De rodar historias de barro y barrio a presidente de directores de cine

De rodar historias de barro y barrio a presidente de directores de cine

Juan Vicente Córdoba, presidente de la Asociación de

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Juan Vicente Córdoba, presidente de la Asociación de Directores y Directoras de Cine (ACCIÓN).

Al comienzo del verano, Juan Vicente Córdoba, director de barrio y barro, de chabolas y quinquis, de títulos como Quinqui Stars, Cabezas habladoras (Goya 2017 al mejor cortometraje documental), Yo soy de mi barrio, A golpes, Entrevías, Flores de Luna, Aunque tú no lo sepas, fue elegido presidente de ACCIÓN (Asociación de Directores y Directoras de Cine), sucediendo a Benito Zambrano.

Córdoba, uno de los fundadores de esta asociación en 2018, insiste en que el audiovisual no puede depender de los presupuestos del Estado. “La industria del cine ha de pasar de una economía de subsistencia a otra de bienestar económico, social y productivo. Con instrumentos que respondan a las necesidades del sector en toda la cadena de valor cinematográfica”. Uno de los primeros objetivos de ACCIÓN es la creación de un Centro Nacional del Cine.

“Urge dotar a la industria cinematográfica de una herramienta nueva que responda amplia y eficazmente a la crisis actual y las consecuencias más inmediatas. El Centro Nacional del Cine ayudará a blindar la industria cinematográfica. En España, los directores estamos desprotegidos, siendo, de todos los oficios que reúne una película, el que nos ocupa por completo los dos o tres años que dedicas a un proyecto. Si diriges, no puedes hacer nada más durante ese tiempo. Si además escribes el guión o te ocupas de la producción, ya ni te cuento. Puede que cobres al cabo de dos años y tributas casi el 25%. Cualquier país de Europa tiene mucho más protegidos a los directores”, explica Juan Vicente Córdoba, repasando los asuntos más urgentes de un sector que, con sus dificultades, también le ha dado muchas alegrías. El cine, como la música, o su amado barrio de Vallecas, son esa especie de sarna que se rasca con placer, cada vez que surgen los pruritos, algo que sucede con demasiada frecuencia.

¿Escribe Vallecas o Vallekas? “Normalmente con C, porque es así el nombre. Utilizo la k, una opción que apareció a finales de los 70, cuando quiero darle un sentido más reivindicativo, más protestón”. En Juan Vicente Córdoba, historias y músicas de Vallecas. Conversaciones con PG, encuentro radiofónico con la periodista musical Patricia Godes, Córdoba repasaba no hace mucho una trayectoria singular que le llevó del barro del barrio hasta la alfombra roja. Cómo recoger un Premio Goya cuando se nace en Entrevías. “Cómo divertirte en Rockola cuando tus amigos tocan en Obús. Cómo descubrir el último grito musical cuando eres de clase obrera. Cómo recoger dinero para pagar la fianza de tu prima del FRAP y que dejen de torturarle en Carabanchel…”. Y muchos cómos más.

“Entre los terraplenes, los vagones y las vías, los quinquis pasábamos el tiempo peleando al calor de una hoguera subidos a un Seat 124 bebiendo litronas, fumando canutos y escuchando el casete. Éramos rebeldía y marginalidad. En mi barrio, Santi el Loco, el Munster, el Roger, el Tejera eran como el Torete, el Vaquilla, el Manteca, el Mandarina, el Fitipaldi, el Pesicolo y el Jaro”, recuerda Córdoba.

Córdoba rueda en 2008 la película Flores de luna, romántica manera de describir las infraviviendas que llamamos chabolas, chamizos levantados al abrigo de un limbo legal y la propia oscuridad nocturna. “En esa película quise repasar el proceso de cambio que vivió Madrid a finales de los años 40. De la intensa vida rural a la emigración rumbo a las ciudades sembrando el consiguiente desarrollismo. La mano de obra procedente del campo se agrupa de tal modo que en Madrid comienzan a surgir los barrios. Precarias viviendas mal acondicionadas, lo que llamamos chabolas, en zonas como San Blas o El Pozo del Tío Raimundo, transforman por completo el mapa social y humano de la ciudad. En 1901, Madrid terminaba en Atocha y a continuación solo había campo hasta llegar al pueblo de Vallecas. En las décadas de los 30, 40, 50, la vida de estos habitantes, auténticos luchadores, se va dignificando poco a poco. El acceso a la educación de la generación siguiente supone un escalón de dignidad para las familias, que, orgullosas de ver a sus hijos en la escuela, pasan también ellos de firmar con una x a aprender a leer y escribir”, comenta Juan Vicente Córdoba, recordando una curiosa anécdota surgida durante la proyección de Flores de Luna en el Festival Internacional de Cine Español de Manchester: la sala se llenó de ciudadanos de origen indio que, al acabar la proyección, explicaron durante el coloquio lo identificados que se habían sentido con las imágenes de aquel documental. Escenas calcadas a más de 2.000 kilómetros de distancia.

Nos cuenta Juan Vicente Córdoba que en todas sus películas aplica la experiencia en el relato. “Siempre cuento algo que yo mismo he vivido o ha sucedido muy cerca de mí”. La experiencia como musa de un testigo siempre al acecho. Nos llama la atención la intrahistoria de su primer largometraje, Aunque tú no lo sepas, estrenada en el año 2000. Es el título de un poema incluido en el libro Habitaciones separadas de Luis García Montero, que también se convirtió en canción. Emociones de balcón seguramente repetidas en estos tiempos de distanciamiento y sus barreras reales pero invisibles, entre cada uno y la calle, entre cada cual y los demás. El vecino del frente tan cerca, tan lejos…

“Todo empezó cuando mi chica, que acababa de leer El Vocabulario de los balcones, un relato de Almudena Grandes, me llamó emocionada para contarme que el protagonista era clavadito a mí. Joven de barrio enamorado de una chica de superior clase social”. Una historia de voyerismo, de charla silenciosa entre balcones, de espionaje emocional. “Cuando empecé con el proyecto, el título nos chirriaba un poco, así que hablé con Almudena, que a su vez le comentó al poeta, su novio por aquel entonces, mi intención de que el largo se llamase como uno de sus poemas. Todos estuvimos de acuerdo. Para mí fue un honor la opinión de Almudena Grandes: “eres perfecto para hacer esa película porque, sin duda, te veo tan macarra como a mi personaje”.

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