18.08.2014

Las cigüeñas cambian África por Tarifa y Madrid

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Cigüeñas en pleno vuelo. Foto: Ezequiel Martínez Rodríguez.

Cigüeñas en pleno vuelo. Foto: Ezequiel Martínez Rodríguez.

Se están marchando. O no. O no tan lejos. Un estudio realizado en los tres últimos años por la organización conservacionista SEO/BirdLife muestra que las cigüeñas blancas están variando sus hábitos migratorios. Muchas ni se mueven del nido; y otras cambian su viaje a África por Tarifa, Doñana o Madrid. Este es un homenaje a las zancudas y a los profesionales que desde hace 30 años han trabajado muy cerca de ellas para que abandonaran su estado de vulnerabilidad.

Desde siempre he tenido la sensación de que el verano comienza a despeñarse cabeza abajo a partir del 15 de agosto, de que la luz del atardecer cambia a partir de esa fecha, y no refleja ya esa energía calenturienta y lúbrica del estío en su esplendor, sino que comienza a teñirse de la suavidad cromática del melancólico y sereno septiembre, y anuncia el viaje de regreso a la rutina. Esta apreciación subjetiva quizá venga de contemplar que las cigüeñas se marchaban, como decía mi abuelo, por Nuestra Señora, o por La Virgen de Agosto (el día 15).

Esa partida desde el nido que llevan décadas ocupando en la torre del campanario de mi pequeño pueblo del norte de Burgos era como una misiva que me enviaban en sobre cerrado y sin sello: “Pronto tendrás que volver al cole”.

Sí, las cigüeñas blancas (Ciconia ciconia) ya están abandonando sus zonas de cría para buscar tierras más templadas donde pasar el invierno. Acaban de comenzar su madrugadora migración otoñal. Nunca entendí que llegaran en febrero, por San Blas, cuando más frío hacía en mi pueblo, y se marcharan en pleno calor… Pero, en fin, naturaleza obliga.

Antes siempre me las imaginaba viajando a África. Mi abuelo lo tenía claro. Más allá de donde él hizo la mili, en Melilla.

Pero ahora, ya no podemos hacer esta afirmación tan rotunda.

¿Cómo? ¿Es que ahora se van realmente a París? ¿O a Cancún? ¿O a Hong Kong? ¿O a los emiratos árabes?

Desde que la ONG conservacionista SEO/BirdLife comenzó en 2012 a estudiar la migración de las cigüeñas blancas, empleando las más modernas tecnologías de seguimiento remoto de aves, gracias a la colaboración de Fundación Iberdrola, el Grupo SaBio del IREC, la organización suiza Storch Schweiz, la Estación Biológica de Doñana y los gobiernos de La Rioja y del País Vasco, nuevos secretos se han desvelado para conocer un poco mejor a esta elegante vecina de nuestras ciudades y pueblos. Llamo a Cáceres, a Pedro Cáceres, su responsable de comunicación, para que me lo aclare: “Entre 2012 y 2014, un total de 63 cigüeñas blancas seguidas con GPS está mostrándonos el actual comportamiento migratorio de esta especie. Este marcaje de ejemplares de Álava, Cáceres, Ciudad Real, Doñana, Huesca, La Rioja, León, Lugo y Madrid dentro del programa Migra está permitiendo desvelar movimientos migratorios muy diferentes, ya que la especie está cambiando sus hábitos en las últimas décadas. Antes, la mayoría de las aves se marchaban a África a pasar el invierno. Ahora muchas de ellas prefieren los campos españoles para invernar, donde arrozales y basureros son una nueva fuente de alimentación que les permite soportar el invierno en tierras peninsulares, sin necesidad de marcharse hasta la lejana África subsahariana”.

Ahora me pilla ya mayor, y miro con más distancia que las zancudas se queden en el vertedero madrileño de Valdemingómez en vez de viajar hasta Marrakech o Gambia o Níger, no debo ir a una oficina con sus fluorescentes, sus sillas ergonómicas y sus compañeros de pupitre, donde tener que regresar en septiembre. Pero si esto me hubiera pillado en mi época colegial o en la universitaria, saber que las cigüeñas no se marchaban tan lejos, sino que se quedaban por aquí, me habría aliviado un poco, no sé por qué, quizá por la ilusión de atenuar el final de las vacaciones, de suavizar el efecto, de tener la sensación de que no pasa nada importante, que el cambio no es grande. “Además”, sigue explicando el responsable de SEO/BirdLife, “los primeros resultados parecen indicar que el comportamiento migratorio depende de la edad del ave: los adultos tienden a quedarse en España, mientras que la mayoría de los jóvenes cruzan el Estrecho hasta el continente africano”. Encontramos desde las que no se mueven de su nido en todo el año de lo a gusto que se encuentran y ni los programas del Imserso las mueve ni las conmueve -véanse los ejemplares estudiados en Ciudad Real-, hasta las que hacen turismo interior -unas de León se marcharon a Tarifa, otras de Álava se fueron a pasar el invierno a Madrid, las de Cáceres se dividieron entre los arrozales de Doñana y el vertedero de Medina Sidonia, que debe ofrecer condiciones muy ventajosas de habitabilidad para convencer frente a la competencia del parque nacional; en fin, hay gente para todo- y las hay que continúan metiéndose entre pecho y pluma grandes desplazamientos, como si disfrutaran el Interraíl -el radiomarcaje de la SEO tiene controlados ejemplares que se fueron hasta las sabanas de pasto y acacias de Gambia-.

“Estudiar con detalle los movimientos de las especies”, siguen explicando desde la ONG ornitológica, “sus estrategias migratorias y los posibles cambios en el tiempo que se produzcan es vital para el conocimiento y conservación de las aves, pues ayuda a detectar áreas importantes para ellas que pueden cambiar con el tiempo y a conocer otros parámetros que permitan gestionar mejor el territorio y las especies”.

El asunto es que ahora mismo estamos (están) en plena migración postnupcial y en la página web www.migraciondeaves.org se pueden seguir en directo los movimientos migratorios de las cigüeñas blancas, que es uno de los fenómenos más espectaculares de la naturaleza.

Cigüeñas en un árbol. Foto: Ezequiel Martínez Rodríguez.

Cigüeñas en un árbol. Foto: Ezequiel Martínez Rodríguez.

***

Quiero dedicar la segunda parte de este artículo a todos los que se han entregado con pasión y profesionalidad a seguir la evolución de las cigüeñas blancas en España, y quiero dedicarla a través de uno de ellos, de un fotógrafo, de Ezequiel Martínez, que con sus fotos desde los años ochenta ha contribuido a concienciar sobre los valores de esta especie, que llegó a encontrarse en un estado de vulnerabilidad, del que afortunadamente escapó. Así lo recuerda Ezequiel: “Mis comienzos con las cigüeñas fueron una gran casualidad. A principios de los años ochenta, viajaba por España visitando los parques nacionales, reservas y otros espacios naturales de interés. Me acompañaba mi vieja cámara Zenit-E que mi abuela me había comprado por Reyes por 5.000 pesetas de las de entonces; con ella tomé mis primeras fotografías en la naturaleza. El encuentro con las cigüeñas se produjo a raíz de mi visita a la finca de Cabañeros, en Ciudad Real, ahora parque nacional pero donde entonces el Ejército quería hacer un campo de tiro; allí me encontré con Javier Martínez Camarero, del grupo naturalista burgalés GEDEB, que me enseñó una publicación que habían realizado sobre la evolución de la población de cigüeñas en la provincia de Burgos; era un estudio sencillo, pero que dejaba ver el descenso alarmante que sufría esta especie en todos los pueblos. Javier me preguntó si había algún estudio así en Madrid y si se tenían datos de cómo estaba la población en la Comunidad, para compararla con la de Burgos y ver las causas de este acusado descenso. Al llegar a Madrid, indagué y al no encontrar nada completo, me puse manos a la obra; pedí una ayuda a ADENA (WWF) de 100.000 pesetas -unos 600 euros actuales-; con ellos pude viajar por la Comunidad y realizar el primer censo completo de la especie. Era el año 1984; y el primer censo completo dio como resultado unos 210 nidos y una población a la baja; estaba claro que había que tomar medidas, no sólo en Madrid, sino en todas las comunidades para frenar el alarmante declive. Los resultados se publicaron en varios medios de comunicación. Pronto empecé a salir en radio, prensa escrita y televisión, y todo el mundo comenzó a llamarme “Ezequiel, el de las cigüeñas”, coletilla que se quedó para siempre en el mundillo conservacionista y que me agrada profundamente. Así fue cómo, de una forma casual, mi vida se dedicó durante casi 20 años al estudio, defensa y divulgación de esta especie”.

Las satisfacciones que le han dado las zancudas a Ezequiel han sido muchas. Nos cuenta algunas: “Años después, y animado por los buenos resultados de los estudios, saqué todo el dinero del banco que tenía en ese momento y me compré mi primera cámara réflex, una Nikon D-300 con motor y 2 objetivos, un 50 m/m y un  zoom 70/210 m/m; con este equipo ya realicé miles de fotografías que me permitieron preparar, años después, mi primera exposición sobre la evolución de la cigüeña blanca en el término de Rivas Vacia-Madrid. Después llegaron los primeros libros con la Agencia de Medio Ambiente de la Comunidad de Madrid, en 1987 y 1993. Cientos de artículos, dos grandes exposiciones sobre la biología de la cigüeña blanca, la primera patrocinada por Unión Fenosa, laboratorios Dinasa y la Agencia de Medio Ambiente de la Comunidad de Madrid, que se llamó La Cigüeña Viajera y se expuso durante cinco años en más de 70 centros culturales de toda España; la otra se tituló Por San Blas la cigüeña verás, patrocinada por Fuji España, laboratorios Dinasa y el Zoológico de Madrid. Un gran logro fue hacer un documental sobre la biología de esta especie, patrocinado por Red Eléctrica de España (REE), y la edición gratuita de miles de copias para concienciar a los pequeños de la importancia de conservar la naturaleza”.

Pero la principal alegría ha sido ver que, paralelamente a todo este trabajo, en una década, la población de cigüeñas a nivel nacional comenzó a despegar. “Las causas”, indica Ezequiel Martínez, “una mayor concienciación de la gente, protección de los tendidos eléctricos, instalación de miles de nidos artificiales para fijar la especie en zonas donde había desaparecido y la movilización de la Administración y los ayuntamientos con leyes y normas locales para su protección”. “Ya no fotografío como antes, para mostrar sólo aspectos biológicos, sino que ahora, y después de más de medio millón de imágenes realizadas, practico una fotografía en la que busco más la parte artística. Sigo con curiosidad la evolución de algunas de mis colonias preferidas de cigüeñas y de vez en cuando las visito, recordando viejos momentos y viendo cómo siguen en muchos casos siendo fieles a sus lugares de cría donde las conocí”.

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Sobre el autor

Rafa Ruiz
Periodista convencido de que las luces al final del túnel solo se ven desde una perspectiva progresista de la realidad, con un compromiso sólido con la cultura, el arte y el medio ambiente, temas a los que ha dedicado la mayor parte del tiempo de su vida profesional -10 años en 'El País' y 15 años en 'El País Semanal'-. Autor de los libros de cuentos infantiles 'Toletis' y 'Ninoninoni', codirector de la galería madrileña Mad is Mad -centrada en artistas emergentes- y uno de los socios fundadores de la Asociación de Periodistas de Información Ambiental (APIA).

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3 comentarios

  • El 18.08.2014 , Luciano Rafael Fabris ha comentado:

    Disculpen, no puedo leer los artículos, deberé asociarme?

    • El 18.08.2014 , Luciano Rafael Fabris ha comentado:

      No entiendo

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