14.04.2020

La ‘Humanidad’ de Weiwei, el artista chino más crítico con el régimen ‘comunista’

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Instalación de Weiwei titulada ‘Law of the Journe’. Cortesía de la National Gallery Prague.

China sigue en el centro de todas las miradas por su responsabilidad en la pandemia y la ocultación de datos. Ai Weiwei, el artista chino más importante, conocido disidente del régimen ‘comunista’, uno de los artistas conceptuales más conocidos hoy día, ha criticado duramente al régimen dictatorial chino por su polémica gestión de la debacle. Poco antes de saltar esta crisis y dejar el mundo hecho añicos, Weiwei había lanzado el libro ‘Humanidad’ en torno a las fisuras del planeta, centrándose en el drama de los refugiados.

Weiwei ha achacado buena parte de la responsabilidad en este desastre a China por haber ocultado la verdad durante semanas, como también ha subrayado un informe de la ONG Reporteros Sin Fronteras. Por cierto, esta organización analiza muy de cerca cómo el coronavirus está afectando a la libertad de información y al trabajo periodístico en diferentes países y regiones del mundo. 

Weiwei no es solo de los artistas internacionales más conocidos, sino también uno de los activistas más importantes; sus acciones y arte se encaminan a denunciar situaciones injustas en el mundo. Preocupado por los refugiados, su libro Humanidad, publicado recientemente por la editorial Paidos –editado originalmente por la Universidad de Princetown–, recoge sus reflexiones sobre el tema. Se trata de una selección de escritos y pensamientos sobre la vida humana y la crisis de los refugiados, un drama que ahora ha pasado a un segundo plano, pero que sigue ahí, sangrante.

Las reflexiones de Weiwei, que también ha presentado dos documentales en los dos últimos años sobre este tema, se reparten en apartados como crisis, fronteras, poder, desplazamiento, libertad y acción.

“Al inicio de 2018, más de 65 millones de personas se han visto obligadas a desplazarse por todo el mundo, y mucho países han reaccionado adoptando medidas desalentadoras, políticas exclusivistas”, escribe su antólogo Larry Warsh. Por ello, “la implacable concentración de Ai Weiwei en esta crisis humanitaria transmite la esperanza de que el arte, junto con el diálogo político, puede dar lugar a una mayor concienciación, apoyo y reconciliación entre los seres humanos”.

Esta selección de artículos, entrevistas y conversaciones en forma de sentencias pone de manifiesto la profunda urgencia sobre la crisis mundial de los refugiados, la resistencia y la vulnerabilidad de la condición humana y cómo el papel del arte puede llegar a proporcionar voz a aquellos a quienes se les ha negado.

“Cualquiera podría ser un refugiado. Podrías ser tú, podría ser yo. La llamada ‘crisis de refugiados’ es una crisis humana”.

“Mi visión utópica se apoya en la idea de que todos los hombres son creados iguales y que la vida es un regalo” 

La vida de Weiwei está marcada desde su nacimiento. Hijo de un intelectual contrario al régimen de Mao Zedong, él y su familia fueron de campo en campo de trabajo. El padre de Weiwei, Ai Quing, escribió en 1979 sobre la muralla china: “Incluso si fuera mil veces más alta, más ancha y más larga ¿podría bloquear las nubes, el viento, la lluvia o el crepúsculo?”. Y así lo expresa en el libro: 

“Nací cuando mi padre era refugiado. Comprendí lo bajo que puede caer la humanidad”. 

Por sus acciones en defensa de la libertad en China, Weiwei fue detenido por el gobierno en 2011, durante 81 días, y posteriormente permaneció cinco años en arresto domiciliario. En 2015 recibió el premio al Embajador de Conciencia que otorga la organización Amnistía Internacional a personas que contribuyen a la causa de los derechos humanos.

“En la Europa actual vemos que muchas personas tratan de apartar a los refugiados. La humanidad siempre vencerá. No creo que este tipo de segregación y de odio pueda vencer”.

La instalación sobre migrantes de Ai Weiwei.

Una de sus mayores instalaciones ha sido precisamente la montada en Praga en 2017 para reflexionar sobre el drama de los refugiados. Law of the Journey (La ley del viaje) era una gigantesca patera de 70 metros y 258 figuras hinchables. El artista explicó a los medios: “No hay una crisis de refugiados, es una crisis humana y en la forma de gestionar esta crisis hemos perdido nuestros valores más básicos. El problema de los refugiados es global, un problema político a varios niveles, y no va a desaparecer. La situación está empeorando”.

El museo Trade Fair Palace de la capital checa describió la exposición como una “declaración épica sobre la condición humana: la expresión de empatía y preocupación moral de un artista frente a una destrucción y muerte continua”.

“Siento una gran compasión por las personas que temen a los migrantes, por su carencia de conocimiento y, como consecuencia, su incomprensión de la humanidad”.

Se reconoce su obra no solo por su contenido de denuncia política sino por sus colosales dimensiones: Sunflowers seeds (2010), cien millones de pipas de girasol hechas a mano; Remembering (2009), 9.000 mochilas escolares; Baby Formula, 1.815 botes de leche en polvo. Todas son obras de carácter colaborativo en las que el propio proceso de producción o las relaciones entre los participantes forman también parte de su arte. Algunos opinan que Weiwei tomó de Duchamp el ready made y de Warhol la seriación para, con todo ello, expresar su cabreo monumental con el régimen político chino.

“Los artistas deben confiar en que pueden empatizar con las necesidades humanas básicas, como una bocanada de aire o la sed de agua. Toda obra producida debería compartir dichos elementos básicos vitales”.

“La forma en que todos abordamos el valor de la libertad humana es lo que define mis obras. Un individuo que está en este planeta, usa su mente y pasa a la acción puede establecer una comunicación con otras personas para cambiar las cosas”.

El arte de Weiwei se mueve entre la historia y la contemporaneidad, entre la cultura tradicional china y el imperialismo cultural de Occidente. Posiblemente una de las obras que mejor representa este aspecto es Vasija de la dinastía Han con el logotipo de Coca-Cola, de 1995; un símbolo occidental marcado en un objeto propio del arte milenario chino. China y la sociedad de masas, la producción desmesurada, es uno de los ejes principales de su trayectoria.

“Estoy ansioso por comprender cómo los valores que constituyen los cimientos de la democracia y de la libertad se protegen y cómo han sido violados. Involucrarse –iniciar un viaje personal hacia una mayor comprensión del contexto político, de la situación actual y de las posibilidades del futuro- es la acción más natural para un artista como yo”.

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Sobre el autor

Pura C. Roy
Periodista y gestora cultural. Estoy a favor de un conocimiento transversal, por eso me apasiona tanto la ciencia y el medio ambiente como la poesía, la literatura y el teatro. Puedes seguirme en Twitter: @cuencapura

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2 comentarios

  • El 14.04.2020 , Style Gent ha comentado:

    Su nombre es sinonimo de arte politico y global. De derechos humanos, libertad de expresion y compromiso extremo. Ha pasado por la carcel. Ha vivido anos sin poder salir de su pais, China. Le han demolido los estudios. E incluso le han tenido que intervenir quirurgicamente por coagulos cerebrales provocados por violencia policial. Nada de eso ha podido parar a Ai Weiwei (Pekin, 1957), que sigue imparable denunciando in situ y convirtiendo en arte una realidad que, reconoce, vive un momento critico. Su historia con la libertad de expresion y el compromiso artistico comenzo cuando era un nino, con su padre, gran poeta chino, desterrado, que tuvo que limpiar letrinas y viviendo en subterraneos durante la Revolucion Cultural. A Ai aun le gustan los subterraneos, como su estudio de Berlin, se siente protegido. Vivio los ochenta en los EE.UU. y su regreso a China en 1993 fue un revulsivo para el arte contemporaneo de su pais, pero su arte politico acabo chocando con el regimen. Lleva tres anos exiliado en Alemania –aunque ahora busca un lugar con mas sol y donde el idioma le cueste menos– y con 61 anos sigue imparable, viajando a campos de refugiados de todo el mundo o a Mexico a seguir el rastro de los estudiantes de Iguala asesinados. O a la carcel de Lledoners, donde el domingo visito a Jordi Cuixart –su companera, Txell Bonet, habia entregado a Ai una taza de ceramica hecha por el en la carcel y el artista quiso conocerle- y donde ayer ademas mantuvo una reunion con presos de todo tipo que le emociono.

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