Los hombres también experimentamos nuestra ‘menstruación’

Los hombres también experimentamos nuestra ‘menstruación’

Foto: Pixabay.

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Lo útil define lo masculino. A los hombres nos preocupa lo que produce, por lo tanto hay que dominar y disciplinar sus partes. Nos preocupa el músculo, productor de movimiento; el pene, productor de poder y virilidad; el semen, productor de prole (o de dominación). Nos preocupa la fuerza, la potencia y la resistencia. Pero podemos intentar la tarea de conocer nuestras variaciones hormonales y mimarnos. Otra entrega de esta sección a dos voces. Diálogos sobre encuentros, el eterno femenino resistente y las masculinidades errantes. A cargo de Analía Iglesias y Lionel S. Delgado.

A los hombres, en general, todo lo corporal nos pilla por sorpresa. No solemos ir al médico, no nos inspeccionamos ni nos conocemos. El cuerpo masculino es un cuerpo útil, como bien dice Analía en su último artículo. Solo nos interesa lo que produce. Nos preocupa el músculo, productor de movimiento; el pene, productor de poder y virilidad; el semen, productor de prole (o de dominación). Nos preocupa la fuerza, la potencia y la resistencia.

Esto deja de lado muchísimo. Por ejemplo, ¿de cuántos hombres, que se dicen heterosexuales, sabéis que conozcan, inspeccionen o disfruten de su ano? El ano, como órgano del desecho –lo contrario de la utilidad– se encuentra despojado del placer y su conocimiento es tabú. Es famosísimo aquel hilo de Twitter que descubrió cómo el miedo del hombre a su propio culo llevaba incluso a prácticas que ponían en jaque las más mínimas medidas de higiene. Por no querer tocarse, algunos hombres ni se limpian. Pero no quiero centrarme en lo escatológico del tema sino ir más allá.

El cuerpo, para el hombre, es una máquina productiva y viril. El cuerpo masculino ideal es un cuerpo dominado y disciplinado. Eficaz y recto. Siempre disponible, siempre activo, siempre potente. Por ello llevamos tan mal el fallo, la impotencia o la enfermedad. Quizás por eso nos resulta humillante la visita al doctor, la visita al psicólogo o directamente pedir ayuda cuando no estamos bien.

El desconocimiento del cuerpo hombre es enorme. Lógicamente, no intento aquí generalizar injustamente. Dependerá de casos, de tipos de masculinidad y de momentos históricos. Pero aun con todas las particularidades, sigue habiendo un tema entre el hombre y su cuidado corporal. Hablaré aquí de hombres como sinónimo de “personas con pene”, sabiendo que la realidad es mucho más compleja, pero concededme el lujo por comodidad escrita, porfi.

La mujer como ser sometido a la naturaleza

Esta relación del hombre con su cuerpo no solamente le afecta a él. El hombre, en un contexto patriarcal, marca la medida de todo. Y, en este sentido, la mujer normalmente aparece como la sombra, la contracara. También en lo corporal. Así, si el hombre define su ideal corporal como un cuerpo disciplinado, la mujer aparece, a su vez, como víctima de su propio cuerpo.

El cuerpo femenino es visto como ese cuerpo caótico y azaroso que sigue una ley de la naturaleza en lugar de la ley de la civilización. El cuerpo femenino es un cuerpo rebelde. El cuerpo masculino está disciplinado según una lógica del entrenamiento, mientras que el cuerpo femenino es visto como un cuerpo que se impone a la voluntad de la propia mujer, siempre. Tanto, que la voluntad se termina identificando con esa fragilidad. Mi hermana me comentaba respecto a esto: “La voluntad femenina es frágil y azarosa porque se identifica con ese cuerpo cíclico y débil”.

Esa visión del cuerpo de la mujer como el cuerpo que ha de ser domado / estudiado / controlado remite a la configuración más básica del orden patriarcal: el cuerpo de mujer es para la mirada patriarcal ese eterno desconocido que tiene un pie en lo animal y uno en lo humano. La historia de la psicología y la medicina, entre otros, se teje contemplando al cuerpo de mujer como la variante del neutral masculino.

La menstruación es solo la prueba más fehaciente de todo esto. La llamada de lo terrenal, de lo biológico, somete a la mujer a ritmos que no son suyos. Y que estos ritmos se le impongan a la mujer de una manera tan radical únicamente reafirma al hombre en su idea de que su cuerpo disciplinado es el ideal.

El ciclo menstrual funciona como metáfora de la inestabilidad femenina: el cuerpo mujer, como dice Mari Luz Esteban, es definido a partir de su relación con la fertilidad y, así, se piensa como un cuerpo sujeto a alteraciones y modificaciones cíclicas debido a su ciclo fértil-menstrual. El cuerpo mujer no puede ser objetivo, neutral y racional porque se encuentra sometido por estos ciclos. El cuerpo mujer es caos y cambio. Y tanto es así que investigaciones como las de Brigitte Leeners, en Zúrich, buscan demostrar algo tan básico como que los ciclos hormonales femeninos no alteran sus capacidades intelectuales.

Los hombres siempre han visto con sospecha la relación del cuerpo mujer con la cordura. Avicena, en su enciclopedia Canon de la Medicina, habla de cómo la sangre menstrual puede hacer que la mujer sea más propensa a la demencia si se potencia en ella el humor melancólico. La Hysteria (del griego hystera, ‘útero’) se plantea así como un trastorno fundamentalmente femenino, despojando a la mujer del don de la neutralidad.

Los hombres y la neutralidad

La relación de los hombres con la menstruación es compleja. Ya desde pequeño yo viví ese asunto como un tema desconocido. Se habla en susurros, en los rincones. Mi madre lo comentaba con mi hermana a nuestras espaldas. Nunca se nos hizo partícipes de estos temas.

En las poquísimas clases de educación sexual (dos o tres horas en toda la vida académica, centrada sobre todo en las ETS), la explicación de la menstruación es superficial y termina comunicando la imagen de la que se habla más arriba: el cuerpo de la mujer sigue unos ritmos caprichosos, ajenos a su voluntad.

En un artículo pasado, escribí sobre la tendencia masculina a exteriorizar una voluntad ajena en el pene. La frase “pensar con el pene” funciona externalizando una serie de decisiones. Similar a la tendencia a pensar en la menstruación como un ritmo-otro, como resultado de un útero que piensa por sí mismo. Como ejemplo, ahí están las tiras cómicas de Sarah Andersen sobre el útero.

Sin embargo, si somos estrictas, el cuerpo hombre no puede estar sujeto a leyes distintas. Somos carne, hormonas y heridas. Todas, sin distinción. Pero, aun así, ¿cuánto sabemos de la relación entre los ciclos hormonales y el cuerpo hombre?

¿Cuántas veces habéis escuchado hablar de ciclos hormonales en hombres? A los tíos, ¿cuánto os habéis preocupado por las variaciones hormonales que sufrís? ¿De verdad pensamos que nuestra libido, como nuestra alegría, tristeza o cansancio no tienen absolutamente nada que ver con las variaciones hormonales que sufrimos?

Las personas con pene sí tienen alteraciones hormonales. Ocurre que se habla muchísimo menos de ello. Y afectan igualmente a su vida emocional. Es más, los ciclos hormonales masculinos, por lo que se sabe, pueden llegar a ser más caóticos, diversos y fuertes que los de las mujeres, llegando a tener variaciones enormes en el transcurso de un solo día.

Ciclos diarios, ciclos incluso menores (ciclos extracortos de unos minutos), ciclos mensuales e incluso anuales… Picos que se dan por la mañana y bajan a lo largo del día, picos que alcanzan máximos en otoño y se desploman en verano, picos en ciclos mensuales que pueden ir de 8 a 30 días… La variación es tan grande que resulta absolutamente incomprensible que no estemos leyendo compulsivamente sobre esto cada una de las personas con pene que nos preocupamos sobre nuestro cuerpo.

El caótico cuerpo con pene

Los ciclos hormonales no solo existen, sino que podrían poner en jaque la supuesta neutralidad y objetividad del hombre en la misma medida que suele presuponerse en la mujer. El doctor Gerald Lincoln lo llama El síndrome del hombre irritable, que se da cuando los niveles de testosterona decaen dramáticamente en algunas personas con pene. Jed Diamond, en el libro titulado como el síndrome, desarrolla aún más el término y habla de predominancias en edad (entre la adolescencia y los 40 años) o desencadenantes (hormonales, pero también mentales, como el estrés, incluso identitarios).

Y, con todo, las variaciones hormonales masculinas siguen siendo tremendamente desconocidas por las personas con pene. Me encantaría ver tanta preocupación como para hacer apps de móvil que midan los cambios hormonales como pasa con la mujer. Pregunto a mis amigos y poco o nada saben sobre el tema. El desconocimiento sigue siendo un privilegio masculino: podemos pasar por la vida sin entendernos, ya que el cuerpo hombre nunca ha sido objeto neurótico del ojo médico. Somos caóticos, pero pasamos inadvertidos.

La menstruación, como los ciclos hormonales masculinos, nos ponen en la tesitura de reconocer la materialidad de la vida, la realidad inevitable de que estamos afectadas por el mundo, la carne y su mundanidad. Nos queda conocernos, experimentarnos y habitar pacíficamente un cuerpo caótico. Encontrarnos con otros cuerpos caóticos. Y mimarnos.

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