Guardianas de Tombuctú’: reciclaje, arte y mujer africana

Guardianas de Tombuctú: reciclaje, arte y empoderamiento de la mujer africana

La pintora Irene López de Castro junto a mujeres de Tombuctú.

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Mujeres de Tombuctú –la mítica y maltratada ciudad de Mali– reciclan la basura plástica que ha empezado a invadir su territorio para convertirla en objetos y esculturas. Un valiente proyecto de empoderamiento femenino y conciencia ambiental con el que colabora la pintora española Irene López de Castro a través de la exposición ‘Las guardianas de Tombuctú’, en Barcelona, hasta el 22 de noviembre.

Cuando uno mira los cuadros de Irene López de Castro, con ese cielo amarillento, las dunas, el gran río surcado por pinazas, las casas de adobe al más puro estilo saheliano… es imposible no viajar al corazón del Sáhara. Se siente viento que mueve las túnicas de las mujeres, el calor seco que irrita la nariz, la fina arena en los ojos… Pero esas pinturas y esos rostros transmiten también la tranquilidad del paso del tiempo en un lugar donde el reloj parece haberse detenido, un lugar en medio de nada, olvidado, que durante siglos se convirtió en el lugar más deseado por la codicia de Occidente, que lo imaginaba cubierto de oro.

El arte de Irene, subyugada desde los 20 años por la belleza del desierto africano, y por las gentes que lo habitan, lleva la huella de Tombuctú. O Timbuktú, como dicen sus habitantes. Pocos como ella han sido capaces de captar la atmósfera que en su día sorprendió al explorador escocés Gordon Laing, que dejó su vida en sus áridas calles en 1826, la misma que años después decepcionó al francés René Caillé porque el oro de Tombuctú no eran lingotes, sino una cultura ancestral oculta tras sus muros en pergaminos con siglos de historias. Dos siglos después, Irene nos descubre que el tesoro son sus mujeres, supervivientes de un conflicto que no acaba (con los islamistas), de un desierto que las acorrala (por el cambio climático) y ahora de una basura (el plástico) al que, unidas, han decidido hacer frente.

A todas ellas les ha dedicado la artista la exposición en el Real Círculo Artístico de Barcelona Las guardianas de Tombuctú (hasta el 22 de noviembre), pero que luego podrá disfrutarse on line. Es una selección de unas obras que transmiten las experiencias vividas durante sus viajes a través de la geografía del continente africano, una propuesta que nos habla de escenarios luminosos y cotidianos, donde las figuras femeninas destacan por su omnipresencia y su valor como elemento de cohesión y supervivencia familiar. “Con mis obras he querido destacar el protagonismo de estas mujeres del Níger. Su incansable trabajo y el orgullo de la nueva mujer africana como parte del proceso de empoderamiento femenino, ahora enfocado en la defensa ambiental de un entorno que han visto deteriorarse cada día por una basura que nadie gestiona”, explica López de Castro.

Parte de su trabajo artístico surgió durante el pasado confinamiento. Ella, en Madrid; las guardianas, en Tombuctú, desde donde llevan años sin poder moverse con la libertad que gozaban antes de que la violencia islamista entrara en sus casas, sus patios y sus calles, allá por 2013. En esos días de primavera y encierro, Irene se comunicaba por WhatsApp con Haidara Haua Touré, presidenta de la asociación Gouna Tiere (Encuentro, en lengua songhay). Haua le contaba sus deseos de contribuir, junto con otras 40 mujeres, a mejorar la vida en su cuidad y de las dificultades para conseguir ayudas para ello. Irene cogía los pinceles y comenzó a pintar su rostro sobre una tabla, como las que usan las escuelas coránicas; maderas con rostros que, explica, “son ventanas a las que ellas se asoman y nos miran a los ojos, conectando nuestras miradas, reconociéndonos”.

Ahora, con la venta de sus obras en esta muestra, organizada con la empresa Gram Wilhem, busca recabar fondos para esas guardianas, acosadas por un conflicto olvidado, la crisis económica y también la covid-19, que ha llegado hasta la curva del Níger con los militares. Y acosadas, además, por una basura que ya no se degrada como sus antiguas calabazas, pero que nadie recoge y se amontona en las orillas del río, que vuela por los confines del Sáhara.

Reciclar no es algo nuevo en su cultura. En África siempre se reutilizaron objetos que llegaban de fuera, y por tanto valiosos. Hace poco más de 20 años, era habitual que en pueblos y aldeas de Mali, los tenderos se disputaran las botellas de plástico de los viajeros porque les servían como medida para la venta de leche o de mijo. Y no se rompían. Pero hoy el volumen es inasumible. Las mujeres de Gouna Tere han recogido ya 15.000 kilos de plástico, una pequeña parte de lo que queda esparcido por su paisaje. Haua, que vive en el distrito de Hamaboungou con tres de sus cinco hijos, se empeñó en hacer algo con su asociación: “Vimos que era necesario acabar con los residuos sólidos que no tienen ningún tratamiento en Timbuktú. Ahora hacemos objetos y esculturas de figuras con los plásticos y baldosas para pavimentar el suelo. Con la modernización, todo nos viene envuelto en plásticos y ésta es una forma que hemos encontrado de ligar nuestra historia con nuestro presente”, asegura Haua.

En los cuadros de Irene López de Castro vemos a mujeres de Tombuctú, como Haua, descendientes de los arma andaluces, cuidando hijos, yendo a por agua, trabajando junto al río, cultivando… En 2020, además, recogen bolsas y recipientes de plástico para fundirlos en un contenedor situado sobre una hoguera, siempre al aire libre para evitar concentración de gases contaminantes. Respirarlo es muy tóxico. Cada mujer aporta semanalmente una bolsa llena de material. La pasta caliente que obtienen la derraman en moldes de hierro, también hechos de forma artesanal por un herrero, y así crean los nuevos objetos. Ya han producido más de 5.500 adoquines. También, con el joven artista Harouna Touré, han hecho esculturas de grandes camellos que recuerdan los tiempos, no tan lejanos, en los que era su medio de transporte. Harouna les proporciona esqueletos de alambre y les ayuda en el proceso. “Pero necesitamos ayuda para comprar máquinas que nos faciliten el trabajo. No damos abasto. Agradecemos mucho a Irene su apoyo y el de todas aquellas personas que quieran colaborar con nosotras. Trabajar juntas sabemos que es construir la paz”.

“Son mujeres que siguen resistiendo, que tratan de mejorar la vida de su gente en un contexto muy complicado”, ”, concluye la artista. “Por ello hay que visibilizarlas, implicar a nuestra sociedad en realidades de las que no se habla. A través de mi web (www.irenelopezdecastro.com) se puede colaborar con Gouna Tiera. Su fortaleza y su iniciativa son admirables”.

Una de las mujeres de la asociación Gouna Tiere, junto a una escultura de las que realizan con residuos.

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