25.12.2013

La Rusia de Europa

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“No es verdad que uno pueda irse pero no hacerse, como dice la gran Chus Lampreave en el anuncio. Depardieu pudo. Y nuestro Gobierno lo hace. Sin necesidad de irse. Se postra de rodillas ante la intransigencia religiosa”

Si no dispones de una contabilidad B, si no posees varias cuentas millonarias en bancos extranjeros, si no tienes un padre monarca, si no eres empresario de una gran multinacional, si ningún empresario de una gran multinacional te debe un favor, si crees en el respeto y la tolerancia, si te preocupan los derechos humanos, si tienes dignidad, para ti 2013 habrá sido un año de mierda.

No es un comienzo muy optimista, lo sé, pero es que no creo que 2013 haya alimentado en absoluto la ilusión. La de los fondos buitre sí, ¿pero la nuestra? Lamento no ser uno de esos que se emociona con el anuncio de Campofrío y, después de verlo, se reafirma en su identidad convencido de que es la hostia. Aunque como campaña publicitaria me parezca un diez, un anuncio que señala como valores del pueblo español nuestra capacidad para abrazarnos, para hablar a gritos o para acostarnos tarde no me ayuda demasiado.

Lo más grave es que gran parte de todos los males de este año que está próximo a su fin han sido causados por la envidia, la incompetencia, la intransigencia y la ambición de algunos seres humanos. Incluso, detrás de las tragedias naturales, esas que son imprevisibles, hay personas frotándose las manos confiando en sacar un rendimiento económico de la desgracia.

Y por mucho que uno pretenda ver el vaso medio lleno, este 2013 ha estado infectado de sinvergüenzas que se lo bebían cada vez que mirábamos hacia otro lado. Son los mismos miserables que ahora pretenden multarnos si encima nos quejamos al ver el vaso vacío.

Como sucedía en la España franquista, las hazañas deportivas se han convertido en el opio para el pueblo, desorientado entre tanta cortina de humo. Y mientras tanteamos con las manos el camino a seguir, ellos van levantando muros cada vez más altos, no solo con la intención de disuadirnos de su escalada sino con el convencimiento de herirnos al caer desde esa altura.

Ajusto el objetivo, enfoco aquello que me interesa y compruebo que, por ejemplo, este año el matrimonio igualitario ha ido ganando terreno. A la lista se sumaron Uruguay y Nueva Zelanda, Francia, 33 estados de México, 17 en Estados Unidos, y cuentan que, con la victoria de Bachelet, muy pronto llegará a Chile. Pero mientras lo celebramos, una sentencia del Tribunal Supremo de India ha convertido en delito las relaciones sexuales de mutuo acuerdo entre personas adultas del mismo sexo. Con India, ya son 79 los países donde las relaciones homosexuales son delito.

Entre los principales argumentos que esgrimen aquellos que están a favor de criminalizar o censurar la homosexualidad encontramos una de las ideas más peligrosas que circula por la sociedad actual: la necesidad de preservar los valores religiosos, tradicionales, familiares o culturales por encima, incluso, de los Derechos Humanos.

Amnistía Internacional lleva años alertando sobre este peligro, sobre este argumento de doble filo que se ha convertido en el salvavidas de organizaciones religiosas y confesionales, cantera de políticos fundamentalistas. Ese integrismo anula por completo la capacidad de cualquier ser humano para liderar movimiento alguno. Recuerden que fueron grupos religiosos norteamericanos los que promovieron la oleada de ataques homófobos que se produjeron, el pasado verano, en Haití. Entre sus razones estaba que la homosexualidad había provocado el terremoto de 2010.

Sobre la misma absurda homofobia se sustentan las decisiones políticas en Uganda, Rusia o Kuwait. Y si volvemos la vista hacia nuestro vaso, la cosa no mejora. Para Amnistía Internacional es especialmente importante que los países que conforman la Unión Europea aborden eficazmente los crímenes de odio por motivo de orientación sexual e identidad de género que puedan tener lugar en sus territorios. Y no es solo una sospecha. Hay una realidad que apunta a Bulgaria, República Checa, Italia, Alemania y Letonia. Aunque España tiene la segunda mejor legislación europea para las minorías sexuales, lo cierto es que cada vez que el optimismo nos hace bajar la guardia, la caverna aprovecha para atestar otro golpe a nuestra dignidad.

Observo con desánimo como el Gobierno del Partido Popular solo es fuerte contra su pueblo, contra los más débiles, contra la gente que se manifiesta mostrando su oposición a las desigualdades. Contra esos, mano dura. Pero aquellos que atentan contra los derechos humanos, aquellos que pretender humillar a sus habitantes, a esos, bandeja de plata. Así lo hizo sometiéndose a los famosos mercados, presumiendo en Japón de las bajadas de sueldo de los españoles, o, hace bien poco, cediendo a la presión de Rusia y aceptando discriminar a parejas del mismo sexo y personas homosexuales en un convenio bilateral para desbloquear los procesos de adopción de menores por familias españolas.

No es verdad que uno pueda irse pero no hacerse, como dice la gran Chus Lampreave en el anuncio. Depardieu pudo. Y nuestro Gobierno lo hace. Sin necesidad de irse. Se postra de rodillas ante la intransigencia religiosa y si me quejo, me manda a los antidisturbios para que me muelan a palos y luego, me multa. Para acabar siendo la Rusia de Europa casi sería preferible ser, directamente, Rusia.

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Sobre el autor

Paco Tomás
Soy periodista, guionista y, en los tiempos que corren, funambulista. Escribo. Eso es lo que hago la mayor parte del día. También leo y, en ocasiones, releo. Escribo artículos de opinión, teatro, programas de televisión, guiones de cine inéditos y ahora también hago radio. Soy el de “Carta Blanca” en La 2, el de "Alaska y Segura" en La 1, el de “La Transversal” y “Wisteria Lane” en RNE, el del serial “Kurt & Courtney” en Radio 3 y el autor de "Los lugares pequeños", mi primera novela, editada por Punto en Boca.

Puedes seguir al autor en twitter @srpacotomas

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Un comentario

  • El 06.01.2014 , Mnur ha comentado:

    La caverna, Paco, lleva muchos siglos asentando golpes a muchas minorías: sexuales, religiosas, étnicas, de color… El problema es que en lugar de luchar cojuntamente contra el viejo WASP, nos pasamos la vida mirando nuestro propio ombligo y pasando de lo que no nos toca. Si en lugar de parcelada hubiera una lucha integral (que fuera más allá del “yo mi me conmigo y mis circunstancias), habríamos evolucionado algo más. De momento, la mayoría de la sociedad solo lucha por lo que le toca directamente, y así no se va a ninguna parte (se sigue siendo minoría).

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