20.11.2019

La poesía no solo sirve para dormir a los niños, también para despertarlos

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Ilustración de Carmen F. Agudo para el libro ‘Tarde en el acuario’ escrito por Nono Granero.

No privemos a los más pequeños de la musicalidad de la poesía, porque el ritmo y el juego de las rimas es algo innato a ellos. Celebramos que hoy es el Día Mundial del Niño y los derechos de la Infancia llevándoles versos. Diez libros recomendados especialmente para los y las peques. Con tankas, lunas y viceversos.

Nos faltan versos y nos sobra prosa. Y sobre todo la prosa del ego, de los discursos vacíos que se olvidan de lo colectivo. Así que recuperemos los versos que nos faltan. Y llenemos de poemas los oídos de las más pequeñas y pequeños de la casa. Queremos para ellos libros con formulas magistrales que les ayuden a dejar de tener miedo, a saber de qué color se sienten, a superar la llegada del nuevo hermano… Niñas y niños necesitan versos para crecer. Porque los versos acunan, acompañan, dan amor y algunos, como decía la gran Gloria Fuertes, les hacen cosquillas. El mundo de las niñas y los niños es el del ritmo, el de la cadencia, la rima… que les ayudan a expresar sentimientos, a comunicarse, a ser más niños. No seamos tan ignorantes de privarles de la poesía.

Le hemos pedido a Pedro Mañas, autor de varios poemarios para niños, ayuda para tener más razones para leer poesía.

¿Por qué los niños necesitan versos?

Porque la poesía es a la vez música y palabra, y decir “palabra” o “música” es casi tanto como decir “humanidad”. El lenguaje y la musicalidad son dos de los ejes que vertebran lo que somos colectivamente y como individuos. Y la poesía es el modo más natural de presentárselos a un niño. La poesía educa, emociona, enseña, divierte, enriquece y hace volar la imaginación. Es, en definitiva, el juguete más completo (y más barato) del mundo.

¿Por qué huimos de la poesía?

Más que huir, casi diría que la poesía es un país en el que crecemos y del que somos desterrados al crecer. En las primeras edades, al niño se le invita a jugar con los versos. A disfrutar de la rima, del ritmo, de la musicalidad. Como si fueran canciones, los lectores e incluso los pre-lectores los repiten, los silabean, los gritan o los susurran. En definitiva, recurren a ese sentido innato de lo rítmico que tenemos los seres humanos y que nace literalmente del corazón y su latido. Sin embargo, en algún punto de nuestra educación estudiar poesía se convierte en un viaje farragoso a través de fechas y textos inalcanzables y desconectados de la sensibilidad del niño. O, en el mejor de los casos, en andar como detectives a la caza de la metáfora, de la rima, del recuento silábico, de la interpretación unívoca y certera… Se produce una desconexión con el verso a nivel emocional y artístico. Se consigue que la poesía nos asuste o nos aburra, como un juego cuyas reglas se nos escapan. Ojala pudiéramos volver a disfrutar de ese juego. 

¿Qué aporta la poesía a las cabezas menudas?

Todo y más, como cualquier disciplina artística. Desde competencias del lenguaje hasta la formación de valores estéticos, pasando por el desarrollo de la memoria y la musicalidad. Y el puro placer de leerla o escucharla, claro. Se podrían añadir otros muchos beneficios, pero mencionaré uno que a veces olvidamos y que es fundamental: la formación de una “mirada poética”. Una manera distinta, renovadora, única de mirar el mundo… y de cambiarlo. A través de sus juegos, la poesía nos enseña a romper convenciones, a desterrar viejos símbolos e inventar otros nuevos, a establecer conexiones entre cosas que parecen dispares entre sí o a imaginar lo imposible. En definitiva, la poesía no solo sirve para dormir a los niños sino también para despertarlos.

Regálanos un poema para nuestras lectoras y lectores.

Se vende todo: ¡Lo vendo todo, lo vendo!”, / grita un hombre en el mercado. /¡Vendo tuercas y tornillos, / cerraduras y candados, / bombón helado y barquillos, / alcohol, tiritas y yodo, / camisas y calzoncillos! / ¡De todo, vendo de todo!” / Se le acerca una clienta: / “Quiero un bote de silencio, / medio litro de tormenta, / cuatro cajas de buen tiempo / y un kilo de isla desierta. / Quiero espuma de la playa, / dos botellas de laguna, / un racimo de palabras / y una rodaja de luna”. / El hombre del puesto se enfada: / “¡No vendo nada de eso!”. / Y ella se marcha diciendo: / “Entonces no vende nada…”.

 ***

Y ahora vamos con 10 recomendaciones de libros de poemas: 

‘Señor aburrimiento’. Pedro Mañas y David Sierra. Libre Albedrío.

Empezamos la selección con un libro del poeta invitado a este articulo. Para demostrar que la poesía no es aburrida vamos a ver qué pasa cuando intentamos escaparnos de esa sensación que nos duerme el estómago hasta hacernos bostezar, o de ese momento que no avanza ni a empujones. Solo las niñas o niños con mucho ingenio son capaces de librarse de esa horrible situación. Un ingenioso poema que pasa a la categoría de álbum ilustrado gracias a las ilustraciones de David Sierra.

‘Hola, mañana’. Mar Benegas y Neus Caamaño. A Buen Paso.

Los más chiquitines son los oyentes más agradecidos de poesía. Cualquier excusa que les dé cadencia, ritmo, mimos… siempre les vienen bien y les ayudará a crecer.

Este poema de palabras sencillas, cercanas, reconocibles en formato cartoné y con ilustraciones sencillas es un libro para leerles y para dejarles que manipulen.

‘64 tankas para una tarde de verano’. David Jiménez. Babidi-bú.

Las tardes de otoño a veces parece que están hechas para fastidiar, sobre todo cuando nos traen recuerdos del reciente verano. Este poemario busca todo lo contrario. Busca que se despierten esos recuerdos para darnos calidez, nos reconforte en las tardes frías. Son 64 recuerdos de verano escritos con la estructura del Tanka japonés. Miniaturas que, a modo de instantáneas, hablan de estados de ánimo, imágenes, paisajes, aromas…, sobre cuatro grandes temas: la naturaleza, la familia, el pueblo y el mar.

‘9 lunas (poemas para esperarte)’. Mar Benegas y Concha Pasamar. Lit-era.

Y si la espera la hacemos leyendo poesías que sirvan de anticipo para que cuando lleguen nada les resulte extraño, y mucho menos la poesía. Un libro perfecto para calmar los nervios de aquellos papás o mamás que esperan la llegada de su hijo.

‘Ciudades’. Fran Alonso y Marc Taeger. Kalandraka.

Las ciudades a veces nos desasosiegan, nos hacen perdernos en la multitud de su caos, tienen mil defectos. Pero, a pesar de todo, a muchos nos gustan. Entre los poemas de este libro vamos a encontrar razones para comprenderlas mucho mejor. Fran Alonso nos compone una guía urbana para ayudarnos a orientarnos por las ciudades. Todo desde el punto de vista de la infancia y la adolescencia.

‘Poemas de flores y abejas’. Nuria Albertí y Mercé Galí. Carambuco.

La primavera es revoltosa como lo son los poemas de este libro. Y es que cuando empiezan a asomar las primeras flores y los primeros animalillos voladores, nos revolucionan los ánimos. Con estos siete poemas se invita a niñas y niños a celebrar la primavera con rimas divertidas y musicadas, acompañadas de ilustraciones llenas de pequeños detalles para descubrir.

‘Tarde en el acuario’. Nono Granero y Carmen F. Agudo. Kalandraka.

Este poemario busca sensibilizarnos hacia el cuidado de la diversidad. El cuidado y el respeto hacia el lugar donde se originó la vida, el agua. Ese elemento al que tanto castigamos llenándolo de plásticos y vaciándolo con capturas masivas de peces y cetáceos. Nono Granero nos invita a zambullirnos entre maravillosas criaturas marinas, que observaremos y que nos observarán. Versos acuáticos llenos de adivinanzas, acrósticos y otras divertidas fórmulas de las vanguardias poéticas.

‘¿Qué necesitas para ser un héroe?’. Alicia Álvarez Sanguino y Edgar Plans. La Fabriquina.

¿Qué define a un héroe?, ¿de qué materiales están hechos?, ¿eres tú un héroe?, ¿qué se necesita para ser uno? Pues es mucho más sencillo de lo que parece. El amor, la curiosidad, saber perder, compartir, conectar con la naturaleza o respetar la diferencia son algunas de las destrezas imprescindibles para descubrir al héroe que todos llevamos dentro. Poderes reales para héroes de carne y hueso. Descubre al que llevas dentro de ti con este libro de poemas.

‘Rurrú camarón’. Antología de poetas latinoamericanos. Ana Garralón y Rebeca Luciani. Bambú.

Esta antología de poetas ilustrados por Rebecca Luciani está compuesta por 32 poemas de autores latinoamericanos sobre animales: el mirlo, el zapilote, el pingüino, el caballito de mar, la tortuga… Un libro que nos permite adentrarnos en la maravillosa poesía del otro lado del Atlántico.

‘Versos y viceversos’. Antonio García Teijeiro, Juan Carlos Martín Ramos y Juan Ramón Alonso. Kalandraka.

Recurrimos una vez más a otro libro de la colección de poesía Orihuela de Kalandraka para terminar esta selección de hoy. Para este libro son dos los poetas que se unen en una obra coral con versos aderezados por el mar, acunados por el viento y repletos de lunas, caminos y sueños…, poemas precedidos por una entradilla poética que alterna el gallego con el castellano. Versos para irse a dormir, para las frías tarde de otoño o simplemente versos porque sí.

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Sobre el autor

Javier Pizarro
Maestro de Educación Infantil, desde hace más de 15 años en la escuela pública. Acompaño a los niños/as así como a sus familias en el proceso de aprender. Apasionado por la literatura infantil y juvenil, que vista desde un punto desde la aproximación adulta, resulta llena de ironía, sentido común y nos ayuda a reflexionar sobre la educación, la vida y nuestras fantasías.
Decía José Saramago en su cuento para niños La flor más grande del mundo: “¿Y si las historias para niños fueran de lectura obligatoria para los adultos? ¿Seríamos realmente capaces de aprender lo que, desde hace tanto tiempo, venimos enseñando?”
Instagram: @javierpizavi
Twitter: @javierpizavi
Facebook: https://www.facebook.com/javier.pizarrovinagre

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4 comentarios

  • El 20.11.2019 , Isabel ha comentado:

    Gracias. Muy necesaria la poesia para todas las edades!

  • El 21.11.2019 , Liliana ha comentado:

    Excelente nota. Adhiero totalmente en qué hay reivindicar la poesía.

  • El 23.11.2019 , Noemí Natalia Milocco ha comentado:

    Sin la poesía el ser humano es un ser sin alma. No es necesario ser poeta para disfrutar de la poesía. Las poesías, las prosas, cualquier libro de texto es un buen pretexto para quedarnos a solas un rato.
    Los momentos más duros de mi vida los sorteé con un libro en la mano. Hasta lo peor se supera con un libro.

  • El 25.11.2019 , Conxita Llopart ha comentado:

    Excelentes ideas y propuestas. Felicidades!
    Podríais decirme si puedo encontrar este tipo de lecturas también en catalán?

    Muchas gracias y feliz semana.

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