23.06.2019

José Ovejero: “El intento de mantener todo bajo control nos hace muy extraños”

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El escritor José Ovejero. Foto: Ana Galicia.

Siempre he pensado que el escritor madrileño José Ovejero tiene aspecto de patricio romano. Es alto y delgado, con el pelo corto y canoso, los rasgos afilados. Bien podría ser interpretar a un emperador como Marco Aurelio o Adriano, lo que no sería del todo descabellado para este autor polifacético que alguna vez ha dado el salto a los escenarios. Narrador, poeta, ensayista que ha profundizado en los vericuetos de la crueldad, Ovejero ha producido y dirigido junto a la también escritora Edurne Portela el documental ‘Vida y ficción’. La cita con ‘El Asombrario’, en el madrileño barrio de Lavapiés, donde vive, es para hablar de ‘Mundo extraño’ (Páginas de Espuma), ganador del último Premio Setenil al mejor de libro de relatos.

En la entrevista promocional que adjunta la editorial, explicas cómo armaste el libro. Algunos de los relatos ya habían sido publicados, pero otros los escribiste pensando en ‘Mundo extraño’, ¿no?

Llevaba tiempo con ganas de escribir un libro de cuentos, lo que pasa es que para mí escribir cuentos es como escribir una novela, necesito una especie de hilo conductor. De vez en cuando me encargaban un cuento, lo escribía. Y me di cuenta de que en ellos se aunaban dos facetas que se estaban desarrollando ya en mi novelística: una línea más intimista y otra más esperpéntica, con muchos personajes, sin buscar la verosimilitud. Me gustó la idea de que podía jugar con esos dos extremos que me parecían irreconciliables. Miré los cuentos que había escrito en los últimos años, entresaqué tres o cuatro que me convenían y me senté a escribir cuentos, uno detrás de otro. Hasta que tuve el libro.

Kafka nos enseñó que el realismo y el absurdo no están demasiado lejos…

Eso es. Son dos maneras de mirar la misma realidad. A menudo, esa visión que tenemos de la realidad es cambiante. Todo se convierte en absurdo, un poco como con lo grotesco, una deformación de eso que vemos que puede ir hacia lo terrorífico y a lo divertido, según como se vea. Uno de los hilos conductores del libro era esa extrañeza ante la realidad, pero era una extrañeza doble, la nuestra como lectores, pero también la de los personajes, que se comportan de una manera que nos puede parecer extraña porque intentan actuar con absoluta normalidad, a veces ante la catástrofe. Lo resume el cuento Nunca me pasa nada, un tipo que dice que nunca le pasa nada y le pasa una cosa detrás de otra. Así es como vivimos. Bueno, está bien, no, no pasa nada. Y eso, ese intento de mantener todo bajo control, nos vuelve muy extraños a las personas y a los personajes.

Hay dos sentimientos que, al modo de Marguerite Duras, recorren casi todos los cuentos de ‘Mundo extraño’: el amor y el dolor como sustentos de la vida. Un amor muy alejado del ideal romántico por otro lado. El amor y el dolor como reverso y anverso.

Sí, a mí nunca me ha interesado el amor romántico ni como tema literario ni tampoco como sensación vital. La idealización de las relaciones, de los sentimientos, me parece más un empobrecimiento que un enriquecimiento. Yo creo que el dolor es parte del amor, no es el anverso. De ahí una de las preguntas que aparece en la contracubierta del libro: ¿Qué nos une más, el amor o el dolor? Pienso que están tremendamente entretejidos, porque incluso en los momentos más intensos de amor está el dolor de la posible pérdida. Y, de hecho, creo que el dolor compartido une mucho a las personas, a veces más que el amor. El dolor en el fondo genera algo muy parecido al amor, que es la empatía, sentir en el otro, meterte en el otro; en ese sentido me parece también que es algo muy poderoso.

Me ha gustado que en tus cuentos, no digo en todos pero sí en algunos, haces una crítica social de una manera muy sutil. No son cuentos de tesis, ni mucho menos, pero están conectados con la realidad. Abordas el machismo, los desahucios, la sociedad de consumo o las paradojas del capitalismo. Eres un autor que no eludes el mundo que te ha tocado vivir.

Sí, es que yo no soy capaz de imaginar la intimidad, lo privado, lo psicológico, fuera de un contexto social y político. Dependiendo del cuento, de la novela o del poema, ese aspecto pesará más o menos, pero siempre está ahí como trasfondo. Por ejemplo, en un cuento como Venta segura, por mucho que sea una historia de un tipo en una situación que puede acabar siendo terrorífica en la casa de unos ancianos inquietantes, hay algo que tiene que ver con el mundo en el que vivimos, con la necesidad de vender. Si no lo haces tú, lo va a hacer otro, y hay que sobrevivir. Yo no diría que es un cuento sobre la competitividad brutal en el capitalismo, pero esa idea está ahí. Y esto sucede en muchos de mis cuentos.

O ‘Adoración’, donde el trasfondo son las relaciones de pareja, los papeles que nos asigna la sociedad.

Eso es. Y en Escaparate el tema bien podría ser las redes sociales, la necesidad de aceptación, de tener seguidores, de tener fama. Quiero aclarar que estos aspectos no me los planteo cuando empiezo a escribir. Salen de la propia historia.

Otro elemento fundamental de tus relatos es el humor, un humor esperpéntico, al modo de los Hermanos Marx, divertido y muy ácido a la vez. El humor, además, no está muy presente en la literatura española actual, salvo honrosas excepciones, y eso que tenemos una tradición importante.

Hay grandes autores humorísticos, como puede ser Antonio Orejudo. Mi impresión, no sé si será correcta, es que se les valora a pesar de su humor, parece que el humor fuera una especie de adorno de algo más importante. Y a mí me parece que el humor en sí mismo es importante. Yo no lo busco tampoco. Me pasa como con los temas sociales y políticos, no son algo buscado. Creo que tiene que ver con una manera de mirar. Es algo que te surge mientras observas la realidad. El humor sirve un poco para desarmar nuestra manera habitual de mirar las cosas. Como el terror, te obliga a mirar de otra manera la realidad, te saca de tu sitio habitual. Y en ese sentido me parece interesante. Pero ya te digo que no es algo buscado, sino que me va saliendo en unos cuentos más que en otros, incluso sale en las situaciones más terribles. Lo interesante es que hay lectores que entienden ese humor y que les parece muy divertido, y a otros en absoluto.

Quizás vivimos un momento donde el humor está un poco cuestionado. ¿El humor tiene límites?

Se habla mucho de los límites del humor, lo que es de buen o mal gusto, lo que se puede decir y lo que no. Con este libro hay quien me ha planteado, por ejemplo, que si no tenía miedo a la reacción de ciertos lectores ante un cuento como Adoración. De hecho, en un club de lectura hubo dos mujeres que no vinieron porque les pareció machista, cosa que me ofende profundamente.

En realidad creo que es todo lo contrario, un cuestionamiento ácido sobre los roles masculinos y femeninos.

Así es, lo veo más bien como una vuelta de tuerca de los roles masculinos y femeninos. En todo caso, es algo, la reacción, que no puedes evitar a no ser que te estés recortándote continuamente. Y si hay algo que yo procuro no hacer en literatura es recortar. Bastante me recorta la vida como para también tener que recortarme aquí. Y volviendo a tu pregunta, yo creo que hay límites muy difusos. A mí me parece que el límite del humor no es qué dices sino cuándo lo dices y a quién. Es más el momento y es más el público que buscas. Cuando el señorito se ríe de la criada a mí me parece un humor indecente. Lícito, se puede hacer, pero indecente. Cuando ese humorista se reía de los gitanos para un público payo, de clase media… Es un humor que no me interesa nada. No digo ya que haya que ponerle límites ni mucho menos, pero no me interesa nada y en el fondo me parece de una gran pobreza. El humor que me interesa es el humor que de alguna manera nos sacude, que pone en tela de juicio al público que va a oír ese humor o a ver ese humor o a leer ese humor. Ese es un humor interesante, ese que yo llamaba en un ensayo un humor cruel, porque es cruel con el público, no con sus personajes.

Con una naturalidad pasmosa, abordas también una cierta experimentación en el estilo, en la voz narrativa. ¿Cómo te planteas tú el trabajo estilístico?, al menos con este libro.

Aquí hay dos cuestiones. Una la concepción misma de cada cuento. Es un libro en el que he intentado hacer cosas que no hacía antes. Me dije: “Olvídate del canon del perfecto cuentista”. Hay miles de normas, no hay género que tenga tantos diez mandamientos como el cuento. Mi idea era olvidarme de eso, escribir lo que me apetecía, como me apetecía. Si la norma dice que el cuento solo puede tener pocos personajes y darse una sola situación y tener un final impactante, entonces hay que tratar de jugar a tener un montón de personajes, un montón de situaciones y que el final sea más abierto.

En este sentido, ¿crees que se permite más experimentación, hoy en día, en el cuento que en la novela? Hablo en términos editoriales.

Yo creo que no. Siempre se ha hablado del cuento como una especie de laboratorio, un taller de experimentación. Pero luego, como decía, hay un canon tremendamente estricto sobre lo que es un buen cuento. Eso no existe en la novela. Al final tengo la impresión de que la novela te da más libertad, visto desde fuera. Oigo a tantos escritores hablar acerca de la rigidez del cuento… Y yo me paso la vida preguntando: ¿Y por qué?, ¿quién nos lo ha dicho? Sí, Edgar Allan Poe, pero eso fue hace tiempo. ¿Por qué seguimos repitiendo una y otra vez lo mismo? Si el cuento es un laboratorio, entonces juguemos, vamos a mezclar cosas, a poner a prueba sus límites.

Quizás porque el cuento exige lectores más atentos, no digo más inteligentes, pero sí más activos.

Yo tengo la impresión de que la novela ha evolucionado en los últimos años mucho más que el cuento. Hay gente que ha hecho que el cuento evolucione, como Eloy Tizón o Carlos Castán, pero luego la mayoría de la gente sigue escribiendo de otra forma. Por eso creo que el cuento es el género que necesita un empujón.

Lo que sí tienen todos tus cuentos es intensidad. Diría que es uno de sus principales rasgos.

Sí, y eso tiene que ver con el estilo. Cuando estás escribiendo un cuento, ¿qué es lo verdaderamente importante? Para mí, he decidido que lo importante no es si es largo o corto, en qué persona está escrito, con muchos o pocos personajes, si puedo cambiar de una historia a otra… ¿Qué es lo que le da la intensidad al cuento? No es la trama, no es el final, no es el suspense, sino la atmósfera. Es con la atmósfera con la que se consigue que un cuento sea memorable. Si la atmósfera es fundamental, está claro que tienes que trabajar enormemente el estilo. No te basta con decir las cosas, cada cosa que dices tiene que sugerir. Al final, yo creo que eso es lo importante, que no haya solo frases que únicamente transmiten información, sino que cada frase transmita también, vamos a llamarlo, un afecto, una sensación.

¿Cómo ordenaste los cuentos? En este sentido, en la búsqueda del orden, me gusta mucho lo que dices del “estado de ánimo que te deja el cuento”.

Está muy relacionado con lo que dije antes de las atmósferas, esa atmósfera genera un estado de ánimo. Un estado de ánimo en el que tienes que conseguir que entre el lector y que se quede con él al terminar el cuento. Y, claro, eso es en un cuento. Pero en un libro tienes que generar una especie de ritmo, no acumular todos los cuentos tremendamente tristes en una esquina y luego los otros. Hay que conseguir que el libro vaya fluyendo. Aunque luego el lector te hará caso o no. El lector entra en tu obra como quiere. Pero ese estado de ánimo que busco es para mí quizás lo más importante del libro. A mí la trama no me interesa tanto, de hecho empiezo a escribir sin saber de qué va el cuento, no me importa. Si tengo el estado de ánimo, si tengo la atmósfera, ese cuento va a valer.

En uno de los cuentos de ‘Mundo extraño’, el narrador dice que los escritores que más le gustan son aquellos que, cuando los lee, le dan ganas no solo de seguir leyendo, sino de ponerse a escribir. Es difícil no pensar en José Ovejero cuando vemos a este narrador. ¿Es solo un juego literario?

Es las dos cosas, claro. Por un lado, parece una declaración de principios, pero no podemos olvidar que estamos en un libro de cuentos en el que el narrador no coincide necesariamente con el autor al cien por cien. Coincide, digamos, en la tendencia general. Hay cosas que a mí me parece que ese narrador las expresa de manera demasiado drástica, pero a veces están bien, para que lleguen al lector. Pero al mismo tiempo te digo que sí, coincido con esa manera de leer en la que los autores que más me gustan son aquellos que me dan mucha ganas de ponerme a escribir, porque me están mostrando las posibilidades de la literatura, de llegar a sitios a los que en general no llego en mi vida cotidiana. Al final, la literatura es eso, no es el refugio de la vida cotidiana, sino más bien es una manera de ampliarla, de hacerla más rica.

¿Tienes alguna forma de trabajar diferente dependiendo de lo que escribas, novela, cuento, poesía?

Yo creo que miras de manera distinta. Es decir, cuando eres consciente de que estás escribiendo un poema eso cambia tu mirada, vas a expresar de otra manera, te vas fijando en otras cosas, pero la forma de trabajar es muy parecida. Yo cuando escribo un libro de poemas me siento a escribir un libro de poemas como lo haría con una novela. Parto de una idea y empiezo a escribir un poema detrás de otro.

¿Cómo ves la salud de la literatura en español?

Durante muchos años era un poco antipático porque en las entrevistas decía que me parecía que en la literatura española había un nivel medio que estaba bien, pero que no había grandes cosas. Ahora mismo tengo la impresión de que la literatura española está creciendo, están apareciendo escritores y escritoras que se están atreviendo a hacer otras cosas distintas de las que hacíamos hace 20 años. En ese sentido yo creo que la salud de la literatura española es buena y tengo la impresión de que lo va a ser mejor dentro de diez años, cuando esos escritores que ahora tienen 30, 35, 40 años hayan alcanzado no ya una madurez, pero sí que hayan tenido más tiempo de desarrollarse.

El próximo mes, el autor de esta entrevista, Javier Morales, impartirá un curso de periodismo cultural en el Taller de Clara Obligado.

Información: www.escrituracreativa.com

javiermorales@escrituracreativa.com

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Sobre el autor

Javier Morales
"Soy escritor, periodista y profesor de escritura creativa. He publicado el relato autobiográfico "El día que dejé de comer animales", las novelas “Trabajar cansa” y “Pequeñas biografías por encargo” y los libros de relato “Ocho cuentos y medio”, “Lisboa” y “La despedida”. Imparto clases de escritura creativa en el taller de Clara Obligado y en la Escuela de Escritores. En Área de Descanso hablo de los libros que me gustan. Puedes seguirme o escribirme en: escrituracreativajaviermorales@gmail.com Puedes seguirme en:

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