31.03.2020

El mes en el que la filosofía entró en casa de la mano de la infancia

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imágenes de la cuenta de Instagram @angelicasatiro

Imágenes de la cuenta de Instagram de @angelicasatiro con ilustraciones de Edgar Ramírez.

Cuando al comenzar 2020 Martha Zein creó para ‘El Asombrario’ su serie ‘Noticias que abrazan’, una al mes en el último día de cada mes, no podía imaginarse que tendría que buscar luz en un túnel tan gigantesco. Pero siempre hay luz. Ahí están tantas iniciativas de solidaridad y acompañamiento en estos días. Ella nos habla de los juegos filosóficos para la infancia y las familias de #ciudadaníacreativaentiemposdepandemia.

Diecisiete días de confinamiento. Siete millones de niñas y niños aislados. Nada más hacerse oficial la obligación de quedarse en casa, los adultos se preguntaron cómo iban a estudiar, cómo iban a entretenerse, cómo sostendrían el hecho de vivir encerrados… Se decretaba el estado de alarma y al mismo tiempo en casa debían hacer lo opuesto: amainar el impacto de esa alarma, conectar con el necesario sosiego.

La misma mañana del mandato, en medio de aquel contrasentido, se encendió una pequeña mecha: Angélica Sátiro, filósofa y escritora, lanzaba una idea en las redes que inmediatamente fue recogida por los 30 profesionales de la enseñanza y la filosofía con quienes trabaja desde años. Se trataba de crear relatos, juegos y actividades que permitieran abordar en casa los grandes conflictos de la filosofía que pone encima de la mesa el coronavirus: el miedo, lo desconocido, la incertidumbre… El punto de partida serían los cuentos que Angélica crearía para tal fin. Sus protagonistas: El niño sin nombre y Juanita.

En un par de días ya se habían apuntado a la iniciativa grupos de titiriteros y cuentacuentos (grupo CoCreatio. Teatro del Carmen, La Mar de Marionetas, padres y madres de Europa y el continente americano, ilustradores…

Arrancó así una minúscula revolución: cientos de infantes de 1 a 11 años comenzaron a dar luz a las emociones que sus progenitores callaban, disimulaban o no sabían cómo abordar. La filosofía entraba en casa. De la alianza entre seres adultos e infantes surgieron reflexiones luminosas. A través del juego tenían la oportunidad de hablar de cómo abordar lo desconocido, del cuidado en la distancia, de hacer las cosas con la calma necesaria… Era tan necesario, que al décimo sexto día la iniciativa salía del circuito virtual gracias a decenas de personas de buena voluntad. Los juegos y propuestas que habían crecido en las redes se compilaban y se hacían llegar en papel a las familias sin acceso a internet. Sus propuestas se sumaban a las redes solidarias de quienes les hacían llegar cuadernos y lápices de colores.

Hoy estos juegos filosóficos forman parte de la vida cotidiana de cientos de hogares repartidos por nueve países de Europa y América Latina.

“Las criaturas son seres que piensan”, proclama Angélica Sátiro para señalar que en este tiempo en el que hace falta tanta luz la voz de la infancia nos puede contagiar por su originalidad, su vitalidad y su aliento.

“Olvidamos que las criaturas están inmersas en el mismo ambiente que nosotros, expuestas a las informaciones que muchas veces son fake news o sesgadas”, explica. “Absorben las emociones que nos atraviesan: el miedo al paro, a no sobrevivir, a perder a nuestros padres, la angustia de no saber qué va a pasar… Y en ese clima emocional pocas veces creamos un espacio de elaboración. Por el contrario, para evitar el sufrimiento de los pequeños de la casa, callamos. Lo único que conseguimos con ese disimulo es que esa carga anide en los rincones más oscuros de cada individuo y en el inconsciente colectivo de la familia. Un cuento, una expresión artística, permiten abordar esos temas de los que hay que hablar sin ampliar el sufrimiento, ofreciendo formas de nombrar y elaborar la realidad”.

Ciudadanía creativa en tiempos de pandemia

Cuando Angélica se planteó cómo podría contribuir al bienestar de la infancia decidió sacar a dos de los personajes de sus cuentos filosóficos anteriores (El niño sin nombre y Juanita) y les dispuso a vivir unas aventuras especiales. Como siempre, sus historias irían acompañadas con recursos didácticos, pero esta vez específicamente dirigidos a madres y padres, y no tanto a los profesionales que imparten filosofía en el aula. “¡Hagamos una gran red de apoyo a la infancia y a las familias, ayudándolas a jugar a pensar en tiempos de pandemia.!”, exclamó en Facebook e Instagram, y bautizó la iniciativa como #ciudadaníacreativaentiemposdepandemia.

La velocidad con la que se extendió su iniciativa no sólo se debía a una necesidad común, sino que era también el resultado de una trayectoria histórica cuyo origen se remonta a los años sesenta: Filosofía para niños. Dentro de este movimiento se creó hace 20 años la “FIlosofía Lúdica” que promueve Angélica, y que pone atención en el acto de jugar a pensar y de pensar jugando.

El niño sin nombre fue el primero en salir a la luz para jugar con su abuelo a hacer germinar semillas. A lo largo de la historia comprenderá que en momentos como los de ahora no se trata de digerir la información sino que hay que aprender a hacerse preguntas para buscar las raíces de las ideas.

En el segundo día de confinamiento apareció Juanita dispuesta a dibujar un mapa y, como el día anterior, se multiplicaron en la red juegos y también preguntas: ¿Qué hacer cuando nos sentimos perdidos?, ¿cómo sabemos hasta dónde podemos ir?, ¿qué nos pasa por dentro cuando nos desorientamos?, ¿qué pasa en nuestro cuerpo cuando estamos confinados/as?, ¿y si dibujamos mapas imposibles?, ¿podrías dibujar el mapa de tu corazón?, ¿el corazón nos puede ayudar para saber hacia dónde tenemos que ir? Junto a ellas añadían mapas, gincanas por la casa, dibujos…

Ahora, en la red, estas preguntas y respuestas siguen creciendo. Adultos e infantes desgranan juntos los aspectos más difíciles planteados por esta pandemia. Aquí van algunos temas: las alternativas al consumo y el dinero para abordar la incertidumbre económica; dónde fueron a parar las prisas; aprender a pensar sobre lo desconocido; abordar el miedo desde la belleza; entender que los seres humanos somos seres de vínculos; qué hacer ante la perplejidad y la incertidumbre; cuestionar los roles y manifestaciones del lado masculino y femenino en la familia; qué papel juegan en nuestra vida los amigos…

Hoy, último día de este mes, el tema es la cooperación y la necesidad de no perder la conexión con la naturaleza. También puedes encontrar sus propuestas en Facebook.

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Sobre el autor

Martha Zein
Me llamo Martha Zein, soy narradora. Utilizo múltiples lenguajes para contar el mundo. En el año 2000 empecé a desarrollar mi propia línea de producción y creación basada en la ecología y el cuidado bajo el sello Producciones Orgánicas. Con el tiempo me he convertido en una experta en estrategias narrativas. Comparto este conocimiento con quienes creen que no saben contar historias; les guío a través del juego, la imaginación y la delicadeza. Porque habito un barco 4 meses al año sé el poder que adquiere un viaje cuando se convierte en relato.

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