la población trabajadora en general) y no que haya más o menos inmigración.

  • El 13.08.2018 , andrenio ha comentado:

    LA demagogia del PP es que despues de traer millones de inmigrantes con Aznar y seguir trayendo y nacionalizando inmigrantes con Rajoy ahora se apunten al discruso antiinmigracion, hacen una cosa y pregonan otra….

  • El 13.08.2018 , andrenio ha comentado:

    Que en 2018 hayan llegado a España 23.993 africanos no es poco, mas que en todo el año pasado……

    El verdadero ESCÁNDALO es que con 3.5 millones de parados, 6 millones reales y 14 millones de pobres tengamos 5 millones de inmigrantes que PP y POSE trajeron para BAJARNOS los salarios y hacernos reformas laborales con la EXCUSA de que no hay trabajo para todos…, es un ESCANDALO que:

    – en 2017 hayan entrado 532.482 inmigrantes

    – tengamos 4.273.130 inmigrantes de fuera de la UE

    – entre 2008 y 2017, PLENA CRISIS, hayan entrado en España 3.903.698 inmigrantes , entre ellos 551.174 africanos

    – entre 2005 y 2018 haya entrado de forma irregular en España 221.190 inmigrantes

    – España es el país europeo que más inmigrantes nacionalizó entre 2009 y 2014, PLENA CRISIS : más de 800.000 personas obtuvieron ciudadanía española en ese periodo.

    – en 2016 un total de 150.944 residentes extranjeros adquirieron la nacionalidad española , un 32% más que el año anterior.

    -en 2015: 114.351 extranjeros se convirtieron en españoles, un 44,5% menos que el año anterior

    -en 2014 se dio la nacionalidad española a 205.880 extranjeros.
    Gestion inmigratoria DESASTROSA

  • El 13.08.2018 , andrenio ha comentado:

    Queremos mas inmigrantes, 4 millones de parados y 5 millones de inmigrantes no son suficientes, queremos 10 millones de inmigrantes y 8 millones de parados , compartir y vivir en su misma miseria, un mercado laboral como el de Senegal….

    Lo cierto es que la mayoria de españoles no quiere mas inmigrantes, cuando el paro este en el 4% entonces veremos…..bueno los ingleses votaron brexit por la inmigracion…con un 4% de paro

    España con 4 millones de parados y 5 millones de inmigrantes, traidos por PP y POSE para bajarnos los salarios , NO puede acoger mas inmigrantes. Hay 14 millones de pobres, un millon de españoles han tenido que emigrar: es un ESCANDALO que sigan entrando inmigrantes

    Como España e Italia no hagan lo que Australia, cerrar fronteras a todos los inmigrantes, vamos listos. Solo tendremos mas parados, mas miseria y delincuencia y mas votos a la derecha., La izquierda obrera debe empezar a ser antiinmigrante o se hundira del todo.

  • El 13.08.2018 , andrenio ha comentado:

    Confundir control de la inmigracion con xenofobia es lo que lleva al auge de partidos de ultraderecha, la izquierda será antiinmigracion y proteccionista o no será…

    Controlar la inmigracion no es racismo ni xenofobia, es sentido comun y preocuparse por los ciudadanos de un pais. ¿Acaso ser de izquierdas consiste en dejar las fronteras abiertas para que entren todos los inmigrantes que quieran aunque no haya trabajo ni medios para integrarlos y sostenerlos? ¿lo es acaso dejar a esos mismos inmigrantes irregulares residir en el pais incluso aunque cometan delitos? Esa no es la idea de izquierda que yo tengo.

    Los inmigrantes deben entrar de forma legal, controlada y atenerse a las leyes del pais. Los paises mediterraneos no los pueden acoger con sus altisimas tasas de paro y falta de dinero para la asistencia social. En paises como Suiza, Francia, Italia, Grecia, Austria, Noruega, e Inglaterra, con menos paro, estan subiendo los partidos de extrema derecha ante la llegada masiva de inmigrantes que no se integran, copan los servicios sociales y sirven de excusa para empeorar los salarios y condiciones laborales de los trabajos no cualificados.

    Aqui no hay trabajo y los servicios sociales estan desbordados y sin recursos para atender a los propios españoles.Refugiados politicos y de guerras si, pero inmigrantes economicos, que son decenas de millones, no podemos acoger: en Europa con 20 millones de parados, 33 millones de extranjeros y 124 millones de pobres no podemos asumir mas poblacion mientras tengamos la casa sin barrer. Y en España aun es mas dramatico: 4 millones de parados, 2 mills de ellos sin ingresos, 6 millones de extranjeros, 1.000.000 de ellos nacionalizados en plena crisis , no tenemos trabajo y lo regalamos, y 13 millones de pobres . ¿como podemos ayudar a los demás si nosotros mismos estamos en la miseria?

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