17.08.2018

Madrid no es una ciudad, son muchas distintas que evidencian la desigualdad

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Una imagen del centro de Madrid. Foto: Manuel Cuéllar.

Una imagen del centro de Madrid. Foto: Manuel Cuéllar.

Caminatas de cinco horas o más por Madrid, como una especie de Paseador Oficial de la Villa, dentro del proyecto Expedición Asfáltica, muestran que no hay una sola ciudad, sino muchas distintas que muestran evidentes diferencias estéticas y económicas. No hay nada como caminar para saber cómo es la gente y cómo vive. Madrid no es la Cibeles, ni Malasaña, ni el Paseo del Prado, ni los flamantes hípsters, ni los escenarios de Almodóvar, ni el Real Madrid, ni La Movida, ni siquiera los manolos y las manolas en la pradera de San Isidro…

Cuando llegué a Madrid, a principios del s. XXI, pasé varios años fascinado por su almendra central, llena de ajetreo, cultura y gente de toda raza, tribu urbana y condición: qué lugar tan excitante. Con el tiempo mi interés por el centro, ya tan uniformizado, plastificado, gentrificado y explorado fue en declive y comencé a dar largas caminatas por ese Madrid desconocido que sucede en el resto de distritos, al otro lado del río y de la M30, al norte y al sur, en todas direcciones. Hay vida ahí fuera.

Ahora camino de forma sistemática dentro del festival Veranos de la Villa, como una especie de Paseador Oficial de la Villa, dentro del proyecto Expedición Asfáltica. Mis viajes son a los 21 distritos de Madrid, en caminatas que a veces duran 3, 5 o más horas, donde voy aprendiendo cosas que luego escribo en unas crónicas que se pueden leer aquí.

El caminar no solo sume al practicante en una especie de estado de trance, de lucidez, de tranquilidad, como ya advirtieron Thoreau, Walser o Rousseau, o constituye toda una aventura urbana, y hasta artística, como señalaron los dadaístas, surrealistas y situacionistas, sino que además, enseña cosas. Se aprende más paseando por los rincones más recónditos de la propia urbe que yendo a la Ribera Maya. Y es mucho más barato.

La ciudad no existe. Madrid no es una ciudad sino muchas ciudades juntas. No solo porque muchos pueblos fueran absorbidos por la urbe (Vallecas, Carabanchel, Villaverde), o porque cada distrito y muchos barrios puedan parecer pequeñas ciudades independientes (con su calle principal, donde se encuentran las franquicias textiles y de fast food, con su parque, con su plaza, sino porque cada ciudadano tiene un Madrid diferente metido en la cabeza, vive en otra ciudad que solo él mismo conoce y diferente a todas las demás.

Así, pocos habitantes de la almendra central cruzan con frecuencia a los barrios periféricos. Muchos de los habitantes de los barrios periféricos trabajan en los barrios del centro, pero otros hacen una vida completamente vinculada a su zona. Y tampoco es común que los ciudadanos de un distrito visiten con frecuencia el distrito diametralmente opuesto o el adyacente. En Carabanchel Alto entablé conversación con un hombre enjuto que me preguntó: “¿Vienes andando desde Madrid?”, como si Madrid fuera otra ciudad lejana.

Como digo, cada uno concibe su propia ciudad, donde transcurre su experiencia y se genera su memoria: los recuerdos, se sabe desde la Antigüedad, están fuertemente vinculados a los espacios, por eso es tan doloroso regresar allí donde uno ha sido feliz. El único Madrid completo y realmente existente sería la suma de todos los Madrid subjetivos, cosa que solo puede contemplar en su totalidad Dios, o un paseador como yo. No sabemos dónde estamos.

La ciudad es inconexa. Yo pensaba que la ciudad era un continuo más o menos uniforme de calles, parques y centros comerciales que se extendía del centro hasta los límites exteriores, y que después se acababa, como un abismo. No es así: a la hora de avanzar por esa cosa que llamamos ciudad encontramos extrañas zonas incógnitas, tierras de nadie cruzadas por autopistas que hacen arabescos, desguaces, descampados polvorientos, polígonos industriales, túneles estruendosos, precarios poblados chabolistas y otros elementos que nos hacen preguntarnos si estamos en la ciudad, en el campo o en un punto medio raro. La ciudad, que a veces se deshace, se deshilacha y muestra sus circuitos.

En este sentido, una de las cosas que me motivó a caminar sin fin por la ciudad fue la asistencia a una charla de unos urbanistas que se preguntaban si se podía salir de Madrid a pie. Tras numerosos intentos, ellos decían que era muy difícil, si no imposible. Yo no tengo la respuesta, pero a veces, caminando por ahí, tengo la impresión de que vivimos encerrados.

Las clases sociales existen, y vaya si existen. Nos suelen comer la olla con que ahora todos somos clase media que es, básicamente, lo que se ve en la tele. Muy al contrario, si uno se sale de los distritos habituales del centro de Madrid descubre que existe un histórico cinturón de barrios obreros, ahora con fuerte presencia de la inmigración. Para demostrar que las clases sociales existen basta con visitar primero el Barrio de Salamanca y luego Villaverde. Que los ricos van ganando, como dijo el propio Warren Buffet, es una consecuencia obvia.

Muchos de los barrios periféricos se crearon en la segunda mitad del siglo XX, cuando la incipiente industria del desarrollismo franquista atrajo a muchísimos trabajadores del campo en busca de un futuro mejor. La población de Madrid creció la friolera de un 80% entre 1950 y 1990, dejando atrás la España Vacía de la que escribe Sergio del Molino.

Venían, estereotípicamente, con un par de maletas, la boina y quizás una gallina. Se alojaron en chabolas a las afueras, en barrios informales sin asfalto, sin luz, sin agua, sin alcantarilla, en condiciones tercermundistas en pleno primer mundo desarrollado. La historia heroica es cuando formaron asociaciones de vecinos que reivindicaron una ciudad digna. Consiguieron barrios dignos, aunque pelín feos. Están por Vallecas, por Carabanchel, por San Blas, etcétera.

Madrid es otra cosa. Cuando Carl Sagan diseñó la información que la sonda Voyager retransmitiría a un supuesto extraterrestre, dibujó a dos personas blancas, como estadounidenses de clase media, cuando la media humana sería una mujer oriental pobre. De la misma manera Madrid no es la Cibeles, ni Malasaña, ni el Paseo del Prado, ni los flamantes hípsters, ni los escenarios de Almodóvar, ni el Real Madrid, ni La Movida, ni siquiera los manolos y las manolas en la pradera de San Isidro. Madrid sería ese edificio de ladrillo visto con trabajadores dentro tirando a pobres, muchos de ellos inmigrantes.

Estos barrios, esta gente, está infrarrepresentada en el imaginario madrileño: no suelen aparecer en las guías turísticas, ni en la mayoría de las películas, ni en la mayoría de las novelas. Kilómetros y kilómetros de poblados dirigidos, PAU’s, Unidades de Absorción Vecinas, poblados de absorción, barriadas destartaladas, etc…, que en los informativos televisivos solo aparecen cuando se habla de delincuencia o de que ha estallado una bombona de butano.

Curiosamente, existe una injusticia histórica: tradicionalmente se ha invertido más en los barrios ricos que en los barrios pobres; es decir, se ha dado siempre más a quien menos necesita. Y menos a quien realmente pasa apuros. Así, los barrios periféricos siempre han tenido peores servicios públicos, peor transporte, menos limpieza, peor salud y hasta una esperanza de vida de varios años menor, otra evidencia de la existencia de clases sociales. El actual ayuntamiento de Manuela Carmena, cuyo caladero natural de votos está precisamente en estos barrios más desfavorecidos, lleva trabajando desde sus inicios en un Fondo de Reequilibrio Territorial que reparta la riqueza de manera más justa.

Hay que moverse por la ciudad donde uno vive para conocer el mundo y la época. Si usted vive en Aluche, viaje a Hortaleza. Si usted vive en Moratalaz, viaje a San Blas-Canillejas. Si usted vive en el Centro, viaje a todas partes. Si usted vive fuera de Madrid, visite Madrid entero, no solo Primark de Gran Vía.

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Sobre el autor

Sergio C. Fanjul
Sergio C. Fanjul a.k.a. Txe Peligro (Oviedo, 1980) es periodista y poeta. Licenciado en Astrofísica por la Universidad Complutense de Madrid y Máster en Periodismo por El País/UAM. Actualmente trabaja como periodista, escribiendo sobre cultura y ciencia en el diario El País y sus suplementos, además de en otras publicaciones con PlayGround, Vice, BuenSalvaje o Atlántica XXII. Es autor de los poemarios Otros Demonios (KRK ediciones, Premio Asturias Joven de Poesía), Inventario de Invertebrados (Premio Pablo García Baena) y La Crisis. Econopoemas (Ya lo dijo Casimiro Parker). También del libro de relatos Genio de Extrarradio (La Hoja del Monte). Además redacta libros de no-ficción por encargo para varias editoriales. Desde 2004 mantiene el blog PlanetaImaginario.

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6 comentarios

  • El 17.08.2018 , Luis ha comentado:

    Pues me parecía un artículo estupendo hasta que apareció el mensajito político. Vivo en Latina desde hace mucho más de 50 años y nunca el barrio ha estado tan sucio, asqueroso y abandonado como con la señora Carmena que ahora se entretiene tirando el dinero en Gran Vía.

  • El 17.08.2018 , Javier Tabarés ha comentado:

    Mucho antes que Carmena, el alcalde Tierno Galván lideró el Plan General de Ordenación Urbana para Madrid PGOUM, donde se pretendía reequilibrar la ciudad entre centro y norte privilegiados y el sur y este obreros, sin apenas servicios sanitarios ni de educación media y superior. Se quedó a medias, por la especulación y la complicidad de algunos “socialistas”, pero el Plan 18.000 supuso el acceso a vivienda digna de muchos obreros, y también para muchos espectadores poseer otra vivienda inmerecida, para alquilar o revender.

  • El 17.08.2018 , Juan ha comentado:

    Clase media, eh? Convendria repasar la definicion original de Marx. Aguda, simple y precisa como un bisturi y sin embargo desconocida. Las clases sociales miden la dependencia del trabajo: Quien solo tiene ingresos por su trabajo y lo necesita como el aire, es clase obrera. Quien tiene ingresos por sus bienes y no trabaja es clase alta. Y quien esta enmedio, y sus rendimientos del trabajo son una parte de sus ingresos, es clase media. Y ahora, cuanta clase media hay en Espanya?

  • El 17.08.2018 , alvero ha comentado:

    Interesante tu relato sobre los madriles. Deberías alargarlo.

  • El 19.08.2018 , Liz ha comentado:

    Madrid, madrid !!!! Mi ciudad, mi vida !!!! Soy Madileña pero hija de una alcarreña y un madrileño y a veces no encuentro diferencias entre mi barrio, mi Vallecas y el pueblo de mi madre, da igual que esté Carmena o pepito grillo, siempre he visto diferencias y siempre existirán porque se creo así con diferencias y seguirá así por el resto de los días, aún así la quiero, la vivo y la siento porque es mi ciudad y de Madrid al cielo.

  • El 19.08.2018 , Jairo ha comentado:

    A ver, por donde empezar. Cualquiera que lea este articulo se piensa que Madrid esta lleno de chabolas y ratas por las calles. Efectivamente existen barrios humildes, e incluso muy humildes, como es natural en una ciudad de mas de 3.500.000 de habitantes. Como en TODAS las ciudades de España, esto mismo sucede, unas ciudades con mas riqueza y otras con menos, pero al fin y al cabo todas tienen su espacio mucho mas humilde que el resto, Madrid no iba a ser menos siendo la ciudad mas poblada de España… Personalmente no me ha gustado este articulo, veo que no tiene sentido ninguno. Madrid tiene centro, barrios muy humildes como vallecas, villaverde, usera. Barrios, o ciudades casi por el tamaño de algunos, como puede ser Boadilla, Majadahonda, Las Rozas, Pozuelo, Retiro donde su gente goza en su mayor parte de un poder adquisitivo mas alto. Barrios de clase media: Ensanche de Vallecas, las Rosas (donde el Wanda Metropolitano), Sanchinarro, Las Tablas, Tres olivos y un largo etcétera. Me he quedado un poco en shok cuando he leido que vas andando y te puedes encontrar poblados chabolistas, tuneles abandonados, descampados. Usted por donde ha ido andando, por la Cañada Real? xD. Oye para gustos los colores, pero repito, personalmente no me ha gustado este artículo, quiere hacer ver que hay desigualdad, como la hay en TODAS las ciudades de España, desafortunadamente no podemos vivir todos en el barrio de Salamanca. Y con todo esto, un saludo.

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