Las nuevas cineastas de Latinoamérica luchan con su propio lenguaje

Las nuevas cineastas de Latinoamérica luchan con su propio lenguaje

Autorretrato de la directora boliviana Yvette Paz-Soldán.

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Si algo tienen en común las nuevas cineastas de Latinoamérica es su empeño en seguir adelante en un momento en el que, reconocen, el mundo del cine “se desmorona”. Jóvenes, creativas, luchadoras contra un patriarcado que se hace fuerte detrás de la gran pantalla y que doblegan con películas premiadas en grandes certámenes internacionales. El festival internacional Cine por Mujeres, (hasta el 15 de noviembre en salas y ‘on line’ ha reunido a tres de las directoras del momento para analizar qué está pasando.

“Ahora todo está desmoronándose”, reconoce en un evento virtual desde Argentina la directora uruguaya Lucía Garibaldi. Su película Los tiburones fue la que inauguró el festival en España, aunque ya venía premiada de grandes certámenes, como Sundance o Guadalajara (México).

Reconoce que el personaje de Rosina, incipiente adolescente que descubre el deseo por el otro sexo, nació en la búsqueda de “un personaje femenino, con sus contradicciones, que se mueve por instinto, incluso moralmente complicado” y que se puso como objetivo dirigirlo, aún sabiendo que no era un camino fácil en un mundo donde apenas hay un 18% de directoras de cine. “Yo en mi familia tuve siempre apoyo, pero sí que he visto a compañeras que cuando escriben un buen guión prefieren dárselo a un amigo para que lo dirija. Es algo que está cambiando pero que aún existe, como en todas las áreas”.

A lo largo de una conversación que pretende dar respuesta a la pregunta de dónde salen las películas, lo que salen a relucir son reflexiones que nos hablan de lo mucho que queda por avanzar en universos que tienen que ver con la cultura y la igualdad, especialmente en países como Bolivia, donde queda mucho trecho por recorrer en cuanto a los derechos de las mujeres . Yvette Paz-Soldán, boliviana y directora de La tonada del viento, su primera película, lo ha vivido en primera persona: “Yo me inicié en el mundo del cine como técnica de fotografía, un ámbito que era dominio de los hombres; he tenido hasta lágrimas para posicionarme, pero al final es un tema de capacidades y fui subiendo la escalera, hasta dominar el set de dirección. Me he rodeado de muchas mujeres en esta película, pero no sólo me costó a nivel profesional, como para conseguir dinero para la producción. También tuve mis miedos a dirigir, pero las mujeres debemos creer en nuestras historias y sacarlas adelante”.

Su tonada, grabada en El Alto boliviano, es un viaje al compromiso de dar voz a los niños, un guión que le llevó muchos años y que surgió, explica, de una noticia en un periódico, pero que luego, como en el caso de sus otras colegas, se fue llenando de vivencias enmarcadas en una realidad que es visible en el duro altiplano.

Más escarbó en su pasado, según reconoce, Sofía Quirós Úbeda para construir el personaje de Selva en su película Ceniza negra, que llegó a proyectarse en el Festival de Cannes, todo un hito para el cine de Costa Rica, un caso único porque, según comenta, es el único país en el que ahora hay más directoras que directores. “En realidad, cuando comencé con esta película a involucrarme en festivales, conocí el micro-machismo, a veces me sentía como carne fresca en algunos espacios internacionales. Tenemos mucho que avanzar para encontrar nuestra propia voz, incluso en la forma de dirigir, para que no sea hegemónica, sin una imagen masculina“.

Es un reto al que, inevitablemente, se suma el de la supervivencia como cineastas en un momento en el que, como recordaba la productora Elena Manrique, coincide un resurgimiento del cine latinoamericano, casi siempre muy reconocido en los festivales, con una crisis que recorta los apoyos públicos a las producciones, justo cuando más lo necesitan. “Hay un boom en cuanto a creación de contenidos, que ha pasado del retrato naturalista o el cine social a otros ámbitos, un cine que es premiado fuera, pero que cuando regresa a los países no se ve. Es lo que ha pasado con Ceniza negra en Costa Rica, que llegó a Cannes y luego aquí se ha quedado en una burbuja intelectual cinéfila”. El hecho de que la mayoría de los cines en ese continente estén en centros comerciales y pertenezcan a grandes multinacionales tendría mucho que ver en que este cine creativo, más de autor, se quede fuera. “Los gerentes de esos cines sólo piensan en la facturación, les da igual vender películas que calcetines”, argumenta la productora.

Es una visión en las antípodas de la que manifestaba Sofía Quirós: “En mi primera película he puesto mucha pasión y ahora creo que hay que saber distanciarse y actuar con más libertad creativa, sin pensar en si se vende o no. En mis siguientes películas también habrá pasión, porque es inevitable, pero también un poco de desapego”.

El festival internacional Cine por Mujeres celebrará su clausura oficial mañana, viernes 13, con la entrega del Premio a la Mejor Película, otorgado por un jurado internacional, a una de las 11 participantes en la Sección Competitiva, más el Premio a Mejor película española, y la proyección de la película Misbehaviour (Rompiendo las normas), de la británica Philippa Lowthorpe.

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