09.03.2019

«Las mujeres representamos la tierra y los hombres los árboles»

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La líder de la etnia ahuaca de Colombia Leonor Zalabata.

La líder del pueblo ahuaca de Colombia Leonor Zalabata. Foto: Survival.

‘El viaje de las mujeres’, el nuevo libro de la periodista y escritora Elena García Quevedo, nos descubre el saber ancestral femenino, imprescindible para este momento de la Humanidad. 

Abrir las páginas de El viaje de las mujeres es sumergirse en un mundo de sensaciones y coger un tren que cruza mares y montañas en búsqueda de la sabiduría ancestral de las mujeres que lo habitan. La periodista y escritora Elena García Quevedo retoma así, en su nuevo libro, un tema del que ya nos ha hablado en el pasado, pero que es imprescindible para este momento de la Humanidad: la necesaria relación de las mujeres con el planeta que habitamos y cómo aprovechar sus valores.

“Las mujeres representamos la tierra y los hombres los árboles que hay en ella. De la fertilidad de la tierra depende la profundidad y la frondosidad de los árboles”. Son palabras de la líder ahuaca de Colombia Leonor Zalabata. Ella es una de las muchas voces que jalonan una travesía con múltiples paradas que va de Europa a Asia, pasando por América y el norte de África en busca de aquellos espacios de conocimiento en los que la guerra y la desigualdad no fueron y son las protagonistas de las historias. “Es un libro con el amor a cuestas, el libro del tiempo de las mujeres del que me habló Nelson Mandela que está por llegar”, señaló en la presentación de la obra en Madrid Federico Mayor Zaragoza, ex presidente de la Unesco y presidente de la Fundación Cultura de Paz.

La historia de este viaje comenzó para García Quevedo mucho tiempo atrás. “Fue hace muchos años, a raíz de una visita a los yacimientos de Catal Hüyük en Turquía. Allí descubrí una ciudad donde las mujeres del Neolítico habían sido las protagonistas, un mundo sin guerras y con igualdad entre los dos sexos. Tras haber estado de corresponsal y ver las guerras, necesitaba de ese agua. Al final, encontré en el pasado una de las claves de mi vida”, recuerda la autora.

Ese fue el comienzo, pero sus raíces las tenía ya muy arraigadas en esas generaciones de mujeres del mundo rural castellano que, en su caso, se han hecho tan profundas como las de los árboles que de los que le hablaba Leonor y que tienen mucho que ver con el lugar donde nació, un mundo entre campos de cereales y vides, de vidas de mujeres imbricadas en una naturaleza a veces dura y a veces tierna. “Como a tantas, desde niña siempre me contaron el viaje del héroes y ellas no estaban, así que comencé a buscarlas en cualquier lugar que visitaba, a preguntar por las mayores, por las sabias. Ellas me han hablado de lo que han aprendido de la Luna, de la tierra, de sus saberes sobre su cuerpo de mujer, femenino, un cuerpo con el que no se ha contado, y también de su capacidad de fundirse con lo que nos rodea para sentirnos bien y de cómo conseguirlo”.

Para Mayor Zaragoza, en una sociedad de cultura de guerra, la autora de El viaje de las mujeres, editado por Luciérnaga, “ha sabido recoger la sabiduría acumulada de muchas personas longevas y de muchas culturas diferentes; tenemos el tesoro de su trayectoria y su experiencia, el saldo de sus errores y es algo a lo que tenemos que prestar mucha atención”, como se hace en este libro.

En su obra Viajes que despertaron mis cinco sentidos, García Quevedo ya nos contaba algunas de las historias de sus viajes, y en La voz de los sabios, ya recogía la experiencia de 20 abuelas y abuelos en conexión con la tierra y el tiempo, pero ahora da un paso más allá para pasar de los sentidos a lo que, en su opinión, tanto necesitamos en este mundo de violencia para enderezar el rumbo. Y nos lo ofrece con un esquema que comparte y que llama “el mapa del tesoro”. “He descubierto que hay conocimientos de mujeres que se repiten en todas las partes y culturas, que siempre somos las tejedoras, hacia dentro, hacia las relaciones y hacia el futuro. Y que éste puede ser muy incierto si no cuentan con nosotras para preservar la Tierra”, añade.

Ese mapa, lleno de círculos que nos llevan de la adolescencia a la maternidad, de la menopausia a la jubilación, nos ofrece herramientas, tanto a hombres como a mujeres, que ayudan a aprovechar lo que denomina “el despertar femenino”, entendido como “unos valores que se tienen que aplicar a las empresas, a la economía, a la arquitectura, al pensamiento, al imaginario”. Entre ellas, menciona la cada vez más extendida economía circular, una de cuyas primeras abanderadas fue precisamente una mujer británica, Ellen MacArthur; también nos habla de la biomímesis, entre cuyas impulsoras está otra mujer, la bióloga Janine Benyus, que encuentra en la naturaleza y sus leyes la ruta hacia un futuro más equilibrado; e incluso destaca la importancia de la estructura empresarial de algunas multinacionales que han sabido aprovechar saberes femeninos como los cuidados, la creación de redes o el sentido de pertenecer a una familia.

Mayor Zaragoza aseguraba frente al libro de García Quevedo que nos lleva a cambio, pero que “tenemos que atrevernos”. Shirley, una abuela cheroqui, quizás le dio la clave de dónde encontrar la fuerza para ello: “Cuando descubres tu dirección, tomas tu poder y tienes el sentimiento de hacer lo que debes”. La autora lo resume en pocas y sencillas palabras: “En este viaje tenemos que ir de la cabeza al corazón”.

Para todo lo demás, habrá que leer El viaje de las mujeres.

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Sobre el autor


Periodista. Ciudadana sin fronteras. En el diario El Mundo durante 22 años. La ciencia y el conocimiento de la Tierra y sus gentes, mis pasiones. Viajera incansable. Puedes seguirme en Twitter en @RosaTristán

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