29.09.2019

Luis Eduardo Aute, el atractivo creador de versos

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Luis Eduardo Aute con las manos pintadas de rojo. Fotografía: Victoria Iglesias.

Hoy Victoria Iglesias quiere recordar “el atractivo de un creador de versos, la seducción en sus canciones, el poso de un ser atractivo que cree todavía en las palabras”. Luis Eduardo Aute. Buscando la belleza.

Uno de los personajes que fotografié con mi primera cámara fue Luis Eduardo Aute. Después tuve la oportunidad de volver a coincidir con él en otras sesiones. Sin embargo, no había vuelto a verle hasta una noche de 2014. Fue en unas de las veladas literarias que cada año, a comienzos casi del verano, se organizan en la abandonada casa de Vicente Aleixandre. Allí ni siquiera corre ya la luz eléctrica, pero aún se pueden coger apuntes:

Las luces del alba son aquellas que se estremecen ante la incertidumbre, por traer consigo tanto del día anterior, y por el desasosiego: irremediablemente algo, también, siempre se nos viene encima. Desaparecen cuando todo vuelve a empezar. Y empujan los días, inciertos, temblando en un camino de velas, como esta noche que lleva ya ‘instalada’ un rato en el jardín de Velintonia.

En esa oscuridad que se rinde ante un patio iluminado donde suenan palabras, y que de vez en cuando se cortan con aplausos, también empieza a oler a verano, y muy pronto estará inundada de todos esos ‘Giralunas’.

(Me he quedado de pie a la entrada del jardín porque he llegado tarde).

-¡Hola! (Es un susurro). Por favor, apunta la luz de tu móvil a estos papeles. Tengo que ver cuándo me toca.

-¡Oh! –es Aute, me recompongo–. Creo que después de esta otra lectura. (Señalamos un renglón con el dedo).

-Gracias –dice, apartándose con la misma suavidad.

Mientras los versos de Aleixandre siguen elevándose hacia el cedro del Líbano que abarca casi todo el jardín, bajo el que se han colocado varias hileras de sillas, él recoge ahora la guitarra que tiene apoyada en un muro y avanza hacia el improvisado escenario.

Luis Eduardo recoloca el micro, repasa brevemente las cuerdas, saluda y empieza.

“Anda…” está diciendo y, sin darme cuenta, obedezco. Y decido atraída por el verbo, sentarme en el suelo, delante:

“Anda (ha repetido),

deja que descubra

los montes de tu mapa…

que no quede intacto

ni un poro en la batalla,

y seamos un cuerpo enamorado.

Anda,

dime lo que sientes…”.

Y a pesar de las personas que me rodean y de los hierbajos secos que se clavan en mis manos y en mis piernas, no puedo, irremediablemente, dejar de ser seducida, maldiciendo mi debilidad mientras intento aplastar un insecto a su vez tentado por mi brazo.

Quizá esta sea una de las última veces que ante un pequeño y privilegiado auditorio entone Al Alba. Que suelte a capela, con los ojos cerrados, como si fuera la primera vez, a pesar de los años. Y es que, apenas sólo dos después, la noticia de que algo le ha sucedido cae como una estrella fugaz cuando deja de ser bucólica al desprenderse de un mundo incandescente e infernal tan ardiente como ella.

Así es como la vida se fuga. Quemando en un segundo lo que hemos sido, y que pienso al contemplar los estragos caprichosos del corazón, en el sentido literal de la palabra, cuando sólo por una vez en 70 años rompe con su ritmo.

Le veo descender de su taburete, apartar el atril, separarse del micro y venir hacia la gente. Aún conserva el tipo esbelto, la delgadez de la juventud, el atractivo de un creador de versos, la seducción en sus canciones, el poso de un ser atractivo que cree todavía en las palabras.

Ha pasado mucho tiempo desde que le atrapara con mi Nikon, manual primero, y años después con la autofocus. No ha tenido esa suerte mi Canon digital; pero sin embargo lo llevo ahora ya en mi móvil dentro de mi bolso.

Creo que sucedieron más de 20 años desde que pintamos juntos, para la foto, la palma de sus manos. Algo tuvo que ver con la creación, con las locuras para escapar de la vida sin latidos. Con entender, tal vez, la belleza, la de las grietas, como algo más valioso.

Y yo le dije:

“Anda,

deja que copie los pliegues de tu cara,

deja que descubra tus ojos en mi cámara.

Y ven…

Dejémosla un rato

y pintemos de rojo

las palmas de tus maaaaa…nos”.

***

La semana pasada se estrenó el documental AuteRetrato. 

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Sobre el autor

Victoria Iglesias
Victoria Iglesias. Fotógrafa y periodista. Ha publicado sus trabajos en la numerosas cabeceras de comunicación nacionales y extranjeras: El País Semanal, Panorama, París Match , MTV Magazine, El Magazine de la Vanguardia, Interviú, Grupo Z, Cosmopolitan, Vogue…; habiendo participado en numerosas exposiciones de fotografía, tanto individuales como colectivas. Su trabajo no sólo gira en torno al retrato (en sus comienzos, una de sus fotos de Camarón fue seleccionada en el Ortega y Gasset de periodismo), también deambula entre el reportaje de viaje, social (Chiapas, Libia, Sinaí…), el mundo editorial (Alfaguara, EB, Planeta…) y la fotografía artística. La Caja Oscura, pinceladas pixeladas (2015) y Miradas literarias (2016) son sus exposiciones individuales más recientes. En Twitter: @viglesiasphoto El blog de Victoria Iglesias

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4 comentarios

  • El 29.09.2019 , Oscar Bedogni ha comentado:

    Hermoso artículo recordando un instante de un artista (de la palabra y la música) y su impresión sobre otro (de la imágen y la palabra)

  • El 30.09.2019 , Rosa María Sotelo ha comentado:

    Es maravilloso que trabajo de Victoria, sobretodo la forma de narrar esa experiencia con este gran artista como lo es Luis Eduardo Aute..Me encantó

  • El 30.09.2019 , Maria ha comentado:

    Agradable sorpresa y un lujo el articulo de Victoria Iglesias sobre L.E. Aute.
    Reconforta leer esta maravilla. Seleccionas la canción «Anda» que no me canso de escuchar y, yo como tu, Victoria, también llevo en mi movil la fotografía que nos hicieron a la salida del ultimo concierto que dio en el Palau de la Musica de Barcelona. Me coge «lentamente» por la cintura y me sigue seduciendo como la primera vez…
    Amigo Aute «de alguna manera tendré que olvidarte, pero no es fácil, ya sabes…»
    Así es, tal como lo describes. Luis Eduardo, el poeta, el amigo que muchas mujeres quisiéramos tener… la musa de sus pinturas…
    Cuanto deleite en sus canciones, tanta belleza… en medio de este «mundo absurdo» que diría el.

    Gracias por el articulo, me ha gustado mucho.

    Por cierto, recomiendo el documental Auteretrato, estrenado este mes en cines, un homenaje a su persona, a la trayectoria de su carrera.

  • El 02.10.2019 , Malen ha comentado:

    Precioso artículo, con la profundidad de tan admirable artista en todos sus esplendores. Aute y su belleza han calado tan profundo en toda la humanidad, que nos habitan en cada segundo de existencia. Que sea eterno, infinito cómo sus palabras, retratos, pinturas, esculturas y melódias. <3

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