24.10.2019

‘Hija del camino’: para ser española no hay que ser blanca

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La escritora Lucía Asué Mbomío Rubio.

Sandra Nnom, protagonista de la novela, es la propia autora, Lucía Asué Mbomío Rubio. Pero solo a ratos. En las 360 páginas del libro ‘Hija del camino’ leemos historias donde convergen los destinos de ambas mujeres, otras en los que se alejan, encrucijadas parecidas, pendientes de idéntica graduación y un anhelo: encontrar su sitio en un mundo que no es ni blanco ni negro sino todo lo contrario. Sandra tiene una hermana, Sara. Veamos quiénes son.

“Se trata de dos hijas del extrarradio, dos hijas del camino, por el hecho de haber nacido entre dos mundos. Porque pesar de haber venido al mundo en Madrid, hay determinados momentos de su vida en los que no saben dónde está su casa. Una más que otra. Me interesa dejar muy claro que no existe una única experiencia, porque cada cual vive su negritud de forma diferente. Entre las coincidencias, sí está la sensación de crecer en una especie de limbo”, comenta Lucía, que, como la protagonista, también ha vivido en Londres y ha viajado hasta Guinea, pensando en que aquel trayecto era una vuelta, cuando en realidad resultó ser una ida.

La periodista y escritora ignora dónde acaba el camino o si la ruta es en sí misma un fin. “No es en absoluto una línea recta. Son tropiezos y cabreos, pero os aseguro que en estos momentos de mi vida el sentimiento identitario no es en absoluto tortuoso. Como dijo la escritora Taiye Selasy, (hija de una activista ghanesa y un escritor nigeriano, nacida en Londres y criada en Estados Unidos, que se autodefinió como afropolitana), reconocerse en una sola patria es encadenarse, quedarse corta. Yo tengo asumido que somos prismas que tenemos muchas caras y que no hay por qué mostrar siempre la misma”.

Lucía Asué Mbomío nació en Madrid en 1981, pero de niña manipulaba su origen haciéndose pasar por guineana, como su padre, para no tener que dar explicaciones. “¿En serio que eres española?”, solían preguntarle y preguntarse algunos conocidos, evitando rematar la frase con el desafortunado comentario “¡pero si eres negra!”, olvidando que uno es de donde nace, incluso de donde pace.

Sus padres, una ingeniera blanca y un profesor negro, han vivido siempre en Alcorcón, localidad madrileña de 170.000 habitantes, donde Lucía, después de tantos despegues y aterrizajes, asegura haber dado con su lugar en el mundo. “Recuerdo haber contado que era guineana desde muy, muy niña por pura comodidad, porque así acababa antes de dar explicaciones. En este momento de mi vida me siento alcorconera porque ahí están mis recuerdos de infancia, en Alcorcón me reconozco y me siento reconocida. No significa que sea el lugar perfecto, ninguno lo es, pero allí me siento en casa. En Guinea me sentí muy española y viviendo en Londres echaba muchísimo de menos Madrid”, explica Mbomío dibujando la cartografía sentimental de sus residencias.

Lucía tiene un hermano. El género es otro guión en el asunto de la afrodescendencia, igual que la situación económica. “Yo en España me siento muy negra, pero cuando viví un año en Guinea trabajando en televisión, me sentí mucho más mujer, volví siendo mucho más feminista porque me sentí mucho más atacada por ser una chica. Igual que aquí no soy blanca porque tengo parte negra, allí no era negra precisamente por mi parte blanca. Me desnorté ligeramente por la lectura que se hace allí de la mestiza, por el hecho de que un señor que pasa por la calle, te invite sin más a subir a su coche”.

Hipersexualización, canibalismo y otros tópicos racistas

La afrodescendencia en España es mucho más que una cuestión de origen, de genética teñida de melanina, de discriminación, racismo, prejuicios y tópicos repetidos hasta el hastío. “No se trata de integrar, sino de visibilizar. De acabar con los prejuicios. Conguito, Baltasar, Cola Cao, Nocilla, Carbonilla… Me conformaría con que aprendiesen a decir bien mi nombre, que parece mentira con lo pronto que la gente pronuncia varias consonantes seguidas en el caso de los futbolistas. O que dejen de considerarnos emigrantes de segunda generación. Somos españoles”.

Lucía firmaba no hace mucho en prensa un reportaje titulado Hipersexualización, canibalismo y otros tópicos racistas que ha perpetuado la publicidad, donde recopila algunas penosas campañas, tristemente pasadas y actuales. Esos detergentes que pulen las pieles hasta dejarlas como patenas; “Yo soy aquel negrito…”; “Somos los Conguitos” y la machacona identificación del café y el chocolate con personas africanas; el hombre negro que promociona un refresco con el eslogan ‘ahora tu cola puede ser más grande’; un bombón llamado Beso de negra, o la lamentable escena de dos hombres blancos apresados por una tribu de caníbales negros para promocionar una marca de embutidos.

Sistema clasista, racista y machista

Lucía estudió Periodismo en la Universidad Complutense de Madrid y tiene un máster en Ayuda Internacional y Desarrollo, además de haberse diplomado en Dirección y Guión de Documentales por el Instituto de Cine de Madrid. Ama su profesión y el poder del lenguaje, buscando la empatía en cada historia que cuenta, el lado humano de las cosas. “Soy reportera del programa Aquí la tierra (La 1), y cuando hablo de patatas, procuro referirme a las patatas de alguien en concreto. También me entristece que las personas negras solo aparezcamos en los medios hablando de emigración o de racismo. El periodista ha de hacerse preguntas, su peso está vehiculando ideas que contribuyen a hacer de contrafuerte en un sistema clasista, racista y machista”.

En la vitola del libro figura una frase del poeta Cesar Brandon (Malabo 1993). “En esta historia, Lucía Mbomío consigue lo imposible: luchar en una guerra que muchos hemos heredado, sin necesidad de elegir un bando. Y gana”. Brandon Ndjocu ganó hace casi un año uno de esos concursos televisivos donde aseguran descubrir y valorar talentos más o menos ocultos. Entre equilibristas, raperos descarados, magos, contorsionistas y algún que otro bufón de lo más bufo, Brandon conquistó al jurado mediático con un poema dedicado a su madre.

César Brandon Ndjocu Davies sigue estudiando para cumplir sus sueños: convertirse en educador social, terminar su máster en Relaciones Internacionales en el campus de Ciudad Real, Universidad Castilla-La Mancha, y seguir rimando. Su primer libro publicado se titula Las almas de Brandon. Recaló en España hace ocho años con la idea de formarse, convencido de pisar un país “mucho más acogedor de lo que parece a simple vista”. César es guineano y su traslado no fue en absoluto traumático; nada parecido a las terribles travesías que protagonizan refugiados e inmigrantes, y que en el escritor producen “un sentimiento terrible, mezcla de tristeza e impotencia”.

‘Estoy bien, gracias’

¡Ojo! César y Lucía son dos personas dichosas, felices dentro de lo que la vida nos permite a cualquiera. Estoy bien, gracias es el título de una columna publicada por Mbomío en Afroféminas, donde respondía a la percepción ajena, que a menudo le pide relax, como si su voz entonara constantes cuitas de plañidera. “El racismo no es algo que aparece el día que te llaman negra de mierda en el colegio. El racismo es lo que provoca que alguien, desde pequeña, entienda que ser negra es un insulto y por eso le añada la coletilla. Que no estemos tristes constantemente no significa que no haya racismo y que nos quejemos no implica que estemos llorando todo el día por las esquinas. Nacemos, crecemos y vivimos a pesar de él. Muchas veces somos felices, de hecho. La denuncia racista no es un acto de individualismo victimista, es la constatación y verbalización de una desigualdad histórica que tiene consecuencias, porque genera incomodidad, discusiones y enfados”, escribía Lucía.

Y hoy añade: “Soy una feliciana de cuidado. Con mi sangre llena de glóbulos rojos, blancos, plaquetas… y de ritmo”. Acaba bromeando así entre carcajadas la escritora de Alcorcón, el pueblo donde se perdió con tres años y alguien la llevó hasta casa sabiendo que “era la hija del profesor negro”. El pueblo en el que jamás se ha vuelto a perder. El pueblo donde siempre se encuentra.

‘Hija del camino’ se presenta este sábado, 26 de octubre, en la sala Conciencia Afro, en Matadero Madrid.

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Sobre el autor

Sol Alonso
40 años trabajando como reportera/presentadora/guionista/coordinadora de redacción/directora/subdirectora… Cuando empecé a escribir, no había ordenadores en la redacción. Cuando entré por vez primera en un estudio, Radio El País 1984, (informativos y Madrid Me mata dirigido por Moncho Alpuente), la música era vinilo y se servía en platos. Cuando debuté frente a una cámara de televisión, me temblaron las piernas. ONDA MADRIDy TeleMadrid, hasta el ERE de 2013. Mucha radio: EL CHISPAZO, M80 RADIO, LA VENTANA, y DE NUEVE A NUEVE Y MEDIA, con JAVIER CANSADO, CADENA SER, donde vuelvo cada mes de agosto colaborando en HOY POR HOY MADRID VERANO. He firmado en muchos periódicos y revistas: El País, El País Semanal, Diario 16, Cinemanía, Rolling Stone, Revista 40, La Mirada, Interviú, Vanity Faire, El Mundo Magazine, Yo Dona, Elle, Marie Claire, Vogue…) recalando en varias televisiones: TVE1, Antena3, Tele 5, y Telemadrid, Cuatro… Actualmente modero debates culturales y presentaciones del ciclo, Hay vida en Martes, y redacto la memoria anual del Espacio Fundación Telefónica, llamada, TOMO NOTA. En sus últimos tiempos de freelance, mi entusiasmo laboral viaja a 9000 kilómetros para vivir en Maputo, Mozambique tres meses al año, como voluntaria de comunicación con los dos proyectos que apoya en el continente africano la Fundación Mozambique Sur: Casa do Gaiato, y Fundação Encontro. Un colegio para niños de la calle, y educación para la Salud y trabajo comunitario en cinco aldeas, con casi 40.000 personas. En África realiza el sueño que da título a su blog. Vivir, Un año con dos veranos. https://soleton.wordpress.com/ soleton@gmail.com

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