30.11.2014

Las palabras pintadas de Óscar Mariné, una biografía a puñetazos

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Una (o dos) de las obras de Óscar Mariné en su exposición 'Painted Words'.

Una (o dos) de las obras de Óscar Mariné en su exposición ‘Painted Words’.

Palabras, sentencias, letreros. En rojo, azul, verde, magenta… Son las ‘Painted Words’ de Óscar Marine, sinfonías cromáticas que gritan desde tablas de madera un arco iris de emociones, canciones, lecturas. Es la biografía de un artista en puñetazos cromáticos que dejan el ojo del espectador conmocionado por la fuerza de la imagen que ve. Acaban de presentarse en Madrid.

Óscar Mariné (Madrid, 1951) es uno de nuestros grandes diseñadores contemporáneos. Ojear su currículo es pasar revista a algunas de las mejores imágenes gráficas. Premio Nacional de Diseño en 2010, se fogueó en la Movida madrileña de los 80 con la edición de una revista contracultural, Madrid me mata. Ha sido el creador de mil y una campañas para Camper, Loewe, Swatch, Absolut Vodka…; autor de carteles de cine para películas de Pedro Almodóvar, Julio Medem o Álex de la Iglesia. Diseñador de portadas de discos para Bruce Springsteen, Inmaculate Fools, Brian Eno o Siniestro Total. Se ha dedicado también al diseño editorial en revistas de culto como C Photo Internacional Magazine, de la editorial Ivrory Press de Londres, y remodeló el diseño de los suplementos Babelia y El País Semanal, de El País, en la década pasada.

Mariné, grandullón, apasionado, trabaja siempre escuchando música. Las canciones impregnan su vida y no es por casualidad que Diego A. Manrique, periodista y crítico musical, haya sido el encargado de explicar en el catálogo de la exposición de La Caja Negra, en Madrid, los ejes por los que discurre su obra: “Esas canciones fueron nuestros clarines de libertad. No exagero si afirmo que nos descarriaron, llevándonos por rutas que no estaban previstas. Verlas ahora concentradas, en forma de letreros, todavía nos trae el frisson de lo (casi) prohibido. Funcionan como contraseñas, como abracadabras para entrar en mundos anhelados, mundos dignos de ser inventados…”

En esta exposición ha pasado directamente del dibujo a la tipografía. Ya sé que siempre le ha entusiasmado la tipografía, pero ¿por qué pintar ahora palabras?

Porque en el fondo, después de años de dedicarme a una parte del diseño gráfico, he decidido que esta otra parte, la de la pintura, me interesaba más para equilibrar. Yo he sido toda mi vida diseñador gráfico y, además, de una forma muy militante. En la exposición del futurista Depero en la Fundación Juan March de Madrid, lo más interesante para mí es la vertiente tipográfica, porque la obra de Depero pintor se ha pasado, en cambio la de diseñador gráfico o tipógrafo es supermoderna, y te das cuenta de que de ahí viene todo, los artistas rusos, el dadaísmo. Es increíble cómo los artistas italianos tomaron la bandera de las vanguardias.

Usted es un artista multidisciplinar, un renacentista en el sentido más apropiado del término. Aprendió fotografía, tipografía, hizo sus pinitos en el cine. Es ilustrador, agitador cultural, diseñador gráfico, pintor…

Es que para ser diseñador tienes que saber manejar las fotos, y todo lo demás forma parte del aprendizaje, un aprendizaje muy lento; por lo menos en mi caso, me ha llevado mucho tiempo. Por eso la exposición es una forma de continuar mi labor. He diseñado durante mucho tiempo con ordenador y el hecho de hacer un trabajo de forma manual y reposada tiene otros matices y otro interés.

Dice Diego A. Manrique que usted ya era pop antes del pop, como actitud, como producto final en toda su biografía profesional. Eso y que las canciones le han acompañado siempre de fondo.

Hay música de canciones pero hay palabras de aquí y de allá, de un periódico que abro por la mañana, de unos trozos de un grafiti en una esquina que veo al pasar. Hay muchas cosas que están grabadas en mi vida. Cuando voy a una ciudad, lo que más me gusta es andar por las calles, ver los rótulos inmensos en las marquesinas, observar lo que los demás no ven porque el ojo se me ha acostumbrado a eso. Todas las palabras pintadas forman parte de mi memoria visual.

Óscar Mariné junto a una de las obras que expone en La Caja Negra. Foto: Roberto Villalón.

Óscar Mariné junto a una de las obras que expone en La Caja Negra. Foto: Roberto Villalón.

Estas palabras son entonces poesía pintada.

Siempre. Hay incluso palabras que ya en sí mismas entrañan su propia poesía porque son como mantras, son frases que he oído decir en momentos difíciles, contraseñas para tu supervivencia, para pelear por la vida. Son fetiches y son palabras llenas de contenido. No hay nada trivial en ellas porque cuando estás pintando una de estas piezas, como el tratamiento es muy artesano, le dedicas mucho tiempo; son palabras y mensajes que realmente te importan.

¿Ha desechado algunas palabras?

Sí, porque hay cosas que ves que no aguantan, o no hay tiempo material para acabarlas. Siempre te puedes quedar con lo bueno y hasta que llega la selección final y la expones has dejado mucho por el camino. Para La Caja Negra he seleccionado alrededor de 30, pero he pintado muchísimas más.

O sea, que según el montaje se pueden llegar a construir estrofas.

Sí, claro. De todas formas, a mí me gusta mucho utilizar una sola palabra, que adquiere un significado absolutamente abstracto cuando la ves día y noche. Cuando la cuelgo en mi estudio me enfrento a una palabra que te da los buenos días al levantarte, te saluda a la hora de comer y te despide por la noche. Es como vivir delante de una tienda que tiene ese rótulo enfrente de ti. Para mí, que diseño marcas profesionales, el hecho de pintar una marca que no lo es, que es sólo un guiño, un juego con algo que has leído, o has vivido, te deja un sentido poético muy importante.

En el ‘Valley of Astonishment’, el último montaje de Peter Brook, la actriz Katryn Hunter habla de cómo para recordar las palabras las asocia con colores. Estas ‘Painted Words’ son un buen ejemplo. Pero ¿cómo sabe qué color le va mejor a una palabra que a otra?

Hago pruebas. Hay veces que pinto una palabra en varios colores, aunque yo soy mucho de blanco y negro. La base es muy estricta, siempre empiezo por el blanco y negro y una vez que funciona en esos dos tonos ya puede pintarse en casi cualquier color.

¿Cómo ha sido el proceso de estas palabras pintadas? ¿Por qué el soporte de madera?

Empecé pintando en lienzo, pero me pasé a la madera porque es más dura, tiene los bordes más afilados y adquiere un rango mayor. El trabajo de enfondar, de preparar la madera, darle todos los materiales necesarios y empezar a pintar es más duro que en el lienzo. Es muy curioso que luego el lienzo, como es una palabra italiana, se valore mucho más. La pintura en tabla es un clásico, pero es un trabajo más difícil.

Tabla y acrilíco.

Sí. La gente piensa que el óleo es la bomba, pero es mucho más caro y difícil pintar con acrílico. El óleo se puede intervenir. Me gustan los dos, pero en este caso tenía que hacerlo con acrílico, porque lleva muchas capas de pintura.

Su evolución como pintor ha sido curiosa. Ha pasado de trasladar rostros al lienzo a pintar palabras.

Los rostros los considero más dibujo. Empezaron pidiéndome ese tipo de ilustración para carteles en una época en que se entendía el diseño como dibujo. Una etapa más ingenua en la década de los 80, de los 90. Generacionalmente, tengo mucho más que ver con otros artistas que en el mundo del underground o del off de las galerías, dibujaban, hacían comics. Yo pertenezco más a ese sector. Nunca he estado dentro del mundo de los pintores. Pero ahora me gustaba más iniciar este camino.

¿Cuándo empezó a pintar las palabras?

Llevo mucho tiempo. Esta exposición muestra los trabajos que inicié en 2011, pero llevo haciendo pequeños intentos en otras exposiciones, como la que hice en Italia No money no Honey, en 2003, o la de Wanted, con aquella serie de palabras: SHIT, GUNS, BANG, LOVE. Eran partes, pero ahora se han erigido en protagonistas. Busco la expresión y la abstracción en el concepto de la palabra. He cambiado la palabra por lo que antes hacía de forma más expresiva, dibujada, pintada o en fotografía. Ahora la tipografía se convierte en la protagonista.

deep-wish-marineWarm-Gun-oscar-marineY la palabra ¿tiene firma? Quiero decir: si tiene una fuente tipográfica concreta.

A veces sí. Durante mucho tiempo he estado dedicado a una muy de moda en los años 70, una tipografía que se utilizaba mucho para pancartas porque tiene una pegada muy fuerte, se llama Folio. Es de de 1957, la época del avión Carabelle, de Brigitte Bardot. Es una tipografía que iba muy bien para hacer pintadas en mayo del 68. Es muy cañera. Yo ya la había utilizado en mi estudio, OMB Design. Me gustaba como grafismo, y ahora la he pintado. Hicimos otra tipografía, la Stencil, para el Matadero de Madrid, y también es de las tres o cuatro tipografías que he utilizado para las plantillas de la letras.

En Painted Words lo que he hecho han sido campos de color. Las plantillas es un espacio donde no hay brochazo. La pintura va como si fuera una malla tipográfica. Está cerca de la serigrafía y del stencil. La clave está en que no tiene textura. Es un guiño a lo industrial. Es pintura no convencional, pintura rebelde en contra de los cánones de la pintura. Matisse también lo hizo con los recortables. Todo esto viene mucho del poso de mi educación norteamericana, de mi etapa en Nueva York, de ese arte que nace en el East Side y el Bowery.

¿La pintura actual va entonces va por ese camino?

No, no. Yo soy el que va por ese camino. Pertenezco a una cultura, a una formación. En la exposición hay muchos planteamientos, muchos recuerdos de toda mi vida, de cosas que me han sucedido, de música, de cine.

Es casi una autobiografía.

Sin llegar a serlo claramente, pero sí. Han surgido cosas, porque cuando trabajo escucho música y se mezclan un disco de hace 20 años con uno actual. Se cruzan el pensamiento de ayer con ideas de hoy. Hay muchas cosas que salen cuando tienes la oportunidad de pintar una palabra en rojo en tres metros. Te sale una palabra que la tienes muy adentro, y eso es muy bonito. Estás trabajando con algo que sientes y en lo que crees profundamente y es algo curativo. Me gusta mucho que nadie sepa el porqué de esas palabras, el significado que tienen para mí.

¿No tiene miedo con esta exposición de dar la impresión de que eso que hace es muy fácil, muy sencillo?

El carpintero que me hace los soportes me hizo mucha gracia el otro día cuando me dijo: “Sabrás que esto que haces es una chorrada absoluta”. La gente siempre me decía lo mismo al ver todo lo que he hecho en mi vida. Cuanto más me esforzaba y más me costaba, menos lo comprendían. Mi padre, Juan Mariné, director de fotografía, que está metido en un mundo muy técnico, no puede entender que alguien te contrate para poner un rótulo en Hélvetica.

Es usted un juntaletras…

Y un cuentacuentos. Soy como el perfumista que mezcla olores. Yo lo hago con las palabras. Las más sencillas son las más difíciles de hacer.

‘Painted Words’ puede verse hasta el 31 de enero en La Caja Negra (Fernando VI, 17, Madrid). 

El artista Óscar Mariné en su estudio.

El artista Óscar Mariné en su estudio.

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Sobre el autor

Julia Luzán
Julia Luzán Periodista. Observadora de la realidad. En el diario El País durante 27 años. Antes, corredora de fondo en periódicos y revistas. Me gusta el arte, devorar libros y contar como son las cosas y adivinar que hay detrás de ellas. Puedes seguirme en Twitter @jluzan

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2 comentarios

  • El 01.12.2014 , leao ha comentado:

    No comprendo la manía con el uso del idioma inglés. Sinceramente, creo que hay mucho complejo.

  • El 01.12.2014 , El Asombrario & Co. ha comentado:

    Volvemos a explicar a nuestros lectores que la política de comentarios de EL ASOMBRARIO no permite el uso de términos insultantes y/o despectivos contra los protagonistas de los artículos, reportajes y noticias ni contra los periodistas que firman las informaciones. Estamos abiertos al debate en todos los sentidos, pero siempre dentro de las más básicas reglas del respeto y la educación. Gracias.

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