14.09.2018

Juan Luis Arsuaga: “Yo recomendaría la dieta vegetariana ovoláctea”

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El paleoantropólogo Juan Luis Arsuaga: Foto: Creative Commons.

El paleoantropólogo Juan Luis Arsuaga: Foto: Creative Commons.

El paleoantropólogo Juan Luis Arsuaga (Madrid, 1954) lo tiene muy claro: los guapos eran los otros. Ellos y ellas. Esos que despreciábamos como hombres y mujeres de las cavernas, simiescos, peludos. Pero no. Los feos somos nosotros, los herederos del Neolítico, una revolución que no lo fue tanto, pues nos arrebató la felicidad sin darnos mayor esperanza de vida, tan solo los problemas de cambiar un mundo nómada por la siempre incierta estabilidad agrícola. Asegura que salimos perdiendo. Aunque en los tiempos paleolíticos la vida tampoco era fácil. Morías de hambre como cualquier otro mamífero. Científico humanista, siempre abierto a la reflexión, Arsuaga está preocupado por el futuro de una Humanidad cuyo pasado él conoce tan bien. Preocupado por nuestro impacto en la naturaleza, por la despoblación del mundo rural. Y quizás por eso (o no), más ovolácteo vegetariano, la dieta que, confiesa, cada vez le pide más el cuerpo.

Esta entrevista se realizó este verano en un lugar y un momento muy especial. En el yacimiento arqueológico de Atapuerca (Burgos), el día en el que se dio oficialmente por concluida la campaña de excavaciones de 2018, celebración redonda de 40 años de espectaculares trabajos ininterrumpidos. Se hizo en dos tiempos, antes de la rueda de prensa y un par de horas después de concluida. Y se desarrolló en un ambiente de familiaridad idéntico al que este periodista disfrutó en 1990 cuando lo vio salir por primera vez de la Sima de los Huesos, cansado y lleno de barro, pero en lugar de mandarle a freír churros le regaló la primera de muchas exclusivas informativas, e incluso le invitó a una cerveza tan rica como la que ahora mismo nos bebemos mientras empieza a fluir amena la conversación.

¿Cuál ha sido el impacto en el paisaje de las cinco especies de homínidos que han pasado por Atapuerca en los últimos 1,2 millones de años?

Buena pregunta. Impacto, impacto, desde el Neolítico para acá. Está registrado, tenemos la prueba evidente. Esos neolíticos que vinieron aquí son los que empezaron a cultivar estos campos [señala las tierras de labor que nos rodean] que llevan 7.000 años puestos en cultivo. Eso sí que es un impacto en el paisaje. Antes de esa época es especulativo. Es posible que las gentes del Paleolítico gestionaran un poco el medio, por ejemplo a través del fuego. Tengo mis dudas de que tuvieran cosas del estilo de lo que llamamos vedas, una gestión que consiste en renunciar, por ejemplo no cazar en temporada de cría. Toda gestión supone una planificación. Ojalá tuviéramos pruebas de ello, sería portada en Nature [la revista científica más importante del mundo], pero es investigable, se puede llegar a comprobar. Descubrir que en primavera no se cazaban ciervas. Y que se cazaban solo machos, que siempre son excedentarios pues uno basta para varias hembras. Pero no tenemos pruebas de que algo semejante se hiciera. La principal y más eficaz herramienta que tenían era el fuego, pero también tendría portada en Nature si fuera capaz de probar que en Atapuerca se utilizó el fuego para gestionar los recursos, por ejemplo, aumentando los pastos y reduciendo el matorral. Pero aquí todavía no hemos encontrado en los yacimientos el fuego antes de los neandertales de hace 100.000 años, que deberíamos tener si hubiese sido un recurso habitual.

¿Y extinción de especies? ¿Hemos extinguido especies desde que aparecimos en el Paleolítico?

Eso es coevolución. Y la ha habido desde el primer momento.

¿Pero por nuestra culpa?

O no. Quizá también nosotros hemos evolucionado por influencia de otras especies. Puede que otras especies hayan determinado nuestra evolución. Es un sistema y se influyen todas. El primer gran impacto en el planeta por influencia de los humanos es la extinción de la megafauna americana y quizá de la australiana. Los ecosistemas americanos tenían más y en mayor número especies grandes que los africanos.

Félix Rodríguez de la Fuente defendía que nuestra época paleolítica fue algo así como una Arcadia feliz en la que vivíamos en perfecto equilibro con la naturaleza.

Y es verdad. Es la pura verdad. Eso sí que se puede demostrar científicamente. Tenemos pruebas aquí en Atapuerca, no es una especulación. Es el fraude del Neolítico, como lo llama Harari [el ensayista Yuval Noah Harari, autor de Sapiens: De animales a dioses].

¿En qué consiste ese fraude del Neolítico?

En que el Neolítico no mejoró la calidad de vida de los humanos. Sin entrar en la felicidad, que no se puede medir, solo analizando parámetros biológicos de calidad de vida, puramente biológicos, hay un retroceso con el Neolítico. Aquí tenemos mucha información de ese proceso, incluso genética y no solo anatómica o tecnológica, que nos puede dar para mucha conversación.

Arsuaga interrumpe la entrevista. Están llegando las autoridades. En unos minutos comenzará la rueda de prensa donde, acompañado por los otros dos codirectores de las excavaciones, José María Bermúdez de Castro y Eudald Carbonell, presentarán los hallazgos de la campaña 2018. Pero promete seguir la charla cuando prensa y políticos se vayan y la sierra quede de nuevo tranquila, tan solo acunada con los sonidos de martillos y cinceles de los arqueólogos mezclados con el grito lejano de un ratonero. Y cumple su promesa. Regresamos a la charla distendida, ahora a la sombra de uno de los andamios del yacimiento de Trinchera.

Hablábamos del Neolítico.

El Neolítico se extendió en España hasta, exagerándolo un poco, el año 1960. Hasta el plan de estabilización económica que trajeron los tecnócratas del Opus cuando llegan al gobierno de Franco. En una década, en diez años, España cambia más que lo que había cambiado desde el Neolítico. O desde los romanos. Se produce el éxodo a las ciudades y el abandono del campo, la industrialización y la transformación de la agricultura. Eso lo conocí yo con diez años, cuando el campo era un lugar poblado, lleno de gente. Me iba tropezando con la gente cuando iba de un caserío al otro, me iba parando a hablar con todo el mundo. Era como una ciudad. Como cuando en la ciudad sales ahora a comprar el pan y te vas encontrando a la gente, así era entonces el campo. Ahora el campo es sinónimo de despoblado. Antes era el lugar donde vivía todo el mundo. Y las ciudades eran una birria. Exactamente igual que en la época de los romanos y casi en el Neolítico.

¿Qué nos cuenta Atapuerca de esos primeros agricultores?

Para nuestra sorpresa, tenemos aquí [yacimiento del Portalón] ADN que nos permite saber quiénes fueron los primeros agricultores de la Península Ibérica de hace 7.000 años. El gran debate que ha existido desde siempre es si el Neolítico llegó por difusión cultural de las ideas o por expansión de los grupos humanos. Acababa de secuenciarse el ADN de un yacimiento en Turquía, y al compararlo con el de los de aquí vimos que eran iguales, eran los mismos. Que en todo su periplo no se habían reproducido con los aborígenes.

Luego esos primeros grupos neolíticos de la Península Ibérica fueron nuestros primeros migrantes asiáticos.

Los primeros que llegaron con ovejas y arados, claro. Antes llegaron los Homo sapiens y otros. Pero estos se asentaron aquí sin mezclarse con la población local, que lo haría más tarde. Con los datos que tenemos ahora, los que llegan son grupos puros. Sin embargo, ya en el Calcolítico hay más genes autóctonos, y más aún en el Bronce. Tenemos la suerte de haber encontrado aquí a los primeros, primeros. Eso es un buen contraste. ¿Cómo les verían los cazadores a ellos? Nosotros tenemos mucha información anatómica, tecnológica sobre estos recién llegados. Sabemos, cosa sorprendente, que cazaban muchísimos caballos. Hubo un tiempo en que se pensó que los caballos salvajes se habían extinguido. Europa era una gran estepa, una tundra estepa. Pero cuando se acabó la glaciación, en relativamente pocas generaciones, se forma un bosque continuo desde Suecia hasta Gibraltar. Eso tuvo que tener un gran impacto en las comunidades de cazadores-recolectores, porque eran cazadores de tundra, no de bosque. Muchas faunas desaparecen, como los mamuts o los rinocerontes lanudos. Los bisontes de tundra son sustituidos por los bisontes de bosque. Los grupos de leones se moverían por allí [me señala un cotarro pelado de la estepa cerealista burgalesa de ahora], en grupos como en África, bueno como en Europa, pues entonces es lo que había. Y de repente se encuentran moviéndose por un encinar (exagerándolo, pues no pasó de un día para otro). Y desaparecen las grandes manadas, pero no por la diferencia de temperatura, sino porque su mundo abierto, herbáceo, desaparece. Y también desaparece el arte. Estos nuevos pueblos ya no pintan.

¿Por qué dejaron de pintar nuestros antepasados?

A esta pregunta yo tengo una respuesta de biólogo, que es lo que soy. Me imagino perfectamente a los cazadores de la tundra estepa pintando caballos y no me imagino a los habitantes del bosque pintando en las cavernas. No me preguntes por qué, es una intuición. Quizá porque los de la estepa eran más nómadas que los que viven en el bosque. Han cambiado sus dioses, que pueden ser más forestales. Ha cambiado su visión de la naturaleza.

Pero aunque ya no pintan, esos grupos del nuevo bosque siguen siendo cazadores recolectores, mientras que los que traen la cultura del Neolítico son agricultores y ganaderos que empiezan a roturar aquí sus primeras tierras de labranza.

Empiezan a arar aquí mismo, en Valhondo. Este campo lleva cultivándose 7.000 años. Esos primos nuestros cazan todavía mucho. Habría todavía mucha caza. Y las gentes del Paleolítico se irán incorporando a ellos poco a poco. Se van integrando. Y el mundo empieza a cambiar. Para mal en términos de biodiversidad.

¿Cómo eran estos primeros agricultores?

Más allá de lo subjetivo, lo objetivo es lo biológico. Y tenemos datos. Para entendernos: los guapos eran los paleolíticos.

¿Guapos los paleolíticos? ¿Y eso por qué?

Porque son guapos. Nos lo cuentan sus esqueletos. Y yo siempre lo digo, eran modelos de pasarela. Son top models. Para empezar son atletas. Ellos y ellas. Muy altos. Y son supercoquetos. Están llenos de adornos, llenos de cuentas, de plumas. La coquetería es un estado de ánimo. Cuando estás deprimido, lo primero que haces es dejar de arreglarte. Cuando te encuentras optimista y bien, sales a comprarte una camisa. O te la compras para salir de la depresión. Vale, estos no son razonamientos científicos. Pero lo cierto es que los pintores de Altamira son estupendos y están estupendos.

¿Y cómo eran los neolíticos?

Son bajitos. Tienen un oficio de granjeros. Tienen un trabajo muy esclavo, seguramente más consanguinidad, sufren muchas enfermedades articulares, artrosis, desnutrición porque su alimentación es mucho menos variada. Hacen mucho menos ejercicio.

Serían más feos, pero vivían más años

Es un error pensarlo. Ahora que hay muchos estudios de paleodemografía sabemos que no vivían más. Y te voy a dar un dato sorprendente: no vivían más años que los paleolíticos ni siquiera los castellanos del siglo XIX. El error es cuando se introduce el concepto de esperanza de vida. Esperanza de vida es sinónimo de mortalidad infantil. No tiene nada que ver con la longevidad. Yo soy más partidario de usar la moda en estadística. La media es la mortalidad infantil, porque si se muere la mayoría antes de los tres años la media será de 30 años. La media de la riqueza, sumando a ricos y pobres, es como lo del pollo, yo me como uno entero pero la media entre los dos es que cada uno nos hemos comido medio. Pero para la edad de muerte a mí el modelo que me gusta es el que se llama la moda. Saber a qué edad se muere más gente adulta. Hago categorías, por ejemplo, de 20 años. De 20 a 30, de 30 a 40, de 40 a 50, de 50 a 60, de 60 a 70, de 70 a 80, de 80 a 90, de 90 a 100, de 100 a 110. Y las represento como columnas de frecuencias. ¿Cuál es la década que tiene la frecuencia más alta de todas? La moda. Eso es el equivalente a la pregunta naif de a qué edad se muere la gente.

¿Y a qué edad nos morimos?

Pues la moda de mortalidad de los adultos se ha mantenido constante desde el Paleolítico superior, desde Altamira, hasta en España el año 1850.

¿Y qué edad es ésa? ¿40 años?

70 años.

¿70 años? Casi como ahora. Luego el Neolítico no nos hizo vivir más y mejor.

Ni el Neolítico ni la Edad Media. Hace poco estaba leyendo un libro. Los suecos, como son muy organizaditos, tiene tablas demográficas de cientos de miles de personas, de toda la población del siglo XVIII. Su edad de muerte. Que en España también se podría hacer, solo tienes que ir a las partidas de defunción. En el siglo XVIII, la tabla demográfica de Suecia es exactamente la misma que la de los cazadores-recolectores hadzas del lago Eyasi. La misma. Clavada.

Volvamos al yacimiento. Acabas de presentarnos un último descubrimiento. A Sarita. Una adolescente que murió hace 430.000 años en la Sierra de Atapuerca. El cráneo de esta joven homínida (‘Homo heidelbergensis’) hace el número 16 de esa tumba comunal con 28 individuos denominada Sima de los Huesos. ¿Qué pensaste cuando apareció?

Pues pienso que me va a costar todo un mes sacarlo porque estaba en un estado súper frágil en un espacio de apenas una cuarta cuadrada. Llevo con Sarita todo el mes. Con el lado izquierdo [de su cráneo]. Pensábamos que solo estaría el maxilar, pero también estaba el parietal. Es que yo con Sarita tengo debilidad. Para mí son la familia. Tengo una relación personal con ellos.

Pero sorprende la juventud de este homínido. Apenas 13 años. ¿De qué pudo morir Sarita?

Ya me gustaría a mí saber qué pasó en esa sima. Pero te diré una cosa. La causa principal de muerte en la Prehistoria, y en general en los mamíferos, es hambre.

¿No era la violencia?

Bueno, [en la Sima de los Huesos] tenemos un caso de violencia. Dos si quieres. El cinco [cráneo 5, llamado popularmente Miguelón en honor a Miguel Induráin] tiene un golpe en la cara, pero no podemos asegurar que se lo diera otro. Y hay un cráneo, el 17, que tiene dos agujeros producidos con un pico. Como no es frecuente que te pegues dos veces con el mismo pico, pues lo interpretamos en ese caso como violencia.

¿Murió de hambre el resto de los homínidos de la sima?

Es que los mamíferos se mueren de hambre. Es que la causa principal de muerte ahí fuera [señala el campo] es el hambre. Si es que en invierno se muere todo. Lo normal es morirse. El clima de Europa es estacional. Las hojas secas en otoño, la nieve en invierno, las flores en primavera, es muy bucólico. Pero en invierno casca todo. El 80% o el 90%. La vida consiste en llegar a la primavera.

Hablemos entonces de comida. Estos homínidos de Atapuerca eran omnívoros. Carroñeros, pero sobre todo muy cazadores. Muy carnívoros.

Especialmente los neandertales. Mi teoría es que los neandertales es la especie más carnívora de la evolución humana.

Ahí quería yo llegar. Ahora parece que nuestra sociedad está evolucionando hacia el vegetarianismo.

Me parece muy bien.

¿Lo ves como una evolución natural de nuestra especie o como una involución?

Vamos a ver. Somos vegetarianos de productos cultivados, no de plantas silvestres. Es que a ver, ponte ahora a comer ahí [me señala una tierra arada en medio del encinar]. Vegetarianos no es lo mismo que recolectores. Consumen productos transgénicos, modificados ya por las gentes del Neolítico. Todos los vegetales que comemos están modificados genéticamente. El trigo, la especie silvestre, no produce nuestro trigo. Ahora mismo, donde estamos, comestible, ahora mismo hay… nada. En estos momentos aquí no hay nada vegetal para comer. Nada. Nada es nada. ¿Somos vegetarianos? Me parece muy bien. Pero de plantas cultivadas. De plantas transgénicas. En el pasado nuestros antepasados no tenían nada que comer. O cazaban o no sé. Pero por entrar al trapo de tu pregunta. El ovolácteo vegetariano es una buena fórmula. Porque tiene muchas ventajas de muchos tipos, incluida la medioambiental, y porque es una dieta completa. Me parece recomendable. Yo no soy fanático, pero tiendo a ser ovolácteo de forma espontánea.

Por eso te decía que el vegetarianismo parece una evolución natural de nuestro cuerpo.

Bueno, y porque ya tengo muchos años. Cuando tenía 25 no perdonaba el chuletón. Uno con los años va siendo más ovolácteo, pescadito a lo mejor, unas judías verdes…

¿Puede ser el futuro vegetariano?

El futuro es conseguir alimentos para toda la Humanidad. Eso es lo primero. La mayor parte de la Humanidad se alimenta de tres cereales, maíz, trigo y arroz. Gran parte de América solo tiene maíz. Gran parte de Asia solo tiene arroz. El otro día estaba en un congreso con un científico indio, de la India, muy importante. Estábamos comiendo y le pregunto: ¿tú eres vegetariano? Me dijo que no. Y le pregunté si en la India había mucho vegetariano. El 50%, me dijo. ¿Por religión? No. They are economic vegetarians [son vegetarianos económicos]. La mitad de la población solo dispone de vegetales para comer. Ahora tenemos problemas serios y no estamos para estas frivolidades de los europeos de que a mí me pongan el tubérculo de proximidad, que está muy bien, pero que la Humanidad tiene otros problemas mucho más serios como alimentarse todos los días. Es que en la India viven 1.000 millones de personas. Y esos no van a las delicatessen. Están a llenar la tripa. Ahora, las sociedades opulentas de Occidente, los que vivimos en la opulencia, podemos decir que queremos el espárrago de la Ribera navarra. Pues bueno. La dieta vegetariana ovoláctea también me parece bien. Yo la recomendaría. Creo que es una forma bastante respetuosa ambientalmente de alimentarse.

Pero originariamente éramos intolerantes a la lactosa.

Aquí [Atapuerca] la tolerancia a la leche llegó tarde. Las gentes del Bronce eran intolerantes. Las del norte de Europa eran más tolerantes y las del Mediterráneo menos por influencia de la dieta, porque había más vacas en el norte. Y de hecho en España hay menos tolerantes a la leche que en Alemania, por ejemplo. Así que estoy dando consejos que valen para solo una parte de la población humana, porque si fuera asiático o africano no podría tomar leche, pero sí huevo y derivados de la leche como el queso. Es que es lo más simple. Si yo me quiero cuidar y no quiero engordar, tengo problemas de colesterol y no quiero estar calculando dietas: ovolácteo.

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Sobre el autor

César-Javier Palacios
Soy un poco de todo, periodista ambiental, geógrafo, naturalista y hasta doctor en Historia del Arte, pero especialmente me considero entusiasta de la vida. Y un hijo de mi paisano Félix Rodríguez de la Fuente, de quien recibí el amor por la naturaleza y la pasión por conocerla y divulgarla. Desde hace 20 años vivo en la isla de Fuerteventura, mitad ínsula Barataria, mitad observatorio perplejo de este mundo insostenible pero magnífico que nos ha tocado vivir. He publicado una docena de libros y escrito capítulos de otros tantos. Los últimos son “Tengo pájaros en la cabeza… y otras preocupaciones”, “A la salud por la miel” y “Memorias de la Tierra”. Aunque no es fácil pues me muevo mucho, puedes seguirme en: Twitter: @lacronicaverde Facebook: La Crónica Verde Instagram: @cesarjpalacios

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