Irene Vallejo y cómo tratar con naturalidad a Heródoto

Irene Vallejo y cómo tratar con naturalidad a Heródoto

La escritora Irene Vallejo. Foto: Santiago Basallo.

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Naturalidad. Naturalidad al vivir y al escribir. En el Taller de Escritura de Clara Obligado tienen claro que con naturalidad se llega más lejos, más profundo e implicando a más gente. Alejándonos de la pomposidad. Como la premio Nobel Alice Munro. O como Irene Vallejo, premio Nacional de Ensayo de este año con ‘El infinito en un junco’, al hablar con naturalidad de los clásicos: “Parte de las respuestas que buscamos están en Heródoto”.

Suelo escuchar Radio Clásica para trabajar y una cosa que siempre me ha llamado la atención es la solemnidad (por no decir pomposidad) con la que hablan algunos locutores. Parece que se dirigieran a nosotros desde un púlpito, como si tuvieran que adornar con su tono sacerdotal la música que vamos a escuchar, que por otro lado se basta a sí misma, para eso es ya clásica, ¿no? Creo que algo parecido sucede con el ensayo divulgativo en España (en eso los anglosajones nos llevan una gran ventaja), aunque por suerte las cosas están cambiando en España.

Un ejemplo de lo que digo es El infinito en un junco (Siruela), de Irene Vallejo, que se ha convertido en un fenómeno literario porque ha sido capaz de aunar la gran literatura con el entusiasmo de la crítica y del gran público. En este ensayo narrativo (creo que es un buen término para definirlo), que ha cautivado ya a miles de lectores, la escritora zaragozana (ha recibido entre otros el Premio Ojo Crítico y el Premio Nacional de Ensayo) nos cuenta el origen del libro como base de nuestra cultura. El abandono paulatino de la tradición oral y la fijación de los saberes en el papel cambió el mundo para siempre, quizás como lo está haciendo ahora Internet. Uno lee esta historia sobre los libros, esta reivindicación de la cultura clásica, como si fuera una novela, con un inmenso placer, con ganas de llegar al capítulo siguiente y de saber qué pasa, aunque conozcamos el final de antemano. Vallejo habla de Alejandro Magno o de Aristóteles como si fueran personajes de un relato, como amigos a quienes ha conocido en un bar y que tienen una bonita historia que contar.

La naturalidad con la que está escrito El infinito en un junco y que ha cautivado a tantos lectores es la misma que tiene Irene Vallejo al hablar de su obra, de la importancia de los clásicos o la reivindicación de la lectura y la escritura como placer. Lo pudimos comprobar el martes pasado en la fiesta del Taller, que celebramos todos los años y que este que acaba hemos tenido que hacer por Internet. Junto a casi cien escritores de los grupos y profesores del Taller, fue emocionante escuchar a Irene Vallejo. Un lujo y una fiesta en sí misma porque el éxito de su libro es el de la buena literatura, la que tratamos de trabajar en nuestras clases. Es también el síntoma de que los clásicos, las clásicas, tienen mucho que decirnos, a pesar de que el sistema se empeñe en arrinconarlas cada vez más. Parte de las respuestas que buscamos, nos dijo Irene Vallejo, están en Heródoto, en quienes nos precedieron y se las hicieron antes que nosotros centenares de años atrás.

Conscientes de que los clásicos forman parte de la espina dorsal de cualquier escritor, en el Taller siempre nos hemos tomado muy en serio su lectura, pero nos hemos acercado a ellos de tú a tú, como a unos abuelos a los que adoramos y a quienes escuchamos porque tienen muchas cosas que enseñarnos. En esta misma sección en la que escribo ahora, no ha faltado ese acercamiento a los clásicos de la mano de una de nuestras profesoras, Camila Paz, filóloga entusiasta que descubrió a Irene Vallejo antes de que “Irene Vallejo fuera Irene Vallejo”, como contó la propia Camila en la presentación de la autora de El silbido del arquero (Editorial Contraseña).

La impresión que tuve al oír a Irene Vallejo me recordó a la que sentí semanas atrás cuando leímos en clase a Alice Munro. En una entrevista con motivo de la concesión del premio Nobel, recogida en la antología Todo queda en casa (Lumen), la autora canadiense responde con una naturalidad, una cercanía y una humildad que no es habitual en el mundo literario. Responde a las preguntas sin darse la menor importancia, como si fuera uno de nosotros, una persona común y corriente que solo quiere y necesita contar sus historia de la mejor manera posible. Cualquiera diría que va a recoger el galardón literario más importante del mundo. Es conocido que Alice Munro empezó a escribir sus cuentos en el cuarto de la plancha y que arrinconaba lo que andaba creando cuando llegaban sus hijas del colegio. Retiraba los papeles para prepararnos la merienda como si estuviera retirando la lista de la compra, diría una de sus hijas años más tarde.

Esa falta de solemnidad frente al hecho de escribir de Alice Munro (aunque a la vez se la tome como lo más serio del mundo) me pareció que la comparte también Irene Vallejo, quien entreveró el proceso de creación de su libro con anécdotas personales. Una actitud frente a la literatura tan distinta, por ejemplo, a la del Umbral que conocemos, del personaje que se forjó, y que se deja ver en el reciente e interesante documental Anatomía de un dandy.

Creo que esa relación con la escritura es un valor que compartimos los profesores del Taller y los narradores de los grupos con los que trabajamos. También los escritores y especialistas invitados que han participado estos meses de inicio de curso vía zoom y de quienes hemos seguido aprendiendo. Hemos conocido mejor al gran y original escritor uruguayo Felisberto Hernández gracias al profesor Julio Prieto, quien nos habló desde Alemania, donde imparte clase. Uruguaya es también Fernanda Trías, con quien conversamos en torno a sus novelas, publicadas en la editorial Tránsito. Con el escritor chileno Alejandro Zambra hablamos de Poeta chileno (Anagrama), su última novela, de los géneros híbridos, de las fronteras entre narrativa y poesía, de cómo surgen las historias.

El año que viene reemprenderemos las clases con el mismo entusiasmo, con la certeza de que la literatura es un refugio y un placer inmenso (una orgía perpetua que diría Flaubert) en estos tiempos tan turbulentos. “Dar protagonismo a las palabras embellece el mundo”, dijo Irene Vallejo en su charla. Demos, pues, protagonismo a las palabras.

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Taller de Escritura de Clara Obligado 

javiermorales@escrituracreativa.com

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Comentarios

  • angel coronado

    Por angel coronado, el 27 diciembre 2020

    De acuerdo en todo. De acuerdo en todo, pero sin rastro alguno de desacuerdo, me ocurre como si queriendo coger con firmeza un pez recién pescado, éste, escurridizo, escapase de la mano. Esto es natural, siempre ocurre. Lo extraordinario es lo siguiente. La mano nunca queda vacía. A saber si se trata del mismo pez misteriosamente de vuelta, o es otro. Imposible saberlo.
    De acuerdo en todo. De acuerdo en todo. Escribir con naturalidad. Estoy de acuerdo. Pero al punto ese nuevo (¿nuevo?) pez: se pregunta por lo que sea o pueda ser o significar verdaderamente la voz «naturalidad.

  • Marién Alicart Mateu

    Por Marién Alicart Mateu, el 27 diciembre 2020

    Buenas tardes,

    Agradecería que me hicieran llegar a mi correo artículos similares al anterior.
    Muchas gracias por anticipado.
    Saludos cordiales,

    Marién

  • Pilar López

    Por Pilar López, el 28 diciembre 2020

    Quisiera recibir información del taller

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