11.12.2014

Irónico Billy Wilder sobre el puritanismo y la doble moral

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Imagen promocional de la película 'Berlín occidente' de Billy Wilder.

Imagen promocional de la película ‘Berlín occidente’ de Billy Wilder.

El maestro de la comedia Billy Wilder logró en ‘Berlín Occidente’ (1948) pasarse por la Puerta de Brandenburgo toda moral cretina y satirizar sobre la economía sumergida, la corrupción, el puritanismo, el liberalismo ávido de carnada, la actitud del vencedor sobre el vencido y su falso paternalismo, incluso el nazismo y sus líderes, los derrotados y su cauto sometimiento. Antonio Bazaga nos recomienda otra obra maestra sobre uno de sus temas favoritos: la doble moral.

En la conferencia de Potsdam de agosto de 1945, Estados Unidos, la Unión Soviética y Reino Unido, aliados y vencedores de la Segunda Guerra Mundial, acordaron, entre otros muchos puntos, la división administrativa de Alemania y Austria, y de las ciudades de Viena y Berlín. Bajo el poder de un Consejo Supremo de Control, liderado por cuatro comandantes militares, se repartió el territorio en cuatro zonas de ocupación: americana en el suroeste, británica en el noroeste, soviética en el este y francesa en el oeste.

Del mismo modo, se concretó el llamado plan de las cuatro “D” para la reconstrucción de Alemania, que incluía las cuatro medidas esenciales a tal efecto: desnazificación, desmilitarización, descartelización y democratización.

Berlín era entonces una ciudad destrozada, castigada sin piedad por los bombardeos aliados que descargaron toda su rabia sobre la ciudad que había sido el símbolo indecoroso del nazismo y todos sus horribles crímenes durante más de una década. Perdida en la derrota y en la deshonra, Berlín y sus gentes se vieron en la ardua tarea de la supervivencia, bajo la miseria extrema y el estigma terrible alcanzado por obediencia ciega o por deshumanizados ideales en su nefasta cruzada aria. Destinados a vivir hasta su “purificación” o el pago de su pena bajo el mandato y la influencia de cuatro vencedores distintos, dividida, sometida y vigilada tal como sus mandamases habían soñado para el resto de Europa.

Terrible, ¿no? Es lo que tiene la guerra. Pues bien, cojan todo esto y mucho más si son curiosos y leen un poco sobre esa época, métanlo en una coctelera, agítenlo y háganme una comedia. Y ustedes dirán: eso sí que es difícil.

En 1948, tan solo tres años después de lo narrado, Billy Wilder, el dios de algunos como Fernando Trueba, lo hizo. Yo no creo en ídolos, ni de piedra ni de oro, pero sí en la maestría de algunos genios, y Wilder pudiera ser uno de ellos. Así bien, les contaba, el gran Billy rodó una maravillosa e irónica comedia titulada Berlín Occidente (A Foreign Affaire).

Les pongo al corriente de lo que se cuenta en la cinta. En 1947 llega a Berlín una delegación del Congreso americano con la misión de observar y evaluar la moral y el comportamiento de las tropas norteamericanas de ocupación. En ella viaja Phoebe Frost (Jean Arthur), congresista republicana por Iowa, mujer que hace honor a su apellido (hielo). Puritana y concienciada hasta el extremo en su labor, Frost comienza a tener sospechas de que un oficial americano está protegiendo a una cabaretera llamada Erika von Schluetöw (Marlene Dietrich), de quien se cree que tuvo lazos con miembros del Partido Nazi como Hermann Göering o Joseph Goebbels. Para esta misión elegirá como ayudante a su paisano el capitán John Pringle (John Lund), al cual ha conocido nada más aterrizar en tierra alemana y que presta sus servicios en la Oficina de Desnazificación, sin saber que es él precisamente quien mantiene relaciones con la susodicha cabaretera. Mientras tanto, el Coronel Rufus J. Plummer (Millard Mitchell) intentará distraer y convencer al resto de comisionistas sobre la labor ardua que sus hombres prestan en la rehabilitación de la ciudad y sus habitantes. El enredo no ha hecho más que comenzar.

Debo suponer que la maestría del genio llega tan allá que, disfrazada de comedia, Wilder eludió y se pasó por la puerta de Brandenburgo el código Hays de producción cinematográfica y su sistema de censura.

Bajo el disfraz de la romántica historia de una mojigata congresista republicana y su aun más santurrona y arrogante misión, Wilder compone una magistral y afinada crítica, no exenta de cinismo y cáustica ironía, que levantó las iras más encendidas de aquellos que, como el Congreso estadounidense y su Departamento de Defensa -que no dudaron de calificar la cinta de “podrida”- no pudieron soportar la bufa que la película suponía de su santa misión reconstructora y rehabilitadora del bien para con Europa y el mundo. La película no sería estrenada en territorio alemán hasta 1966.

Wilder, junto a sus coguionistas Charles Brackett y Richard L. Breen, compone una sutil y ligera historia -blanca por fuera, negra por dentro-, tan divertida como impactante, sin dejar fuera ninguno de los puntos más precisos, y sin embargo escondidos, del quehacer cotidiano en semejante periodo. Desde el mercado negro que inunda la ciudad y la economía de supervivencia de sus moradores despojados, bajo el hambre, de cualquier ideología y deseosos de vivir, de continuar e incluso, por qué no, de divertirse; pasando por la hipocresía de los cínicos congresistas americanos, famélicos de votos, que prefieren creerse cualquier mentira que no les reste adeptos para su cómoda causa; hasta el comportamiento instalado en los soldados aprovechando la situación para sacar partido económico o sexual de la mísera vida de los ocupados.

Tal como si de una ironía socrática se tratase, Wilder construye, junto a la complicidad habitual que siempre supo tener con el espectador, una verdad que no es la que estos tienen por cierta. Acercándolo, una vez más, a la realidad, sobre el triple mortal que supone componer una comedia bien hecha.

Satiriza el Maestro con la Comisión del Congreso Estadounidense, la economía sumergida, la corrupción, el puritanismo característico de la doble moral americana de la época enarbolada por el liberalismo ávido de carnada, la actitud del vencedor sobre el vencido y su falso paternalismo. Incluso lo hace con el nazismo y sus líderes, con los derrotados y su cauto sometimiento.

Y todo ello lo hace sin despeinarse, tanto a través de los giros cómicos más académicos, como de las situaciones más dignas del romanticismo clásico y con la ayuda de tres maravillosas y aclaratorias canciones interpretadas por Dietrich y compuestas por Friedrich Hollander: Black Market, Illusions y The Ruins of Berlin, que si tienen la suerte de entenderlas o ver la cinta en V.O. les dejará congelada la conciencia.

Y aún una vuelta más, ya que gracias al material que le cediera la oficina de reconstrucción de la filmoteca alemana, sitúa la historia sobre el suelo de un Berlín destrozado, ruinoso, más cercano a un paisaje marciano que al corazón de un Estado que poco antes proclamaba su grandeza y superioridad frente al mundo. Paradojas.

Los diálogos, siempre irónicos y magníficos, dignos del director, cargados de segundas intenciones o interpretaciones, están soportados por grandes actores de cuya talla es vano hablar una vez más, si bien me gustaría destacar, por ser el menos conocido de todos, la más que solvente interpretación de Millard Mitchell como el Coronel Rufus J. Plummer.

No se pierdan, va en serio, esta comedia ácida y crítica con la guerra y el nazismo, con los vencedores y los vencidos, con todo lo que quiso ponerse Wilder por delante, envuelta en una divertida y amable comedia sobre el puritanismo y lo mojigato, frente al amor y la vida.

Inteligente como siempre Mr Billy. ¡Bienvenido!

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Sobre el autor

Antonio Bazaga
Toño Bazaga. Más de 20 años dedicados al mundo del cine, habiendo tocado casi todos los palos: producción, desarrollo, escritura, financiación… Convencido de que el futuro del cine está aún por llegar. Apasionado de la literatura y la historia, creo que el celuloide es el mejor invento para contar lo que pasa, lo que pasó y lo que puede pasar. En fin, parte indispensable de nuestra vida.

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6 comentarios

  • El 12.12.2014 , Juanjo ha comentado:

    Qué grande el cine de Wilder y qué olvidada esta gran comedia, cuanto te divierte y cuanto te muestra por detrás del entretenimiento, como tu dices Grande, Grande, gracias por el artículo una vez mas

  • El 12.12.2014 , Kepamk ha comentado:

    Enhorabuena por el artículo. Siempre he pensado que estando “Berlin Occidente” entre las mejores obras de Wilder siempre ha sido ninguneada en favor de obras más conocidas pero no mejores. Ha sido un placer encontrar una reivindicación de una de las pelis mas vitriólicas e ingeniosas de la historia del cine y una de las más grandes del ya de por si “enorme” Billy Wilder

  • El 12.12.2014 , Carlos ha comentado:

    Qué magníficos giros cinematográficos nos das cada viernes que salen tus artículos, con las propuestas y con el contenido de las mismas. No dudo en volverla a ver, sin perderme las apreciaciones vertidas en tu recomendación. Gracias.

  • El 13.12.2014 , Nacho ha comentado:

    Dijo Wilder que Arthur le llamó semanas antes de morir para darle las gracias por la película, es una pena que haya quedado un poco relegada entre la obra del Maestro Billy Wilder pues es una comedia ácida digna de ser reconocida, yo la disfuté mucho, gracias por su artículo y viva Wilder!

  • El 18.12.2014 , Olga ha comentado:

    Billy Wilder y ‘Berlín Occidente’, de las mejores artículos que he leído sobre ella. Y desde luego no puedo después de esto, quitarme el gusanillo de volverla a ver y disfrutar una tarde estupenda de cine con tantos ingredientes.

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