15.04.2016

Los secretos inconfesables de un triángulo amoroso

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Un fotograma de la película 'Las alas de la paloma'.

Un fotograma de la película ‘Las alas de la paloma’.

Henry James ha sido uno de los escritores con más éxito trasladado al cine. Le rendimos hoy homenaje -en febrero se cumplieron 100 años de su muerte- con una obra maestra, ‘Las Alas de la Paloma’, dirigida en 1997 por Iain Softely. Una aventura psicológica sobre la sensibilidad y los valores morales, una elegante, intensa y franca historia de pasiones que a veces se acerca a lo intenso del género negro. Un drama en torno a un triángulo amoroso irrevocablemente destinado a perder.

El 28 de febrero se conmemoró el primer centenario de la muerte de Henry James, autor prolífico y fascinante, narrador incansable e indagador de la psique y el comportamiento de la aristocracia social de finales del XIX y principios del XX; también uno de los escritores cuyas obras más veces han sido llevadas a la gran pantalla. De entre todas las adaptaciones cinematográficas es justo destacar la que en mi opinión muestra de manera más sobresaliente ese mundo jamesiano encerrado en el seno de un círculo social concreto y cuyos ideales y dilemas adoptan y sufren sus pertenecientes.

Se trata de una de las grandes novelas tardías de Henry James, Las Alas de la Paloma (The Wings of the Dove), dirigida en 1997 por el británico Iain Softley bajo guión de Hossein Amini. Una extraordinaria adaptación cinematográfica -desgraciadamente casi desapercibida en su momento por el público español- que explora, como ninguna otra hasta la fecha, la complejidad psicológica del universo sofisticado y tortuoso en el que el autor neoyorquino más londinense desarrolló su obra. Una historia dolorosa de secretos inconfesables, de sentimientos contradictorios, un triángulo amoroso y oscuro que alberga matices tan diversos como el amoroso, el pasional, el económico o el romántico. La tristeza y el vacío laberíntico de la ansiedad y la pasión reprimida.

Kate Croy (Helena Bonham Carter), una hermosa joven acogida por su tía rica (Charlotte Rampling), perteneciente a la alta sociedad inglesa, se enamora del hombre equivocado, Merton Densher (Linus Roache), un modesto periodista lejos económica y socialmente del mundo al que ahora ella pertenece y a cuyo noviazgo la tía se niega amenazando con dejar de protegerla. Kate ama a Merton, pero también las ventajas y placeres que su tía y lo que le rodea le ofrecen. Durante una cena conoce a Milly (Alison Elliott), una joven americana huérfana e inmensamente rica con la que hará amistad. Poco tiempo después, al enterarse de que su rica amiga Milly guarda en secreto que está desahuciada por los médicos y que le quedan pocos meses de vida, Kate creerá haber encontrado la solución a sus desdichas amorosas urdiendo un plan perfecto, hacer que su novio enamore a la rica heredera y se case con ella, de tal modo que cuando enviude herede su fortuna, y así su posición y economía ya no supongan un estorbo para poder estar juntos.

Esta magnífica película transmite sin duda el ambiente de la novela de James, ese universo apoyado en la reconocida sintaxis que adorna cualquier rincón de la novela y que aquí, como por arte de magia, es referida y sentida sobre todo en los silencios -silencios inteligentes, engañosos y quebradizos a veces-, que ponen de manifiesto la fragilidad humana, la sospecha y la violencia emocional de una historia sobre el dinero, el amor, el sexo y la muerte, compartimentos vitales donde la gente, no importa de dónde, se asombra al comprender lo lejos que puede llegar al sentirse, si no dentro, sí muy cerca de ellos. “Aunque no contestes mi carta, te ruego que la leas, una y otra vez. Cada vez que ella te mire, cada vez que te sonría, no olvides que yo te quiero más”.

Llevan Softley y Amini toda la narración de James a la imagen, en un drama cuyas pasiones no se apoyan aquí en los largos y abundantes diálogos del autor y que, sin embargo, logra expresarlo todo de una manera u otra. Porque esta historia cinematográfica de amor engañoso encuentra su verdadero diálogo paradójicamente en el monólogo, el monólogo interior de unos personajes que conversan con sus rostros sobre todo aquello a lo que tarde o temprano tendrán que enfrentarse, aunque sea a un acto tan innoble como aquél del que se espera beneficio.

El guión, la planificación y las excelentes y británicas interpretaciones nos conducen a resultados enormes. Todos los aspectos técnicos producen un trabajo asombroso, la magnífica cinematografía de Eduardo Serra, el asombroso juego de contraste y color o de localizaciones, bajo la luz o la lluvia, de un Londres frío y una Venecia incontestablemente bella, jugando a prestar sensaciones más allá de la mera hermosura, implicándose en las actitudes, las sensaciones y los sentimientos de los personajes, rayando, a veces, la genialidad. A todo ello contribuye un vestuario espléndido, un hermoso montaje y una música perfecta de Edward Shearmur.

Una aventura psicológica sobre la sensibilidad y los valores morales, una elegante, intensa y franca historia de pasiones que a veces se acerca a lo intenso del género negro, tal y como su predecesora literaria tocó, a menudo en su estructura, lo que sería más tarde la novela negra. Un drama donde la tristeza empieza y acaba impregnándolo todo, sobre la que sobrevuela una sutil pero certera y feroz crítica a una sociedad a punto de desaparecer, anticipando cuantas catástrofes habrá que padecer para que suceda.

Y allí, en medio, el triángulo amoroso irrevocablemente destinado a perder, suspendido entre las apariencias y el doble discurso. Culpables a quienes únicamente les puede salvar imaginar, cuando el corazón está roto, deshecho en su interior, que “… ojalá tuviesen las alas de una paloma, para poder desplegarlas y volar. Solo así descansarían”.

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Sobre el autor

Antonio Bazaga
Toño Bazaga. Más de 20 años dedicados al mundo del cine, habiendo tocado casi todos los palos: producción, desarrollo, escritura, financiación… Convencido de que el futuro del cine está aún por llegar. Apasionado de la literatura y la historia, creo que el celuloide es el mejor invento para contar lo que pasa, lo que pasó y lo que puede pasar. En fin, parte indispensable de nuestra vida.

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6 comentarios

  • El 15.04.2016 , Jesus G. ha comentado:

    Gran artículo!!. Una de mi pelis favoritas!!

  • El 15.04.2016 , Juanjo ha comentado:

    ¡Qué hermosa y tremenda historia de Henry James! Y qué acertado el análisis de esta película tan buena y olvidada.

  • El 16.04.2016 , Alex Mene ha comentado:

    Buen artículo! Buena peli!

  • El 17.04.2016 , Olga ha comentado:

    Interesante argumento. Llama la atención cómo debe desarrollarse ese triángulo amoroso, tan peligroso desde el punto de vista sentimental. Magnífico articulo y motivador como siempre.

  • El 23.04.2016 , jesus ha comentado:

    Hola Toño (ni en mil años hubiera apostado por usar contigo ese diminutivo ;=).
    Ahora —gracias a Internet— el mundo es mas pequeño. Casualmente he recalado en este blog y, mira por donde, te he reencontrado. Me ha hecho ilusion, no lo niego. Yo aun llevo la bola de Moschino que un dia me regalaste, un poco abollada y falta de lustre, eso si. Pero a veces me ayuda en ese monólogo interior que mantengo conmigo mismo y en el que te incluyo en algunas ocasiones.
    Si te apetece responder a este mail, sabes que seras bienvenido.
    Jesús

  • El 12.05.2016 , Carla Mila ha comentado:

    Las historias de triángulos amorosos son tan viejas como la humanidad. Reales o ficticias pertenecen a nuestra historia, podemos decir que siempre han sido un tema recurrente para la literatura y el cine, pero desde luego es este uno de esos casos, donde es “el auténtico triángulo sentimental” el vértice. “Las alas de la Paloma” obedece a los criterios más auténticos de lo que algunos ya han llamado un subgénero. Todo lo bueno de la novela lo recoge la cinta. No hay duda.
    Carla Mila.
    http://www.carlamila.es

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