09.10.2014

Lidia Pujol: “Nuestra pasividad es nuestro crimen”

Menéalo
Un montaje fotográfico de dos obras de Pujol.

Un montaje fotográfico de dos obras de Pujol.

Mientras muchos intentamos convencernos de que las cosas pueden ser de otra manera, ella las está haciendo. Tiene 46 años y se confiesa “encantada de la vida”. Cantante y actriz, Lídia Pujol vive un momento de plenitud artística y espiritual vinculada a la tierra y a sus gentes. Presenta su tercer disco en solitario, ‘Mariam Matrem’ (incluido en el libro ‘La cualidad humana’, de Ángela Volpini), mientras recorre ermitas y monasterios de Catalunya en un ‘Camí d’Identitat’ que es propio y a la vez colectivo. Alumna de la monja Teresa Forcades, su discurso está impregnado de una espiritualidad que, lejos de confusas abstracciones, nos habla del aquí y del ahora, de una revolución infinita por el bien común.

Han pasado siete años desde tu anterior disco, ‘Els amants de Lilith’. Según un mito hebreo, Lilith fue la primera mujer de la creación, hecha del barro como el hombre. De esa mujer independiente, autónoma, reverso de la subordinación de Eva al hombre, llegas a María, a quien reivindicas como una mujer que para ti representa un “camino de identidad plena”. Tengo la sensación de que hay en tu trabajo una voluntad de relectura, de reinterpretación de mitos y roles.

Sí, supongo que haber tenido una educación de ámbito religioso traumática ocupa espacio en una. Cuando en la vida llega el saber, a veces el espacio está ocupado por prejuicios, vivencias del pasado, por símbolos que, en lugar de poder interpretar de forma generosa, libre y amorosa, están llenos de jerarquía, de sometimiento, de interpretaciones que no son relaciones de tú a tú. En nuestra posibilidad infinita de llevar a cabo nuestro deseo, siempre en relación con los demás, hace falta deshacerse de los intermediarios. Hay que asumir el riesgo de vivir y hay que intentar potenciar qué es eso de ser una persona única en el mundo. La pregunta es: ¿quieres darle sentido a tu vida o quieres darle cosas a tu vida? ¿La orientas hacia ese motor de infinito que es nuestra finitud o la orientas hacia las cosas tratando de tapar un agujero que realmente es infinito? El amor no es conceptualizable, no es algo que puedas coger, no puedes hacerle el amor a una propiedad. Para mí el amor es relación de tú a tú, no jerárquica, y no sólo en el espacio espiritual sino en el espacio democrático. Nuestra sociedad es jerárquica, y es cierto que, cuando tienes a alguien al lado, nos cuesta mirarle de tú a tú, porque estamos llenos de prejuicios, de miedos. En cada momento de nuestra vida se nos plantea decidir o por amor o por miedo, y cuesta ponerse a la intemperie y no devolver la bofetada que te han dado. Reaccionar no es ser uno mismo, lo dice la propia palabra. Habría que romper esa cadena causal de una agresión, o de algo que podemos provocar nosotros mismos o que nos pueden provocar, y tener una actitud que contemple la diferencia, que cada uno esté en su sitio. Tiene que haber un horizonte común, de bien común, que nos pueda inspirar a todos y en el que todos quepamos, en el que no haya competitividad.

[Pedro] Casaldáliga, que es un obispo que está en Brasil, decía que absolutos sólo hay dos: Dios o el Amor (porque para mí Dios es Amor) y el hambre. Cuando nuestro físico, nuestra parte limitada, está sometido a algo terrible, entiendo que allí hay algo que nos impide trascender. Mis padres o mis abuelos sí que han pasado auténtica hambre, de la que no se puede soportar, pero no es mi caso, aunque me dedique al arte. Arte en el sentido del intento constante de una construcción personal en relación con los demás, que es lo que para mí significa arte: intentar llenar de sentido la vida. No digo que sea fácil, pero sólo me siento bien cuando estoy en relación sincera, cuando expreso lo que soy y lo pongo en riesgo para ver si, por casualidad, encuentro reciprocidad en el otro. No es un mandamiento que se cumpla siempre, es casi un milagro que el otro te devuelva esa reciprocidad. Casi siempre es frustrante exponerse y es doloroso, pero creo que es la única forma de recibir pequeñas dosis de eternidad aquí en nuestra vida limitada. Mi trabajo con la música, porque es mi trabajo, el que da de comer a esa parte física, está relacionado con eso.

Hay un poema muy bonito de Mossèn Cinto Verdaguer que dice: “Poeta i fangador sóc” (fangar la tierra significa que la levantas con un tridente, la oxigenas y preparas para la nueva siembra. Un trabajo del campo muy duro que hizo mucho mi abuela). Dice Verdaguer: “Poeta i fangador sóc / i faig la feina tan neta / que fango como un poeta / i escric com un fangador”. Es decir, “poeta y fangador soy, y en todo hago un trabajo tan limpio, tan bello, que fango como un poeta y escribo como un fangador”. En cuanto somos conscientes de eso, no creo que sea posible disociarlo ni un segundo más. No va por un lado lo práctico y por otro lo poético o lo amoroso, lo que verdaderamente da sentido a nuestra vida. Esta sociedad necesita que seamos conscientes y no permitamos más esa disociación.

De hecho, la hiperespecialización del trabajo va directamente contra eso.

Exacto. Simone Weil es una de las autoras que estoy estudiando en el Monasterio de Sant Benet de Monserrat con Teresa Forcades, que es esta monja benedictina que ha impulsado el Procés Constituent junto con el economista Arcadi Oliveres. Este año está estudiando a Simone Weil, que hablaba de la jerarquización que hay en el trabajo en la que unos piensan y otros actúan. No puede ser que unos se dediquen a pensar lo que otros tienen que hacer. Eso es lo que nos dicen los medios de comunicación. Así fue la última campaña de la Merkel que decía: “Ponte en buenas manos”. No podemos mirar a lo grande porque eso nos paraliza y nos desactiva, nos dice que no podemos hacer nada contra todo esto. Es falso, radicalmente falso que no podamos hacer nada. Podemos hacer poco a poco, siendo referentes los unos para los otros y extendiendo esta conciencia y este actuar de otro modo, que no separa lo práctico de lo amoroso, y darle sentido a la vida. No podemos seguir especializándonos en una sola cosa y excluyendo todo lo demás. En los Evangelios hay un símbolo, un señor al que mandaron a la cruz precisamente por denunciar la injusticia, por decir la verdad, tanto si convenía como si no, hasta las últimas consecuencias. Y decía que el amor es una relación de hermandad y no jerárquica. Hay que traer la eternidad en cada aquí y ahora y probarla. El cielo o el infierno no están por ahí, están aquí, en cada momento que vivimos, de un modo o de otro según nuestra decisión.


De la violencia y crudeza de muchas de las letras recuperadas de la tradición oral que componían el repertorio de ‘Els amants de Lilith’, a las canciones de trovadores y de raíces espirituales de ‘Mariam Matrem’, con textos del Llibre Vermell de Montserrat, de Santa Teresa de Jesús, de las Cantigas de Amigo, etcétera. En cierto modo, de lo profano a lo sacro. No sé si es reflejo de una “conversión mística”, como he llegado a leer, pero al menos sí quizá reflejo de un camino personal e íntimo.

Es un poco todo lo que te estoy explicando. Antes de ponerte a rezar o alabar algo que está fuera de ti, tienes que reconocer lo que también tú puedes ser, la máxima miseria. Nos atrevemos a decir que la política está llena de ladrones, y evidentemente hay toda esta corrupción, pero todos somos potencialmente eso, a menos que no queramos serlo. Me parece que es demasiado simple pensar que los demás son algo y que yo no. Por eso me gusta poner sobre la mesa, como hice con Los amantes de Lilith, toda nuestra posibilidad de miseria y de abusos de los unos y los otros. Lo peor, la violencia más terrible, es la violencia institucionalizada, la que permite personajes como el señor [Jordi] Pujol o esta señora hija del rey, que se permite casar con un señor que juega a la pelota para poder robar como ha robado a través de este personaje…¡Me parece todo tan estúpido, tan ridículo, tan indigno, que no quiero ni hablar de esto, porque entonces me sale lo peor! Todo lo que sale en los medios de comunicación es una pura y radical mentira para despistarnos y para que hablemos de tonterías, mientras ellos van robando y haciendo leyes que cambian cuando les da la gana. Dicen que la Constitución no se puede cambiar, pero una noche la cambiaron a conveniencia para poner por delante el dinero y el pago de la deuda para salvar unos bancos que, si están salvados gracias a un dinero que es público, esos bancos son nuestros. Cuando para eso se puede hacer y para escuchar la voz del pueblo no se puede hacer, la desobediencia a una ley que está hecha para proteger los intereses de los más ricos es legítima. Y para ser persona es legítimo y necesario desobedecer todo esto. El disco de Los amantes de Lilith era una necesidad de levantar todas esas alfombras, de poner eso sobre la mesa. Una vez puesto, y siendo consciente de que todos somos capaces de eso, quise poner sobre la mesa un símbolo que nos orientara, algo que nos inspire a sacar lo mejor de nosotros mismos. Y eso es intentar rescatar símbolos, que en su origen eran inspiradores, de las manos de la jerarquía, se encuentre ésta donde se encuentre. Para mí, hablar de María como representación de la dignidad máxima simboliza a alguien que creyó que era Amor, que la única posibilidad de sentirse bien consigo misma era en relación con los demás, libre y gratuitamente, de forma amorosa. Por extraordinario y difícil que parezca, por muy imposible o injusto que parezca este momento histórico, hay que seguir creyendo que en nosotros también hay una posibilidad, no del reino de la fuerza sino del reino del amor. María simboliza eso.

En la historia de la humanidad no sólo existe el abuso, las leyes de la selva, ese mecanismo natural del mundo en el que el pez grande se come al pequeño y la roca grande chafa a la pequeña, no sólo eso. Dice Simone Weil que cuando uno, teniendo más fuerza que el otro y pudiendo abusar del otro no lo hace, ahí no actúa el mecanismo natural del mundo sino que actúa el mecanismo sobrenatural. Pudiendo abusar del otro, no lo haces, hay una relación de tú a tú. Ahí es donde aparece la posibilidad de amor, algo distinto. Eso es lo que intento decir con lo que vino después de Los amantes de Lilith, con La ceremonia de la luz, un espectáculo que se hizo con once músicos por monasterios grandes de Catalunya. Y eso es lo que sigo explicando, ahora ya experimentándolo, con la gente de los diferentes pueblos donde voy a actuar en pequeños monasterios [con el proyecto Iter Luminis – Camí d’Identitat]. En esa ruta de 14 pequeños monasterios que estoy haciendo por Catalunya, que empezó en mayo pasado y acabará el 1 de noviembre, es donde experimento y estoy llevando a la práctica con la música y a través de mi relación con las personas todos los conceptos que he ido aprendiendo. Lo que hago es primero una parte histórica, recordamos un poco la historia del lugar. Suelen ser monasterios románicos del siglo XI, XII, y ahí hay una historia que contar que seguramente siempre está contada por los vencedores. Nosotros queremos hablar también de la historia del pueblo, de la gente que no escribe la historia, de los abusos que se han cometido siempre para poder escribir una historia de vencedores. Ponemos en relación a la gente con ese pasado histórico y también con este presente, porque la historia está ahora en nuestras manos. La historia no es sólo aquello, también es lo que hoy hacemos nosotros para proyectar de un modo o de otro un futuro, que depende de lo que nosotros decidamos libremente. Una vez hemos entrado ahí, empieza el espectáculo con un sentido interno, se trata de la creación de una conciencia en tres partes: primero, un reconocimiento del deseo propio, de que somos personas únicas y de que nos construimos y hacemos en relación. Después, en relación a esa conciencia, un cambio de actitud. Porque esa conciencia está orientada hacia algo que nos inspira y puede movernos a todos, más allá de cuál sea nuestra cultura, nuestro idioma, nuestra especificidad, nuestro género, nuestro color…

Siempre digo que, evidentemente, soy una mujer y tengo mis características únicas en lo biológico diferentes a las tuyas, pero que lo que nos inspira a ambos no tiene género. Mi punto de partida es de género, pero mi camino, mi evolución, mi orientación, no lo es. El amor no es de género, la poesía no es de género, la solidaridad no es de género, la libertad no es de género, esas grandes palabras que nos inspiran y que, paso a paso, vamos construyendo, no son de género. Ahí es donde podemos caber todos y donde mi trabajo musical es mi construcción personal. Lo que hago al final del espectáculo es compartir este sueño con la gente, invitar a gente que no es profesional. También ellos quieren cantar, quieren tener algo que ver con la poesía, con el arte, que de repente les queda lejos porque lo primero en lo que se recorta es en cultura, en educación, en cosas que no son tan necesarias como comer. Decía Lorca que prefería quedarse sin ese trozo de pan mirando un libro, porque hay algo que es la agonía del alma cuando no tiene sentido en un cuerpo físico. El poder nos cosifica, pero en realidad no somos cosas, somos sujetos, somos personas. Al final [de la ceremonia] hay un encuentro de relación en torno a productos de la tierra realizados con conciencia social, con gente que trabaja de manera ecológica. El vestuario está hecho por gente discapacitada, la gente de Teixidors, de Terrassa; otros aportan cerveza hecha por gente que sufre riesgo de exclusión social, los de Fundación Casa Dalmases; los de Peccatum 7 traen su aceite, que es un oro maravilloso hecho de manera biodinámica, relacionando las estrellas con la tierra como hacían los payeses durante toda la historia antes de que entrara todo este horror de alimentación masiva en el que gente, como la de Goldman Sachs, es capaz de encerrar toneladas y toneladas de comida para que suba el precio y especulan con los alimentos provocando la muerte de millones de personas o nos dicen que es imprescindible plantar transgénico. Todas las personas que se relacionan con este proyecto son los verdaderos protagonistas de cada una de las ceremonias, porque van dirigidas a ellos, a dar visibilidad a un modo comprometido de trabajar, de hacer comunidad más allá de las diferencias y enriqueciéndonos con ellas.

‘Mariam Matrem’ está grabado en una ermita del siglo XII con mínimos medios técnicos, sin apenas posibilidad de retoques. Dices que es quizá tu primer disco perfecto, porque “está lleno de vulnerabilidad”. ¿En qué sentido te sientes vulnerable?

Más que yo me sienta vulnerable, es que el ser humano es vulnerable. El ser humano necesita una mirada de amor. Soy vulnerable, hay humores, días buenos, malos, de todo. Así como siempre he estado acostumbrada a grabar un disco en un gran estudio y con todas las posibilidades de corregir y regrabar y hacer pistas, pues aquí no. Aquí lo he hecho en una ermita que tengo al lado de casa y donde canto desde hace muchos años. Era un sueño, un ojalá, un ¿te imaginas? imposible. Porque claro, no puede ser, yo no podía estar grabando con medios técnicos que no me permitieran solucionar los errores. Lo maravilloso es que me puse en relación con la gente del territorio gracias a estar viviendo aquí, a conocer a las personas. Me encontré a un matrimonio con su hija en un cruce del camino en la montaña mientras perseguía a mi perro, me puse a hablar con ellos, ellos me pusieron en relación con otras personas, invité a la gente a cantar una sibila, un canto pagano de la noche de Navidad, y se presentaron quince personas. Estuvimos ensayando, se grabó, le pedí a una masía de al lado a ver si me dejaba un generador, el otro me puso unos candados para que pudiera cerrar, el otro me trajo un jeep para cargar… Con la colaboración de todas las personas y masías que viven aquí dispersas se ha podido grabar este disco. Sólo había dos músicos profesionales y todo el resto era gente que hacía su aportación de la mejor manera posible.

Si estamos construyendo, hagámoslo desde la base, y la intención y las ganas de hacer las cosas ha hecho que sea un disco grabado en cuatro días, con todo el amor del mundo, sin posibilidad de corregir y de mostrar cosas que no sean puro momento. ¡Qué quieres que te diga! Está tan sostenido por todo eso que si hay alguna cosa que no está tan bien afinada me parece perfecto, porque es tal la riqueza de todo lo demás que aún me parece más bonito. ¡Que yo haya podido soportar, oír, que haya algo que no está perfecto! De repente me veo estúpida pensando en eso, ¿sabes? Las cosas pueden ser de otra manera y yo lo estoy viviendo, estoy encantada de la vida. Tengo 46 años y me deben quedar unos treinta, unos quince o unos cinco, o mañana me muero o ahora mismo, da igual. Cuando estoy en relación con esto no me importa tanto que sean quince o treinta, no me importa nada, no quiero alargar mi vida de manera vacía, medicalizada y entubada, a conveniencia de una estructura institucionalizada que abusa legalmente. Esto es lo que me saca de quicio, necesito mucha música y mucha poesía porque me cuesta mucho no ser violenta. Estoy convencida de que la confrontación de la injusticia no tiene que ser violenta y tiene que ser paso a paso, sosteniendo la no reacción como hizo Rosa Parks. Hay maneras de confrontar la injusticia sencillamente desobedeciendo lo que no está en relación con nuestros principios y asumiendo, en la medida en que cada uno pueda, las consecuencias. Si uno da espacio a la verdad puede que le echen del trabajo, lo metan en la cárcel, ¡o le crucifiquen! No sé, cada uno en su medida. Yo, por ejemplo, lo tengo más fácil porque no tengo hijos, vivo con lo mínimo, no me tengo que preocupar de hipotecas, vivo en la casa de mi madre, es una gran suerte que tengo, que me he podido dedicar a esto… ¡Es que no tengo ni tarjeta de crédito! Nunca ha tenido tarjeta de crédito [Risas]. No sé qué es eso, ni sé qué es comprar a plazos. Trabajo de una cosa que no está ni regularizada como si fuera un trabajo normal. Tengo mi equipito de sonido, que es una aportación de alguien que quiso ayudar. Hay personas que por el camino vienen y te preguntan cómo colaborar en esto. Y te compran farolillos.

O sea, es un crowdfunding de voluntades.

Pues sí, unos me compran faroles, otros velas, otros me hacen los programas de mano. Cuando no hay dinero para hacer esto, porque el lugar no puede poner dinero o mano de obra, la gente colabora. La persona que me ayuda con la producción es médico, tiene su sueldo, y no me cobra nada por trabajar porque considera que estamos haciendo algo, que es recordarle a la gente que no sólo nos podemos mover por miedo o por dinero, recordarle que somos infinita necesidad de amar y de ser amados. Ese es nuestro fundamento. Evidentemente hay que comer, pero no hace falta tener tanto. Una vez estás con lo mínimo cubierto, todo lo demás tiene que ir dirigido hacia lo otro, hacia una relación que nos haga sentir dignos, queridos y reconocidos por eso, no por el título o por el galón o por tener una porra en la mano para que me obedezcas. La muerte sirve para recordarte que tienes que vivir plenamente, que es un regalo que tengamos la oportunidad de experimentar esta fisicidad, esta posibilidad del tacto, de la mirada, del aroma, del encuentro con el otro. Aunque sea duro y frustrante, en algún momento se produce el milagro de la reciprocidad. Podrías no haber nacido pero has nacido, y creo que hay que ver cómo traer la eternidad aquí.

Tengo la sensación de que dentro de Catalunya se conoce y reconoce a Lídia Pujol pero que todo eso se diluye radicalmente fuera de Catalunya. ¿Por qué hay ese despecho en España hacia la cultura, o al menos hacia la música española, que no se expresa en castellano?

Yo creo que es ignorancia. Uno tiene que vivir lo que le cae cerca. El problema está en cuanto vemos la televisión o leemos los periódicos y jugamos al ping-pong este estúpido de creer, primero, que los políticos representan algo real. Lo que representan es un poder económico y ya está, son marionetas que están ahí delante. ¡Qué más da el Mas, el Rajoy, la Merkel! No importa. A mí que miremos los medios de comunicación y entremos en este juego de desprecios… Absolutizas eso, crees que eso es verdad, que es tu verdad. Pero luego, cuando llegas a un sitio y te encuentras realmente con la persona, se olvida y ves que lo que hay de verdad es la posibilidad de conectar con el otro. Ojalá yo hablara todos los idiomas del mundo para poderme comunicar a ese nivel con las personas, pero yo apuesto por otro nivel de comunicación que va más allá de la palabra y más allá de lo concreto. ¡Ni con tu propio hermano hablando el mismo idioma y habiendo mamado del mismo pecho hay manera de entenderse! La palabra es un medio, el pensamiento es una herramienta de crecimiento y de relación con los demás, siempre y cuando esté orientada hacia el amor. Yo apuesto por un lenguaje más poético, más artístico y que con una mirada puedes conectar con otra persona, con un japonés… Con el idioma no podría hacerlo. Para mí es entrar en un tipo de conversación que no me apetece nada porque no quiero gastar mi tiempo en esto. Este ping-pong de tonterías y superficialidad no me interesa, me interesa la profundidad del infinito de mi posibilidad como ser humano. Yo soy un misterio en mí, tú eres un misterio para mí, todos son un misterio que yo no voy a descubrir jamás, y eso es lo que hace que yo me mueva hacia ti, que eres distinto de mí. Cuando tú lo que quieres es homogeneizar a todo el mundo para tu propia seguridad… que es una seguridad falsa, falaz, porque sabes perfectamente que el cáncer, cualquier problema que tengas, cualquier desgracia, va a romper tus seguridades y que lo único que va a ser importante en tu vida es el amor que tengas alrededor. Sólo buscarás una mano que te sostenga, una mirada…

‘Iter Luminis – Camí d’Identitat’, este proyecto que estás realizando por pequeños monasterios y monumentos, tiene el objetivo de “recuperar el sentido de comunidad, descubrir espacios sagrados y reivindicar su uso como espacio de comunicación e identidad”. ¿Es la identidad la que fundamenta el sentido de comunidad?

La identidad es todo este camino que te digo que voy construyendo paso a paso, decisión a decisión. Tengo una gran amiga que se llama Eva. Es interesante, porque yo me identifico con Lilith y ella se llama Eva. Es como la cara y la cruz de una misma moneda. Eva absolutizó la herramienta del pensamiento, escogió el árbol de la ciencia, el árbol del conocimiento. En el Génesis se dice que en el centro del paraíso no está ubicado el árbol del conocimiento, está ubicado el árbol de la vida. Dios dice: “Comed de este árbol”. No de este otro. Ese es el gran consejo: comed del Amor, no comáis del pensamiento, no absoluticéis esa herramienta para dirigiros hacia el Amor como si fuera en sí la meta de todo. Amor y libertad son palabras indisociables en su raíz. Hay que relacionarse porque uno lo desea y porque lo quiere, no porque haya nadie que esté por encima de nosotros diciéndonos lo que tenemos que hacer. Lilith se rebela a esto. Ella no escoge, es una reacción. Ella se enfada y se va del Edén y deja vacante su posibilidad de relacionarse desde el amor. Ni Lilith ni Eva son absolutos. Una representa el pensamiento y la otra la rebeldía contra la injusticia, pero sólo María simboliza la reunificación de aquello que somos en dirección al Amor. Decía San Agustín: “Serás creado sin ti, pero no serás salvado sin ti”. Tú has nacido y no tienes que ver con tu nacimiento, estás en el mundo y esto te ha sido regalado, pero el paso hacia el nuevo nacimiento, el de tu conciencia, el de tu implicación, el de construir qué es lo que quieres ser… ¡Esa es tu identidad! No es la heredada. Tú no eres el apellido de tus padres. Eso es algo que se te ha dado y es un vehículo, pero sólo en el momento en el que ves a tu padre y a tu madre como hermanos y no como a alguien que está por encima de ti sometiéndote… Ya sabes lo traumático que es para todos superar eso. Ahí estás empezando a madurar y a ser tú, a construir tu propia identidad. La identidad no es eso que sale en los medios de comunicación y que nos sirve para pelearnos entre catalanes y españoles y suecos e indios… ¡Yo qué sé! La cuestión es que la identidad está relacionada con el amor y cuando tú te relacionas con el Amor, cabe todo. Yo soy todo, y ese es un camino de identidad que es paso a paso, decisión amorosa a decisión amorosa. No significa que por mucho que hayas hecho una te sirva para otra. ¡No! La siguiente circunstancia te vuelve a abofetear en la cara y vuelves a ponerte en tesitura de ¿qué hago?

No, un acto de amor no perdura ‘per se’.

No, no. ¡Y además también lo dice el Evangelio! Y no suma, no es algo que dices…

¡Ya lo he hecho!

¡Exacto! El curso que voy a hacer este año con la monja [Teresa Forcades] se titula La revolución hoy. Así como Marx decía que la religión es el opio del pueblo, Simone Weil dice que la revolución es el opio del pueblo, porque te crees que vas a hacer la revolución y ya. “¡Por fin! ¡Hemos llegado a la estación! ¡Lo hemos conseguido! Y me voy a volver a tumbar en el sofá a apretar los botones del mando a ver qué ponen en la pantalla”. La cuestión es que no hay estación final. La estación final es la muerte, la otra es un camino de revolución constante. Yo hice una versión en catalán de un exitazo de Tracy Chapman, Talking bout’ a revolution, que dice que haremos la revolución y la volveremos a hacer y la volveremos a hacer y la volveremos a hacer y la volveremos a hacer… Eternamente, a cada paso, a cada momento, a cada aquí y ahora hay que estar en ello. Ahora mismo hay aquí una estupidez supina pensando que cuando seamos independientes ¡ya está! ¡Por fin! No. Y hay gente que disocia nuevamente el contenido de las cosas de la forma que van a tomar. Es de una radicalidad total, pero, ¿yo qué quiero ser? Yo quiero ser yo. Yo no sé qué es ser yo, pero tengo una vida para descubrirlo, y ese es mi camino de identidad. Ahora, cualquier cosa que me prohíba ser yo, que no me permita decidir qué es lo que yo quiero o no quiero, tampoco la quiero. Dice San Agustín que una cosa es la libertad y otra el libre albedrío. Una cosa es la libertad, esa gran palabra que está en el horizonte, y otra decidir. Evidentemente, uno no puede ser libre si no puede decidir, pero decidir no significa que te haga libre, porque a veces decidimos por miedo o por conveniencia o por el qué dirán o por miedo a que no me quieran o a qué dirá mi padre o a qué dirá mi madre y si se entera… Por desgracia, muchas veces decidimos por miedo y no por amor, y si decidimos por miedo no nos encaminamos hacia la libertad. Creo que hace falta mucha conciencia. Pero estamos en un gran momento histórico de gran conciencia. Para mí, si el proceso catalán sirviera para concienciar a todo el mundo de que más allá de lo superficial hay unos valores que nos pueden hacer sentir a todos unidos, a catalanes, españoles, suecos, alemanes… Si hubiera algo que realmente nos uniera, unos valores, una ética, una moral, algo que tiene en cuenta al otro y no sólo lo mío, sino al revés. Porque lo mío tiene que ser absolutamente indisociable de lo del otro. El bien común es indisociable del bien personal, y viceversa. Todo lo demás da mucha pereza, fa molta mandra parlar d’això [Resopla]. Y me muero, no tengo ganas de perder el tiempo. Prefiero ir al huerto y arrancar un poco de malas hierbas que mañana me dará un buen tomate que me va a alimentar y me va a mantener la mente más fresca y lozana para seguir orientándola hacia la luz.

Y sin embargo se puede caer en la tentación, y se ha caído, cuando se ven estas movilizaciones tan masivas en Catalunya, de asociarlas a una cierta unanimidad norcoreana. Sería de ciegos no ver que debajo de ese plano general hay historias muy particulares. De hecho, desde Catalunya, sin haberse sentido en su vida independentista, hay quien me ha dicho que en España no se está entendiendo nada. ¿Qué no se está entendiendo en España? ¿Qué no se quiere entender de lo que está pasando en Catalunya?

Hay una necesidad de que la democracia sea verdaderamente democracia. Y eso quiere decir que el pueblo decide lo que quiere decidir y plantea las inquietudes que tenga y quiera poner sobre la mesa para poder decidir. Yo cuando hice el Concierto por la libertad, en el Camp Nou, empecé mi actuación diciendo que yo estoy aquí por la libertad, lo que significa que yo quiero decidir sobre estos recortes, sobre qué pasa con la sanidad, sobre qué pasa con mi dinero respecto al rescate de los bancos, qué pasa con las preferentes, qué pasa con la educación, qué pasa con el dinero que se está utilizando en armamento y no en los quirófanos, qué pasa con las farmacéuticas, qué pasa con todo esto. Y además hay algo -que se está utilizando también, como siempre-, que es que estamos tan hartos que estamos dispuestos a decidir también si queremos estar o no en un Estado que nos parece abusivo respecto a los catalanes. Esto también se ha puesto sobre la mesa. En ese momento, en el momento en el que yo no pueda sentirme respetada lo suficiente, lo que quiero poder hacer es coger y marcharme, y ya está. Hay mucha gente aquí que no quiere marcharse, la cuestión es que se está cuestionando el derecho de decidir. De lo que yo soy partidaria es de empoderar al pueblo, de que la gente nos impliquemos, de no dejar que unos pocos piensen por nosotros y nosotros nos estemos entreteniendo con el último iPhone de la generación tal.

A los artistas se les suele solicitar un posicionamiento en muy diversas causas, incluso un cierto activismo que presupone una ética acorde con su trabajo. Es decir, se hace uso de la proyección pública del artista. ¿Lo asumes como algo propio de la condición de artista? ¿Se corre el riesgo de ser herramienta propagandística y perder el control de la propia voluntad?

Es un riesgo que hay que asumir. Creo que uno tiene que tomar opción por lo que cree y expresarlo musicalmente y dar la cara por lo que cree. Si resulta que los medios de comunicación lo manipulan y una foto mía sale en una cosa que yo no puedo controlar, habrán abusado de mí como abusan de todos. Yo soy partidaria de que el artista… ¡Y no sólo el artista! Soy partidaria de que tú te posiciones con tu trabajo respecto a unos principios, unos ideales, algo que motive tu trabajo. Lo espero de ti, del panadero, del banquero, del economista, del político, de la pescadera, de todos. Del maestro. La de maestro es la profesión más importante de la historia. Maestro, alguien que sea un referente para nuestra infancia, para nuestra juventud, que nos ayude a reconocernos como piezas únicas, como posibilidades infinitas. Pero no es cosa de los artistas. ¡Basta ya del rollo este de los artistas y los no artistas! Tú eres un artista o no lo eres. Y ya está. Y eso es lo que te quería decir con mi proyecto. “Poeta i fangador sòc. I en tot faig feina tan neta que fango como un poeta i escric com un fangador”. Aquesta és la qüestió. O llenas de sentido tu trabajo o no eres nada. No es que seas artista o no, es que no eres nada. No construyes tu identidad, no haces tu camino de identidad, haces el camino del cordero que va detrás de la Merkel, del Rajoy, del Mas, de no sé quién, del cura de turno… Me da igual. Que cada uno haga lo que pueda con su vida que, total, nos vamos a morir todos. [Risas].

Y no es una amenaza, es una constatación.

¡Claro! Es que cada uno tiene que hacer con su vida lo que crea. Yo la prefiero corta, intensa y llena de conversaciones como esta que larga, medicalizada y llena de cosas que no me puedo llevar al otro barrio. Si me muero ahora, me muero tranquila. Si he hecho algo que no me hace sentir bien, ahí es donde me estoy muriendo en falso. Casi es como si en cada momento tuviera que pensar que si me muriera ahora no pasaría nada. ¿Sabes cuando haces el amor con alguien que de repente sientes que ya está? Que hay una plenitud tal que… Hay que intentar llenar de esos momentos cada momento de nuestra vida, por muy difícil que sea y por muy utópico que parezca, pero hay que intentarlo.

De momento aguanta viva que todavía no he conseguido verte en directo.

¿Te lo digo? Mucho mejor en directo que en disco. Hay gente que está mejor en disco que en directo y al revés, yo soy de las de al revés [Risas]. Es lo que dicen y es lo que yo creo también. Este último disco tiene su cosa, pero estar en relación con los demás en directo, donde te pasan las cosas… Es lo que te quiero decir, mis conciertos no son conciertos míos, son conciertos nuestros. Tú también vas a ser partícipe porque te voy a buscar y la relación, la mirada, el encuentro, es lo que llena mi voz, es lo que llena mis ganas, mi declamación y mi luz. Decía también Simone Weil que es como si fuéramos plantas cuya única opción es ponernos a la luz y florecer, o no. Somos esclavos de la luz si queremos crecer, si queremos ser, si queremos encontrar qué significa mi nombre, mi identidad. Más vale que te pongas a la luz para ver qué flor te sale porque si no, no lo vas a saber nunca. ¿Para preservar qué? ¿Una raíz? ¿Una cosa que está ahí bajo el suelo? Y no vas a saber ni qué fruto das ni qué placer va a ser tenerte oyendo y llenando mi alma del aroma de tu flor o de tu fruto… No vas a poder compartirte, entonces no tiene sentido la vida. ¡El otro día soñé que iba al cielo!

¿Y cómo era?

Cuando llegaba arriba, no había nadie. Y dije: “¡Qué horror! Yo me quiero volver para casa, no me quiero quedar aquí” [Risas]. Y me volví para aquí abajo. En un cielo en que no haya nadie, en el que no pueda compartir, no es cielo, no es nada. Yo, me, mí, conmigo, lo mío, lo de los míos… Decía Hannah Arendt que el gran asesino del siglo XX fue el padre de familia, porque sólo cuidaba de lo suyo, de lo de su familia, y no estaba interesado en lo que pasaba en las calles, de lo que les pasaba a los demás. Nuestra pasividad es criminal. Nuestra pasividad es nuestro crimen. “Yo no he hecho nada”. ¡No, no! En los juicios de Nuremberg, por haber obedecido órdenes, fueron declaradas culpables las personas que no confrontaron la injusticia de los asesinatos masivos. Actualmente, y como siempre, se está asesinando masivamente. En la historia de la humanidad nuestra responsabilidad es confrontar como sea y como podamos, a la escala que podamos, intentándolo, la injusticia constante, la que provocamos nosotros mismos en nuestras familias, en nuestras parejas, en nuestros hijos, en nuestros vecinos, en nuestros compañeros de trabajo… ¿Cómo podemos proyectar y cómo podemos mirar lo que hacen los demás cuando no estamos mirando lo que hacemos nosotros? Vemos la paja en el ojo ajeno y no vemos la viga en el nuestro. No hombre, no [Risas]. A cantar, a decir. Y mira, si nos pegan un tiro pues oye, de 35 a 55 tampoco van tantos [Risas]. Pero al menos, historia auténtica. Y hemos sido quienes somos y quizá hemos evitado que alguien sufriera. Explica Teresa Forcades que la palabra técnica teológica de amar es pericoresis, que viene en origen de perímetro y de coreografía: alrededor tuyo yo hago una danza para hacer espacio, para que tú seas quien eres, y quito a tu alrededor los impedimentos y los tropiezos, para que tú, a tu ritmo, autopropulsadamente, seas quien eres y florezcas y puedas encontrar tu identidad. En la medida en que tú seas más tú, más yo seré. No es una cuestión de poseer al otro, de controlar al otro, de que haga lo que yo quiero y de que la maté porque era mía, no. Es una cuestión de propiciar que cada uno sea quien es. Y es complicadísimo, sí. Si te parece muy complicado, túmbate con todos los mandos y que te entierren en el sofá. [Risas]

Menéalo

Sobre el autor

Carlos Pérez Cruz
Carlos Pérez Cruz, músico y periodista. Desde 2001 dirige el programa ‘Club de Jazz’, dedicado al jazz y músicas improvisadas. Colabora con el programa ‘Carne Cruda’ de Javier Gallego (antes en RNE3 y la Cadena SER), donde dirige la sección 'Bienvenidos al club'; con Radio Vitoria (EiTB) y la revista ‘Cuadernos de Jazz’. Desde 2012 mantiene el blog/podcast ‘Todos los caminos están cerrados’, dedicado a los Territorios Ocupados de Palestina.

¿Quieres leer más artículos de este autor?

2 comentarios

  • El 11.10.2014 , Helena ha comentado:

    Es una mística outsider

Deja tu comentario

He leído y acepto la política de privacidad de elasombrario.com
Consiento que se publique mi comentario con los datos que he facilitado (a excepción del email)

¿Qué hacemos con tus datos?
En elasombrario.com te solicitamos tu nombre y email (el email no lo publicamos) para identificarte entre el resto de personas que comentan en el blog

Te pedimos tu nombre y email para poder enviarte nuestro newsletter o boletín de noticias y novedades de manera personalizada.

Solo usamos tu email para enviarte el newsletter y lo hacemos mediante MailChimp.