31.10.2018

“Si la pintura no es honesta, es un engaño, una obra meramente decorativa”

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Autorretrato de la pintora Lidia Sancho Heras.

Autorretrato de la pintora Lidia Sancho Heras que abre nuestra nueva serie: Milenials.

Abrimos una nueva serie: ‘Milenials’. A través de entrevistas que irán apareciendo en los próximos meses, ‘El Asombrario’ dará voz a un grupo de artistas que se hicieron adultos con el nuevo milenio, los llamados Milenials, para conocer de primera mano qué hacen y cómo piensan… Queremos entender la vida, inquietudes y retos de los jóvenes nacidos entre la década de los ochenta y el comienzo del nuevo milenio. Ninguna otra generación ha activado tanta curiosidad de economistas, sociólogos, psicólogos y consultores de todo pelaje, que han llenado páginas y páginas de interpretaciones y no pocos clichés. Tampoco han faltado los estudios y encuestas realizadas en su mayoría en busca de patrones de comportamiento y, sobre todo, de consumo. La también llamada generación Y ha sido certificada como la más preparada de la historia, preocupada por el medioambiente, tolerante, crítica… Y al tiempo, tachada de ‘nini’, enfrentada a la cultura de sus predecesores analógicos, falta de compromiso social, desafecta a la política, consumista, egocéntrica y frustrada… Arrancamos con la pintora soriana Lidia Sancho.

Recién llegada de Soria. ¿Cómo has venido?

En Alsa, como una reina…

Deduzco que ahora Soria es tu lugar de residencia definitiva.

A veces salgo, pero mi lugar ideal, el sitio en el que más me gusta trabajar es en el taller oficial, en San Leonardo, pueblo en el que viví hasta los 10 años.

San Leonardo… de Yagüe… de infausta memoria…

Bueno ya le han quitado “el de Yagüe”, creo. Hubo mucha polémica.

Pero sabes quién era Yagüe…

Sé quien era Yagüe… Lo que no sé es por qué al final se decidió quitarla. Lo que sí quitaron fue la escultura; le cortaron los…

¿? Los mismísimos… Seguimos. Estábamos en el taller de San Leonardo…

A veces también pinto en Soria. Pero para mí el ideal es el taller, aunque en invierno es más duro.

Un salto importante porque te has movido y vivido en otros países.

Sí, el Erasmus lo hice en Holanda. Y luego, para aprender bien inglés, trabajé en Inglaterra en un museo de historia…

Y cuando no estás en San Leonardo pintando, ¿en qué andas?

Sigo intentando conseguir alguna beca. Hace poco solicité la Botín, que es una buena beca, con límite en los 30 años, y justo yo estoy ahí. Sólo ofrecen dos becas para ir a una universidad en el extranjero y están muy solicitadas y muy difíciles de conseguir.

¿Hay muchas becas en España de ese nivel?

Pues la de la Casa de Velázquez también está muy bien, aunque hay condiciones que yo no cumplo, como ser de una comunidad concreta o estar estudiando en una universidad determinada; otra beca importante es la de la Residencia de Estudiantes de Madrid para artistas. Estas son para mí ahora las grandes referencias. Las que más me interesan son las de residencia porque suponen una inmersión total, aunque es más complicada la selección.

Lidia Sancho. ‘Rythm’. Óleo sobre lienzo.

Lo último que vi tuyo fue la obra con la que conseguiste una de las medallas de oro del Premio BMW de Pintura en 2013, expuesta en Casa de Vacas, en el Retiro. Pintura figurativa cercana a la abstracción. ¿Sigues en ese camino de, no sé cómo definir, “figuración abstracta o abstracción figurativa”?

Cuando conseguí la beca de la Fundación Antonio Gala -hace ya unos cuantos años-, lo hice con un proyecto cerrado, aunque visto ahora era más abierto que otra cosa. Me perturbó un poco porque hasta ese momento a mí no me importaba lo que iba a estar haciendo tres meses más tarde. Pero una vez allí, la gente te empieza a cuestionar lo que vas a hacer y pensé que era un problema no saber los pasos siguientes que iba a dar. Después me he dado cuenta de que eso para mí no es un problema porque me hace seguir cuestionándome cosas; encuentro atractivo el propio proceso creativo, no qué voy a hacer sino en qué va a terminar. Fue un periodo importante porque di un paso bastante abrupto desde lo que podían ser unas imágenes más o menos figurativas, es decir reconocibles, a unas obras que ya podrían llamarse abstractas. Ese paso lo di bastante rápido; después tuve un pequeño parón. Todo aquello ha desembocado en obras más concretas y en las que me detengo más. El tiempo de creación de una obra ahora es mayor, es más premeditada, más estudiada.

Por cierto, allí, en la Fundación Antonio Gala, tuviste, digamos, como mentor al actual ministro de Cultura, José Guirao. ¿Qué te comentaba o recomendaba sobre tu trabajo?

Hay una historia que he contado muchas veces. Una vez, avanzado el curso, tenía todos los cuadros colgados y había uno que estaba pintando con muchas líneas verticales, muchísimas, y un día dije: “ya no puedo más”. Yo termino un cuadro cuando el cuadro dice que ya vale. Pues ese cuadro no me lo decía y decidí dejarlo, porque una raya más o menos nadie la iba a notar y lo colgué como terminado, aunque sabía que en otro momento lo volvería a tocar. Cuando vino Guirao se paseó por la sala y, anda que no había cuadros, se quedó mirando ese precisamente y me preguntó: ¿ese cuadro lo has terminado? Ahí me di cuenta de que cuando pintas piensas que eres la única persona que está entendiendo lo que haces… Pues no, hay gente que tiene muy buen ojo y una cultura visual muy grande. Para mí fue todo un aprendizaje y es que hay que ser fiel hasta el final a tu forma de trabajar. Uno de los principios más importantes en la pintura es la honestidad. Lo contrario es un engaño, una obra superficial, meramente decorativa.

El salto es importante entre lo que hacías hace cinco o seis años y lo que has hecho después, al menos conceptualmente.

Puede ser que sí, pero yo no pienso en el concepto antes de realizarlo, me lo planteo después, cuando me pregunto qué estoy haciendo, cuando empiezo a encontrarle sentido a las cosas.

Empiezas entonces sin saber lo que vas a pintar.

Hoy a la hora de enfrentarme a un lienzo en blanco me hago una pregunta sobre la obra anterior, algo que tengo que resolver y no sé cómo. En este momento mis planteamientos son muy concretos; por ejemplo, en este lienzo -en esta imagen no reconocible, no figurativa- lo que voy a trabajar es el color para conseguir mayor espacio; en este, voy a plantearme el contraluz, en el siguiente a dar más importancia a la forma. Son elementos formales de la imagen muy específicos y el resultado, frente a otros momentos, es que las imágenes se parecen mucho porque la cuestiones que intento resolver e investigar son muy concretas, muy pequeñitas.

¿Cuál ha sido el recorrido en los últimos años?

Paisajes urbanos. En los más antiguos la pintura era más suelta y el acto de pintar quizá más emocionante, pero lo he dejado de lado; también he hecho paisaje urbano que ya no se reconoce. Luego, para una exposición en Soria, volví a los paisajes urbanos: mostré un recorrido de paisajes figurativos anteriores y otros pintados para la exposición y al final incluí algunos abstractos.

Lidia Sancho. 'Contrast'. Acrílico sobre lienzo.

Lidia Sancho. ‘Contrast’. Acrílico sobre lienzo.

¿Y cómo reaccionaba el público?

Pues, hubo de todo… Yo aparecía como L. Sancho porque no quería que supiesen que era yo; me interesaba mucho escuchar las opiniones; y pensaron que era un hombre… Algunos decían “¿pero esto qué es?”. Otros trataban de reconocer alguna calle. A la gran mayoría los abstractos no les interesaban…

¿Crees que se vende o se pinta menos abstracto que figurativo precisamente porque el público en general necesita comprender todo lo que ve?

Depende. Si pienso en Arco como un referente están en auge otras alternativas frente a la figuración. En las ferias de arte yo creo que venden por igual porque el de las ferias es un público entendido en cierta medida. La complejidad de una obra en la que los elementos no son reconocibles es mayor.

¿Entonces la pintura abstracta exige explicación a esa complejidad?

La mía no. Puede ser que se quiera explicar el sentido de obras antiguas, históricas, por ejemplo. En mi caso no, aunque sí es verdad que para entender mis últimas obras no estaría mal conocer las anteriores. Cuando vemos una obra, enseguida tendemos a hacer la crítica, positiva o negativa, y yo siempre pienso y quiero ver lo que el artista ha hecho antes, conocer el recorrido para entenderlo en ese momento concreto. Un juicio de valor sobre una sola obra es muy atrevido. Me gustó mucho, en el museo Kampa de Praga, donde estuve en verano, ver obras de Kupka, de las primeras y de las últimas; ahí veías los cambios, un cuadro muy realista con luces y sombras degradados, hasta las últimas obras con mucho color, donde nada era reconocible. Y eso es lo que a mí me parece interesante, el recorrido.

Me decías que ahora te interesa Madrid; de nuevo el paisaje urbano.

Después de estos últimos trabajos tan abstractos me apetecía volver a hacer un paisaje urbano, con lo que he podido aprender o desaprender. Tengo curiosidad por ver cómo me voy a enfrentar a ellos después de tantos años. A esos paisajes el interés que yo les encontraba era que se trataba de realidades, de imágenes para mí bidimensionales, en las que se acumulaban muchos estímulos visuales, muchos cromas y por eso buscaba paisajes urbanos donde hubiera sobre todo tonos muy saturados y, si no, yo me encargaba de saturarlos. Y el paso a la abstracción ya no fue tan complejo, porque empecé a darme cuenta de que lo que me interesaba era esa configuración de la imagen. Si no me interesa la realidad, hacer algo reconocible no tenía sentido y fui empezando a abstraer la realidad y a deshacerme de la capacidad de reconfirmar la imagen o recategorizarla. Ahora estoy en un punto posterior en el que ya las imágenes que realizo no son reconocibles. El punto atractivo de lo que estoy trabajando es plantearle al espectador la posibilidad de que esa imagen aparentemente abstracta y bidimensional tenga espacio y profundidad y que la pueda recrear, que tenga la posibilidad de meterse dentro de ese cuadro igual que se metería en una calle.

Y estás viniendo a Madrid a pintar.

No, lo estoy haciendo en mi taller. Primero me pegué una paliza pateando Madrid de arriba abajo. Y como todos los pintores, buscando un estereotipo. Y al fin encontré mi calle…

Como los impresionistas, pero haciendo fotos…

Claro, en su caso era estudiar la luz; en el mío, no solo es estudiar la luz sino que es –entre comillas– hacer una interpretación geométrica en la que el color sea el configurador de la imagen de un paisaje urbano; no es la luz lo que más me interesa; me interesa más estudiar otros parámetros; hago fotografías, me puedo anotar cualquier cosa, pero al final es la fotografía la que me da la información.

Pensaba en la reciente exposición ‘Monet/ Boudin’, en el museo Thyssen, con las reiteradas marinas pintadas del natural por el pupilo y el maestro… Ahora es infrecuente ver a pintores en la calle. Muchos pintan con el ordenador al lado, buscando imágenes como locos.

En mi caso, si fuera una pintora al aire libre tendría un grave problema porque este por ejemplo es un lienzo de 180 x 180…

¿Tus referentes, los artistas que te interesan, han cambiado con el tiempo?

Sigo teniendo los de siempre y los que voy descubriendo. Sobre todo, no hago diferencias entre los pintores y quienes hacen instalaciones.

Por ejemplo…

Me gustaba y me sigue gustando Jessica Stockholder, que sobre todo trabaja la instalación con mucho color; me gusta mucho Ángela de la Cruz, española, que salió de la pintura bidimensional a la tridimensional a partir de doblar un lienzo que había realizado; Katharina Grosse, que ha venido a Arco en varias ocasiones y que también tenía una exposición en Praga muy interesante. Trabaja con pintura y yo diría también instalación/intervenciones. Y además me gustan artistas más clásicos. Sorolla -siempre-, cómo trabaja la luz, la influencia de los impresionistas en él; Picabia, Mondrian y sus planos; Doesburg, los artistas de Estiu…

Becas, concursos, premios… No suena fácil. Tú, que empezaste muy pronto, ¿puedes vivir hoy de la pintura?

A ver… Buena pregunta… Sabía que iba a venir… Para esa pregunta nunca hay una respuesta preparada… Hago algo, una cosa paralelamente… Pero como me está empezando a ir bien, me planteo: ¿y si me lanzo y dejo las actividades paralelas? Pero me queda la duda, ¿y si me quedo en la estacada?

¿Esa cosa o cosas paralelas tienen que ver con la pintura?

Si algo te incomoda, no lo contestes. No hay problema.

Vamos a ver. Me está yendo bien, pero quizá soy muy exigente y hasta que no tenga más seguridad no dejo otra fuente de ingresos segura, porque a lo mejor no podría pintar lo que quiero pintar.

Hay quienes creen que es un demérito reconocer que se hace otro trabajo precisamente para mantener su actividad artística.

Es porque no conviene. Yo creo que si lo preguntas te van a decir que no… Todos los que conozco tiene un plan B. Y como no tiene que ver con lo que se hace, pues no se cuenta… Por lo general, en nuestra generación -hablando de otros ámbitos no artísticos- son pocos los que se estén dedicando a lo que han estudiado.

Hablemos del futuro: la pintura virtual 3D a escala de habitación, ¿qué tal la experiencia?

Me comentaron que estaban buscando, desde Google, a un artista para probar y empezar a utilizar una aplicación de realidad virtual 3D que se llama Tilt Brush. ¿Por qué me interesó? Yo empecé con la pintura, de la pintura me pasé a la instalación cuando vi que la pintura no me aportaba otros recursos y la instalación sí. Digamos que me construí yo esa realidad virtual que buscaba en las calles; me era más fácil crearla que buscarla y encontrarla. Después volví a la pintura. Ahora hablamos de pintura expandida, que sale de las dos dimensiones del lienzo y pasa a la tres dimensiones, ensamblaje, intervenciones… Y de repente te dicen realidad virtual, que no es nada de lo anterior…

¿De qué hablamos entonces?

Para mí se parece más a la instalación; una manera de crear en un espacio que no existe una realidad a partir de colores. Para una instalación real vas buscando objetos y los colocas en el espacio; por ejemplo, a partir de esa caja amarilla, a mí me interesa el amarillo y la forma de la caja, no que sirva para guardar cosas; o de ese perchero me interesan el color y la forma, no su utilidad. Y como generalmente se tiende a categorizar los objetos, yo intento que no se vea primero ni la caja ni el perchero, sino el color amarillo y la forma del perchero… Frente a esto, la aplicación de realidad virtual tiene dos ventajas: el color no procede de un objeto reconocible y se sustenta solo, en el aire. La agilidad a la hora de crear es mayor y el resultado muy impactante, porque tú puedes girar alrededor de la creación, acercarte, alejarte, ubicarla en un espacio vacío sin que te condicione… La realidad virtual me ofrece ese plus, pero solo lo he rozado; ya tendré oportunidad de hacerlo…

¿Queda algún rastro perceptible de esa experiencia?

Queda un registro. El espectador puede ponerse la gafas y ver lo que has realizado como si lo estuvieras creando, girar alrededor, pasar por en medio, acercar la imagen, alejarla, también puede fotografiarlas, hacer un vídeo, incluso podrías exponerlo de muchas maneras y ver una obra de muchas manera también… Está empezando a arrancar y hay cosas que quieres y no puedes hacer; las herramientas hay que desarrollarlas todavía mucho.

¿El futuro?

Sin duda es una parte del futuro y me parece fascinante.

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Sobre el autor

Carmen Burgos
Aunque he navegado en otras aguas, es al periodismo adonde vuelvo una y otra vez -desde hace ya unas cuantas décadas-, “en busca de un mundo mejor, cuya existencia solo suponemos” (Virginia Wolf/ Fin de viaje).

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