22.06.2020

Una guía sobre los riesgos que acechan a nuestros hijos en las redes

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La autora de ‘Nuestros hijos en la red’, Silvia Barrera.

¿Imprimirías 2.000 fotos de tu hijo para repartirlas alegremente a desconocidos en la Puerta del Sol? ¿Dejarías a tu hijo vagar con total libertad por un centro comercial mientras permaneces tranquilamente en el bar tomando un aperitivo? Pues son dos de las acciones que con más frecuencia hacemos cuando publicamos una foto de nuestros menores en redes o les dejamos acceso libre a internet mientras miramos para otro lado. El libro ‘Nuestros hijos en la red’ aporta 50 pautas para una buena prevención digital con los menores.

Acaba de terminar el Estado de Alarma por la crisis del coronavirus y en este tiempo que hemos permanecido más tiempo en nuestras casas hemos bajado la guardia, dejando que nuestras niñas y niños pasaran más tiempo conectados a la red sin control por parte de un adulto. ¿Sabemos todo lo que tenemos que saber para que estén seguros? ¿Conocemos los riesgos reales? ¿Conocemos qué es lo que hacen realmente nuestros hijos en la red? Silvia Barrera, inspectora de policía y experta en investigación en cibercrimen, nos da 50 pautas necesarias que debemos saber para una buena prevención digital en su libro Nuestros hijos en la red, publicado por Plataforma digital.

Al final, cuando nuestros menores tienen un altercado en internet, lo más fácil siempre es culpar a las redes por los contenidos que albergan. Pero dejemos de lado ese dilema moral y jurídico y centrémonos en la parte de responsabilidad que nos toca. ¿Estamos ejerciendo nuestra responsabilidad a la hora de vigilar para que nuestras niñas y niños no accedan a estos contenidos antes de lo permitido? Que levante la mano el adulto que no haya pinchado en un enlace trampa donde, atraído por un móvil de alta gama por 1 euro o un titular jugoso o un perfil de un famoso, no haya terminado en una web de adultos o en un sitio donde su principal objetivo era conseguir los números de nuestra tarjeta de crédito.

Por mucho que nos adviertan en sus términos y condiciones acerca de hacer un uso responsable de la red, la última responsabilidad de los contenidos que consuman niñas y niños siempre la tenemos que ejercer los adultos.

Nuestras niñas y niños necesitan pautas, necesitan educación, necesitan que les prevengamos de las señales de alarma para que o bien nos avisen o bien sean capaces de evitarlas. Es fundamental dotarles de herramientas. “Si los padres no se preocupan por la educación digital de sus hijos, no lo va a hacer nadie en su lugar”, comenta Silvia Barrera, autora del libro.

Y ojo con todo aquello que parece que es gratis en internet, porque ni Facebook, ni Instagram, ni Whatsapp, por mencionar algunas de las aplicaciones que descargamos en nuestros teléfonos, nos cobran un euro por su uso, pero todas ellas consiguen al año importantes sumas de dinero gracias a la cesión de nuestros datos y al uso libre que hacemos de ellas.

“Reponerse de un conflicto en redes no suele ser fácil”, afirma Silvia Barrera. En internet, aparte de contenidos perniciosos para nuestras chicas y chicos, existen centenares de delitos donde nuestros menores pueden ser desafortunados protagonistas, con consecuencias en su desarrollo personal y madurativo que les pueden afectar gravemente para el resto de su vida. Prácticas que pueden resultar lesivas para su integridad física y psíquica, y cuyo rastro en la red pueda llegar a ser difícilmente eliminable. “Sexting, sextorsion, smishing, vishing, botnets, defacements, malware, spyware… Todos ellos denominan las diferentes técnicas comunes utilizadas por los ciberdelincuentes”. Todos estos vocablos anglosajones tienen su traducción al castellano y estamos obligados a conocerlos.

“Al final, los niños, como cualquier adulto, son productores de contenidos, pero no hay que olvidar que están en fase de experimentación y conocimiento de ellos mismos y de lo que les rodea. Esa curiosidad les lleva a tomar decisiones arriesgadas, entre ellas compartir contenido de carácter personal e íntimo”. Entre todos les hemos dado a la red el poder de valorar nuestra autoestima a golpe de likes. Nos gusta compartirlo todo para decir que yo estoy allí, que yo estoy comiendo esto, que soy yo quien está con alguien y no tú… Y la falta de realidad es cada vez mayor gracias a los filtros y el photoshop que nos elige la mejor luz y nos quita los peores granos. En la red, gracias a estos trucos, todas y todos podemos parecer perfectos, o casi.

Con Nuestros hijos en la red no solo vamos a encontrar una guía que nos enseñe todo aquello que necesitamos saber para ayudar a nuestros menores, sino que nos va a servir también para darnos cuenta de lo imprudentes que somos los adultos a la hora de entrar en ella, para ser conscientes de que todos hemos sido víctimas de un ciberdelito o podemos llegar a serlo, y de que a todos nos están colando más de un fake en estos tiempos convulsos.

Otra cosa muy interesante que nos enseña este libro es a denunciar ante la policía, algo que todavía nos cuesta. A no quedarnos callados ante cualquier estafa o delito al que nuestros menores se hayan visto expuestos. A que estos tengan la suficiente confianza de hablar con los adultos y decirles qué les está pasando. Los depredadores sexuales en las redes son capaces de utilizar miles de estrategias con tal de llegar a conseguir sus objetivos. Conocer cómo actúan, cómo se disfrazan bajo perfiles atractivos para los chavales, nos va a permitir estar atentos a las señales invisibles que emiten las niñas y niños cuando están siendo víctimas de acoso y no se atreven a dar el paso de denunciarlo ante sus adultos de referencia.

Como concluye Silvia Barrera en su libro, “no todo está justificado, ni el derecho a informar es ilimitado, cuando está en juego la dignidad y el honor de las víctimas, mucho más si son menores”.

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Sobre el autor

Javier Pizarro
Maestro de Educación Infantil, desde hace más de 15 años en la escuela pública. Acompaño a los niños/as así como a sus familias en el proceso de aprender. Apasionado por la literatura infantil y juvenil, que vista desde un punto desde la aproximación adulta, resulta llena de ironía, sentido común y nos ayuda a reflexionar sobre la educación, la vida y nuestras fantasías.
Decía José Saramago en su cuento para niños La flor más grande del mundo: “¿Y si las historias para niños fueran de lectura obligatoria para los adultos? ¿Seríamos realmente capaces de aprender lo que, desde hace tanto tiempo, venimos enseñando?”
Instagram: @javierpizavi
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