“Madrid ha perdido la oportunidad de convertirse en una ciudad amable”

“Madrid ha perdido la oportunidad de convertirse en una ciudad amable”

Chema Dávila, secretario general del PSOE Madrid Centro, en la plaza de Lavapiés.

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Madrid está atravesando uno de los periodos más duros de las últimas décadas. La covid-19 y una gestión errática y poco seria de la pandemia la han llevado al estado de alarma. En estos momentos difíciles, hemos querido hablar con un político, Chema Dávila, secretario general del PSOE Madrid Centro, concejal en la anterior legislatura, que se ha convertido en una de las voces más insistentes y autorizadas sobre la necesidad de un giro de Madrid mirando hacia los vecinos y la sostenibilidad. Cree que estamos dejando pasar una oportunidad histórica única para construir una capital más amable con la gente y con el planeta.

Chema Dávila, secretario general del PSOE Madrid Centro (segundo mandato de un cargo no remunerado), nació en Madrid en 1972; su familia vivía en el Barrio del Pilar. Estudió Psicología, durante 15 años ha trabajado en un pequeño negocio, una ferretería familiar por la zona de Canillejas. En 1998 ingresó en el PSOE. En 2016 fue en la lista de este partido al Ayuntamiento de Madrid, encabezada por Antonio Miguel Carmona, en el puesto número 7. Así que durante los cuatro años del mandato de Manuela Carmena fue concejal socialista de la capital y un eslabón fundamental para sacar adelante el proyecto Madrid Central, de restricción del tráfico privado en la almendra central de la ciudad.

De cara a las elecciones municipales de 2019, se presentó a las Primarias del PSOE frente a Pepu Hernández, el candidato de Moncloa. Perdió y se quedó fuera de las listas socialistas para esta legislatura. En El Asombrario entrevistamos rara vez a políticos, pero a Chema, que vive en el centro de la ciudad, en la mismísima plaza de Lavapiés, “un barrio multicultural que me fascina”, le traemos por su seria y decidida apuesta por el medioambiente, algo que deja claro en su activo perfil de Twitter. Sigue siendo excepcional en España encontrar a políticos que lleven el medioambiente en su agenda diaria, a no ser que su cargo lo requiera. Por ese activismo le entrevistamos hoy en nuestra Ventana Verde, para hablar de la necesidad de un Madrid distinto, más humano, saludable, verde, sostenible, y de cómo el actual alcalde, José Luis Martínez Almeida, del PP, está dejando pasar una oportunidad única, histórica, para construir un Madrid más amable. Más amable con sus vecinos, sus visitantes y con el planeta.

La entrevista se desarrolla en la plaza de la Paja, uno de esos espacios con tierra y árboles que tanto le gustan a Chema para ‘hacer Madrid’.

¿Cómo ves la evolución de Madrid Centro, en cuanto a movilidad, medioambiente, vecindario?

Es una pena que nos estemos quedando atrás, porque en Madrid conseguimos sacar un proyecto como Madrid Central, que suponía una pequeña revolución, pero ha tenido muchísima oposición, una cruzada desde el PP y Ciudadanos que no tenía mucho sentido, porque en el fondo es una ampliación más ordenada de las antiguas APR (Áreas de Prioridad Residencial) que había hecho el PP en su momento, que descongestiona el centro de la ciudad y permite cumplir con la normativa europea de calidad del aire, que incumplimos desde que entró en vigor en 2010.

Yo creo que ahí hubo un fallo clamoroso de estrategia, porque lo pusisteis en marcha muy tarde, solo tres meses antes de las elecciones.

Totalmente de acuerdo.

Prácticamente abocabais a la oposición a posicionarse en contra. Era obvio que lo tenían que usar como arma electoral.

Yo llevé la propuesta de hacer esto al pleno del Ayuntamiento de Madrid en 2016. Habría que haberlo puesto en marcha en 2018, para que hubiera tenido por lo menos un año de implantación antes de las elecciones y que hubiera permitido a la gente ver las bondades del proyecto. En general el PP con el tema de la movilidad es un partido muy caduco. Pero sí, estoy de acuerdo en que se podían haber hecho las cosas de otra manera; nosotros estuvimos presionando al equipo de gobierno y, aun así, con muchas dificultades, conseguimos sacarlo, porque hubo un serio riesgo de quererlo posponer para una siguiente legislatura. Pero es verdad que al estar tan cerca de las elecciones generó un ruido que de otra manera no habría sido tan grande. PP y Ciudadanos siguen teniendo el problema de que no reconocen que la manera de reducir la contaminación en Madrid es reduciendo el tráfico del coche privado, porque ellos tienen un concepto extraño de la libertad, que en realidad se confunde con libertinaje, que cada uno haga lo que le dé la gana, independientemente de si afecta a los demás o no.

Aparte de las idas y venidas con Madrid Central, ¿cómo ves la ciudad?

Yo creo que estamos perdiendo un momento histórico, con toda esta desgracia que estamos viviendo con la pandemia. Cuando empezamos a salir del confinamiento, con esos paseos por edades, pudimos comprobar que otra ciudad es posible… Vimos una ciudad mucho más potente y bonita. Y de hecho ha habido muchas ciudades europeas que han aprovechado esa situación para hacer una gran reconversión, como París o Berlín, también muy condicionadas por el coche.

Una oportunidad única con este serio aviso para construir ciudades más amables, humanas, sostenibles y saludables, verdes.

Era un momento que te permitía llevar a cabo unas transformaciones que en cualquier otra situación resultarían mucho más complicadas. Era el momento. Y Madrid ha dejado pasar absolutamente la oportunidad de hacer esa revolución, una revolución necesaria, por otro lado. A nivel de habitabilidad de la ciudad no se ha hecho nada. Nada. Es preciso redistribuir el espacio público de otra manera, porque se da una situación muy injusta en la ciudad: al 30% de los ciudadanos que son los que usan el coche habitualmente se les reserva un 80% del espacio público. Incluso desde el punto de vista democrático es necesario un cambio, una redistribución del espacio. Hemos tenido una oportunidad de oro y no se ha aprovechado con ninguna medida.

A pesar del zarpazo de esta pandemia, ¿desde las esferas de gestión política no se está pensando en el Madrid del futuro?

No, porque para eso debe haber voluntad política de querer hacerlo. Y este equipo de gobierno no la tiene. Y hay mucha gente experta dispuesta a echar una mano en el Ayuntamiento para revolucionar el concepto de movilidad. Expertos hay mil, pero hay que tener voluntad política de escucharles. La sociedad civil tiene mucho que aportar, hay muchos colectivos, mucha gente que sabe muchísimo de esto. Se podrían hacer maravillas en la ciudad de Madrid, pero el equipo de Gobierno de Martínez Almeida no está por la labor.

Uno de los aspectos más atractivos y valorados de Madrid Centro es su estructura de barrios, de pueblo. Lo dicen muchos extranjeros que se quedan a vivir en Madrid: que les encanta que es una gran ciudad con idiosincrasia, carácter, estructura de pueblo

Así es. Y sería sencillísimo hacer en Madrid Centro un espacio mucho más habitable, en el que el uso del coche privado fuera residual y que no iba afectar para nada a la movilidad. Se podría hacer algo maravilloso.

Y cada barrio con una personalidad muy definida, que solo habría que cuidar y potenciar: Lavapiés multicultural, la gastronomía de calidad de los Austrias, la cultura en las Letras, la joven Malasaña, Chueca LGTBi, Moncloa de estudiantes…

Una diversidad muy enriquecedora y agradable, pero este equipo de gobierno no está por la labor.

Son ya marcas de por sí…, y marcas con proyección mundial…

Efectivamente, cada barrio tiene su personalidad y su marca…

Fíjate que a la izquierda le da a veces reparo hablar de economía, pero un político tiene que fomentar el bienestar económico de lo que está gestionando, generar riqueza para luego reequilibrar las desigualdades.

Los políticos y gestores municipales habláis mucho de movilidad, pero en ‘El Asombrario’ también nos gusta subrayar otro concepto: no es solo moverse por la ciudad, sino también la opción de quedarse, de estar tranquilo, de estarse quieto, con espacios colectivos donde crear vecindario. No es solo que necesitemos movernos, algo muy de este neoliberalismo a ultranza, sino también estar.

Yo siempre he defendido que el concepto de ciudad es un concepto global, no puedes quedarte en pequeñas pinceladas. Cuando hablamos de movilidad en la ciudad, también tiene que ver con qué uso se hace del espacio público. El diseño de la ciudad tiene mucho que ver con cómo nos relacionamos las personas. Si optas por una plaza dura, de cemento, una autopista peatonal para trasladarte de un lugar a otro para consumir, nada tiene que ver con la opción de una plaza como un lugar de encuentro, con mobiliario urbano, una zona verde, una fuente, un espacio para que jueguen los niños, un espacio de encuentro de los vecinos, que comienzan a conectar y relacionarse, con lo cual cambia su concepto de estar en la ciudad. Y eso fomenta el asociacionismo, la convivencia, creas barrio, se reduce la delincuencia, fomentas las redes vecinales de apoyo, cuya utilidad hemos comprobado en momentos tan críticos como el confinamiento. La movilidad implica muchas más cosas. Y mira, te digo que por eso me gusta tanto la política municipal, porque te das cuenta de todo lo que puedes cambiar en tu ciudad si optas por una plaza de tierra y con bancos y árboles, en vez de por una plaza de puro cemento y asfalto. En un modelo apuestas por la habitabilidad y sociabilidad, y en el otro modelo lo que haces es mercantilizar el suelo de todos para usar esa plaza como un espacio para alquilar. Se lo despojas a los vecinos y usas ese espacio público como un negocio continuo.

Ahí tienes la plaza de Callao.

Son muchas cosas que no tienen sentido…, bueno, perdón, sí tienen sentido porque responden a un modelo de ciudad, un modelo de ciudad liberal. El PP lo ha tenido siempre muy claro, eh, y todas las remodelaciones que ha ido haciendo sistemáticamente iban en esa dirección; ellos son mucho más sistemáticos que la izquierda para conseguir sus objetivos.

Vivimos en urbanizaciones fuera y dejamos el centro de la ciudad, el centro histórico, para hacer negocios.

Exactamente eso es. No se podía resumir mejor. Y eso tiene que ver también con un deterioro de los servicios públicos; a nivel dotacional vas abandonando los barrios. Eso lo estamos viendo ahora en los centros de salud de atención primaria, que están trabajando en precario, en situaciones tremendas. Vas quitando servicios, reduciendo la habitabilidad de la zona, expulsando a los vecinos, y en bucle quitando más servicios… Es decir, vaciando la ciudad de vecinos para hacer negocio. Es el modelo PP desde hace muchos años en esta ciudad.

Cada vez se percibe más que se ha entregado el centro de Madrid al turismo, y a un turismo de avalancha, barato y depredador, ‘modelo Magaluf’.

Es un tema de modelo de ciudad. Ahora en el distrito Centro somos 140.000 habitantes, eso es como una capital de provincia tipo Logroño o Segovia. Algunos pensamos que esto tiene que ser un espacio para vivir, lo cual no quita para que evidentemente esto es el centro histórico y reúne una serie de circunstancias muy apetecibles para visitar, pero una cosa es ese atractivo turístico, que hay que cuidar, y que todos los que vivimos en el centro sabemos que tenemos que convivir con ello y no nos importa, todo lo contrario, y otra cosa es crear un parque temático en el cual lo único que importa es hacer negocio en todos los espacios, empezando por las viviendas de uso turístico, que son una irregularidad absoluta desde el punto de vista urbanístico y que crea problemas de convivencia al convertir las casas en hoteles, cosa que obviamente no son. Resulta extremadamente incómodo tener varios pisos en nuestra propia comunidad que son alojamientos turísticos.

El turismo que últimamente se ha intentado captar para Madrid está muy relacionado con el ocio nocturno, un turismo de poca calidad, que consume poco y que evidentemente viene a divertirse. Y eso implica por ejemplo un cambio drástico del comercio. En Centro hemos perdido mucho comercio de proximidad, tiendas maravillosas de oficios antiguos que se han perdido porque al final el tejido comercial intenta adaptarse a la demanda. Se destroza el comercio de proximidad y se abona el monocultivo de la hostelería y el ocio, que, honestamente, pienso que no es la forma más razonable de hacer ciudad. Un monocultivo que, además, ante una pandemia como la que estamos viviendo, genera un destrozo económico brutal.

En términos agrícolas siempre se recomendó no apostar en un territorio por el monocultivo, porque ante una plaga supone una hecatombe. Te hundes.

Exactamente. Cualquier uso que sea excesivo de una actividad concreta en cualquier término provoca problemas. Hay que intentar equilibrar usos, porque eso es crear ciudad, y crear ciudades más compactas, que además mejoran mucho la movilidad. Si tú vives en un barrio en el que tienes casi todas tus necesidades cotidianas cubiertas, vas a conseguir que la gran mayoría de los desplazamientos se hagan a pie y sin salir de tu barrio.

Al final, con este modelo ultraliberal de Madrid ¿qué consigues? Echar a muchos vecinos, por la burbuja inmobiliaria de alquiler que se crea al desviar las casas a apartamentos turísticos. Y abres la puerta a que grandes inversores compren edificios enteros para especular con esas viviendas. Es una verdadera atrocidad desde todos los puntos de vista. Y, por cierto, incluso con acoso brutal a pequeños propietarios que quieren quedarse en su casa, personas mayores en muchos casos. No tiene ningún sentido. Por favor, pensemos qué tipo de ciudad queremos cuando somos capaces de dejar bloques enteros de viviendas sin vecinos. Una ciudad vaciada solo para hacer negocio, un modelo liberal que el PSOE evidentemente no puede compartir.

El anterior equipo tampoco hizo mucho por cambiar ese modelo de ciudad. Se hizo la exitosa renaturalización del río Manzanares, pusisteis en marcha Madrid Central a última hora, vale, pero la ola de apartamentos turísticos ya se desmadró con Carmena como alcaldesa. Comprendo que cuatro años son pocos para darle la vuelta a una ciudad como Madrid, pero a veces hasta me quedan dudas de que, más allá de ciertas operaciones de imagen, de maquillaje, de aparente participación ciudadana, se intentara en serio acometer un cambio profundo. Quizá mucho debate para al final quedarse paralizados, porque el anterior equipo se lio con procesos tan básicos y elementales como crear un banco para la ciudad, reformar una plaza o mantener mínimamente limpia la ciudad; Madrid lleva muchos años siendo una de las ciudades más sucias de España y Europa.

La participación hay que saber organizarla, desde luego.

Entiendo que después de tantas décadas insistiendo en un modelo liberal de ciudad, es muy difícil en cuatro años cambiar inercias y convencer a la gente para repensarlo. Pero, no sé…, no sé si se intentó de verdad.

Creo que sí se intentó, pero también es verdad que en muchas cosas el Gobierno se quedó mucho más corto de lo que algunos queríamos. La gente en su momento votó izquierda ilusionada, con la ilusión de cambiar esta ciudad después de tantos años, pero para volver a votar izquierda es verdad que tú tienes que presentar una serie de resultados, tienes que dar gestión… Ya no solo un proyecto ilusionante de cambio, sino que, cuatro años después, tienes que decir: Hemos hecho esto y esto y esto. Y vamos a hacer esto, esto y lo otro. Y para eso necesitamos vuestra confianza cuatro años más. Es cierto que se tenían que haber puesto en marcha muchas más cosas de las que se pusieron; bueno, y algunas todavía se están inaugurando ahora, y eran proyectos del anterior equipo. Hubo retrasos de ejecución que hicieron además que mucha gente no viera lo que se estaba haciendo.

Volvamos a la oportunidad perdida de la pandemia, que más que una oportunidad yo lo veo casi como una obligación. Un virus nos está diciendo que ciertos modelos de organización social no funcionan…

Hay varias variables. Para empezar, un tema de salud pública, la contaminación urbana es el tema de salud pública más importante que tenemos en las ciudades aparte de esta pandemia. Debemos tener unos cánones de calidad del aire que no cumplimos de acuerdo con la legislación europea. Y además deberíamos pensar en el gran rendimiento social que acarrearían ciudades menos contaminadas. Desde un punto de vista ya muy liberal, que tanto les gusta a ellos, los ahorros que van a suponer en sanidad, en bajas laborales, en combustibles fósiles…

Además, esta pandemia nos está demostrando que el modelo en que nos hemos volcado de servicios de ocio y restauración en el centro de la ciudad es insostenible, que depende exclusivamente de una sobreexplotación de recursos, de una masificación salvaje para poder sostenerlo y llevarlo a cabo. Eso es muy inestable, porque hace que tu sistema económico productivo dependa de una manera brutal del exterior, aparte de ser muy poco habitable. Has concentrado todo en un único uso, con lo cual haces muy vulnerable a la ciudad, que es lo que le está pasando ahora al centro de Madrid, a nivel económico, por hablar, ya te digo, en términos que a ellos les gustan. Sin embargo, si apuestas por un comercio de proximidad más vinculado a los vecinos de la zona, eso es mucho más sostenible y con mayor capacidad de resistencia.

¿Qué tipo de Madrid queremos, una ciudad volcada en el turismo de ocio nocturno, formato Magaluf, o queremos disfrutar y sacar partido de las maravillas de oferta cultural, como son los museos, de una calidad impresionante?

En los años 90 Madrid se promocionaba como un turismo eminentemente cultural y familiar.

Un turismo mucho más sano y sostenible, y que te permite hacer un aprovechamiento del patrimonio cultural que tienes.

Y no solo los museos, sino la oferta de teatro y todo tipo de espectáculos, de galerías de arte, de cine…

Claro, claro. ¿Por qué no fomentas eso? Hay que insistir en eso. Esa es la apuesta por una ciudad distinta, más diversa, y sobre todo más sostenible. Y que nos permita adaptarnos al cambio climático, ojo. Que va a traer un aumento del estrés hídrico, más fenómenos extremos, veranos imposibles de calor… Volvamos al ejemplo de la plaza. Pensando en el cambio climático, nada tiene que ver una plaza con tierra y arbolado con una plaza de hormigón. ¿Por qué no vamos pensando en todo esto para adaptar la ciudad? Está todo muy interconectado. Yo insisto mucho en que lo tenemos que ver todo de una forma más global. Mira las consecuencias a todos los niveles que tiene optar por una plaza de cemento o una plaza de tierra y con arbolado. Tú imagínate una ciudad como Madrid, de asfalto y cemento, con las temperaturas del norte de Marruecos, que dicen que podemos tener de aquí a 2030.

Chema, ¿y cómo no ha sido capaz la izquierda de explicar todo esto que estamos hablando a la gente y articular opciones con más posibilidades de triunfo?

Primero porque tienes que tener claro lo que quieres, y no siempre se tiene. Es un mal que nos ha afectado a todos en parte. Ciertas revoluciones o ideas más avanzadas dan miedo. Así que tienes que tener claro qué modelo de ciudad quieres, y a partir de ahí plantearlo. Diseñarlo y transmitirlo. Pero primero tienes que tenerlo. Y ha habido momentos en la anterior legislatura que yo eso también lo eché de menos por parte del gobierno municipal, en cualquier caso, infinitamente mejor que la alternativa liberal que tenemos ahora, claro; no hay color.

No es tan habitual oír hablar a un político así como lo haces tú, con tanta conciencia ambiental y bien aplicada, no a modo de decoración.

Un político debe saber escuchar muchos puntos de vista, saber reunirlos para que confluyan y concretar. Hay tanta gente que sabe tanto, que a menudo lo único que tiene que hacer el político es saber escuchar y concretar y poner en acción.

Cristina Narbona, otro puntal del medioambiente en el PSOE, habría sido una buena opción para la alcaldía de Madrid.

Solo se me ocurren buenas cosas sobre Cristina. Es un referente, una de las personas de las que más he aprendido. Una persona con credibilidad, que es algo muy importante. Muchas personas nos hubiéramos alegrado muchísimo con su candidatura.

¿Te sigue gustando la política municipal?, ¿no estás desencantado?

Tal como está ahora la situación sociopolítica del país, no solo en Madrid, yo creo que los políticos no podemos permitirnos el lujo de estar desanimados, desilusionados. Hay tanto que construir, tanto por avanzar, tantos retos que son cambios profundísimos que tenemos que hacer… Además, el grueso de la sociedad yo creo que aún no es consciente de todo lo que hay que cambiar con la emergencia climática, el tejido productivo, la forma de movernos, la forma de vivir… Así que los políticos no tenemos derecho a desilusionarnos o desanimarnos, lo cual no quita para que seamos personas, claro, y pasemos por nuestras fases.

Yo he tenido el privilegio de ser concejal del Ayuntamiento de Madrid y puedo decir que ha sido una experiencia muy gratificante, de la que he aprendido muchísimo, y eso me ha unido más aún a la ciudad, a mi ciudad. Creo que desde que fui concejal, la quiero aún más, porque la conozco de otra manera y a través de mucha gente.

Termino repitiendo la rabia que me da que no haya un cuidado más sensato y sostenible de esta maravillosa ciudad… A pesar de todo lo que está pasando… Y con el potencial que tiene.

Es una ciudad con una proyección brutal, tanto a nivel económico, como social, cultural, de gente… Es un desperdicio no hacer de Madrid una de las ciudades más punteras del mundo, y no lo digo por egocentrismo madrileño, que también lo tenemos, sino porque nos lo merecemos. Con Madrid Central vinieron medios de comunicación extranjeros a entrevistarnos, porque estábamos siendo punteros. Esa es la esencia de Madrid, ir un punto más allá, que pueda servir como ejemplo para otras ciudades. Aparte, el municipalismo es lo que más puede representar a la izquierda, mucho más que cualquier otro tipo de bandera.

Y luego Madrid tiene un gran don, que es muy difícil de conseguir, que es su hospitalidad. Es muy acogedora porque tenemos muy asumido el concepto de que nos da igual de dónde sea cada uno. Y eso, que puede sonar a tópico, no es tan común. Ese carácter acogedor no se consigue ni en un año ni en dos. A mí, por ejemplo, me encanta Lavapiés, esa mezcla de etnias, olores y colores que es una maravilla… Me apasiona. Es uno de los símbolos de hasta qué punto Madrid puede ser una ciudad integradora y cosmopolita, solidaria, segura. Falta desarrollar toda esa potencialidad. Tenemos tanto que dar y ofrecer, que es una pena quedarnos tan retrasados en aspectos tan básicos como la movilidad o la calidad del aire…

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Comentarios

  • Juan Pedro Lopez

    Por Juan Pedro Lopez, el 15 octubre 2020

    Me ha parecido un reportaje muy enriquecedor sobre lo que representa Madrid y las posibilidades que tiene, así como las perspectivas de futuro que tiene, evidentemente con una gobernanza de la izquierda, que es la que puede aportar valores ciudadanos. Mis felicitaciones a Chema Davila y a Rafa Ruiz por este reportaje

  • Rafael Egido Perez

    Por Rafael Egido Perez, el 16 octubre 2020

    Chema Davila pone blanco sobre negro una vision de Madrid que es necesario conocer desde el partido socialista para Recuperar Madrid, en vez de poner grandes figuras mediaticas que han dejado a la izquierda fuera de la gobernanza madrileña.
    Lo que deja clarisimo es que para Recuperar Madrid hay que pensar en el conjunto de la ciudad, al mismo tiempo que en la gestion de los distritos que en muchos casos tienen mas poblacion que las capitales de las provincias españolas, dejando a estos con un deficit de representacion politica muy notable. En Londres los distritos tienen su representacion ciudadana directa, dando a las teniencias de alcaldia la posibilidad de ser dirigidas por el partido mayoritario en ese distrito y luego el Alcalde de Londres reune a todos sus tenientes de alcalde para las cuestiones comunes, aportando la vision de conjunto. Chema Davila muestra su vision de conjunto desde el distrito Centro, cosa muy clarificadora, al extenderlo al conjunto. Los Socialistas deben salir de su ambiguedad y dar una vision de conjunto modernizadora o no Recuperaran Madrid

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