02.01.2020

25 pueblos indígenas se unen para salvar las ‘Cuencas Sagradas’ del Amazonas

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Los pueblos de las Cuencas Sagradas Amazónicas trajeron sus reivindicaciones a la Cumbre del Clima en Madrid. Foto: R. M. T.

Una nueva iniciativa, ‘Cuencas Sagradas Amazónicas’, aúna a 25 pueblos amazónicos y más de medio millón de personas en defensa de 30 millones de hectáreas amenazadas por la explotación del petróleo y otros recursos minerales, y que a ellos, subrayan, sólo les deja esquilmación de sus tierras y “pobreza ambiental”. Su grito es unánime: Los poderes hablan de la Pachamama, la Madre Tierra, incluso en la Constitución, pero no la cuidan, la queman.

Desde que el verano pasado la Amazonía se puso arder por los cuatro costados, el mundo se dio cuenta de lo que pasaba con el mayor bosque tropical de la Tierra. Se quema, se tala, se ensucia…, pero… Tras quemarse más de cuatro millones de hectáreas en este año, las voces de quienes las habitan no quisieron estar ausentes en la Cumbre del Clima celebrada en Madrid, porque han comprendido que salen a contarlo al mundo o el mundo sólo llorará cuando queden escombros de árboles, cenizas y ríos negros. Pero además de contarlo, llegaron con un proyecto bajo el brazo.

Se trata del proyecto Cuencas Sagradas Amazónicas, que aúna a 25 nacionalidades y más de medio millón de personas distribuidas en las cabeceras de los ríos que nutren el Amazonas. Su objetivo: recabar apoyos internacionales para la protección de 30 millones de hectáreas de un bosque tropical que alberga 3.800 millones de toneladas métricas de carbono (unas 130 toneladas métricas de carbono por hectárea de bosque) y que, aseguran, están en riesgo ante la llegada de proyectos que extraen sus recursos minerales, dejando sólo pobreza ambiental. Con su iniciativa, ese inmenso territorio, equivalente a Italia, se mantendría virgen frente a las amenazas que hoy se ciernen sobre la selva americana. Afectaría a un país, Ecuador, cuyo 7,5% del territorio nacional ya está en explotación minera, pero también a Perú, donde la deforestación ilegal campa a sus anchas y se tiene previsto poner en marcha el llamado Proyecto Bioceánico Amazónico, que unirá la costa de Brasil con la peruana, 8.000 kilómetros atravesando todo el pulmón de la Tierra (con permiso de los océanos) que pagará China, siempre dispuesta a encontrar los recursos que sus poderosas demanda interna y externa requieren.

Un reciente informe revela que las Cuencas Sagradas del Napo y Marañón contienen en su subsuelo 5.000 millones de barriles de reservas de petróleo sin explorar, que son el equivalente a la emisión de más de 2.000 millones de toneladas métricas de dióxido de carbono, a lo que habría que sumar otros 4.000 millones de toneladas que se evitarían si se frena totalmente su deforestación.

Los derroteros, pese al Acuerdo de París firmado en 2015, suscrito por todos los países amazónicos, van por otro lado. En la actualidad, hay 27 bloques petroleros definidos que amenazan el futuro de estas cuencas amazónicas, bloques que representan el uso de energía de 200 millones de hogares de EE UU (por cierto, con un gasto muy por encima de la media global) durante 10 años. «Nuestra investigación demuestra que una gran parte de la producción de petróleo crudo se está utilizando para pagar miles de millones en préstamos a China y que más del 50% de este combustible que proviene de la Amazonía occidental va a las refinerías de California, un Estado que se enorgullece de ser líder climático», aseguraba hace unos días Kevin Koenig, director de Clima y Energía de Amazon Watch.

Conviene recordar que la petrolera española Repsol mantiene en activo dos bloques de explotación petrolera (el 16 y el 67) en el Parque Nacional de Yasuní de Ecuador, territorio Huaorani donde tienen concedidas 130.00 hectáreas y de donde extraen 17.000 barriles diarios de petróleo (360 millones en los 25 años que llevan en el país, según datos oficiales de noviembre). A ello se suma la autorización de extraer petróleo en las zonas de amortiguamiento del Yasuní, aprobadas por el Gobierno.

Sandra Tukup, dirigente de Confederación de Nacionalidades Indígenas de la Amazonía del Ecuador CONFENIAE, que suma a 11 nacionalidades y 23 comunidades amazónicas, explica a El Asombrario los problemas de contaminación que generan la explotaciones petrolíferas y la necesidad de unirse: “Nos ensucian la tierra, el agua y el aire desde hace muchos años y los niveles de muertes por cáncer aumentan, sobre todo entre mujeres y niños. Si las comunidades indígenas nos oponemos a sus planes, nos enjuician y persiguen. Hemos ganado algunos juicios porque nunca hicieron consultas previas de estos proyectos, que están en la cabecera de la Amazonía y cuya contaminación viaja luego hacia el sur, a Perú. Por eso creamos Cuencas Sagradas, para unirnos en la lucha por 30 millones de hectáreas entre ambos países. Se trata de conservar lo que hay, porque son territorios que están intactos y sabemos que hay concesiones aún paradas, que no queremos que se pongan en activo. El 20% del agua dulce y el 1,3% de la biodiversidad del mundo están ahí. Somos sus guardianes. Esta es una iniciativa que incluye el buen vivir de todos, así que pido a la comunidad internacional que dejen de invertir en petróleo y minería y que ese dinero lo gasten en medioambiente para que pueblos y nacionalidades puedan salir adelante”, reclamaba.

Tukup habla de Ecuador, pero también de Perú. Pese a que oficialmente el Gobierno no habla de nuevas concesiones petrolíferas, lo cierto es que ha anunciado que construirá un nuevo tanque para almacenar más de 100.000 barriles de petróleo en la zona de Iquitos y ha reformado su ley de hidrocarburos para dar más beneficios a los inversores. También en el Perú amazónico tiene una importante presencia la española Repsol, en concreto en las cercanías del río Urubamba, de la cuenca del Amazonas, cuyo cauce es utilizado para el transporte.

La iniciativa indígena que ahora se ha presentado está liderada por la CONFENIAE, la Asociación Interétnica de Desarrollo de la Selva Peruana (AIDESEP), la Coordinadora de las Organizaciones Indígenas de la Cuenca Amazónica (COICA) y otros aliados locales, en asociación con Pachamama Alliance, Amazon Watch y la Fundación Pachamama. Juntos buscan lo que no han conseguido por separado: que la cooperación internacional les ayude a financiar los proyectos sostenibles, basados en la administración ancestral indígena y su forma de gestionarlo, para que se genere desarrollo sin generar daños a un ecosistema vital para la Tierra.

Desde Brasil, si bien no forman parte de esta coalición, también se han lanzado a la batalla en la defensa de la Amazonía los pueblos indígenas, en este caso con gran protagonismo de las mujeres. “Vamos a unirnos todas la mujeres indígenas para convocar una gran marcha el 5 de septiembre de 2020 a nivel mundial. Cada día, revestidas de grandes iniciativas empresariales, entran a deforestar y excavar, a desviar ríos para hidroeléctricas, y todo mientras sufrimos cada año más calor, más sequías y más lluvias torrenciales que lo destrozan todo y que su origen es el cambio climático. No nos vamos a rendir”, concluye Chris Boramaku, una de las organizadoras de la marcha.

Tampoco en Bolivia se libran del desastre, aunque el líder Adolfo Chávez, de la COICA boliviana, señala que aún no están en la coalición Cuencas Sagradas. Chávez, que recuerda que en la Amazonía de su país viven 34 nacionalidades indígenas, denuncia, sobre todo, la deforestación y los incendios que propiciaron, asegura, las normativas aprobadas durante el gobierno de Evo Morales. “Se aprobaron decretos que incentivan la ganadería, y por tanto la deforestación”, aseguraba durante su visita a Madrid. “Gentes de otras zonas llegaron a la Amazonía a hacer chacras (parcelas) sin conocimiento alguno de cómo gestionar la selva, prendiendo fuegos que provocaron grandes incendios. En mi país, la Constitución habla de la Pachamama pero no se cuida, se quema. Por ello exigimos que de deroguen estos decretos. Con lo que respecta a la Amazonía, da igual que un gobierno sea de derechas o de izquierdas, no nos fiamos de nadie”.

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Sobre el autor


Periodista. Ciudadana sin fronteras. En el diario El Mundo durante 22 años. La ciencia y el conocimiento de la Tierra y sus gentes, mis pasiones. Viajera incansable. Puedes seguirme en Twitter en @RosaTristán

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Un comentario

  • El 03.01.2020 , Carmen Ravelo ha comentado:

    Soy bióloga. Trabajo con el tema del agua de consumo en comunidades indigenas y criollas. Muy bueno el articulo. Me suscribo por que me parece muy interesante y pertinente la linea de Ventana Verde

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