26.10.2015

Max Bill, o las mil maneras de buscar la belleza total

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El límite  pasa por el centro, 1972. Max Bill. Colección Walter y Helga Sonanini, Suiza.

El límite pasa por el centro, 1972. Max Bill. Colección Walter y Helga Sonanini, Suiza.

Artista de culto entre los arquitectos. El suizo Max Bill fue un ‘multitalento’, genio creador en todas las disciplinas: pintura, escultura, diseño gráfico, industrial y editorial. La Fundación Juan March le dedica una gran retrospectiva, la primera en España. Toda una celebración para un hombre que opinaba que la visita a una exposición “es una ocasión para interrumpir la vida diaria con un día de fiesta”.

Max Bill (Winterthur, Suiza 1908 / Berlín, 1994), artista, pedagogo, ensayista. Eso para empezar, porque la lista de sus talentos es inmensa. Para él cualquier camino era válido en la búsqueda de la belleza, una constante en su obra. Hizo de todo en una larga vida y dejó un amplio catálogo de obras. Como diseñador de objetos, es el autor de las copiadas mesas de patas abiertas o de los relojes Junghans que ahora mismo, si usted cuenta con posibles, puede comprar haciendo clic en Amazon.

En la Juan March se exponen hasta enero 170 obras y documentos que trazan un perfil abrumador de las variadas disciplinas en las que trabajó este artista suizo. Allí se exponen las sillas de tres patas en forma de trompeta, o las de bastidor en forma de cruz, los diseños de catálogos y carteles para las Kuntshaus de Zurich, la máquina de escribir Patria, los bocetos del pabellón suizo en la exposición universal de Nueva York de 1938, más carteles, libros, litografías, óleos, esculturas… Un despliegue abrumador del que fue uno de los grandes del diseño gráfico, el hombre que jugó con la tipografía como nadie.

Su biografía detalla cómo su caída del caballo se produjo con Le Corbusier en 1926, fecha en la que el arquitecto acudió a dar una conferencia en Zurich. En una entrevista con Juan Manuel Bonet (publicada en el diario El País en 1980), realizada cuando Bill inauguró en Madrid, en el Museo de Español de Arte Contemporáneo, y luego en la Fundación Miró de Barcelona, una gran exposición -comisariada por Gloria Moure- de sus pinturas y esculturas. “Aquello fue muy importante para mí”, le confesaba a Bonet. “Me di cuenta de que con lo que había hecho hasta entonces no iba a ninguna parte. Pensé: debo recomenzar de cero”. En esa reconversión fue decisiva otra circunstancia: conocer que la Bauhaus, la escuela de diseño fundada en Weimar (Alemania) por Walter Gropius en 1919 y cerrada por los nazis en 1933, se había instalado en Dessau. Bill se matriculó y permaneció allí tres años. Tuvo como profesores a Kandinsky, Klee, Josef Albers y Moholy Nagy. “No enseñaban a pintar, sino que daban cursos de estética práctica”. Aunque, como Bill dijo muchas veces, la pintura era casi algo clandestino en La Bauhaus, él aprendió con los mejores las disciplinas del arte, los fundamentes del diseño, y a escribir en minúsculas, uno de los dogmas de la mítica escuela. En uno de sus textos, Bill reconoce la influencia de la Bauhaus en su formación: “Cuando yo ingresé, Kandinsky acababa de cumplir 60 años. Antes de entrar me había preguntado por qué había tantos pintores en la escuela […] Oficialmente, la pintura no figuraba entre las asignaturas de la Bauhaus, pero observé que a pesar de la “condena oficial” en la Bauhaus se seguía pintando. Había compañeros que no hacían otra cosa que pintar cuadros, algo que nosotros desaprobábamos, porque lo que exigíamos eran resultados prácticos, productos sociales. No obstante, en el fondo existía una suerte de maladie de la peinture, de nostalgia soterrada por el fruto prohibido”.

Construcción simultánea de dos sistemas progresivos , 1946.  Max Bill. Colección particular. Cortesía de Annely Juda Fine Art.

Construcción simultánea de dos sistemas progresivos , 1946. Max Bill. Colección particular. Cortesía de Annely Juda Fine Art.

En esa enfermedad de la pintura que le atrapó, Bill formó parte del grupo de artistas concretos, apóstoles de la teoría que propugnaba el arte hecho con la creación pura, alejado de la abstracción que para ellos dependía de la realidad. Bill creía en el arte como alimento espiritual. Un arte libre, no contaminado por el dinero. De hecho, era un firme defensor de que un artista sólo tiene libertad para hacer lo que desea cuando tiene un trabajo que le permita sobrevivir: “Estoy en contra de la enseñanza académica del arte. El que quiera dedicarse al arte debe tener otra profesión. Es muy malo vivir sólo del arte”.

Aunque su pasión fue la arquitectura no realizó demasiados edificios, a lo sumo una docena, pero las ideas que proyectó son hoy mitos para generaciones de arquitectos. Enric Miralles y Benedetta Tagliabue, por ejemplo, hicieron de su proyecto de ampliación del cementerio de San Michele in Isola, en Venecia, un homenaje a la espiral geométrica, el tema capital en la obra de Bill Quince variaciones sobre un mismo tema (1935-1938). Para Bill, la trilogía de la arquitectura debía ceñirse a tres puntos: la arquitectura debe ser modesta y clara; al ser un arte, todos sus elementos han de estar en armonía, y tiene que ser un arte social, al servicio del ser humano.

Cuadrado a partir de nueve restángulos, 1945. Max Bill. Harvard Art Museums/Fogg Museums.

Cuadrado a partir de nueve restángulos, 1945. Max Bill. Harvard Art Museums/Fogg Museums.

Bill volcaba gran parte de su actividad en el diseño gráfico, en el diseño de objetos útiles, pero lo que ideaba siempre entraba a formar parte de una red en la que todo se relacionaba con todo, como esos alambres entrelazados con los que moldeaba esculturas o joyas. Fue además creador de espacios expositivos que concebía como algo mágico: “He llegado a la conclusión de que la mayoría de visitantes esperan recibir una sensación que exceda el ámbito de su vida cotidiana”. La visita a una exposición, decía, “es una ocasión para interrumpir la vida diaria con un día de fiesta”.

En pintura, Bill tuvo como referentes a Jean Arp y a Piet Mondrian y, por supuesto, a Paul Klee. Tanto admiraba a Klee que su hijo Jacob Bill, arqueólogo y también artista, cuenta en una entrevista con Manuel Fontán, director artístico de la Fundación Juan March, que su padre imitaba tanto a su compatriota que cuando visitó una galería de París con una carpeta de sus obras, la galerista, que representaba a Kandinsky y a Klee, le aconsejó que volviera cuando pintara con su propio estilo. Cuando lo hizo, sus cuadros explotaron de color. Pintaba formas geométricas, siempre cuadrados, en superficies planas con tonos muy primarios, rojos, verdes, azules, violetas, naranjas. Una paleta casi pop que resulta hoy tremendamente moderna.

En 1950, Ulm (Alemania), la ciudad con la torre de la catedral más alta del mundo, lugar de nacimiento de Einstein, le encargó la construcción de una escuela de diseño. Bill acometió la tarea junto a los hermanos Scholl. Cuando Gropius asiste a la inauguración, el artista ya ha decidido que será él quien marque las directrices de esta nueva Bauhaus. La Escuela de Creación de Ulm fue un proyecto muy personal que dirigió hasta 1957; de hecho, fue rector de la Escuela durante un tiempo, hasta que dimitió por diferencias con los miembros del equipo de la institución. No obstante, el virus de la enseñanza permaneció latente en Bill, y a lo largo de su vida dio numerosas clases teóricas sobre el entorno; escribió varios libros y, además, se dedicó temporalmente a la política, fue miembro del Parlamento suizo entre 1967 y 1971.

Max Bill ha tenido y tiene aún influencia en los artistas latinoamericanos. En Brasil asesoró al gobierno en la década de los cincuenta en arquitectura, arte y diseño: “Allí descubrí que los países que carecen de una historia de los estilos artísticos, que no cuentan con una tradición artesana ancestral, tienen unas necesidades distintas de las europeas, y que todos estos problemas deben solucionarse sobre el terreno”. Para Bill, el arte debía convertirse en algo activo, “el arte no es algo agradable que carezca de función, no sirve exclusivamente para decorar paredes o para exhibirse en un museo”. También creía en la responsabilidad del diseñador en el entorno físico del ser humano. Bill le atribuía unas cualidades morales y éticas que él siempre practicó. Nunca descansó. Fundó la editorial Allianz-Verlag, presidió el museo y archivo Bauhaus en Berlín y hasta su muerte siguió dictando conferencias en la búsqueda de nuevos conversos que llevaran a cabo su búsqueda de la belleza total.

‘Max Bill’, en la Fundación Juan March de Madrid. Hasta el 16 de enero.

Superficie hexagonal en el espacio en el perímetro íntegro de la circunferencia, 1954. Max Bill.

Superficie hexagonal en el espacio en el perímetro íntegro de la circunferencia, 1954. Max Bill.

Quitar y añadir, 1976. Max Bill.

Quitar y añadir, 1976. Max Bill.

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Sobre el autor

Julia Luzán
Julia Luzán Periodista. Observadora de la realidad. En el diario El País durante 27 años. Antes, corredora de fondo en periódicos y revistas. Me gusta el arte, devorar libros y contar como son las cosas y adivinar que hay detrás de ellas. Puedes seguirme en Twitter @jluzan

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