20.04.2014

La otra cara de Gerald Brenan: el soldado temerario en busca de sí mismo

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El escritor Gerald Brenan. Foto: Archivo Español de Gerald Brenan.

El escritor Gerald Brenan. Foto: Archivo Español de Gerald Brenan.

La obra del hispanista inglés Gerald Brenan (1894-1987) aún guarda muchos secretos. La poderosa luz de su análisis histórico de España ha oscurecido otros de sus trabajos, que muestran un alma embriagada de naturaleza y romanticismo. La editorial Confluencias se ha propuesto rescatar cartas, aforismos, obras de teatro, ensayos e incluso novelas inéditas; entre todo ese material, el delicioso librito ‘Diarios de la Gran Guerra’.

Brenan ha dado títulos canónicos de la bibliografía de nuestro país como su libro sobre las raíces de la guerra civil, El laberinto español, o su crudo retrato de nuestra posguerra, La faz de España; y eso ha instalado injustamente en las sombras otras partes de su obra que merecen la misma consideración crítica y literaria. La adaptación cinematográfica de su crónica alpujarreña, Al sur de Granada, terminó involuntariamente por sepultar el resto de su legado. Desde que el libro se publicara con éxito en España, Brenan ha tenido difícil escapar de los rasgos básicos del pintoresquismo: un inglés aventurero que, en la veintena, se traslada a una de las zonas más remotas y pobres de España, en busca de tranquilidad y paz para leer y escribir, y huyendo de su padre y de todo lo que representaba la moral victoriana en la que había sido educado. Allí queda fascinado por un país atrasado, preso de sus atavismos, lleno de gitanos que cantan y bailan flamenco y prejuicios defendidos por un clero reaccionario. Pero Brenan, verso suelto del grupo de Bloomsbury, es mucho más, como demostró con los citados libros históricos. 

Carlos Pranger, albacea literario de Brenan, parece pensar así y ha ordenado y traducido en pocos años gran parte del archivo del hispanista, que incluye cartas, aforismos, obras de teatro, ensayos e incluso novelas inéditas que se salvaron de la quema a la que, ya en su vejez, el escritor sometió a sus textos. El sello que dirige, Editorial Confluencias, ya publicó hace unos meses Diarios sobre Dora Carrington (2013), las páginas que escribió sobre la pintora, de la que se enamoró con una sensación opresiva y obsesiva hasta que ésta se suicidara aparatosamente en 1932 tras enterarse de la muerte del escritor (biógrafo de la reina Victoria) Lytton Strachey. A pesar de ser lesbiana, estaba enamorada de él, homosexual declarado, y además estaba casada con Ralph Patridge, uno de los mejores amigos de Brenan.  

 1914: Brenan en las trincheras

“Me pone enfermo, enfermo el pensar que me puedan pegar un tiro y nunca vea Arabia”, escribió Brenan en una de sus cartas a su amigo Ernest Taylor. A finales de 1914, el escritor en ciernes se preparaba en Inglaterra para servir a su país contra Alemania en el continente europeo. La guerra había trastocado sus planes de viajar a Oriente. España no era en principio más que la primera parada de este periplo, hacia donde ya se había encaminado hacía unos años junto a su amigo Hope Johnston, con quien había alcanzado ¡a pie! los Balcanes.

Su rechazo al Ejército hacía más duro el tránsito: “Morir en plena faena… no me quejaría de ello, pero morir sirviendo en el Ejército británico, inclinándome ante ídolos que no son los míos… eso es lo que me horroriza”, escribió antes de salir de su país, en 1914.

Reflexiones como esta se encuentran en Diarios de la Gran Guerra, un delicioso librito que Confluencias publica en el centenario del comienzo de la que posteriormente se conocería como I Guerra Mundial. Contiene un diario con anotaciones compuesto por extractos que el teniente Brenan fue escribiendo en cartas desde el frente (o desde la retaguardia en los periodos de convalecencia tras haber resultado herido) a diversos corresponsales, y un relato escrito muchos años después sobre su experiencia en la guerra. Ambos textos completan el retrato que Brenan hizo en 1962 de su participación en las trincheras en el primer tomo de sus memorias, Una vida propia.  

Sabíamos ya por dichas memorias (con todas las cautelas que hay que tomar con el género) que su participación fue heroica, y en muchos casos temeraria. Primero en un batallón de ciclistas, y después a cargo de reconocimientos en campo enemigo y enlace en los frentes de Ypres y el Somme. Sin embargo, las alabanzas oficiales parecen validar sus relatos. Sus actuaciones le valieron la Cruz Militar inglesa y la Croix de Guerre francesa en 1918. Dos décadas después mostraría el mismo arrojo en la guerra civil española en Málaga, cuando pedaleaba desde su casa de Churriana, a las afueras de la ciudad, para escribir la crónica del asedio al puerto desde el mar de las tropas franquistas.

El principal valor de este libro es, sin embargo, que muestra a la luz al personaje opacado por su sabiduría y por el éxito de sus análisis históricos. Frente al erudito que fue y que más conocemos, se muestra aquí el Brenan más vulnerable y, en algunos aspectos, el más radical. El heredero más firme del romanticismo, el seguidor (y, a veces en estas páginas de juventud, imitador) de Baudelaire o Jules Laforgue. Sus reflexiones sobre la guerra son propias de un espíritu embriagado de romanticismo, ciclotímicas. Odia la batalla, sufre, clama por el final de la guerra, pero a la vez concibe la lucha como un medio para desembarazarse de lo superfluo y conocerse a sí mismo. Lector de The Equinox, la revista de Aleister Crowley, siempre está atento a los regalos de la naturaleza, a las plantas, a los pájaros, los ríos y el color del cielo. Como si Thoreau estuviera alistado.

No en vano, Brenan era un lector voraz de los místicos españoles. “Desde que estallara la guerra nunca me he sentido tan joven como hoy; es como yo era antes”, escribe en 1915. Dos años después, acumula el cansancio y el peso de la renuncia a sus planes orientales: “Estoy muy cansado de la vida… no tanto de las cosas que me rodean como de mí mismo. Estoy cansado de la ausencia de sentimientos y de hacer todas las cosas que deseo evitar una y otra vez […]. Somos marionetas”. Sus análisis sobre el comportamiento de la élite europea en guerra son demoledores, acordes con su actitud y pensamiento libertario.

Y deja un epigrama para enmarcar, aplicable a todos los órdenes de la vida: “La capacidad que tenemos de implicarnos en cosas se encuentra a medio camino entre la racionalidad y el manicomio”. Esencia del Brenan más puro, sin duda uno de los hijos privilegiados del siglo XX.

 PS: Brenan incluyó en Al sur de Granada una reflexión histórica demoledora sobre la perniciosa influencia de la mesa camilla en el desarrollo de España, que por sí sola le debería dar cabida en nuestro Olimpo literario:

“A veces se me ha ocurrido pensar que una de las causas de la decadencia española durante el siglo XVII puede radicar en esta mesa redonda. Se talaron los bosques, escaseó la leña, se difundió la idea de la vida en casa y se extendió también la costumbre masculina de apiñarse, en cómoda plática, con sus mujeres —la tía de la esposa, su madre, los hijos mayores—, en vez de estarse junto al fuego, con las piernas extendidas, y sentadas ellas en cuclillas sobre los almohadones de la estrada. Alrededor de la mesa camilla la vida familiar se espesaba, se hacía más densa, más orientalmente burguesa; la lectura cesaba en la afectada atmósfera de harén, y los clubs o cafés, que hasta hace poco fueron sitios sórdidos, mal iluminados, ofrecían la única expansión y evasión. España se convirtió en el típico lugar estancado, el imperio otomano de Occidente inmerso en sí mismo, situación de la que únicamente saldría en el ciclo actual. Los únicos que se beneficiaban con esto eran las parejas de novios, quienes, una vez aceptado el joven y admitido en la casa, podían entrelazar dichosamente sus manos durante horas, por debajo del tapete de franela”.

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Sobre el autor

Antonio García Maldonado
Antonio García Maldonado (Málaga, 1983) es analista y consultor independiente para compañías como Thinking Heads o Llorente y Cuenca, entre otras. Ha sido consultor en América Latina durante más de siete años. Hasta junio de 2017 fue Business Intelligence Manager de la consultora The Search Group, en su sede central en Belgrado. Escribe regularmente en EL PAÍS, The Objective, Letras Libres y El Asombrario, entre otros. Es también redactor de informes de lectura para la editorial Acantilado. Ha traducido, entre otros, a Bob Woodward, a William Kotzwinkle, a Jerry Toner, al marqués de Sade, a H.D. Thoreau o a Norman Mailer, cuyo libro 'Miami y el sitio de Chicago', prologó. Ha prologado la reciente edición de 'Viaje a la aldea del crimen', de Ramón J. Sender. Fue traductor becado del Colegio Internacional de Traductores Literarios de Francia, en Àrles. Participó como invitado en el último seminario del Aspen España Seminar. Antes de todo eso, fue librero y se licenció en Economía. @MaldonadoAg

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4 comentarios

  • El 21.04.2014 , Brigett ha comentado:

    Brisa fresca para leer mas alla de la politica tan de actualidad. Muy buena historia Sr. Antonio Garcia.

    • El 21.04.2014 , Antonio G. Maldonado ha comentado:

      Muchas gracias, Brigett. Me alegra mucho que te haya gustado. ¡Que disfrutes el libro!

  • El 21.04.2014 , luisoj ha comentado:

    Después de leer tu artículo habrá que estar atentos a Diarios de la Gran Guerra.
    Gracias por la recomendación. Brenan siempre puede sorprendernos todavía más. Un abrazo.

  • El 21.04.2014 , aviador ha comentado:

    A buen planeo, buena toma. Magnifico artículo envuelto en viento claro. Lo de la mesa camilla y la reversa histórica me parece genial y auténtico. Sólo queda leer el libro.

    Saludos

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