25.03.2020

Eladio y los seres queridos lanzan ‘Academia’, un disco hecho en casa

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Eladio y los seres queridos. Foto: Pablo Vázquez.

Son tiempos de cambio. De cambio radical. En todo. Y por supuesto también en la música. Eladio y los seres queridos, una de las mejores bandas en el espectro del pop independiente español, lo sabe bien. Desde 2014, año de lanzamiento de ‘Orden Invisible’, su último trabajo de estudio, el ahora trío gallego ha cambiado los ‘discos de estudio’ por los ‘discos caseros’. Ideados, cocinados, grabados y mezclados en casa. Así, tal cual. Ahora le toca el turno a 14 canciones sinceras, las 14 canciones de ‘Academia’.

Eladio Santos y lo suyos andan promocionando su nueva entrega casera que llega en un formato más apañado, con una presentación muy cuidada, gracias al patrocinio de la bodega Ponte da Boga, que ha bautizado con el mismo nombre que el disco una edición limitada de vino rosado dentro de su proyecto Vinos de autor.

Academia es un disco largo, pensado, y que cuenta con un arma infalible: la sinceridad. Nada de superproducciones, de efectos y rellenos pirotécnicos. Son 14 canciones compuestas, interpretadas y cantadas con esa verdad que otorga la artesanía y el salón de casa. Porque Academia está compuesto, grabado y cantado en casa de Eladio Santos con la complicidad de sus Seres Queridos: Óskar Durán al bajo, David Outumuro a la batería y Marcos Vázquez en los teclados, aunque ha causado baja para las giras.

“Desde Orden invisible estábamos un poco en la cuerda floja, sin saber muy bien qué hacer”, explica Santos a El Asombrario. “Después llegó Cantares y fue lo que nos salvó la vida. Era una época en la que no sabíamos por dónde tirar y nos ayudó a continuar. Sobre todo porque en Galicia fue nuestro disco más vendido. Pero sobre todo porque inauguró una nueva forma de hacer las cosas que era grabarlo en casa, básicamente”.

Ahora eso no lo cambias por nada…

No, no. No descarto meterme en un estudio fetén otra vez. Pero no hay nada comparable al control que tienes y cómo te identificas con lo que has grabado cuando lo haces en casa. Pero para nada desprecio otra forma de hacer las cosas. Quiero a todos nuestros discos, del primero al último, y a todos los productores que hemos tenido. De hecho aprendí muchísimo de todos ellos.

¿Tiene más pros que contras?

Siempre que escuchas un disco que grabaste tú, te identificas mucho. Aunque no tenga un sonido tan profesional… A veces puedes oír ruidos de fondo e imperfecciones, pero ¿qué más da? Hoy en día uno puede sonar suficientemente bien grabándose desde casa como para apostar por esa libertad. Lo que se necesita, eso sí, es muchísimo tiempo.

¿Cuánto tiempo habéis tardado en hacer ‘Academia’?

El disco está grabado durante año y medio, más o menos, aunque creo que hay alguna grabación de hace un par de años que he retocado.

¿Cómo se fabrica un disco casero?

La mayoría son tomas de ensayos que luego están muy, muy retocadas. Pero la esencia es tocada en directo y la estructura y el tono es el del directo. El problema es que la voz puedo tardar en grabarla meses. Repito hasta la saciedad. Cambio la letra… Cuando creo que tengo el disco hecho, voy en el coche, lo escucho y siempre encuentro algo que cambiar.

¿Por qué un disco con tantos temas?

Me gustaba la sensación de que pareciera un grandes éxitos, pero de un grupo desconocido. No quería que hubiera un sonido uniforme. Quería que pareciera de muchas épocas. Que hubiera cosas dispares. Yo soy mucho de discos de grandes éxitos.

También me gustaba que fuera un poco como cuando descubres a un grupo en una tienda de discos. De hecho pensé mucho en la portada. Tenía que ser una portada que sugiriese que tenía que haber algo interesante dentro. Que fuese llamativa para alguien que no hubiese escuchado nuestro grupo nunca. Un disco que pudieras comprar por la portada. Que dijeras ‘si este grupo ha puesto esto en la portada es porque tienen que tener algo interesante’.

¿La masterización la has hecho tú también?

Sí, lo he hecho yo. El mastering lo hice online para poder probar muchas cosas. Para poder rectificar, dar pasos atrás… Eso supone que haya mezclas muy dispares, parece que estuvieran hechas por gente diferente, sí. Nunca me preocupó eso.

¿Qué es lo que te preocupa que salga mal en un disco?

No me preocupa que haya cosas incorrectas. Me inquieta cantar alguna parte afectada de más, por ejemplo. Eso luego lo oigo durante años y sí que me duele. No puedo evitar pensar: ¿qué me pasó aquí? Y eso pasa porque en un estudio solo tienes una tarde o dos para grabar la voz y nada más. Y depende mucho de cómo estabas aquel día y queda esa impronta para siempre. Cuando grabas la voz durante un año y medio recoges muchas formas de cantar.

¿No te daría tranquilidad que alguien se ocupara de todo?

No sé cuantos años de carrera nos pueden quedar. Puede que dentro de 10 años te diga que me harté y quiero que venga alguien y ponga orden en todo esto. Pero por el momento, no me apetece nada de nada.

Cuando grabo colaboraciones con alguien, por ejemplo, y me piden ir al estudio, siempre les digo que no. Que yo mi parte me la grabo en casa. Ahora soy muy celoso de cómo suene mi voz, mi guitarra y sobre todo mis canciones, y además lo disfruto mucho. Es mi momento favorito del día. Cuando las niñas se van a dormir y yo me quedo solo de noche. Soy feliz. Tengo momentos de verdadero éxtasis glorioso durante el proceso de hacer y grabar canciones.

Esa forma de trabajar puede terminar siendo de lo más obsesiva, ¿no?

Hay que tener cuidado, desde luego. Llega un momento en el que tienes que decir ‘hasta aquí’. Cuando estoy mezclando la canción y noto que me emociona, entonces paro. Si noto que me está emocionando, sé que ya está. Si un mes más tarde escucho alguna nota fuera de sitio, me da igual. Recuerdo que hubo un momento en que me emocionó y ya.

¿En el primer tema del disco, ‘Quemé una bandera por ti’, hay una crítica política muy fuerte o tiene que ver con otra cosa?

Hay una interpretación política, por supuesto. Pero aquí la política también era una metáfora que quedaba resultona y podía funcionar. Si te fijas, en el vídeo quemamos los discos anteriores y era un poco quemar el método anterior de funcionar. El método afianzado durante 15 años se tenía que terminar, porque todo había cambiado. Ahora somos todos padres de familia y teníamos que pasar a ensayar de otra manera, girar de otra manera, calcular mucho las cosas y aprovechar mucho mejor el tiempo. Y teníamos que romper con todo el método que funcionaba. Pero era un peligro acabar cayendo en el conformismo.

En algún momento pensé que el grupo ya estaba terminado, que no podríamos volver a sacar un disco. Teníamos que quemar nuestras naves y tirar para adelante. Siempre es bonito arriesgar por un mundo mejor. Y aquí teníamos que hacer un grupo mucho mejor.

¿De dónde sale una canción como ‘Jerusalén’?

Es una canción muy musical. Siempre tocamos en directo una tema que se llama Con el corazón en la mano, hacemos una improvisación sobre una canción de Dylan que se titula Blind Willie McTell, que tiene una armonía que está muy sacada de esta canción. Lo tengo que explicar porque algún fan de Dylan se va a dar cuenta y nos va a acusar de que hemos plagiado la canción y sí, tiene razón. Cuando la gente viene a mi casa y ve donde ensayamos, se sorprende de que tenga tanta iconografía religiosa. No tengo ninguna fama de religioso, pero me gusta la iconografía. Tiene algo que ver sobre la imposibilidad de ser Jesucristo. Es algo muy de Buñuel, está en Viridiana, por ejemplo. Ese personaje que quiere ser santo, pero le es finalmente imposible. Esa idea de la perfección y la santidad es una trampa en la que hemos caído un poco.

Jerusalén sigue siendo el centro del mundo. Es donde choca todo. Intereses de todas las clases. Es un vértice de todos los problemas del mundo. 

También haces una versión de un poema de Nicolás Guillén musicado por Pablo Milanés.

Ese disco me lo sé de memoria. Y es un disco que me ayudó muchísimo en la vida. Recuerdo estar hundido en la miseria hace 20 años, escuchar ese disco y saber que todo iba a salir bien. Me lo decía el disco. Me decía: ‘Tranquilo, tío, todo saldrá bien’. Para mí es un disco perfecto. Es divino en el sentido de que es solo la guitarra y la voz. Y, además, ¿cómo se hace eso? Porque ponerle música a poemas me parece tan difícil… De voces masculinas, la de Pablo Milanés es mi voz favorita cantando en español. Lo admiro muchísimo. Lo voy a escuchar y estoy en la butaca llorando. Me muero de vergüenza. Ese disco está lleno de cosas que significan tanto para mí que quería hacerlo.

Y luego está ‘Una canción para Eva’, tu compañera en la vida y uno de los mejores temas del disco.

Todo el mundo me habla de esa canción y no la hemos preparado para el directo. Vamos a tener que hacerla. A lo mejor la hago con el pianista solo. Era una canción tan personal que no iba a entrar en el disco. Pero vino Pablo Lesuit y me dijo: ‘Pero ¿cómo no vas a meter esa canción en el disco si es la mejor?’. Pero casi me vuelvo loco. Estuve tres semanas, día y noche… Tengo versiones de todas las clases, con guitarra, más lento, más rápido. Tengo versiones hasta cañeras de esa canción. Y en el último momento entró. La canción habla de lo difícil que es hacer una canción para Eva. Le he hecho muchas canciones y todavía sigo intentándolo. Es muy importante Eva en mi vida. Cuando nos conocimos hace 18 años, era mucho más complicado apoyarme y ella ha sido una persona que siempre me ha ayudado a ser muy valiente.

Puedes escuchar y adquirir ‘Academia’ aquí. 

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Sobre el autor

Manuel Cuéllar
El 12/12/12 decidió poner en marcha esta revista después de una experiencia profesional de 17 años en el diario EL PAÍS, donde se convirtió en un periodista todoterreno. Se licenció en Derecho en la Universidad Autónoma de Madrid y cursó el máster en la Escuela de Periodismo UAM/EL PAÍS. Periodista convencido de las bondades de las nuevas tecnologías, cubrió el 15 M por Twitter y otras redes sociales. Puedes seguirme en mis cuentas personales de Twitter, Facebook e Instagram. Gracias.

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