15.08.2013

Duelo de palabras en Egipto

Menéalo

Archivo adjunto al mensaje

BAJO EL MANTEL

ALMUDENA SOLANA, TEXTO Y FOTO.

Las hojas pueden ser de tela. Posteriormente se convierten en mantel, igual que las hojas de los libros constituyen después una obra. Obras son las dos cosas, al fin y al cabo; puntada a puntada, letra a letra. En el caso de las telas, se tocan, se desean, se proyectan en el imaginario hasta conseguir visualizar cómo quedaría eso que vemos sobre nuestra mesa. No hay imagen que para mí simbolice mejor lo que es la delicadeza, e incluso el pundonor, que las manos de una mujer hacendosa eligiendo el mejor tejido de hilo para coser un puñado de servilletas. Así veo yo la escritura.

Los libros son un conjunto de hojas unidas entre sí; pueden tener un título en su portada, pueden estar separados por capítulos y pueden y suelen tener un autor, también llamado escritor. Bajo el paradigma de un libro se esconde todo, como bajo un mantel, y esto es así desde que los libros no son manuscritos, desde la revolución de la letra impresa que impone la imprenta y propulsa una nueva relación entre quien escribe  y quien lee. Y el libro único, hecho puntada a puntada, deja de serlo para ser un libro de todos y para todos, como una mesa llena de manjares multiplicados.

Esta democratización intelectual del sentido y de la reflexión se produce con las palabras de esos libros publicados. Un país con palabras escritas es siempre más transparente y democrático. Y la imprenta fue algo mágico, como lo fue la máquina de coser… Sin embargo, a veces no veo bien explotadas sus ventajas; ¿por qué se democratiza lo banal y no el saber o la curiosidad en otros campos menos primarios? ¿Nosotros, los españoles, escribimos mucho o poco? Primero me pregunto si escribimos; si hacemos de nuestras vidas hechos escritos y palpables. No pienso ahora si publicamos mucho o poco. Porque a lo mejor publicamos todo lo que escribimos. Escribir es un acto primero de reflexión, interior, y luego, más tarde, de selección para, finalmente, convertirse en reflexión compartida. Si los libros fueran caligráficos otra vez ¿cuántos existirían?

Cada obra es única; lo que realmente iguala un libro a otro es su forma, nada más, esto es, las tipografías; esas piezas antes de hierro, luego de goma y ahora digitales. ¡Ellas son las culpables! Las culpables de que todos los libros sean (sólo aparentemente) iguales, que respondan a unas normas idénticas marcadas previamente. Están ordenadas y son objetivas, marcan un sello de origen que hace que todos los libros impresos tengan la pátina de la objetividad. Calibri, Cambria, Arial, Futura, Times y muchas más dan sentido y recrean un tiempo y un espacio a la vez que una lectura. Pero ¿y el contenido? ¿Quién, desde la lectura o la escritura, se detiene en el contenido?

En estos días, en Egipto, ese país dividido por un libro, unos, los Hermanos Musulmanes quiere cambiar el sentido de las letras de la Constitución para que la religión esté por encima del Estado. ¿Y qué pasa con quienes no son religiosos o profesan otra religión? Pero ahí, los caracteres (nada que ver con el carácter) es decir, esos trazos tipográficos, nos intentan convencer, desde la forma, que son rasgos gráficos ordenados y universales.

Las tipografías unifican, aceptan –aparentemente- en ese lugar común que es un libro impreso. El autor, siguiendo las pautas de la tipografía, es una palabra más escrita con el mismo tipo de letra. Seres sin firma caligráfica. Por eso las Ferias del Libro existen, para que las firmas existan y para que las caligrafías se apoderen por un rato de las tipografías; como ocurre en un diario de escritura adolescente y escrito con la soledad de la luz acotada.

Si las letras impresas nos unifican y las personas aprendemos a escribir ya con soltura antes de los cinco años, algunos pueden pensar –de hecho parece que se piensa bastante si uno observa lo que se publica- que escribir es algo terriblemente accesible; muchos incluso, asumen que si no escriben es sólo por falta de tiempo.

Nunca la realidad supera la ficción. Nunca. No en la mente de un novelista. La ficción debe ser contada porque está en otro sitio, no en éste.

La realidad es otra cosa; es eso que ocurre aquí, bajo unas normas regidas por lo que ha elegido la mayoría. Egipto arde como un pila de libros en llamas por una carta magna en la que unos quieren caligrafiar -entre las líneas uniformes y regulares de una tipografía árabe-  lo que todos deben pensar.

www.almudenasolana.com

facebook.com/EscritoraAlmudenaSolana

twitter.com/AlmudenaSolana

Menéalo

Sobre el autor

Aún no hay comentarios

    Deja tu comentario

    He leído y acepto la política de privacidad de elasombrario.com
    Consiento que se publique mi comentario con los datos que he facilitado (a excepción del email)

    ¿Qué hacemos con tus datos?
    En elasombrario.com te solicitamos tu nombre y email (el email no lo publicamos) para identificarte entre el resto de personas que comentan en el blog

    Te pedimos tu nombre y email para poder enviarte nuestro newsletter o boletín de noticias y novedades de manera personalizada.

    Solo usamos tu email para enviarte el newsletter y lo hacemos mediante MailChimp.